Mira cómo corren (2)

  28 Noviembre 2022

Como para pasarlo bien

mira-como-corren-0He pasado un buen rato hace unos días viendo esta película. Muy bien llevada en la dirección por Tom George, aunque confieso que, para mí, el cine-teatral no es mi programa favorito. Pero George, con un guion algo enrevesado pero interesante e inteligente de Mark Chappell, consigue hacer un hábil trabajo, alineando a los sospechosos habituales, incluido el pomposo guionista (dentro de la cinta) Mervyn Cocker-Norris (excelente David Oyelowo) y su amante italiano (Jacob Fortune- Lloyd, muy bien), a quien intenta hacer pasar por su sobrino.

La obra que inspira el filme es La ratonera, de Agatha Christie, considerada como el espectáculo teatral que más tiempo ha permanecido en escena. Se estrenó en el año 1952 en Londres y hasta marzo de 2020 se siguió representando cada día, volviendo a su habitual devenir y triunfo tras la interrupción temporal por la pandemia: ¡eso es mucho! O, mejor, incluso casi insólito.

Esta cinta, pues, se basa en una premisa simple pero placentera: un relato policíaco, encerrado dentro de una obra teatral policíaca real, en este caso la obra de la Christie.

Además, en la obra, al terminar la función de cada noche, los intérpretes salían inequívocamente a escena (entre saludos y aplausos), para advertir al público de la importancia de no revelar la identidad del asesino.

La cosa es que un productor de cine de Hollywood se propone convertir en película la popular obra de teatro. Cuando miembros de la producción son asesinados, el cansado y atribulado inspector Stoppard y la animosa agente novata Stalker se encontrarán en medio de una intrigante trama policíaca.

Un detective brillante, una persona asesinada, un grupo de sospechosos con abundantes motivos para ser los culpables, pues en cierto modo creo que se puede decir que los dramas de misterio siempre juegan las mismas cartas (como afirma la voz de Adrien Brody en el inicio: «Visto un whodunit, vistos todos»).

Pero esta película de George sabe revolver el orden de manera adecuada y sirve para encontrar nuevos modos de explorar el género y, a la vez, rendir homenaje a la gran maestra que fue Agatha Christie.

La obra no solo le da a la película muchos géneros para satirizar, porque es drama detrás del escenario, un crimen, un proceso policial, todo envuelto en una farsa; y permite igualmente una cualidad que trae los conceptos y convenciones del asesinato como misterio en primer plano. Y si bien no funciona plenamente, sin embargo, es una cinta ágil, divertida y elegante.

Aunque parezca que las comparaciones con la escritora británica no le hacen ningún favor a la película (el libreto carece de su afilada agudeza), George lo hace muy bien, apostando por la comedia y la metaficción para dar un soplo de aire fresco a los mecanismos de la intriga y el acertijo tradicionales.

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El guion de Mark Chappell es una parodia agradable e incluso camp, sobre un homicidio imaginario que tuvo lugar entre bastidores en el teatro del West End de Londres en 1953. La verdad, Chappell hace un trabajo ingenioso: un temerario director de Hollywood, Leo Köpernick, interpretado por Adrien Brody, que planea llevar a la pantalla la obra, es encontrado horriblemente asesinado en el departamento de vestuario. Leo pretendía llevar al cine la obra de teatro de la reina del suspense, Agatha Christie (Shirley Henderson), que celebra su función número 100 en el mismo año en que Su Majestad, la difunta, llorada y ceremoniada reina Isabel II, ascendió al trono de Inglaterra.

Hay un hecho (poco conocido): Christie incluyó una cláusula en su contrato de La ratonerapor la cual no se podía hacer una versión cinematográfica hasta seis meses después de que la obra hubiera terminado su presentación teatral.

En cuanto al reparto, es tan fabuloso que cabe pensar que está algo desaprovechado: la actriz norteamericana Saoirse Ronan brilla en el papel más divertido de su carrera, la joven e inexperta policía. Junto a su relación con Sam Rockwell (dos Oscar) como el inestable pero perspicaz inspector Stoppard. Ambos son el corazón de la historia, donde destacan actores y actrices de lujo con Brody, David Oyelowo, Pippa Bennett-Warner, Augus Wright, Tim Key o Lucian Msamati, entre otros.

También está el actor principal en la peli, Richard Attenborough (un elegante y divertido Harris Dickinson), la actriz Sheila Sim (Pearl Chanda), la propietaria del teatro Petula Spencer (Ruth Wilson), el productor John Woolf (Reece Shearsmith), su enojada esposa Edna Romney (Sian Clifford) y Dennis el ujier (Charlie Cooper) que vigila a la multitud reunida de posibles delincuentes. Todos de excelentes para arriba.

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Y el detalle que brinda un motivo aceptable para que una serie de los personajes saboteen la versión teatral o cinematográfica a través del asesinato del director de cine Köpernick, quien también narra la cosa entre bastidores.

En fin, si bien cabría añadir algo más, la verdadera alegría y entretenimiento de la película es la relación entre los investigadores, el cínico Stoppard de Rockwell y la novata mujer policía Stalker, encarnada por la Ronan. Rockwell aporta al inspector un encanto canoso, y Ronan brilla más como una agente de policía entusiasta, que se deja llevar por el cuaderno de notas en el cual anota todo con gran minuciosidad, fascinada por los sospechosos, y que se lo toma todo al pie de la letra. Ambos hacen un dúo divertido y agradable, y sus investigaciones adicionales son muy bienvenidas y traídas.

Película en la que el reparto es el valor principal, tiene de genial que todos ellos, actores y actrices, nos llevan de la mano a través de los entresijos de un misterio que a la vez que entretenido tiene su carga de sarcasmo y humor como para reírse del género, a la par que lo agasaja.

Muy agradable de ver, natural, fantásticamente refrescante, conforma una brillante sátira de los whodunits (contracción en una palabra de: Who has done it? o Who's done it?), que curiosamente es whodunit en sí mismo, o sea, una variedad de trama compleja en el marco de un relato policíaco, en el que un enigma o rompecabezas viene a ser la principal característica y razón primordial de interés.

Escribe Enrique Fernández Lópiz

  

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