Un lugar tranquilo 2, de John Krasinski (3)

  19 Julio 2021

Los sonidos del silencio

un-lugar-tranquilo-2-0En 2018, un pequeño film a caballo entre el terror y la ciencia ficción entusiasmó a los amantes de ambos géneros. Un lugar tranquilo planteaba la necesidad de no hacer ruido para mantener la vida. Sin lecturas dobles —aunque algunos lo han pretendido—, solo un perverso juego de supervivencia en el que, si hablas, la palmas.

John Krasinski, después de decir que no haría una secuela, no solo repite como director, sino que se implica como guionista, productor y actor —aunque esto último sea testimonial: sólo en el prólogo—, o sea, asume todas las responsabilidades de esta secuela que continúa donde finalizó la anterior película, aunque incluye suficientes sorpresas como para evitar que nos aburramos.

Naturalmente, mantiene el reparto «superviviente» de la primera entrega, incluida su esposa —en la ficción y en la vida real—, Emily Blunt, que ha de combinar sus dotes de heroína con las de madre de un bebé de pocos meses que debe cuidar y evitar que llore o haga ruidos. Un punto de partida inquietante, sin duda.

La actriz sale airosa de ambos cometidos, aunque la sorpresa en el apartado de intérpretes en esta segunda entrega es el personaje de su hija sordomuda Regan —papel a cargo de Millicent Simmonds—, la auténtica heroína de la función y una gran actriz en ciernes.

Y, a nivel de puesta en escena, la gran sorpresa es la notable maestría del director para manejar la banda sonora en un sentido amplio: diálogos, efectos de sonido, música y, sobre todo, el silencio… auténtico protagonista en muchos momentos de Un lugar tranquilo 2.

Pocas veces somos conscientes en una película del silencio. Un silencio total y absoluto. Y aquí sucede en varias ocasiones. Son momentos en que nada se oye en la sala porque adoptamos el punto de vista de un personaje sordo. Quizá el recurso lo utiliza demasiadas veces, pero siempre con una gran efectividad.

Si bien ese silencio nos inunda en momentos de tensión, en mitad de asaltos de los extraterrestres, hay una escena especialmente brillante en este sentido: la conversación madre-hijo cuando esta va a salir del refugio a por medicinas; sin palabras, solo gestos, sin música, un diálogo de sordos (literalmente) con apenas algún subtítulo aclaratorio… Un gran momento de cine-cine.

A ese silencio como protagonista contribuye la ausencia de música en muchos momentos. Marco Beltrami la administra con rigor, como corresponde a un film donde la ausencia de sonidos importa. Así, no hay en el prólogo y comienza a sonar en el sótano, ya en el presente.

Beltrami es un especialista en sagas fantástico-terroríficas, con distintos títulos en universos como los de Scream, Terminator, Resident Evil, Blade o Hellboy.

Por lo demás, su partitura —muy similar a la del anterior film de la saga— sigue pautas habituales en su cine de terror, incluyendo en ocasiones sonidos que identifican a los extraterrestres.

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Guerra mundial, ayer y hoy

El film comienza con un prólogo, el día 1: una jornada normal en un pequeño pueblo norteamericano, con su equipo de béisbol y sus pequeñas historias. Una llamarada en el cielo y, de pronto, comienzan a saltar extraterrestres destrozando a todo aquel que grita.

En mitad de la matanza, un escondite y dos detalles que merece la pena subrayar: primero, vemos y «oímos» un ataque desde el punto de vista de un niño sordo, el silencio que inunda la sala produce escalofríos. Una idea mucho más efectiva que cualquier música o efecto de sonido.

Segundo, entre el grupo de vecinos agazapado en el bar, incluso bajo las mesas, uno empieza a rezar… pronto, otro le tapa la boca: si quieres reza, pero en silencio. Si te oyen, vamos apañados. No se puede decir más con menos.

Sin finalizar el prólogo, porque solo ha sido la carta de presentación y, de alguna forma, una estrategia para introducir un inicio novedoso, saltamos al día 474… que es justamente el momento en el que finalizaba la original Un lugar tranquilo.

La madre, la hija, el hijo y el bebé emprenden un viaje, en principio para escapar del lugar donde se produjeron los desagradables hechos del primer film. Luego, porque allá arriba hay algo que quizá sea la solución.

Pero no hay soluciones fáciles: los lloros del bebé y los gritos del hermano atraen a uno de los bichos, aunque la escena da pie a recordar lo eficaz que es una radio y el extraño sonido que produce el audífono de la hija sordomuda.

Más allá de ese premonitorio enfrentamiento, sólo el encuentro con un vecino que hemos conocido en el prólogo. Un vecino que sirve para reflexionar sobre las distintas formas de enfrentarse a una amenaza… y una de ellas es cerrar los ojos. Esconderse. Huir. Evitar cualquier enfrentamiento.

Probablemente con este personaje (interpretado por el eficaz Cillian Murphy) entramos en los problemas de guion, que los hay, aunque no demasiados: el amigo de la familia pasa de ser un cobarde a reivindicarse como un valiente, capaz de ayudar a la hija en su cometido.

Así, sin más.

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Un guion con altibajos

Curiosamente, antes de ese giro poco elaborado y menos creíble, el guion ha cuidado con mimo cada elemento clave en el desarrollo de la película.

Si en el prólogo ya se utilizó el silencio subjetivo (ese que pone los pelos de punta en la sala), a lo largo del bloque central presta especial atención a la bombona de oxígeno (para respirar el bebé oculto), a la propia forma de «ocultar» al bebé para evitar que sus lloros se escuchen, a las pocas armas disponibles o esa radio que es fundamental para transmitir el sonido… con todas sus consecuencias.

Pero si hay algo a lo que Krasinski presta especial atención es al papel de la mujer: madre e hija luchan por salvar a su familia y a la humanidad. Mientras una piensa en términos de lo más cercano, la otra apuesta por la «solución final». Un film que, sin levantar la voz, dice mucho a favor del papel de la mujer en el cine de acción y de terror.

Sin embargo, junto a esas soluciones planteadas correctamente, Krasinski contrapone el personaje del amigo cobarde (mejor dicho, su inexplicado giro) y, sobre todo, el precipitado final: demasiado aparatosa la llegada de un extraterrestre a ese lugar presuntamente idílico: ¿de verdad no habían previsto esa posibilidad? ¿Nadie vigila los barcos que se acercan?

Como problema de guion adicional, la solución final se basa en la existencia de una radio, esa que escuchan los protagonistas y que continuamente emite la canción Beyond the sea: una clave que solo la hija sordomuda sabe desentrañar.

Lo que no se comprende es que esa emisión se realice siempre con un antiguo LP: ¿cómo un LP está siempre en marcha? ¿No hubiera sido más lógico poner un CD o un disco digital, menos vistoso, pero fácil de repetir su emisión continuamente? Los antiguos LPs no tienen esa opción: repetir únicamente un tema.

Y una simple curiosidad para los cinéfilos de pro, sobre esas casualidades de algunos guiones: la presencia de una señal de radio, una amenaza sobre los humanos escondidos, una isla a la que escapar, la falta de atención en esa isla por si llega allí la amenaza… todo eso se encuentra también en otra película de 2020, que actualmente se exhibe en Netflix: Love & Monsters, de Michael Matthews…

Afortunadamente, Krasinski no apuesta por ese tono infantiloide y de comedia familiar que tiene el film de Matthews, por lo que acaba estando muy por encima del film de Netflix. Ambas, por cierto, comparten autor de la banda sonora, Marco Beltrami.

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Una lección de montaje

Si tuviéramos que quedarnos con una secuencia de Un lugar tranquilo 2, sin duda no es el final, demasiado acelerado. Esa gran secuencia se encuentra mediado el metraje.

Se trata del montaje de tres escenas en paralelo proporciona uno de los momentos de puro cine más atractivos vistos este año: la madre, la hija y el hijo, cada uno en un espacio distinto, luchando por mantenerse en silencio y con vida. La alternancia, in crescendo, de los tres personajes sufriendo, sin pronunciar una sola palabra, resuelta con imágenes y música, sin duda una gran lección de montaje.

Como funciona tan bien, la idea se repite en la parte final, esta vez con un montaje paralelo con solo dos escenarios —la madre en la fábrica y la hija en la isla—, pero no funciona con la misma eficacia, quizá porque le falta desarrollar algunos detalles para que todo encaje… Insistimos, el final sucede con demasiada premura, sin aclarar puntos oscuros, como si hubiera prisa por terminar para que no se noten demasiado algunos detalles carentes de lógica (la llegada de un monstruo al presunto Edén, la falta de organización en esa sociedad nueva, la casual llegada a la radio de «alcance mundial»…).

Sobre la metáfora del silencio, ese no hacerse notar, hay lecturas para todos los gustos… la película no apuesta por ello como razón de ser. Más bien es un recurso para proporcionar esos espectaculares «silencios» en la sala que resultan más espeluznantes que cualquier susto con nocturnidad y alevosía, de los que tanto abundan en el (presunto) cine de terror juvenil.

Eso sí, es una película para ver en cines. El silencio absoluto en una sala no se disfruta casi nunca y no tiene nada que ver con el «silencio» en una casa. Además, el uso del Dolby es ejemplar, con «amenazas sonoras» repartidas estratégicamente por todo el cine. Una grata experiencia sonora.

Por desgracia, ya se anuncia la «ampliación» del universo del silencio con un título que no será directamente una tercera entrega, sino lo que los americanos llaman un spin-off, es decir, utilizar la idea o quizá a algún personaje en una película totalmente distinta… dirigida por Jeff Nichols (sí, el firmante de Take Shelter y Mud).

El silencio regresa a los cines de medio mundo. Literalmente. A ver si también logra imponerse a los ruidosos devoradores de palomitas repartidos estratégicamente en las salas.

Escribe Mr. Kaplan  

  

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