Simone, la mujer del siglo (3)

  01 Enero 2023

Viaje de lucha y persecuciones

simone-0Pasar la vida de personalidades célebres al celuloide debe ser una tarea harto complicada. Mucho más si esa vida es tan convulsa, polifacética, comprometida humana y políticamente, además a los 16 años fue deportada, junto a su familia, a un campo de exterminio.

Así transcurrió la vida de la protagonista de la película que nos ocupa. Vicisitudes suficientes para que la industria cultural ponga de actualidad a Simone Veil produciendo un biopic, exposiciones, libros de ensayo y recopilatorios de una parte de sus textos breves (La agonía de una civilización y otros escritos de Marsella; Simone Veil, amanecer en Birkenau o una biografía novelada, La columna).

Incluso se reprograman películas como La ley, de Christian Faure (2015), centrada en la lucha de Simone por legislar el aborto y defender los derechos de las mujeres. Aunque en su momento fue una mujer de gran notoriedad social y política en Francia y en parte de Europa, es cierto que ahora había caído en el olvido.

Más allá de estas consideraciones preliminares, cabe destacar el empeño del director Olivier Dahan en hacer una película sobre una de las figuras políticas más relevantes de la Europa del siglo XX. La personalidad de Simone Veil (Simone Jacob de soltera), sobresale justo ahora en el momento en el que aparecen grietas en el edificio que ella se empeñó en construir desde principio de la década de los 70. Aunque solo sea por traernos a la memoria cuáles fueron sus desvelos, reivindicaciones y su empeño por el parlamentarismo y la unidad de Europa, bien vale la pena, en este caso, sobrellevar las dos horas largas de la película Simone, la mujer del siglo (título que difiere del original).

Es llamativo el que en los últimos años la industria cultural haya prestado tanta atención a la producción de biopics dedicados a personalidades relevantes en ámbitos tan alejados como la literatura, la política o la filosofía. Lo cual, como señala algún crítico de cine, podría ser tanto por la falta de valor como de ideas para afrontar los complejos problemas que sacuden a las sociedades contemporáneas.

El cine no supone ninguna excepción a la regla expuesta y cada cierto tiempo se revuelven las «vidas ejemplares» para reconstruir una historia que además de aleccionadora en lo moral lo sea también, si fuera posible, en lo cinematográfico. Toda vez que se exculpa a la propia industria por haberse puesto de perfil mientras estos personajes estuvieron entre los mortales.

Olivier Dahan, nacido en el sur de Francia, puede considerarse un especialista en el formato biográfico. Aunque con distinta fortuna, él ha firmado obras como Grace de Mónaco o La vida en rosa, sobre Edith Piaf. Ahora vuelve al género asumiendo la dirección y el guion de la película que retrata la agitada vida de penurias y lucha de la magistrada Simone Veil. A raíz de uno de los muchos reconocimientos que le dieron (incluido un Príncipe de Asturias), en 2008 se lo entregó la actriz Elsa Zylberstein (quien la interpreta de mayor). La actriz reconoce haber quedado tan impresionada con la personalidad de Simone que desde aquel momento mantuvo una muy buena relación con ella y su familia.

simone-3

Cuando falleció la política y tras los funerales de Estado, Zylberstein se puso en contacto con Olivier para pedirle colaboración en la producción de una película sobre su vida y en lo que invirtieron varios años de trabajo. Proyecto al que la familia Veil nunca se opuso, al contrario, les facilitaron las tareas de preparación proporcionando testimonios y documentos. La actriz dice que con el guion y, por tanto, también con la película, querían enfatizar la fuerza, la voluntad, la empatía y el valor de la protagonista que no se paraba ante ninguna dificultad. Las imágenes de Simone en el campo de concentración, en las cárceles argelinas o en un mitin en París, son buena muestra de hasta dónde llevaba sus convicciones.

Si esos fueron los propósitos en los momentos de escritura y preparación, lo cierto es que luego la película dibuja con trazo grueso el viaje vital de la protagonista. Estilo narrativo que no permite reparar en los pequeños detalles de su vida y su mundo interior, cosa que tampoco lo facilita el montaje con el que se construye el relato cinematográfico. Relato encarnado por dos actrices diferentes: la joven Simone, interpretada de modo convincente por Rebecca Marder, mientras que la etapa de madurez y madre es asumida por Elsa Zylberstein (coguionista y coproductora), cuya caracterización e interpretación resultan poco afortunadas, incluso falla el parecido físico.

El relato fílmico arranca con las imágenes del escrutinio por el que es elegida en 1979, por mayoría absoluta, como presidenta del Parlamento Europeo (1) y desde ese mismo momento la extrema derecha comienza a increparla y amenazarla. El relato termina con un plano en el que junto a su nieta rinden homenaje ante la tumba de los miles de víctimas en un campo de concentración nevado. Simone es ya muy mayor y le recuerda a la nieta que ella tenía su edad cuando casi desnuda y hambrienta estaba recluida en esos campos de concentración nazis en los que desaparecieron sus padres y un hermano. La película, como lo hizo Simone, reivindica constantemente el valor de la memoria histórica como piedra angular sobre la que construir el futuro.

El plano de la abuela y de la nieta produce de inmediato la sensación de escalofrío y dolor. ¿Cuántas penalidades debieron pasar estas personas en aquellos campos de extermino para que solo unos pocos lograran sobrevivir? La fotografía de Manuel Dacosse es muy efectista, principalmente por los matices que implementa cuando usa el color, igualmente cuando utiliza el blanco y negro para las imágenes relativas a los años de persecución de Simone por ser judía, de traslado en trenes hacinados y las escenas de los campos de exterminio.

simone-1

No hay una continuidad cronológica, sino que va montando escenas del presente fílmico junto a otras del pasado biográfico, en unos casos con una función ilustrativa y en otros para reforzar el efecto dramático que puntúa con la banda sonora (Olvon Yacob). Este sería el caso cuando en el inicio de un mitin uno de sus colegas se acerca y le propone salir de allí porque están llegando los fascistas del Frente Nacional. Ella se niega y dice que, después de todo lo que ha sufrido, va a seguir defendiendo a las mujeres, el aborto o el Parlamento Europeo porque la palabra y la memoria están por encima de todo.

Dado el tipo de narración cinematográfica adoptado, más que profundizar en la compleja figura política y humana de Simone, se prefiere retratar algunos detalles privados de la protagonista. Para lo cual se introducen en el relato frecuentes flashbacks, los matices de luz en la fotografía, los abundantes planos cortos y, en muchos casos, con cámara al hombro para resaltar el carácter documental, además de acompañar muchos tramos de la película con una voz en off, unas veces de ella y otras del narrador.

En fin, no se pretende tanto transmitir la imagen de una magistrada y parlamentaria revolviéndose contra los círculos del poder copados por la misoginia y burócratas de las incipientes instituciones europeas. No se profundiza en la Simone intransigente, para ofrecer una visión más humana, mostrándola en la cocina, cuidando a sus hijos, fumando en un rincón del parlamento o tratando de reponerse en momentos de abatimiento.

Una personalidad con tantos matices y tan intensa no puede salir demasiado favorecida en algo más de dos horas que dura la película. Aunque se insiste que la película está basada en hechos reales, no parece que se lo hayan creído demasiado los responsables. Pues el resultado final es un producto emocionalmente tenso y visualmente desigual, que transmite una versión de Simone Veil en las distancias cortas, con la que posiblemente ni ella habría estado demasiado conforme.

simone-2

En este sentido se aleja bastante de otras películas como Hannah Arendt (2013), de Von Trotta, de la más impactante La lista de Schindler (1993), de Spielberg, o de la de Roman Polanski, El pianista (2002). Y menciono estas tres porque hay planos y situaciones en la obra de Olivier Dahan que recuerdan inevitablemente a esas otras, aunque no podría asegurar que se trate propiamente de citas.

Pese a que Simone, la mujer del siglo no llegue a ser una obra redonda, hay que reconocerle el esfuerzo de indagar en la vida de una persona que tanto luchó por Europa, por la palabra y por la memoria de los pueblos. Esa Europa que ahora se rompe por sus costuras ante las presiones políticas y económicas de colectivos y personajes situados en las antípodas ideológicas de Simone Veil. Ideologías que fomentaron y justificaron durante aquellos años aciagos la aniquilación de los diferentes.

Definitivamente, al ver la lucha de una personalidad como Simone Veil, aunque sea en el cine, es para reconciliarse con la Humanidad.

Escribe Ángel San Martín | Imágenes y tráiler Caramel Films   

Notas

(1) Tras su fallecimiento el Parlamento Europeo le rinde un homenaje y deja en la web institucional este testimonio videográfico del acto.

  

simone-4 


Más artículos...