Los Croods: Una nueva era (2)

  04 Enero 2021

Reteniendo lo viejo en la novedad

los-croods-2-0Siete años después de irrumpir en las pantallas del globo con el beneplácito general de la crítica, un apoyo en taquilla competente y colarse entre las nominadas a Mejor Película de Animación en su respectiva edición de los Oscar, era de esperar que Los Croods regresaran en algún momento u otro.

La primera entrega resultó un entretenimiento bastante efectivo, con un trasfondo de valores universales tales como la oportunidad y apertura a lo nuevo o la conservación de los lazos familiares capaces de cuajar perfectamente en el público amplio, y la gracia de unos personajes prototípicos, pero suficientemente carismáticos.

No se trataba de una película redonda al jugar en base a un esquema narrativo muy convencional y predecible, sin embargo, sorteaba bien el asunto al equilibrar sus golpes de humor seguros con una rítmica trama aventurera rutinaria.

Aunque la vuelta ha sido algo más tardía de lo que cabía augurar, esta «nueva era» que reza el título sigue dignamente la estela de su antecesora, pese a caer en una cierta vagancia al repetir fórmulas y mensajes.

El film vuelve a insistir en temas como afrontar la novedad, el mantenimiento de la unidad familiar o la evolución humana en sociedad, en una historia donde lo desconocido ya no es el personaje de Chico, sino una nueva familia descubierta, cuyo estilo de vida es mucho más avanzado y acomodado en el progreso tecnológico.

Los gags siguen funcionando en líneas generales, las mujeres ganan relevancia y las incorporaciones —aunque algunas desaprovechadas—, ayudan a ventilar un relato que permanece básico. Esta vez, además, con algunos problemas de armonía, ya que la película empieza como una comedia romántica familiar para, en su segunda mitad, volverse una cinta de aventuras un tanto forzada e incoherente.

Lo que verdaderamente reluce más en Los Croods: Una nueva era es un diseño de producción colorido e imaginativo, más que la historia a la que da cobijo. Inevitablemente con pérdida de frescura frente a la primera, es curioso cómo una película que nos habla del rechazo al miedo de experimentar y ser anchos de miras haya preferido no innovar en su patrón argumental, conformándose con la emulación de situaciones ya vividas centrifugadas por un nuevo filtro.

Al final, irónicamente, los estudios son los primeros en no bajar al fango y quedarse en su confortable caverna, contradiciendo las tesis de sus propias producciones. Esta secuela no es la excepción a esta habitual regla y, aun saciar el apetito, queda la sensación que debería haber ido más lejos, teniendo en cuenta lo que hemos cambiado desde 2013.

Escribe Aleix Sales | Artículo publicado en Cine Nueva Tribuna

 

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