Premios Goya, Gaudí, Sant Jordi y CEC

  05 Febrero 2009

Rojos, ateos y pecadores
Escribe Mister Arkadin

camino0.jpgTodo comenzó con los Premios Egeda. Comenzó, porque este año quisieron ser los primeros en conceder sus galardones. Lo que no sabían es que sus premios iban a marcar el compás o a llevarse a los siguientes del brazo.

Los sorprendentes parabienes que allí recibiera Camino iban a abrir ese filme sobre el horror, la manipulación y los fundamentalismos a una carrera repleta de alegría y entusiasmo. No se trata de un gran filme, pero hoy es necesario y coherente. Sobre todo indicado para aquellos que luchan y piden objeciones contra la Educación para la Ciudadanía… O mejor sería decir que es la forma de conocer cómo los oponentes de este tipo de asignaturas son los mismos que tratan de imponer un determinado tipo de educación basado en los terribles valores que se señalan es la película de Fesser. El principal problema de Camino se encuentra en su desmedido metraje, en la ingenua utilización de elementos simbólicos y en el discutible carácter onírico de ciertos momentos.

A su favor, Camino tiene muchas otras cosas. Sobre todo la denuncia de sectas que proclaman desamores, sufrimientos y sacrificios mil enfrentándose al amor, a las ganas y alegría de vivir. No es el único filme que se ha hecho sobre el Opus Dei. Hace algo más de un año se hablaba de la doble moral de uno de sus miembros en la curiosa película norteamericana llamada El espía, Pero ese tema se daba a conocer como de pasada, sin incidir demasiado en ello. En la película de Fesser (basada como aquella en una historia real) la Obra es centro del filme. Está bien que se le hayan concedido premios, que con ellos se potencie un filme que si no es excepcional sí es necesario. Hay que defender el rigor y la valentía de haberlo realizarlo. Aunque a algunos le escueza o traten de exorcizarlos.

camino1.jpgQuizás ahora los ataques vayan a los artistas, a unos y a otros, por los premios Egeda, Sant Jordi, Gaudi, Goya (aquí en cadena) que el filme ha recibido. Como ya se hizo cuando el sonoro NO de los artistas contra la guerra de Irak terminó explotando en una de las entregas de los Premios Goya –en cuyo acto tuvo que padecer críticas y retruécanos esa exótica política que es Esperanza Aguirre– se vuelve de otra manera a gritar ahora otro NO.  Es el compromiso de los artistas con el mundo en el que se vive. Su lucha por otro mundo posible.

Fue aquél el momento escogido por algunos para lanzar a las hogueras inquisitoriales a los artistas. Les condenaron al rechazo y al olvido ya que no podían ser encarcelados, ser objeto de actos públicos de fe o ejecutados. Olvidan, los intolerantes, que el artista debe comprometerse contra la injusticia. Como ser humano que es, pero también como comunicador que trata de crear, expresar y mostrar.

No son los profesionales del cine español los únicos del mundo comprometidos con la existencia. En Norteamérica también los hay y muy activos. Son conscientes de su valor mediático y saben que por ello su posicionamiento es necesario e importante. Después de aquella oposición a aquella absurda guerra, han estado en amplia mayoría afirmando posiciones de progreso, huyendo de planteamientos conservadores, aunque, como es lógico, hay algunos entre ellos que se mueven en otra corriente.

Me figuro que los premios a Camino volverán a llevar los insultos, denuestos y ataques hacia los cómicos.

camino4.jpg

Coincidencias y desmarques

La coincidencia respecto a Camino ha sido casi total. De entre las grandes asociaciones que conceden sus galardones ha discrepado tan sólo una, el Círculo de Escritores Cinematográficos. Es natural ya que en general sus ideas, o las de varios de sus asociados, se mueven hacia planteamientos más conservadores. Tal asociación, que engloba a algunos críticos españoles, se ha decidido por una película menos comprometida (en sus opciones tampoco podría tenerse en cuenta el otro filme ampliamente nominado para los Goya, flojo pero igualmente necesario: Los girasoles ciegos): la gran ganadora fue Casual Day.

Entre el CEC y los premios otorgados por otras asociaciones no existe casi ninguna coincidencia. Ni tan siquiera en los premios pequeños. En concreto, el concedido a la mejor música. En ambos casos fue para Roque Baños por su trabajo por Los crímenes de Oxford.

Curioso, como mínimo, fue el premio concedido al filme de Fesser en los Gaudí, premios de la Academia de cine de Cataluña. Nada menos que el concedido a la mejor película europea. Y es que la Academia catalana habla y bendice exclusivamente en catalán. Aunque también promueve historias amorosas con los filmes realizados en Cataluña y no hablados en catalán. De ahí proceden los tres premios al errático último filme de Woody Allen, Vicki Cristina Barcelona, agenda viajera estereotipada y repleta de tópicos.

vickycristinabarcelona4.jpg

Premios Gaudí

Se trata de los primeros premios otorgados por la Academia del cine catalán, es decir, una asociación pareja o paralela a la Academia del cine español

El gran triunfador de los premios Gaudí fue El cant dels ocells, estrenado tan sólo en tres salas de Cataluña y que recibió tres galardones: mejor película catalana, mejor director y mejor fotografía. Su director, Albet Serra, es una de esas personas curiosas y convencidas de su valía. En una entrevista publicada en el diario El periódico decía entre otras cosas lo siguiente: “antes les decepcionará Obama que yo. Ni me gusta el fútbol, ni me interesa la política. Nunca he ido a votar. El cine, a diferencia de la literatura, salta de una cosa a otra por lo que es un entretenimiento más superficial. Culturalmente si me marcó estudiar en un colegio del Opus, pero no estoy traumatizado. Era un alumno tranquilo, modélico, incluso bastante audaz, en cuanto sabía distinguir la diferencia entre lo extraordinario y lo imposible. Soy tan austero que no quiero ni tener familia. No tengo duda de mi cine, sobre todo en comparación con el cine catalán y español, que encuentro bastante retrasado. Soy bueno montando. Montar es un saber reprimirse que es el gran juego del catolicismo, ¿no? Sin represión no hay trasgresión. Haría un partido político que se llamase Se prohíbe Construir Nada Mas”.

forasters0.jpgAlbert Serra (1975), del que conocemos su curiosa Honor de Cavallería, tiene a gala tener en su sala de montaje las fotos del Papa y de Stalin, siendo al parecer su máximo interés poseer mucho dinero. ¿Engreído o provocador? Su cine, ensalzado por una parte de la crítica y vapuleado por la otra, es una clara radiografía, para bien o para mal, de su persona.

El premio a la mejor actriz principal fue concedido a Anna Lizarán por Forasters, de Ventura Pons. El premio al mejor actor lo recibió Jordi Daudier por Azaña, de Santiago San Miguel. Penélope Cruz, ¡cómo no!, recibió una vez más el premio a la mejor actriz secundaria por Vicky Cristina Barcelona, filme que recibió también los premios a la mejor película realizada en Cataluña pero no hablada en catalán y el premio a la mejor música.

El mejor actor secundario para la Academia catalana fue Pep Antón Muñoz por Bienvenido a Farewell-Gutmann, de Xavi Puebla. Albert Solé recibió el premio al mejor documental por Bucarest, la memoria perdida, mientras que el mejor corto se entregaba a la actriz Mercedes Sampietro por su primer trabajo como directora, Turismo. El desconocido Rovelló, un Nadal sense Nadal era considerado el mejor filme de animación.

El premio más divertido, en cuanto a su “categoría”, era el concedido a la mejor película europea. Era para Camino de Javier Fesser, que de esta manera proseguía su “camino” de abundantes premios. Lo más curioso es que los académicos consideraran que este filme tenía poca sangre catalana. Y es que la productora Mediapro tiene su origen y gran arraigo en Cataluña (fue fundada en 1994 en Barcelona). Pero, en fin, es una manera de que todo se quede en casa.

vickycristinabarcelona14.jpg

Premios del Círculo de escritores cinematográficos

Parece que nos movemos en otro mundo en el espacio y en el tiempo. Las películas seleccionadas, y por tanto las premiadas por el CEC, evitan, como si fuera una ley impuesta, todos los títulos que supongan controversia al tratar temas conflictivos en cuanto a lo religioso, político y social. Se impone aquí lo políticamente correcto, o sea, nada de memoria histórica o cualquier reflexión sobre fundamentalismos.

casualday0.jpgLa premiada fue Casual Day, de Mark Lancke, que recibió los premios a la mejor película, director, guión y actor principal (Juan Diego). La mejor actriz fue considerada Ariadna Gil por Sólo quiero caminar.

Como una especie de abrazo fraterno a la Academia del cine español, el CEC se “acordó” de la película de su directora (Una palabra tuya), Ángeles González Sinde, hasta el punto de concederle tres premios: mejor actor (Antonio de la Torre) y actriz secundaria (Esperanza Pedreño), mejor guión adaptado (Ángeles González Sinde). El CEC para nada tuvo en consideración la muerte de Rafael Azcona y, por tanto, su último guión adaptado (aunque fuera en colaboración con José Luis Cuerda): Los girasoles ciegos no recibió premio alguno.

La mejor fotografía fue para Félix Monti por Sangre de mayo de José Luis Garci.

Coincidirán luego los Goya en considerar como la mejor música la de Roque Baños para Los crímenes de Oxford de Alex de la Iglesia, mientras que a 3 días (también recibiría un Goya, pero distinto) se le concede la gracia del mejor montaje.

El CEC concede el premio revelación a Los cronocrímenes de Nacho Vigalondo, mientras que El infierno vasco de Iñaki Arteta es considerado el mejor documental del año.

Excelente el premio al filme extranjero que se concede al filme de animación de Pixar Wall-E, de Andrew Stanton.

Como se supone que el organismo que da estos premios lo forman escritores cinematográficos, otorgan el premio a la mejor labor editorial (en el campo del cine) a la editorial Cátedra por  su “centenaria” colección de textos cinematográficos.

walle-34.jpg

Premios Sant Jordi

Estos importantes galardones cinematográficos son concedidos año tras año por Radio Nacional de España en Cataluña. En la presente edición también se han fijado en la película de Javier Fesser, Camino, que se ha llevado el premio a la mejor película española, así como el de correspondiente a la mejor actriz (Carme Elías). Otros “conjuramentados”, estos de los Sant Jordi, condenados, por malos y descreídos, al infierno... a pesar de su santo nombre.

El premio al mejor actor decidieron dejarlo desierto.

Al fin unos “premiadores” se han acordado que existía por ahí un excelente primer filme. Así fue el premio a la mejor dirección novel para Lo mejor de mí, de Roser Aguilar.

Los premios Sant Jordi se declaran universales y por tanto también envía sus galardones a los filmes realizados fuera de España. En el título de mejor filme extranjero del año no va a coincidir ninguna de las diferentes entidades que otorga de premios. Aquí se lo dan a la excelente, hasta en su original título, Antes que el diablo sepa que has muerto, de Sidney Lumet. A su protagonista –uno de los mayores “monstruos” actuales de la interpretación– Philip Seymour Hoffman, se le concede también el galardón al mejor actor. El de la mejor actriz fue a parar a Kristin Scott Thomas por su buena interpretación en la más que aceptable Hace mucho que te quiero, de Philippe Claudel.

El director alemán Werner Herzog (de cine y también de teatro, opera…) recibió un premio especial por su contribución al cine, mientras que a la nouvelle vague (quizás por cumplirse los cincuenta años de su “explosión”) se le concedió un premio especial.

camino14.jpg

Premios Goya

Esta vez hubo más espectadores que en años anteriores… reunidos delante del televisor. Durante unos años (aquel ya citado del no a la guerra) fueron etiquetados los académicos del cine español de “cómicos” desconsiderados, primero con los que pagaban o subvencionaban sus películas (o sea el Gobierno de entonces, por medio de Ministerio de Cultura) y posteriormente pasaron a ser chaqueteros con quién ídem (o sea con otro Gobierno ya que en unos años el mando gubernamental había cambiado de campo de juego).

No sé si ahora los espectadores que contemplaron el largo espectáculo televisivo de la entrega de los premios (interrumpida por variados cortes publicitarios) eran distintos a los de aquel entonces o, ya avisados, se preparaban a recibir tanto las impertinencias de los cómicos como sus arengas políticas. Algo se barruntaba cuando el filme que partía con mayor número de nominaciones (ignorado por los Académicos de Hollywood) era Los girasoles ciegos, un filme que pretendía “recordar” tiempos oscuros. Pero no, el filme de Cuerda fue casi ignorado, hasta el punto que sólo se llevo el premio, cantado desde tiempo inmemorial, al mejor guión adaptado y eso porque en su escritura (junto a Cuerda) intervino Rafael Azcona. El guionista de Plácido, El cochecito, Belle epoque y tantos otros filmes falleció durante el año. Y naturalmente los académicos del cine español se veían en la necesidad de concederle tal honor.

losgirasolesciegos0.jpgLos premios mayores serían para la película que se había destapado de forma inesperada en la mayor parte de los foros anteriores de premios españoles. Es decir para Camino, de Javier Fesser, que recibió el Goya a la mejor película, mejor director, mejor guión (Javier Fesser), mejor actriz (Carmen Elias), mejor actor secundario (Jordi Dauder, que en los premios Gaudí había sido premiado por su interpretación en Azaña) y mejor actriz revelación (la joven Nerea Camacho: ¡como “lloraba” de felicidad al recibir el premio en uno de los momentos “entrañables” y “espontáneos” del acto!). Tantos premios llevarán a que el filme vuelva nuevamente a los cines, para indignación de la gente del Opus Dei y de los integristas cercanos a la institución.

Todos los premiados dejaron claro que la película era un “testimonio de aquéllos injustamente atrapados por la Obra”, realizado entre otras cosas “con el amor, cariño y buen humor que recibí de mis padres”, “una reivindicación de la necesidad de ser feliz. Para amargados ya tenemos al Opus Dei”, “ya tenemos bastantes sentimientos de culpa de los que liberarnos”; “la película enfrenta el amor, la vida y la luz, a la oscuridad, el dolor y el fundamentalismo que aún existe en nuestro país”.

Esas fueron algunas de las lindezas que soltaron los actores, el productor y el director. Las suficientes para que se empiecen a encender las piras de los inquisidores de siempre.

Sobre el filme de Fesser ya hemos dicho suficiente. No es una buena película pero sí una película tan necesaria como desorbitada y agotadora.  Es como si el encariñamiento de Fesser con la historia que tenía entre manos y su necesidad de dar testimonio de ella, le hubiera impedido ser menos “misericordioso” con sus ocurrencias. Lo que está claro es que algunos de los que alabaron su (mediocre) El milagro de P. Tinto no le perdonarán tan claro testimonio a favor de la vida. Una vida hecha de goce y felicidad contraria al sufrimiento inútil exigido por los que consideran la existencia como un valle de lagrimas y dolor. 

Testimonial también fue el premio a la mejor película documental, Bucarest, la memoria perdida (también premiada en los Gaudí) de Albert Solé, hijo del que fuera Ministro de Cultura, Jordi Solé Turá, hoy enfermo de Alzheimer. Sobre él va la película. Albert dejó claro que el filme era autobiográfico: “Habla de historias familiares. Sobre todo de mi padre y de la gente de su alrededor. Pero también habla de las fosas comunes y de la memoria histórica: unos y otros, los enfermos de Alzheimer y los que buscan a sus familiares muertos en la guerra, luchan por una memoria digna”. Este premio tuvo un desenlace curioso: al parecer desapareció del guardarropa del lugar donde tuvo lugar la fiesta posterior el correspondiente Goya. ¿Sería un “robo”, una equivocación o estaría su desaparición también en función de la memoria “perdida”?

eltrucodelmanco0.jpgEspecial se puede considerar el triplete de premios concedido a una primera película que es todo un testimonio de lucha, superación y vida. Se trata de El truco del manco que recibió el premio a la mejor canción (W. Zannou y El Langui), al mejor actor revelación (Juan Manuel Montilla, El Langui) y al mejor director novel (Santiago A. Zannou). La presencia de E Langui en el escenario era el reflejo fehaciente de un proceso de superación personal. En otra forma lo era la vida real del director, un inmigrante africano que un día descubrió, por su hermano, que el cine podía ser una forma de vida con la que contar historias cercanas. Sus palabras entusiastas, las dedicatorias a su padre y a su tío, las reacciones de éstos y la presencia de El Langui y de su hermano, estuvieron, sin duda, entre las imágenes más impactantes de la noche.

La verdad es que no se entiende demasiado por qué la ceremonia es “enlatada”, me explico, la retransmisión de los Goya no es en directo. Hay como una media hora de retraso en televisión con respecto al acto. En la edición digital de varios diarios, se podía seguir “al instante” la concesión de los premios. Incluso la agencia de prensa de alguna productora nos hizo llegar un email anunciando el premio que se les había concedido, antes de ser “visto” en televisión. La verdad es que no se entiende demasiado, aunque lógicamente será la publicidad la que ponga las normas.  

¿Qué tal fue el guión del acto? Hubo de todo. Hasta, incluso, detalles no previstos como el Goya caído al suelo en la entrega y su rotura por el golpe. Ocurrió en la concesión del Goya a los mejores efectos especiales (creo que fue el único Goya que se le “escapó” a Camino) a Mortadelo y Filemón: Misión salvar la Tierra, de Miguel Bardem, filme que también recibió el premio de maquillaje y peluquería.

Salvo casos imprevistos como el citado (o ligeros “trabucamientos” de algunos premiados) el guión, con altibajos, tuvo momentos dignos, sobre todo algunos sketchs presentados, como el referido a la conversación entre los actores o a la entrevista que se supone tiene lugar entre el productor y el director. Muy pobre la broma sobre Maribel Verdú y su no asistencia a la gala, pero acertada la incorporación a la lista de los presentadores de Manuela Velasco imitando su papel de reportera en Rec. Bien su introducción, pero no se puede decir lo mismo de los zombis y otros monstruos que la acompañaron. Como tampoco se pueden echar demasiados piropos a la realización de la retransmisión.

Pobre fue el chiste de la entrada de los turistas. Muy endeble la visita a la sala de prensa. Hagamos que caiga el telón, sobre la aparición de Corbacho y su recuerdo sobre su presencia como presentador de anteriores galas. Y pudo tener más gracia la lectura de la presentadora de las notas de prensa, alusivas a la Gala y aparecidas al día siguiente en los diarios. Se supone que serían una repetición de las emitidas en años anteriores.

4meses3semanas2dias0.jpgA estas alturas de este comentario, aún no he dicho que la gala fue conducida por Carmen Machi-Aida. No lo hizo mal. Condujo con suficiencia la gala. Aunque seguro que algunos opinan lo contrario. Terminó el acto invitándonos a todos a que viéramos mucho cine ya que es uno de los grandes placeres de la vida.

Otro de los momentos de la noche se produjo con la concesión del Goya a la mejor película extranjera. Fue para el filme rumano 4 meses, 3 semanas, 2 días, una de las grandes obras estrenadas en el año, y que también nos insta a indagar en la memoria como forma de no olvidar tiempos de oscuridad e intolerancia. El director, Cristian Mungiu, estuvo presente y recogió el premio. Sin embargo el chileno Andres Wood (que ganó con la misma película el primer premio en el pasado festival de cine de Huelva, donde sí estuvo) no asistió a la gala. El director de Machuca recibiría el Goya a la mejor película iberoamericana por La buena vida, uno de los Goya más previsibles.

También hubo otros que estaban “cantados” (además de Azcona), como fue el recibido por Penélope Cruz como mejor actriz de reparto por Vicky Cristina Barcelona, de Woody Allen, y el que se concedió a Benicio del Toro por Ché, el argentino, de Steven Soderbergh. Dos premios que probablemente dan prestigio a los Goya, pero sobre los que hay poner en duda su consideración como filmes españoles: claro se rodaron aquí (como Manolete, aún pendiente de estreno, y sobre el que se “pretendió” hacer un chiste al comienzo de la ceremonia), pero… Penélope partiría, al día siguiente de recibir el Goya, hacía su previsible Oscar, mientras que Benicio del Toro se embarullaba a la hora de recibir el premio sin poder ordenar sus palabras. El filme de Soderbergh también se llevó el premio a la mejor dirección artística.

Otro título con aires internacionales, Los crímenes de Oxford, de Alex de la Iglesia, recibió tres premios: mejor música (Roque Baños), mejor dirección de producción y mejor montaje.

Ángeles González Sinde, como presidenta de la Academia, pronunció un discurso breve, de estructura obamaista, en el que abogaba por luchar contra la piratería, al tiempo que invitaba a tener fe en el futuro, así como a la creencia y el amor sobre lo que es y supone el cine: una forma de compartir vida y emociones para intentar que los espectadores puedan encontrar soluciones a sus problemas. Animó a la profesión a “hacer” historias sin límites.

Otros premios fueron los siguientes: mejor diseño de vestuario (El Greco), mejor cortometraje de ficción (otra apuesta por el compromiso y el testimonio: Miente de la salmantina Isabel de Ocampo), mejor sonido (3 días), mejor cortometraje de animación (La increíble historia del hombre sin sombra de José Esteban Alenda), mejor cortometraje documental (otro filme testimonial: Héroes, no hacen falta alas para volar de Ángel Loza), mejor película de animación (El lince perdido de Raúl Garcia y Manuel Sicilia, mejor fotografía (Paco Femenía por Sólo quiero caminar de Diaz Yanes).

Hubo el lógico recuerdo a los profesionales desaparecidos y también se concedió el correspondiente Goya de Honor, que fue para Jesús Franco. El encargado de dar el premio fue Santiago Segura. A tal director tal honor. El cine basura de uno se corresponde con el del otro. Querer vender como grande el cine de Jesus Franco es como mínimo desproporcionado. Hizo muchas películas. Se dijo que 188, pero pocas (o ninguna de ellas) es importante. La mayoría ni siquiera llega a la categoría de serie B. Su máxima leyenda estriba en que fuera ayudante de dirección de Bardem (Juan Antonio) y de Orson Welles, al que recompensó –por haberle concedido tal honor– con un montaje, torpe y absurdo, de su inacabado Don Quijote. Un filme que tal como ha quedado no hace justicia al genio de tantas obras maestras del cine. Alguien sabrá la razón por la que se ha premiado a Jesús Franco, cuya mejor aportación al cine, por supuesto para mí, es su interpretación en El extraño viaje de Fernando Fernán Gómez.

Los Goya se han despedido hasta el próximo año. Dentro de lo que había se han dado premios ajustados en calidad y en testimonio. Pero hay que decir, en honor a la verdad, que aunque la oferta cinematográfica española del año 2008 no ha sido muy buena, a la cita (o sea a las nominaciones) de los Goya han faltado en los diferentes apartados títulos de interés como Tiro en la cabeza, Lo mejor de mi, Flores de Luna… No puedo asegurar que fueran válidos todos los que estaban, lo que si sé es que no estaban todos los que eran.

tiroenlacabeza-04.jpg