La última gran estafa (2)

  07 Enero 2021

Más interesante de lo que parece y de lo que dicen

la-ultima-gran-estafa-0El productor de cine hollywoodiense de serie B Max Barber (Robert de Niro), tras un sonado fracaso comercial de su bizarra película sobre monjas lascivas y asesinas, que hasta ha provocado altercados entre el público católico, se ve en una situación desesperada pues ha gastado los últimos 350.000 dólares que le había prestado el mafioso local Reggie Fontana (Morgan Freeman).

Su oportunidad se la brinda un joven emprendedor conocido, que quiere comprarle un guion que Max tiene celosamente guardado por una fuerte suma de dinero. Pero Max está convencido de que esa película le hará poseedor de un Oscar, que ese guion es su última oportunidad y por lo tanto no quiere venderlo a ningún precio.

Lo que sigue es que por una cosa del azar Max cae en la cuenta sobre una manera de llevar a cabo un nuevo proyecto, saldar su deuda y evitar males mayores con la mafia. Tras dimes y diretes entre ambos personajes, Max y Reggie, el ladino productor inicia una película que incluye escenas de acción de alto riesgo. Pretende con ello precipitar la muerte del protagonista y cobrar el dinero del seguro, con lo cual el negocio estaría cerrado apenas sin rodar un fotograma: ¡la última gran estafa!

Buscando al chivo expiatorio decide contratar en la residencia de ancianos donde vive a un viejo actor deprimido y bebedor de nombre Duke Montana (Tommy Lee Jones), un hombre suicida que juega a la ruleta rusa en su soledad y que parece el blanco perfecto para sus planes. Para ello cuenta con la ayuda de su pazguato sobrino Walter Creason (Zach Braff) que hace de ayudante, y con la señorita Megan Albert (Kate Katzman) quien, con su optimismo, melena rubia y un ánimo incombustible hará las veces de directora de su ídolo de infancia, Duke. Sin olvidar al caballo Canela, que tan buenas coces mandará. El detalle es que transcurre el rodaje sin víctimas; contrariamente, el film resultará todo un éxito de público y taquilla.

Se trata de una curiosa obra correctamente dirigida por George Gallo, con un guion de su autoría junto a Josh Posner, una narración entretenida, bien llevada y traída, con más miga de la que aparenta.

Tiene una bonita música de Aldo Shllaku, junto a una buena fotografía de Lucas Bielan. Está bien la puesta en escena que retrata el mundo de Hollywood de los años setenta.

Cine desde dentro y las miserias de Hollywood

Esta es una de esas cintas donde se habla del cine desde su médula compuesta por productores, dirección, artistas, rodaje, etc. Para empezar, resulta curioso e incluso cómico la constante alusión entre el productor y el mafioso a importantes títulos de la cinematografía, tal el caso de De Niro mencionando títulos suyos como: La cortina de humo (1997), de Barry Levinson; Showtime (2002), de T. Dey; o, Algo pasa en Hollywood (2008), de Barry Levinson. Y otras cintas como, Cómo conquistar Hollywood (1995), de Barry Sonnenfeld; o, Los productores (2005) de S. Stroman (remake del film de Mel Brooks, 1966).

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De igual modo quedan reflejadas las condiciones tantas veces lamentables de quienes participan en películas como actores de segunda, figurantes, indios excedidos de peso, el dueño de un caballo inteligente al que drogan para conocer los secretos del equino del que afirma fue montado por John Wayne, o la pobre Megan Albert, entregada directora trabajando en condiciones de escasez, pero siempre entusiasta.

De igual modo, y aunque habría podido hacerlo de manera más contundente, el film reflexiona sobre las oportunidades perdidas y el paso del tiempo en el seno de una industria con gran potencial para la crueldad.

La ilusión y confianza en una idea-guion

En la película, el productor Max Barber tiene en su haber un guion en el que tiene cifrada su buena estrella en el mundo del cine, una ilusión definitiva para cuando la pueda producir, y por nada quiere deprenderse de su libreto. Y es curioso y no creo que sea azarosa la realidad de lo ocurrido con esta cinta.

Resulta que esta película es un remake de un film homónimo de Harry Hurwitz (1982). Esta cinta nunca llegó a estrenarse, pero Gallo fue una de las pocas personas que pudo verla. Gallo continuó trabajando en la industria, sobre todo como como guionista de películas como Huida a medianoche (1988), de Martin Brest (también con De Niro), o Dos policías rebeldes (1995), de Michael Bay.

El asunto es que Gallo quedó prendado y obsesionado con la película anterior de 1982 y buscó hasta encontrar los derechos de la misma para hacer efectivo este remake que tardó años de tesón en concretar. La magia de hacer una vieja película una vez más…

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Importancia del reparto y vis cómica de los actores

La película tiene un reparto que es un valor muy importante de la misma. Así, Robert de Niro hace uno de los trabajos más divertidos de su carrera con constantes gags y golpes que provocan auténticas carcajadas; ello en su rol Max Barber, equipado con largos rizos grises, gafas de aviador y un Cadillac antiguo con un motor de enorme estruendo; un productor de dudosa reputación que debe mucho dinero al gánster Fontaine, interpretado por un también genial Morgan Freeman, un mafioso que se imagina a sí mismo como cinéfilo; además de su excelente trabajo da la impresión de disfrutar con lo que hace.

Tommy Lee Jones es el actor elegido para interpretar a Duke Montana, antigua estrella alcohólica enviada a un asilo para actores viejos; Max lo encuentra y contrata para su nueva película de vaqueros e indios, antes de contratar una póliza de seguro considerable con la esperanza de poder facilitar la desaparición de Duke mientras se realiza el rodaje. Pero Lee Jones es tan indestructible como un superhéroe de Marvel, es una pena que no haya tenido más protagonismo en la obra este genial actor que podría haber aportado un poco más al emprendimiento.

Está muy bien Zach Braff como Walter Creason, el sobrino un poco pavo y ayudante de Max. Me ha gustado y parecido muy resultona la bonita, eficiente y firme Kate Katzman, a quien deciden contratar como Megan Albert, la encargada de la realización de fuerte convicción en la película que rueda y de voluntad firme.

Sin olvidar el caballo llamado Canela. Acompañando con solvencia Vincent Spano, Natalie Burn, Emile Hirsch, , Patrick Muldoon, Eddie Griffin, Joel Michaely, Nick Vallelonga, Blerim Destani, Michelle Maylene, Julie Lott, Melissa Grenspan, Jermaine Washington, Ray Bouderau, Leonard Waldner y Bill Luckett Niro. Conjuntados y con nivel.

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Cine dentro del cine

Finalmente, esta cinta trata el tema de la realización de películas desde dentro, un género que algunos tratan con cierta displicencia pero que a mí me gusta bastante.

De hecho, directores como François Truffaut, Stanley Donen, Vincente Minnelli, Fellini, Godard, los hermanos Coen o Quentin Tarantino se han complacido en realizar filmes de este corte. Por mencionar algunos: Cantando bajo la lluvia (1953), de Stanley Donen y Gene Kelly; La noche americana (1973), de François Truffaut; o, ¡Ave, César! (2016), de los hermanos Coen.

Concluyendo, no es una obra maestra pero cumple con el propósito de divertir y entretener. Es cómica y uno puede reír a gusto. Además, habla de cine desde sus actores, quienes la hacen posible, con mensajes para pensar.

Es una obra recomendable sobre todo para los amantes del cine clásico y los seguidores de los grandes actores protagonistas del reparto.

Escribe Enrique Fernández Lópiz

 

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