CONFESIONES DE UNA COMPRADORA COMPULSIVA (1)

  05 Abril 2009
Confessions of a Shopaholic
Original: Confessions of a Shopaholic
País, año: Estados Unidos, 2009
Dirección: P. J. Hogan
Producción: Jerry Bruckheimer
Guión: Kayla Alpert, Tim Firth y Tracey Jackson, basado en el libro "Loca por las compras" de Sophie Kinsella
Fotografía: Jo Willems
Música: James Newton Howard
Montaje: William Goldenberg
Intérpretes: Kristin Scott Thomas, Joan Cusack, Isla Fisher, John Goodman, Krysten Ritter, John Lithgow, Hugh Dancy
Duración: 104 minutos
Distribuidora: Walt Disney
Estreno: 27 marzo 2009
Página web:  http://confessionsofashopaholic.
movies.go.com

No sin mis tarjetas
Escribe Eva Cortés

P. J. Hogan vuelve a las bodas para intentar hacernos reírSeis años después de su último estreno, P. J. Hogan, director de la buenísima comedia La boda de mi mejor amigo, ha filmado Confesiones de una compradora compulsiva, escrita por Tim Firth y Tracey Jackson.

Me parece importante comenzar citando a los responsables de tan predecible, aburrida, y vista cinta. Aunque no he leído ninguno de los libros de Sophie Kinsella de la serie Loca por las compras, algo que quizás daría otros matices a este escrito ya que la película está basada en las dos primeras novelas, creo que sé diferenciar cuando una comedia llega y te hace pasar un buen rato, gracias a sus personajes entrañables, a la bonita historia y al buen regusto que queda en la boca al terminar. El último filme de Hogan tiene poco de todo esto.

El problema es que la película no es divertidaLa protagonista de la historia es Rebecca Bloomwood (Isla Fisher) vive en NuevaYork con su amiga y como bien adelanta el título, tiene una peligrosa adicción, las compras. Al comienzo del filme trabaja en una revista de jardinería, pero sus aspiraciones profesionales apuntan a escribir para la revista de modas, Alette. Al final consigue trabajar en otra revista del mismo grupo editorial, Ahorro con éxito, donde por supuesto, el jefe Luke Brandon (Hugh Dancy) es un hombre joven y atractivo que se enamora de ella.

Desde la aparición del Luke Brandon en la primera escena, mientras Rebecca intenta convencer a un vendedor de perritos para pagarle con un cheque antes de ir a su entrevista de trabajo, ya adivinamos lo siguiente. El chico que acaba prestándole los veinte dólares, Luke Brandon, será su jefe, del que se enamorará y el que le salvará de su adicción y el que para más escarnio estará forrado. Y bualá, pleno al quince, no nos hemos equivocado en nada.

Una por una se irán cumpliendo todas nuestras predicciones porque en esta comedia todo es previsible. Por si fuera poco, ya el argumento nos recuerda un poco a El diablo vista de Prada y observaremos varias escenas que parecen sacadas de otras comedias, por eso decía lo de muy vista. Aquí van dos ejemplos.

Un guión que copia otros títulos es su principal problema

¿Inspirado en o copiado de...?

Cuando Rebecca entra por primera vez en su trabajo, además de ir vestida con colores más llamativos que el resto -una vez más el tópico de que los economistas han de ir vestidos de colores serios y oscuros- abre su libretita de lo más fashion y utiliza su sacapuntas automático llamando la atención de todos los presentes; ¡vamos!, al más puro estilo de Elle Woods en Una rubia muy legal.

A falta de otros alicientes, siempre se puede disfrutar de Isla Fisher (pero poco, no crean)Al igual que le pasó a la oscarizada Reese Witherspoon en las dos películas de aquella saga, Isla Fisher tampoco sabe mostrarnos su cara tierna. Es cierto que los escotes tampoco la ayudan, pero más que enamorarnos con la parte entrañable de sus personaje, utilizando su mirada, la vemos como una chica provocadora que enseña su trasero al jefe ya en la entrevista, quedando así a la altura del personaje que pretende ser su rival en la conquista de éste. Aunque los guionistas se empeñen en hacernos creer que es adorable, espontánea, ingenua y honrada, la verdad que sólo los centímetros que la sobrepasa su rival, la convierten en distinta, su personaje no nos llega.

En el desenlace nos encontramos una escena "clavada" a la de Sexo en Nueva York: la de la subasta. La diferencia es que esta vez, en vez de un anillo lo subastado es el pañuelo verde, artículo simbólico de la protagonista.

Claro que las semejanzas con la película estrenada el año pasado de Michael Patrick King son más que una simple escena. La estilista también es la misma que la de Carrie Bradshaw y sus amigas, Patricia Field -aunque esta vez los modelitos son menos pomposos-, el tema de la moda tiene el mismo protagonismo y no olvidar que en esta película también hay una boda de por medio, aunque no sea de la protagonista, como en el otra.

Las bodas es algo a lo que ya nos tiene acostumbrados Hogan en sus películas, quién además de La boda de mi mejor amigo, también filmó La boda de Muriel, en 1994. Parece que quiera despegarse de esta tendencia de las comedias románticas americanas a incluir una boda en sus argumentos.

Hogan ya es el 'director de las bodas'. Algo es algoEn este caso la boda es de la compañera de piso, amiga y voz de la conciencia de Rebecca. Juntas protagonizan las escenas más emotivas, porque como todo el mundo sabe, una de las consecuencias de la compra compulsiva es la pérdida de los seres queridos.

Sin embargo, a pesar de que pueda emocionar por segundos, la verdad es que el guión trata de forma bastante superficial las terribles consecuencias de esta enfermedad psicológica de las compras compulsivas. Ni el cobrador es lo suficientemente agobiante, ni las perdidas de los seres queridos lo bastante traumáticas, todo lo contrario, Rebecca resuelve su problema fácilmente. Además del incomprensible infinito crédito de su tarjeta. Aunque por momentos parece estar en la ruina, milagrosamente un instante después puede seguir comprando.

Y bueno ya hablando de su género, tampoco podemos decir que divierta, pues aunque tiene algún que otro momento gracioso, como el del baile entre los enamorados con el abanico, no es lo habitual. La expresión habitual más bien es ¡venga ya!

Con todo, aunque algunos críticos intenten ver moralinas sobre la sociedad de consumo, terapias y humor sarcástico sobre nuestra sociedad justo en esta época de crisis, bajo mi punto de vista, todas estas pretensiones dejan bastante que desear; problema de un guión que prioriza demasiado la historia de amor como reclamo del público dejando de lado el tratamiento del tema; de una narración demasiado predecible y unos actores que no trasmiten lo suficiente.

Una más para las fans de la moda, el resto absoluta abstención. 

Una peli para fans de la moda


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