La clase (Entre les murs, 2008)

  06 Abril 2009

Una clase de cine
Escribe Arantxa Bolaños de Miguel

La clase (Entre les murs)La ganadora de la Palma de Oro en Cannes el año pasado es una aguda reflexión sobre la educación. El jurado de 2008 decidió premiarla con este galardón por ser, con palabras del propio director del jurado, Sean Penn: "una película en estado de gracia".

Plantea, mediante un diálogo entre el interlocutor y el espectador, varias cuestiones sobre los métodos de enseñanza. Pero no hay una respuesta ideal. Es un caso real y la realidad no es perfecta: la trama de esta ficción documentada (o de este documental de ficción, según se mire) gira en torno a un profesor de instituto que intenta enseñar Lenguaje a unos adolescentes.

Está basada en la novela Entre los muros, escrita por el mismo actor (François Bégaudeau), que a su vez se interpreta a sí mismo. Pero no estamos ante un héroe, como en El club de los poetas muertos (Dead Poets Society, Peter Weir, 1987), sino ante un educador con vocación y mérito, pero que también comete errores. Frente a Los 400 golpes (Les Quatre cents corps, François Truffaut 1959) y Adiós, muchachos (Au revoir, les enfants, Louis Malle, 1987), en los que se retrataba la represión e intransigencia que sufrían los alumnos a mediados del siglo XX, ahora la posición del realizador recae sobre el profesorado y se acerca más al espíritu de Rebelión en las aulas (To Sir, with Love, James Clavell, 1967) y de Hoy empieza todo (Ça commence aujourd'hui, Bertrand Tavernier, 1999).

La odisea cotidiana de un profesor, autor y actor

Sin embargo, a diferencia de esta última, donde el enfoque es más social, aquí se analiza de forma exclusiva el sistema educativo actual. Y es que vivimos un momento de transición en el que las normas educativas deben adaptarse a los nuevos tiempos, a las necesidades de los chicos de hoy en día. Ahora el adolescente reclama su consideración y empatía, y el profesor tiene primero que ganarse el respeto si quiere enseñar algo a sus alumnos. En una sociedad multicultural como la de la actualidad (con dificultades de integración por las diferencias económicas, sociales, raciales...), se hace mas difícil homogeneizar la clase y conseguir una educación lo más equitativa posible. Por tanto, deben ser antes psicólogos que pedagogos, y mantener siempre el autocontrol, aunque a veces sea inevitable perderlo.

Y es que este colectivo sufre tanto stress por unos alumnos que siempre están a la defensiva y atacando para resaltar su ego, que a veces es imposible no equivocarse, como le ocurre al profesor François en un momento clave del filme, en el que menosprecia a uno de sus alumnos. Esto provoca la irritación del "rebelde" y conlleva su expulsión, dando lugar a otros interrogantes: ¿era necesario?, ¿hay casos imposibles?, ¿es preciso el castigo en la educación?, ¿qué ocurre cuando eludimos nuestras responsabilidades, cuando nos rendimos?

La educación actual ya no concierne sólo a la juventud, sino que depende también de la capacidad de los profesores para entenderlos y motivarlos

La educación actual ya no concierne sólo a la juventud, sino que depende también de la capacidad de los profesores para entenderlos y motivarlos. El primer paso para educar es la consideración del otro, no la altivez ni el menosprecio, porque puede generar o alentar violencia, apatía o rebeldía. Antes se luchaba contra la excesiva severidad del profesorado, ahora contra la falta de ella, y la solución, como siempre, está en el término medio. Se tienen que debatir nuevas normas educativas que no sean tan estrictas como en el pasado, pero que consigan motivar al alumnado.

Así, la clase funciona como una metáfora, un microcosmos del exterior. Conviven entre los muros el aplicado, el rebelde, la inteligente, la insolente, la presumida, el raro.... y el profesor debe aceptar a cada uno en su diferencia, pero intentando que saquen cada uno lo mejor de sí mismos y que la escuela no sea sólo un vehículo para aprender disciplinas, sino para formarnos como personas.

Es una película no de dogmas, sino reflexiva

Es una película no de dogmas, sino reflexiva, como es la obra de este director francés, que ya demostró sus dotes de espectador atento a la realidad en otras cuestiones, como el trabajo en Recursos humanos (1999), o la explotación sexual en Hacia el sur (2005).

Esta prodigiosa cinta (de ineludible visionado en las escuelas) culmina con lo que debería ser la finalidad del sistema educativo: educar, no sólo materias y conocimiento, sino también  ayudar a forjar alianzas entre la diversidad cultural actual y aplacar, en la medida de lo posible, la inevitable cruzada permanente entre los alumnos y el profesor.


Más información en la sección Sin perdón de Encadenados.

Laurent Cantet obtuvo co 'La clase' la Palma de Oro en Cannes 2008