Alerta roja (Ashfall) (2)

  19 Julio 2020

Bajo el volcán

alerta-roja-0Hay un momento en el transcurso de la película que define a la perfección el espíritu que recorre cada fotograma: una explicación teórica para entendidos de la magnitud de la tragedia que se avecina trufada de neologismos, palabras técnicas y demás piruetas verbales, ininteligibles para el ciudadano de a pie, con el único objetivo de dar sensación de enjundia.

Como la persona que atiende tremenda hipótesis no se entera de la misa la mitad, el científico encargado de ejercer de agorero simplifica la explicación con un: «¿ves esa tableta de chocolate que se está derritiendo? Pues eso es lo que va a pasar». Pues así todo el rato: un envoltorio de gravedad simulada que cuando se rasca un poquito se resuelve de forma más elemental que un arado de palo.

La trama es de las que prometen fiesta torera y pirotecnia a tutiplén: Un volcán está en proceso de destruir Corea del norte al sur, y para tratar de detenerlo un iluminado con estudios en la materia tiene una idea verbenero-revolucionaria en la que un grupo de avezados artificieros tratará de volar una mina cerca del volcán amenazante con unas potentes ojivas nucleares.

El problema mayúsculo que se revela es que la arriesgada y a priori imposible misión debe tener lugar en la impenetrable Corea del Norte, y para más inri al lado mismo de la frontera china. Todo un galimatías diplomático que el Gobierno del lugar no está dispuesto a asumir, aunque al final no le quedará más remedio que ceder en el encargo para asegurarnos el despiporre de efectos especiales y traca final a lo Armageddon.

El elenco actoral es de los que quita el hipo, y así no es de extrañar que arrasara en la cartelera coreana desde su súper estreno allá por las Navidades de 2019. El trío de estrellas masculinas consagradas formado por Lee Byung-hun, Ha Jung-woo y Ma Dong-seok lucen palmito asegurando el espectáculo para deleite de la platea.

En el caso de los dos primeros el respetable quedará más que satisfecho, ya que ambos hacen de la necesidad virtud y nos regalan un encomiable festival de fisicidad digno de elogio.

La pena es que en el caso del tercero la cosa cambie para peor. Podemos decir sin temor a equivocarnos que el vigoroso intérprete que tan buenos ratos nos ha hecho pasar en el Festival de Sitges emulando al gran Bud Spencer a base de tortazos, aquí está bastante desaprovechado. Sus razones tendrán los encargados de la producción de no haber sacado más rendimiento a su faceta de apisonadora humana, pero en lugar de colocarlo en el ojo del huracán (perdón, del volcán), le relegan de relleno para las partes más tediosas que, casualmente, coinciden con las más emocionales y azucaradas (todo lo que tiene que ver con la esposa embarazada no es apto para diabéticos). Mientras los otros dos no paran quietos, él se convierte en una figura estática que no aporta nada a la acción. Otra vez será.

Lo mejor de la propuesta es la acumulación de situaciones adrenalíticas que acontecen, sobre todo en el primer tramo del film. Luego, como suele pasar en la mayoría de blockbusters coreanos de este siglo y finales del anterior, el chicle se alarga a base de clichés y subtramas prescindibles donde se trata ante todo de priorizar temas como la familia y la unidad (y también de que los surcoreanos están hasta el gorro del intervencionismo estadounidense), hasta que llega la consabida apoteosis final, que aquí no se materializa porque lo que todos estamos esperando se resuelve en un flácido plis plas; adornado, eso sí, con toda la épica habida y por haber.

De todas maneras, el entretenimiento está asegurado en su acertada mezcla salvaje de películas de desastres (las secuencias de terremotos son tremendas) y de escaramuzas militares, y aunque solo sea para poder ver juntos a este magnífico plantel de intérpretes ya vale la pena recomendar su visionado.

Escribe Francisco Nieto | Artículo publicado en Cine Nueva Tribuna

 

alerta-roja-1


Más artículos...