Beastie Boys Story (3)

  29 Mayo 2020

Con ellos llegó el escándalo

beastie-boys-story-0Aunque la tarea de un buen crítico que se precie siempre debe ser la de ser todo lo objetivo que se pueda a la hora de escribir cualquier texto, existen ocasiones en las que, por mucho que se intente, algunos factores contaminan la presunta imparcialidad que deberíamos llevar como bandera.

Y es que la Beastie Boys Story coincide desde el principio hasta el final con lo que ha sido mi educación musical, y desde luego este grupo de rap eterno y sus pegadizas canciones y bailes han pasado por derecho propio a formar parte de la banda sonora de mi vida.

De todas formas, intentaremos aparcar los sentimientos en la medida de lo posible y ceñirnos a valorar este documental donde dos de sus tres componentes (el ausente falleció de cáncer en 2012) nos explican la trayectoria artística y vital de una de las bandas de rap más conocidas de la historia de la música.

El formato elegido para narrar las diversas peripecias es el de un monólogo teatral acompañado de abundante material audiovisual proyectado en el auditorio de Brooklyn, una última función basada en el exitoso libro publicado en España hace justo un año por Reservoir Books y que precisamente se tituló Beastie Boys.

El libro, una auténtica biblia para seguidores confesos y neófitos en la materia, donde se da amplia respuesta a todo lo que querías saber sobre la icónica banda neoyorkina. Los dos supervivientes del trío van desgranando mediante un torrente de anécdotas y vivencias cuarenta años de meteórica carrera musical.

Desde sus inicios, a la sombra de otros grandes como Run DMC (muy buen momento para recuperar su incombustible Walk This Way junto a Aerosmith) o Public Enemy, pasando por su actuación como alocados teloneros de una gira de la emergente Madonna, hasta llegar al desmadre de sus primeros conciertos mastodónticos como cabezas de cartel.

El tremendo éxito de su debut rapero derivó en giras exitosas, pero muy polémica, que incluían strippers danzando enjauladas, a los cantantes lanzando chorros de cerveza, mientras el «logo de Volkswagen» colgando como collar de Mike-D motivó una «ola de delincuencia juvenil» de personas atacando automóviles de la compañía alemana por toda Inglaterra.

El ritmo de lo que se nos va explicando se acompasa a la perfección a sus canciones, auténticas obras de orfebrería rimada que trastornaron a una juventud, la de los ochenta, que consumía los primeros videoclips emitidos por MTV con avidez inusitada.

La canción que les encumbró a la fama mundial fue (You Gotta) Fight For Your Right (To Party), himno de lo políticamente incorrecto que arrasó allá por donde sonaba. Fue en esos momentos de gloria y desvarío cuando los integrantes del grupo sufrieron agotamiento y decidieron darse un parón para aclarar las ideas.

Esto no gustó mucho a sus promotores, que vieron cómo la gallina de los huevos de oro dejaba de producir beneficios cuando todavía les quedaba mucha tela por cortar. Se trasladaron a Los Ángeles, donde maduraron como compositores, aunque sus primeros trabajos de esta segunda etapa no fueran tan reconocidos como lo fuera su explosivo debut. De ahí en adelante engarzaron un hit tras otro, abrazando nuevos sonidos y experimentando con una lustrosa paleta de tendencias musicales.

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Quizás se eche un poco en falta que el documental no incluya en sus dos horas de metraje más madera musical, aunque para recuperar sus éxitos ya tengamos Spotify o Youtube, o algún karaoke donde dejarnos la garganta.

Aquí se trata de biografiar de manera detallada el auge, caída y posterior renacer de unos músicos que fueron encontrando su lugar a base de mucho trabajo y algún que otro desatino, que les llevó al exceso de alguna que otra sustancia prohibida y a un despilfarro monetario del que les costó bastante recuperarse.

Una vida a todo gas labrada a base de parir grandes canciones, y también de maravillosos videoclips, algunos firmados por ellos mismos y otros rubricados por grandes directores que empezaban a hacer sus pinitos en el séptimo arte, tales como Spike Jonze (quien por cierto dirige el documental) o Roman Coppola. 

Hay momentos tristes, como cuando se nos relata el desgarro que supuso la muerte de Adam Yauch, una de las tres patas de la silla, situación que supuso el punto y final de Beastie Boys; otros muy divertidos, como cuando descubrieron un peculiar tesoro en la lujosa casa que alquilaron en Los Ángeles; y como postre, acompañando los títulos de crédito finales, su inmortal Intergalactic, cinco minutos frenéticos escuchando un clásico con el que es imposible que no se te vayan los pies: «Intergalactic, planetary, planetary, intergalactic».

Una auténtica gozada.

Escribe Francisco Nieto | Artículo publicado en Cine Nueva Tribuna

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