Con quién viajas (3)

  16 Septiembre 2021

Un viaje delirante y excelente ópera prima

con-quien-viajas-0Este pasado sábado 11 de septiembre, cuando el verano amenaza despedirse, fui al cine de mi ciudad con toda la intención de ver Dune (2021), aunque sin mucha convicción. Y hete aquí que me dice la taquillera que aún no ponían tal peli, lo cual me obligó sobre la marcha a cambiar de título y meterme en la sala donde proyectaban Con quién viajas.

A veces el azar te guarda sorpresas agradables. Incluso muy agradables. Puedo decir que desde que empezó la peli hasta que acabó, en ningún momento me aburrí o me distraje; ni un solo instante perdí el interés en los 86 minutos que dura este largo, ópera prima más que correcta de un excelente Martín Cuervo al que habrá que tener en cuenta cara al futuro, tras esta interesante road movie que nace y crece sobre sucesivos, inquietantes y sorpresivos equívocos.

Un guion sembrado del propio Cuervo, con diálogos muy ocurrentes y sin media de pedantería y menos de mal gusto. Se suceden los intercambios entre los personajes en una sencilla pero psicológica trama que atrapa al espectador, todo ello adobado con un fino humor retorcido. Una historia que tiene su origen, según el director, en un viaje que él mismo hizo con una militar que lo había dejado con su pareja y llevaba una pistola en la guantera: «Me decía que por favor no le dejase sacarla, y al final era toda una mezcla de risa nerviosa y miedo, con el coche convertido en una bomba de relojería».

El filme, por entero prácticamente rodado dentro de un automóvil, cuenta sobre cuatro desconocidos, un joven y dos mujeres igualmente jóvenes, que han quedado junto a la plaza de toros de Las Ventas en Madrid, para compartir coche hasta Cieza, en la provincia de Murcia, gracias a una aplicación de viajes compartidos, donde un sujeto muy singular es el conductor.

Como ha declarado la actriz Andrea Duro: «Estás todo el rato en la secuencia y quizá también en plano, así que has de estar alerta en todo momento. Además, no hay nada peor que imaginarte una peli con cuatro personas en un BlaBlaCar y que a los actores se les caiga el ritmo». Y a lo largo del trayecto unos, otros y, sobre todo, el particular conductor, van hablando sobre cosas de la vida para entrar en un tono de amigabilidad o familiaridad, al que sucederá una especie de tormenta paranoica.

Inicialmente, todo transcurre más o menos normalmente, pero ciertos detalles en el habitáculo desencadenan en los pasajeros la idea de que el conductor oculta algo, que tiene un comportamiento un tanto anómalo y de ahí, hasta imaginar lo peor: es asesino, psicópata o violador.

El viaje deviene onírico, alocado, entre divertido y ansiógeno. Una cinta que me ha recordado a cintas de corte paranoico como La ventana indiscreta (1954), de Hitchcock, o Misterioso asesinato en Manhatan (1993), de Woody Allen. Pero en el caso de esta peli, plan español y muy gracioso.

Música de Iván Valdés en una cinta que tiene el enorme «detalle» de recuperar la música del grupo español Los Brincos (apodados los Beatles españoles en su momento, años 60: ¡bravo por recuperar a este significado grupo!) y sus emblemáticas canciones: ¡gran placer poder escucharlas de nuevo!

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Buena la fotografía de Pablo Bürmann, y el enorme mérito del director de construir una comedia en toda regla dentro de las cuatro restringidas paredes de un coche. No cualquiera puede hacerlo. Este ejercicio de estilo rodando dentro de un pequeño espacio con cromas, superado por Cuervo con notable alto, me recuerda necesariamente al filme de Hitchcock, Náufragos (1944).

Hay ingredientes muy interesantes en esta cinta. El primero es que acierta a mantener con pulso firme los dos basamentos principales de su argumento: la intriga y el humor, y le saca el jugo escénico mayor posible a su único decorado, el habitáculo del coche.

A la falta de acción Cuervo imprime vivacidad, soltura y la composición y cálculo del plano corto, amén de ahondar en el juego psicológico que se cuece, para lo cual es imprescindible la estupenda interpretación de los cuatro actores que participan.

El filme aborda el tema habitual y actual en los más jóvenes de compartir los viajes en automóvil. Páginas como BlaBlaCar que proporcionan coche, conductor y compañeros de recorrido, en la que no se sabe a quién llevarás al lado. Sobre esta base, Cuervo organiza un guion que versa sobre las tensiones que se generan durante un corto y embarazoso viaje. Cada uno de los actores tiene un cometido en el argumento, desde provocar tirantez, hasta insinuar amenazas fantásticas, estimular prejuicios, plantear interrogantes, desvelar secretos o plantear incertidumbres.

No hay que olvidar el protagonismo principal de las conversaciones cruzadas por WhatsApp dentro del auto, con revelaciones inesperadas entre los pasajeros y una vis cómica en los mensajitos para afrontar situaciones cotidianas enrarecidas o comentar las opiniones y preocupaciones sobre el conductor.

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Los actores y actrices están geniales, pero sobresale Salva Reina, el conductor, en el manejo del lado oscuro de su personaje y porque al mismo tiempo sabe llevar con gran solvencia comicidad, opacidad y misterio sobre el sujeto que encarna. El personaje, con un estilo a lo Javier Bardem en No es país para viejos (2007) en versión freeky creepy, es una especie de friki con patillas setenteras y un CD de Los Brincos que pondrá a cada instante, lo cual acabará poniendo nerviosos al resto del pasaje. Como explica Cuervo: «Nos sentimos seguros etiquetando a la gente, pero a veces te puedes equivocar. Ese intentar colocar a alguien en una casilla determinada para así quedarnos más tranquilos puede llevar a muchos equívocos y sorpresas».

Ana Polvorosa sabe inyectar estrés, a la vez que machaca y le pone mucha pasión a su personaje. En el asiento de atrás la atacada y nerviosa Andrea Duro y Pol Monen, con sus increíbles caras, siembran dudas, a veces se relajan, otras sirven de vehículo para conmociones, miedos, fabulación y naderías que sustentan el entramado. La cosa resulta un combinado sabiamente mezclado para que el espectador se lo vaya tomando poco a poco, a pequeños sorbos, hasta quedar un poco tarumba.

Sin tratarse de un filme top técnicamente hablando, el joven director madrileño consigue, con el mínimo de elementos, que la historia conserve el interés, la gracia y el suspense.

Ya un poco cansado de este verano súper heroico (de súper héroes), de ciencia ficción, terror o delirantes thrillers daneses, por fin una comedia española fuera de los trenes de Segura, con una calidad y el sabor de los clásicos.

Es una película donde la mezcla de los ocurrentes diálogos, el guion y los actores y actrices, te hacen pasar un rato, no sólo de inquietud o turbación, sino de risa, una risa con sordina, no risotada, pues el humor se aproxima a lo British-Spanish con medidas dosis de barbaridad. Todo se precipita fruto de una confabulada interpretación de pequeños detalles que hacen pensar a los pasajeros que viajan al lado de un peligroso asesino.

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Por eso, la película es también un acercamiento a eso que en el argot «psi» se denomina folie à deux o à trois, locura a tres, como en el caso que nos trae. El término se refiere a cómo, al menos transitoriamente, como ocurre en el filme, un fenómeno grupal de ideas delirantes y fantaseadas, se transfieren entre individuos con una relación estrecha y cercana. Ideas delirantes inducidas caracterizadas por concepciones locas, entre individuos que, como en la cinta, mantienen una relación próxima. Esto ocurre en la trama, en la cual la presencia de detalles nimios, son interpretados erróneamente por prejuicios que asolan a los viajeros y la ayuda de los WhatsApp que colaboran a amplificar el delirio y los desatinos, concluyendo en una locura de grupo.

Nuestro director y guionista hibrida thriller y comedia, acompañada de una desconcertante tensión y risotada absurda, en lo que Cuervo ha llamado: thrilledia, palabra mezcla de ambos géneros: «En esta mezclita hay algo divertido», afirma Cuervo.

Según el actor Salva Reina, al hablar del director: «Su manera de entender esta comedia y la comedia en general es muy llamativa». Según declara Cuervo: «La película se construyó a capas: primero el thriller, luego los diálogos naturales y después… Bueno, después llegó Salva». Sí, con Salva la cosa concluye en viaje tenso y extraviado, juego psicológico salpicado de anécdotas que bordean cierta enajenación; viaje, el de esta cinta, con situaciones incómodas, diálogos tensos y gags surrealistas.

Es, por supuesto, una obra de escaso presupuesto y enorme voluntad y acierto por parte de todo el equipo. Lo cual viene a demostrar una vez más que no hace falta mucho dinero para hacer buen cine, basta con inventiva, entrega, talento y una historia que contar.

El final es tan sorpresivo como redondo. Con él nos damos cuenta de que todo lo acontecido a lo largo del filme está escrito sin fisuras, con un perfecto encaje de las piezas. Hasta los delirios cuentan con sus coartadas, que sólo se desvelan al final.

Escribe Enrique Fernández Lópiz

  

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