Fast & Furious 9, de Justin Lin (2)

  23 Julio 2021

Ingravidez, delirio y acción sin respiro

fast-and-furious-9-0En la película, Dom Toretto (Vin Diesel) lleva una vida tranquila con su pareja Letty (Michelle Rodriguez) y su hijo Brian. Pero el peligro acecha. En esta ocasión la amenaza obligará a Dom a enfrentarse a las fallas y errores de su pasado para salvar a sus seres queridos.

De esta guisa el equipo habitual de esta entrega se vuelve a juntar para impedir una intriga con amenazas al mundo, liderado por un asesino y pérfido mafioso muy peligroso. Junto a él está el hermano pequeño de Dom, Jakob (John Cena). Es la novena entrega de la franquicia.

Dirección más que respetable del archiconocido y comercial director taiwanés Justin Lin, con un guion trepidante de Daniel Case y Gary Scott Thompson, y el conocido personaje creado por Gary Scott Thompson.

En la obra están los personajes habituales: los actores —más o menos— de siempre, con la incorporación estelar de estrellas como Helen Mirren o Kurt Russell, y la misma acción rápida y delirante que aquí incluso se excede yéndose la cosa un poco de las manos de Lin.

Con una esplendente fotografía de Stephen F. Windon, acompaña al filme una potente música de Brian Tyler, por momentos atronadora. Minutos descabellados que ponen a prueba la capacidad del espectador para creer lo imposible. Pero, los que hemos visto algunas pelis de la saga, ya estamos curados de espanto ante lo inverosímil de Dom y los suyos. La impresión es que Lin ha llevado muy lejos la cinta, lo cual hace saber de boca de Roman (Tyrese Gibson), que comparte con el público de la sala su incredulidad ante la insensatez que alcanzan sus hazañas.

El reparto es el habitual, como decía, con Diesel encabezando en el rol de Dom (de lo peor, pero pone el careto), seguido de Michelle Rodriguez (correcto trabajo como Letty, nueva pareja de Dom), Jordana Brewster (la hermana de Dom y Jacob), Gibson (Roman), Ludacris, Cena (bien como Jacob), Charlize Theron (la mente criminal dentro de una celda con paredes transparentes desde donde se burla con su superioridad de los demás), Helen Mirren (interesante e incluso graciosa ladrona de joyas caras), Kurt Russell, Sung Kang (Hai), Lucas Black (penoso), Finn Cole, Vinnie Bennett, Nathalie Emmanuel, Alexander Wraith, Michael Rooker, Cardi B, Don Omar, Ozuna, JD Pardo, Thue Ersted Rasmussen, Anna Sawai, Bow Wow, Shea Whigham, Jim Parrack y Siena Aqudong.

Todos dan el nivelito para tanta acción, violencia, destrozos, incluso moralismo y también humor. Un reparto donde todos cumplen y una serie de secundarios que van de lo correcto a lo desaprovechado.

Detalle de interés es que el argumento no aspira a ser entendido, aunque se adentre en algunas complejidades que finalmente resulten accesorias. Se puede disfrutar del metraje sencillamente viendo los vuelos, golpes, disparos o persecuciones de coches y tanques y aviones, y si uno se duerme media hora (cosa difícil), la cosa estará en el mismo sitio y podrás continuar el visionado sin problema.

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O sea, sin saber lo que ocurre ni por qué, el espectador aficionado al género se puede recrear de que no paren de ocurrir cosas a velocidad de vértigo y con una violencia blandita y algo tontorrona que lastima poco, de una forma parecida a los dibujos animados.

Momentos descabellados, que ponen a prueba la capacidad del espectador para asimilar lo imposible. Hubo ocho entregas antes (yo apenas vi dos más), que sirven para acostumbrar al espectador a rescates y persecuciones imposibles o escenas supranormales.

Como decía, creo que Lin ha traspasado las líneas rojas de lo juicioso. Lo que no quita para que el crítico David Ehrlich afirme que: «Esta es la entrega más grande, salvaje y desafiante de la gravedad de Fast & Furious hasta el momento, con una escena hacia el final garantizada que te dejará boquiabierto por su glorioso descaro». Para gustos…

Como escribe Oti Rodríguez: «No es una película que resuelva el verano, ni siquiera una tarde, pero un par de horas largas se las lleva en un suspiro». Pero eso sí, con un poco de dolor de nalgas, pues en un punto uno ansía ya el final que no llega, lo cual suele tener su reflejo en zonas corporales como la mencionada.

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En lo moral o ideológico es una película conservadora y convencional con la figura paterna y la familia presidiéndolo todo. La familia incluso como explicación de infinitud, pues los propios personajes reflexionan sobre si son inmortales, a lo que se une a la idea de que la familia es la institución que todo lo trasciende, incluido que entre tanto estallido y bomba no haya ni un rasguño y menos aún ningún muerto en combate. Esta preocupación por la inmortalidad surge por una conversación trivial entre Roman y Tej, hasta la afirmación taxativa de Dom que sitúa en la familia la expresión de la eternidad.

Pero, en algún momento, el pudor de los guionistas intercala el factor suerte o azar como elemento explicativo de tanta indemnidad, lo cual es otra sandez, pues no hay probabilidad de suerte en unas refriegas tan intensas, extensas e inevadibles.

Ocurre también que Diesel —¡vaya nombre!— se esfuerza en dotar a su personaje de un aire místico y de solemnidad que roza el ridículo.

De modo que el filme es valedor de la familia. Incluso su base argumental es el trauma que llevó al estólido héroe Dom Toretto a subrayar lo familiar, pues todo arranca de celos fraternos, complejos de Edipo antiguos e historia de venganza entre dos hermanos, Dom y Jacob, que luchan sin tregua de una punta a otra del globo por tierra, mar y aire, en tejados, a través de edificios, en coches y tanquetas y una sucesión de flashbacks que nos van apuntando qué fue lo que ocurrió en el pasado y la causa de que uno de ellos se convirtiera en un villano mientras el otro es el hombre cabal, gran mecánico de coches tuneados, agente secreto y entusiasta de las barbacoas.

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¡Ah! De paso hacemos un tour rápido por el mundo e incluso más allá de la Tierra: EE. UU., Europa, Asia, África, etc. Todo ello por el mismo precio. Y de postre, que incluso resulta cómico, un paseo por la estratosfera en un automóvil Pontiac preparado con turborreactores, atadas mangas y cuellos del traje de los pasajeros protagonistas con cinta americana: ¡vaya propagandón al producto!

Hay también elementos y símbolos religiosos e incluso bíblicos. Por ejemplo, se alude en más de una ocasión a la presencia de Dios en el corazón del niño (hijo de Dom), la constante presencia del símbolo de la cruz, tanto para llevar al cuello como muestra o como clave de una parte de la historia.

Y para que no falte de nada, la escena en que Dom, amarrado por ambas manos a sendas enormes columnas de un fortín blindado, tirando de músculo derriba las columnas y cae todo el edificio a plomo sobre los malos… recuerda la historia bíblica de Sansón cuando éste, una vez crecido el cabello, recobrada su fuerza e, igual que en el filme, atado a sendas columnas del templo donde están sus enemigos los jefes filisteos, invocando la fuerza a Yavhe y haciendo fuerza exclamó: «Muera yo con los filisteos». El edificio se vino abajo, de manera que mató a más personas al morir de las que había matado durante toda su vida. Pues eso hace Dom, con su fuerza mata a prácticamente todo el ejército de pérfidos y malignos bellacos (un Sansón contemporáneo estado puro).

Me doy por satisfecho con lo escrito y concluyo diciendo que es una película para ver en pantalla grande pues, en suma, es puro artificio, aunque la falta de control y la amplificación generalizada pueden producir hartazgo.

Escribe Enrique Fernández Lópiz

  

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