Karl Malden, un inmenso actor del gran cine norteamericano

  09 Julio 2009

Escribe Mister Arkadin

Ha muerto Karl Malden, a los 97 años de edadUno a uno, como ley de vida, han ido desapareciendo hasta casi la extinción los directores y actores que pasearon su gloria, y la del cine en que intervinieron, por las pantallas del mundo. Una época que abarca desde los años cuarenta hasta los setenta del siglo pasado.

Nombres como John Wayne, Robert Mitchum, Glenn Ford, Gregory Peck, Marlon Brando, Paul Newman, Jack Lemmon, William Holden, Richard Widmark, Walter Matthau, Lee Marvin, Anthony Quinn y decenas más de hombres (también mujeres) intérpretes de la obra de grandes realizadotes, como Antohny Mann, Richard Quine, Robert Mulligan, Martin Ritt, Joseph Losey, John Frankenheimer, Vincente Minnelli... y muchos otros que también han desaparecido de estas tierras de acá para crear una gran industria de inconmensurable valor en el allá.

A este goteo de actores famosos fallecidos le llega ahora el turno a Karl Malden. Quizá nunca fuera un actor aclamado, pero desde luego en sus papeles, escasamente de primer orden y no de galán, demostró con creces que era un enorme actor y un gran caballero. Lo demostró, lo segundo, cuando hizo lo imposible para que la Academia de artes y ciencias cinematográficas de Hollywood concediera en 1999 un Oscar honorífico a la gran obra del excelente director de cine y de teatro Elia Kazan, que falleció poco después. Malden no entendió la oposición de los cineastas a este premio, ni mucho menos el abucheo que recibió por parte de los compañeros de profesión al serle otorgado.

Estaba claro que aquella algarabía no era provocada por la (sobrada) calidad del realizador de América, América, sino por la actitud que tuvo en la triste época del maccarthismo, al denunciar a muchos de sus compañeros... como única forma de poder seguir trabajando. Malden había sido amigo de Kazan, y de varios de los actores de su escuela teatral, el Actor's Studio, en cuya academia, a pesar de lo que algunos piensan, no estudió. El actor no entendió el desplante fuera de tono de los cineastas. Así lo dijo: "No se debe alterar, ni renunciar al pasado, pero no se puede olvidar que Elia Kazan ha sido uno de los grandes directores del cine norteamericano. Siempre he mirado y admirado su trabajo, no su ideología política".

Karl Malden se inició en el cine de la mano de Elia Kazan

Kazan no sólo denunció a compañeros por el simple hecho de haber pertenecido al Partido Comunista o por participar en actividades a favor de las izquierdas, sino que también realizó algunas películas en las que incidía en el peligro que suponía la invasión comunista, así como en la necesidad de la denuncia. Ejemplo del primer caso fueron Fugitivos del terror rojo, uno de sus más endebles títulos, y Pánico en las calles; del segundo, la intensa La ley del silencio (1954), donde además el propio Malden no sólo trabajaba sino que interpretaba el papel de un sacerdote que abogaba por la necesidad de la delación.

Cuando el actor decidió realizar un (único) filme optó por contar una historia que también en cierta medida tenía que ver con el tema de la película de Kazan (y de paso también se refería al lavado de cerebro), Labios sellados, un curioso filme quizás demasiado teatral, y que él mismo interpretaba junto a su amigo Richard Widmark.

El rostro y el cuerpo de Malden le impidieron interpretar galanes, seres refinados. Algunos espectadores le conocían como el narizotas, por su inmensa nariz, que suponía, incluso, por su ruptura, uno de sus más característicos signos personales. Por eso, y por su poca apostura, se le englobaba en el grupo de los grandes feos, donde también reinó Ernest Borgnine, aunque en este caso la fealdad se deslizaba más hacia una primaria brutalidad (1) como se muestra en muchos de los personajes que interpretó en el western. Borgnine, nacido en 1917, es hoy uno de los pocos actores de aquella generación que aún sigue vivo.

El reparto de 'Un tranvía llamado deseo' de Elia Kazan

Los inicios de Malden

Karl Malden nació en 1912 y, curiosamente, para muchos espectadores más jóvenes siempre será un actor asociado a la serie televisiva Las calles de San Francisco, donde trabajó junto a Michael Douglas, hijo del gran Kirk (otro de los actores de la época dorada de Hollywood que en la actualidad sigue vivo), con el cual nunca se encontró. Por su papel, que repitió en innumerables capítulos de la serie recibió un Emmy. Antes, mucho antes, había recibido el Oscar al mejor actor secundario por su papel en una película de Kazan, Un tranvía llamado deseo (1951), que interpretó junto a dos monstruos, Vivien Leigh y (un jovencísimo) Marlon Brando.

Por su ascendencia (hijo de emigrantes de clase modesta, más o menos como Kazan) este actor, que llegó a ser Presidente de la Academia de Hollywood desde 1988 a 1993, parecía destinado a seguir el oficio de su padre (obrero siderúrgico, también fue lechero) antes que el de ser un actor importante, tanto en el cine como en la televisión. Los milagros (y según dicen Norteamérica es pionera en ello) raramente ocurren. Pero en su vida tuvieron lugar y se cumplieron los sueños.

De nombre Miaden George Sekulovich, nació en Chicago, de padre serbio y de madre checa, el mayor de tres hermanos, tuvo la gran suerte de ser una estrella en el instituto donde seguía sus estudios, debido a su predisposición a actuar en las veladas de teatro (en el colegio y la parroquia) y, fundamental, por destacar como jugador de baloncesto (uno de los deportes de moda en los centros educativos norteamericanos).

De ahí, de su dedicación a este deporte, le vino esa nariz rota, como producto de uno de los partidos en los que intervino. Para entonces ya vivía en el estado de Indiana, donde se habían trasladado sus padres cuando sólo tenía cinco años. Es de suponer el gran choque que para él debió suponer el cambio y la separación del grupo emigratorio del que procedía. Un dato curioso: cuando ingresó en la escuela no hablaba más que serbio.

Cuando en 1934 se graduó, comenzó sus estudios de arte dramático. Fue allí donde conoció a su esposa, Mona Greenberg, con la que se casó en 1938 y con la que compartiría toda su vida, negándose así la leyenda que persigue a los actores y actrices como de fáciles infidelidades y separaciones. Su amigo, gran actor y excelente persona, Richard Widmark fue otro de los raros ejemplos que sirven para, al menos, no generalizar esa leyenda.

Al comienzo de los años cuarenta debutó como actor teatral profesional, al tiempo que comenzó a interpretar pequeños papeles cinematográficos. Así, apareció por primera vez en la pantalla en uno de los filmes denuncia que realizara Kazan en la segunda mitad de los años cuarenta. Se trata de El justiciero (1947). Antes, Malden había tenido que hacer un paréntesis en su carrera teatral. En la segunda Guerra Mundial se tuvo que incorporar a las fuerzas aéreas.

Karl Malden y Marlon Brando en 'La ley del silencio'

Grandes películas, grandes actuaciones

En uno de sus grandes éxitos teatrales, bajo la dirección de Kazan, tendrá como compañero a un actor joven al que todos auguran un gran porvenir: Marlon Brando. Se trata de El chico de oro de Clifford Odetts.

Se suceden cine y teatro, obras donde la importancia de su papel (sobre todo en cine) va ascendiendo. Películas que interpreta junto a grandes actores y en las que es dirigido por no menos grandes realizadores.

Interviene en 13 rue Madeleine de Henry Hathaway; en la sorprendente e innovadora El pistolero (1950) de Henry King, junto a Gregory Peck; en la volcánica Pasión bajo la niebla (1952) de King Vidor, junto a Charlton Heston y Jennifer Jones; Correo diplomático (1952) de Henry Hathaway; Yo confieso (1953) de Hitchcock, donde trabaja con otro actor de la factoría Kazan, Montgomery Clift; El fantasma de la calle Morgue (1953), un filme en 3D de Roy de Ruth; en la citadas Un tranvía llamado deseo y La ley del silencio (donde un año después de Yo confieso repite en el papel de sacerdote), sin olvidar, con carácter de protagonista, otro Kazan, como es Baby Doll (1956) junto a Caroll Baker.

Su amigo Brando le dirige en el papel de su socio y enemigo en El rostro impenetrable único filme dirigido e interpretado por el actor de El último tango en Paris. Este western de 1961 desmesurado y ególatra fue co-escrito e iba a ser dirigido por Stanley Kubrick, pero Brando no estaba contento con el director por lo que decidió sustituirle. Dos fuertes personalidades como la del director y el actor eran difícilmente conciliables en un rodaje (luego Kubrick sustituiría a Anthony Mann, defenestrado por el capricho de otro actor, en este caso Kirk Douglas, en el rodaje de Espartaco. Eran los tiempos donde mandaba el actor).

El rostro impenetrable fue un caos en su rodaje, debido a la manías del director, que deseaba rodar una obra maestra. Esperas interminables para simplemente filmar el plano de unas olas golpeando las rocas semejando el coro de la tragedia griega. Una grandilocuencia que se llevó tiempo y dinero. Con todo, Brando no pudo llevar a cabo su sueño. El final, por ejemplo, fue alterado. El sorprendente tiro antes de morir disparado por Karl Malden (compañero de atracos de Marlo Brando, al que abandona para convertirse en un respetable ciudadano y llega a ser sheriff) no va a ningún sitio. No mata, como estaba previsto, a su hijastra. Y cerrar así la premeditada tragedia griega. Se impuso un (falso) final feliz donde la hijastra (Pina Pellicer) y su amor (Marlon  Brando), declarándose amor eterno, quedan en volverse a ver después de que pase un tiempo. El happy end  no sirvió para nada. El fracaso comercial fue total.

Karl Malden y Michael Douglas, premiados por 'Las calles de San Francisco'

Otros títulos interesantes en los que intervino Karl Malden son El hombre de Alcatraz (1962) de Frankenheimer, con Burt Lancaster; el melodrama del oeste El árbol del ahorcado (1959) de uno de los realizadores y guionistas experto tanto en melodramas como en western, Delmes Daves, junto a Gary Cooper; Nevada Smith (1966) de Henry Hathaway, con Steve Moqueen; o, con el mismo actor y Edward G. Robinson, El rey del juego (1966), otro título -como El rostro impenetrable- que sufrió en pleno rodaje un cambio de director, pasando de Sam Peckinpah a Norman Jewison. Una película que es toda ella un gran duelo... de póquer que transcurre en Nueva Orleans.

Había repetido película con Frankenheimer, Su propio infierno (1962) junto a Warren Beatty, y lo hizo también con Daves en Parrish (1961).

Trabajó en la discutible Patton (1970) de Schaffner, o en la sorprendente Dos hombres contra el oeste (1971) de Blake Edwards, y tuvo aún tiempo para pasearse y venir de vacaciones por Europa para rodar en Italia un típico filme de terror de Dario Argento, El gato de las nueve colas (1971) y en España la aventurera Un verano para matar (1972) de Isasi Isasmendi.

Los más jóvenes descubrieron al actor, años antes de hacerse adeptos de la serie televisiva Las calles de San Francisco, en uno de sus papeles más repetidos, el de reverendo. Fue en la infantil Pollyanna (1960) de David Swift.

Con la muerte de este gran actor desaparece una determinada forma -y época- de entender, pensar y saborear películas. Aquella que convirtió a Hollywood en el gran referente del cine con mayúsculas. Un período que nunca, para bien o para mal, se volverá a repetir.


(1) En el lado opuesto a lo que casi siempre fue su personaje, Borgnine interpretó al soltero de Marty en la película del mismo título, recibiendo el codiciado Oscar al mejor actor.

Con la muerte de este gran actor desaparece una determinada forma -y época- de entender, pensar y saborear películas