W (1)

  09 Febrero 2009
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Título original: W.
País, año: Estados Unidos - Hong Kong - Alemania - Inglaterra - Australia, 2008
Dirección: Oliver Stone
Guión: Stanley Weiser
Fotografía: Phedon Papamichael
Música: Paul Cantelon
Montaje: Julie Monroe
Intérpretes:

Josh Brolin, James Cromwell, Ellen Burstyn, Elizabeth Banks, Toby Jones, Jeffrey Wright, Scott Glenn, Ioan Gruffudd, Richard Dreyfuss y Thandie Newton

Duración: 131 minutos
Distribuidora: Estreno en La 2 de TVE
Estreno: 20 enero 2009
Página web:   www.wthefilm.com

Otra de Stone
Escribe Luis Tormo

w.1.jpgCon motivo de la toma de posesión del nuevo presidente de los EEUU el día 20 de enero de 2009, La 2 estrenó en España la última realización de Oliver Stone, W. Esta película, que constituyó un sonoro fracaso en su país, ha pasado directamente a su exhibición en televisión sin que se haya podido ver en la pantalla grande o en el mercado de venta o alquiler en DVD. Por lo tanto nos encontramos con un estreno riguroso, y sin que sirva de precedente, quizá sea la pequeña pantalla el medio más adecuado para ver la película, pues la impresión final en que nos encontramos ante un biopic muy parecido en su realización al típico telefilme americano.

W constituye un paso más en la reciente trayectoria del director americano que se centra en el análisis de los mecanismos del poder basado en un modelo de historia donde la importancia es exclusiva del líder. Para Oliver Stone, obsesionado de siempre con el modelo político y social de los 60, lo clave reside en lo que las personas que dirigen un país son capaces de hacer; así Kennedy, Nixon o Castro constituyen (para bien o para mal) los motores de la historia. Este mismo modelo es exportable también para otras épocas, así cuando vemos Alejandro se vuelve a incidir en este patrón.

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Siempre presidido bajo la óptica de la importancia del líder, nos llega ahora el análisis de la trayectoria política de George W. Bush, partiendo desde el momento en que se decide la estrategia de una política internacional americana basada en el eje del mal tras los atentados del 11S. A partir de aquí el filme transcurre saltando en el tiempo adelante y atrás, revisando el ascenso político del último presidente, las relaciones con su padre, los problemas de juventud, su falta de ideario político, etc.

w.3.jpgY al igual que pasaba en Nixon, Oliver Stone dirige la mirada al pasado para buscar una explicación psicológica de la actuación de Bush. En este caso la clave viene marcada por la presencia de la figura paterna, Bush hijo tiene la necesidad de ser alguien más que “el hijo de su padre”: desde la juventud vemos cómo los problemas con el alcohol y la indefinición en los diferentes trabajos viene marcada por la imposibilidad de superar esa figura paterna. Es por ello que la entrada en política de Bush y los pasos para alcanzar la presidencia del país tienen como objetivo pasar a la historia reivindicándose como figura propia por sí mismo. Por lo tanto, actuaciones como la invasión de Irak se enmarcan dentro de esta explicación, es decir, Bush hijo va a realizar en Irak aquello que su padre no fue capaz de llevar adelante en la primera guerra.

Esta línea de argumentación psicológica, unida a la primacía del liderazgo que hemos comentado más arriba, hace derivar la tesis del filme hacia un terreno equivocado, pues lo que en principio parece ser un trabajo que intenta reproducir con fidelidad los acontecimientos históricos (recreando personajes con parecidos físicos, nombres exactos, fechas, reuniones, etc.), poco a poco va incorporando un exceso de escenas “ficticias” difícilmente demostrables: conversaciones de cama de los personajes, escenas oníricas (lamentable la conversación que mantienen en sueños padre e hijo sobre la invasión de Irak, donde el padre acusa al hijo de su mala actuación), recuerdos de juventud, etc.

Y este factor lo que provoca es una ambigüedad en el planteamiento, pues como espectadores ya no sabemos a qué carta juega Oliver Stone: parece que quiere hacer una reproducción fiel de los acontecimientos, pero por otro lado, está introduciendo opiniones propias bajo la apariencia de esa ficción histórica, y al final vemos simplemente como todo el filme queda atrapado en la caricatura del personaje.

w.5.jpgY no es algo nuevo en la filmografía del director de Platoon. En Comandante, el documental sobre Fidel Castro, Stone ya sucumbía a la imagen del Fidel libertador de los años 60 muy alejada de la realidad actual. Ahora, la imagen caricaturesca de Bush vuelve a apoderarse del filme y Stone reduce los ocho años de mandato a cuatro rasgos psicológicos atribuidos a la personalidad del presidente americano, con lo cual, lo que vemos en la pantalla es la caricatura del personaje, pero esta caricatura, esta mostración de la farsa no lleva ningún tipo de análisis por debajo.

Stone pasa por encima de un aspecto necesario en toda esta historia: el porqué. Hay que recordar que Bush ha estado ocho años en el poder, fue reelegido, y centrarse en los aspectos ridículos del personaje (¡que desde luego los tiene!), es dejar fuera la explicación de cómo ha sido posible que EEUU sea capaz de invadir un país en contra de todo el ordenamiento jurídico internacional, de cómo los índices de aceptación del presidente fueron altísimos, de cómo se permitió (y legalizó) situaciones como Guantánamo o la utilización de la tortura, y tantas otras cosas.

w.2.jpg¿Qué queda entonces en W? Tan sólo alguna escena interesante, como la reunión donde Dick Cheney (Richard Dreyfuss) explica el sentido económico y político de la invasión de Irak (el control del petróleo) y un excelente trabajo actoral a cargo de Josh Brolin.

Y ahora que sale a colación el nombre de este camaleónico actor (al que últimamente vemos en un sinfín de películas), quizá sería interesante recordar que Brolin aparece en dos películas que sí explican la situación del país: No es país para viejos y En el valle de Elah. Si se quiere ver el legado de Bush y lo que ha significado este periodo para la sociedad americana, estas dos películas aportan muchas más explicaciones que la supuesta aproximación histórica de Oliver Stone.

Mucho tendrá que cambiar Stone respecto a estos planteamientos en su nuevo proyecto sobre Hugo Chávez, pues el dirigente venezolano puede convertirse en el siguiente personaje que se le rebele a Stone, un director que se cree más liberal de lo que sus imágenes transmiten en la (pequeña) pantalla.

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