Uno de nosotros, de Thomas Bezucha (3)

  08 Junio 2021

Western moderno devenido drama

uno-de-nosotros-0Los primeros minutos del filme se desarrollan con una suavidad tonal y calidad, con una puesta en escena precisa y contenida. En ese principio nos tropezamos con tres generaciones de la familia Blackledge viviendo juntas en una cierta armonía, pues queda claro que la madre y abuela tienen el peso de quien se sabe con «mando en tropa». Las cosas no son perfectas entre Margaret (Diane Lane) y su nuera Lorna (Kayli Carter): momentos de tensión y desacuerdo temprano con relación a la crianza del nieto anticipan el curso posterior de los acontecimientos.

El padre y abuelo, un ex sheriff con cara de póker (Kevin Costner), tampoco parece muy accesible para su hijo Ryan. Eso sí, toda la familia está unida por su amor al bebé recién llegado, Jimmy.

Es ese mismo amor el que desencadenará un tremendo ciclo de acciones arriesgadas y represalias después de que el hijo y padre de la criatura Ryan muera en un extraño accidente montando un caballo.

Al poco la desesperada nuera decide contraer matrimonio, cuando el niño cuenta con tres años; lo hace con Donnie Weboy (Will Brittain), un joven oscuro con tendencia a comportarse de forma violenta, perteneciente a una familia de dudosa procedencia y, como se verá, peligrosa.

A los pocos días después de sus sombrías nupcias en el ayuntamiento, Donnie se lleva a Lorna y Jimmy a Dakota del Norte, con la intención de criar al niño como miembro del clan Weboy, un clan violento y siniestro como se verá.

El sheriff está dolido en lo más hondo por la pérdida, tanto de su hijo como por la súbita separación del nieto. Pero es su esposa Margaret quien decide dejar el rancho para rescatar al amado nieto tutelado por los peligrosos Weboy, una familia y un ambiente que no convienen al niño. La matriarca Blanche Weboy y toda la familia harán cuanto esté en sus manos para evitar que el niño regrese con los abuelos, haciendo gala de una crueldad inesperada.

En la película se produce algo que está documentado en los anales de la gerontología: un giro en los roles de género, de pareja y matrimoniales en personas mayores, donde ella toma las riendas y el esposo la sigue resignadamente.

George se muestra reticente a recuperar al nieto, que no les pertenece legalmente, y está nervioso por las intenciones del intento Margaret, advirtiéndole a su esposa sobre sus consecuencias. Pero ella ya ha decidido ir a por todas, y acaba siendo quien resuelve y manda.

George es lo suficientemente hombre, buen hombre, como para no dejarla salir a la carretera sola. La cosa deriva en una conmovedora odisea con tintes de road movie, entregada a las psiques de sus personajes y a dejar caer pequeñas pistas de lo que está por venir.

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El escenario está listo para un guirigay sexagenario de venganza cocinándose a fuego lento, mientras George y Margaret se abren camino hacia el país de Weboy y se enfrentan al escuadrón de hermanos de Donnie y su madre, una peligrosa rubia platino.

El filme está basado en la novela de título homónimo de Larry Watson (Let Him Go) y dirigida con notable calidad por un maduro Thomas Bezucha que escribe también el guion, un libreto con cual se apunta a una manera de western moderno que agrupa drama y thriller al servicio de una historia de venganza. Con un estupendo ritmo narrativo y una puesta en escena encomiable, el producto es una obra cargada de sentimientos y centrada en la familia.

Como el mismo Bezucha ha declarado: «Lo que más me tocó del proyecto es el impulso que nace de la idea de rescatar al niño. (…) Habla de la familia, y eso siempre me gusta. Pero también me atrajo la oportunidad de retratar el matrimonio de los protagonistas, de seguir su recorrido por el dolor mientras se esfuerzan en reunir a la familia. Por muy aterradora, trágica y violenta que pueda parecer la película, nunca se rompe el vínculo de autenticidad y afecto entre esas dos personas que llevan tantos años juntas».

De hecho, un elemento nodular del filme es que en el trasfondo de la historia está el amor maduro de los Blackledge, situación afectiva y amorosa que trasciende el plano del romanticismo clásico, para ahondar en una relación compleja, larga y con altibajos, pero que mantiene una unión consistente, asentada en valores comunes y un proyecto de vida a largo plazo.

Hay por cierto un personaje muy interesante: un joven nativo americano y fugitivo llamado Peter; un muchacho que se lo llevaron a un internado para indios del que acaba de escapar. Despojado de su nombre, obligado a olvidar su idioma y solo en un país que fue arrebatado a su gente, Peter es un emblema conmovedor y un ejemplo más de cuanto George y Margaret están aprendiendo en sus años postreros y en el viaje que han emprendido. Será con la ayuda de Peter que puedan conseguir algo que vale y mucho la pena salvar de las cenizas (para entender esto hay que ver la peli).

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En el reparto sobresale un exultante Kevin Costner en el rol de sheriff jubilado y abuelo quien, junto a su mujer, inician un viaje áspero en pos del nieto perdido. Sobresale igualmente esa actriz de enorme repertorio que es Diane Lane, madura, hermosa y de expresiva mirada: ambos dan rienda suelta a su química en pantalla bajo la piel de una pareja en proceso de duelo que genera una empatía casi instantánea.

Acompañan con efectividad y profesionalidad Jeffrey Donovan como el violento Bill Weboy; muy bien Lesley Manville como la malévola Blanche Weboy; Will Britain (Donnie); Booboo Stewar es en la obra el joven indígena, que está muy bien; Kayli Carter como la apocada Lorna Blackledge.

Y otros actores y actrices de reparto en nivel y en sintonía, como Will Brittain, Bradley Stryker, Greg Lawson, Ryan Northcott, Aidan Moreno, Caillou Pettis, Adam Stafford, Tayden Marks, Amber Shaun, Connor Mckay, Misty Kay, Will Hochman, Brm Hornung y Otto Hornung.

Me ha resultado llamativa y envolvente la música de Michael Giacchino, un reconocido compositor del actual panorama cuya introducción resulta un tanto forzada y poco sutil cuando trata de resaltar los ambientes de calma en los que la paz reina entre los personajes. Sin embargo, es en los momentos de tirantez, cuando una mayor carga emocional se adueña de la situación, creando incertidumbre, las notas musicales de Giacchino funcionan mejor contribuyendo a que el relato fluya acompasadamente y con fuerza, acompañado de intensas notas.

Hermosa dirección de fotografía de corte naturalista, cortesía de Guy Godfree, una fotografía bella y acorde que viste de una luz ocre la trama.

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Podemos visionar en la pantalla explosivas descargas de violencia rodadas con gran realismo, donde se traza la discordancia entre dos formas desiguales de entender la crianza, la educación de los hijos, la vida y cómo modular los lazos familiares. La honesta y cabal de los civilizados Blackledge versus la psicopática y primitiva de los atrasados Weboy.

Asistimos también a sendos matriarcados totalmente enfrentados, con Diane Lane y Lesley Manville representando ambos extremos, con interpretaciones distintas: la primera sensible, contenida y razonable; la segunda manipuladora, astuta y dispuesta a infringir las normas para lograr sus objetivos, lo cual deja claro la puesta en escena.

Justamente, en la primera aparición de Manville como anfitriona de una cena a la que ha invitado a los Blackledge, la señora exhibe una actitud vigilante, en estado de alerta tras la mesa del comedor y el humo de su cigarrillo, como si se tratara de una alimaña preparada a agredir en cualquier momento, «impone una distancia manifiesta entre ella y el resto otorgándole una posición de dominio del espacio absoluto» (Hernández).

Todo lo cual predice el conflicto, fruto de las importantes desavenencias que ya se venían produciendo desde la boda de Lorna con Donnie Weboy, en la parte inicial de la obra. Y se prevé ya el fatídico y dramático final. A partir de ese instante, el filme es una auténtica olla a presión que acabará estallando y desatando una violencia extrema e insólita. «La comprensión se convierte en sed de justicia, y esta, rápidamente, en un anhelo de venganza que culmina en un tercer acto crudo y visceral» (López). Cerrando con un drama de dimensiones shakespearianas, con más fondo del que aparenta bajo su aspecto de filme de género.

A diferencia de la novela de Watson, la narración de Bezucha transcurre en los años sesenta, y no en los cincuenta, extremo este que no está suficientemente subrayado en el filme, lo cual puede producir cierto desconcierto. «El año 1963 me atraía porque me parece que es una encrucijada de la cultura estadounidense del siglo XX», señala Bezucha: «Es Camelot y Kennedy a la vez. Hubo un antes y un después; experimentamos una caída, una pérdida de la inocencia colectiva. Quería que el matrimonio protagonista se casara en un juzgado con el retrato de John Kennedy porque así todos sabrían que esto acabaría mal».

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A la veterana actriz Diane Lane le atrajo «la dinámica de la pareja», según afirma. «Treinta años de matrimonio equivale a viajar por varios universos. Se crece, se cambia, se madura en algunos aspectos y en otros no. Las debilidades de cada uno salen al descubierto en una relación tan larga, no pueden esconderse y se acaba por dejar de intentarlo. Pero están en un punto en que su relación ha cambiado de tal forma que ha caído en su versión más débil». Para Kevin Costner, «es una película dura y fuerte». Un western diferente que explora los límites de los lazos familiares.

Thomas Bezucha cambia parcialmente caballos y carretas por un gran Chevrolet Bel Air Nomad del 58 para abrazar y a la vez subvertir los cánones del cine del oeste, en una cinta más que interesante en que la abuelidad, la maternidad, el duelo y los lazos de sangre ciñen un relato lleno de contrastes, lúcido en el retrato intimista, pero también un thriller tenso y envolvente.

Conmovedora obra, bien trabada, un reparto entregado y algunas subtramas que hablan de la soledad, la reparación y recomposición de un hogar tras diferentes fallas en su seno, y la forma de entender la vida y la muerte.

Estamos ante un estupendo western sobre la pérdida, un intenso drama familiar hecho realidad en una atractiva película que viene de la mano y el carisma de Kevin Costner y Diane Lane, otro peso pesado de la interpretación.

Bezucha consigue crear una consistente obra tintada de un cálido clasicismo con un final trágico pero esperanzador.

Escribe Enrique Fernández Lópiz

  

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