Madres paralelas (3)

  27 Noviembre 2022

El importante reconocimiento del pasado

madres-paralelas-0El pasado año este filme de Almódovar era preseleccionada para los Oscar junto a Mediterráneo, de Marcel Barrena, y El buen patrón, de León de Aranoa, que fue la elegida. Era normal que no pasara el corte cómo representante española a la selecta selección para optar a la categoría del Oscar a la mejor película extranjera.

El filme de Aranoa era, como todo su cine anterior, aparentemente valiente, pero de escasas miras. Cine para captar a un público fácil, pero detrás de sus historias, planteadas en algunos casos como sociales (el ejemplo más claro es Los lunes al sol), no hay más que tópicos y planteamientos elementales.

Aunque parezca lo contrario El buen patrón es una película de escaso vuelo crítico, en la que únicamente domina el histrionismo del actor principal, Javier Bardem. Poco se puede decir del título tapado de esta terna Mediterráneo, y algo más, bastante más, que del fallido El buen patrón, puede decirse de Madres paralelas, sin ser la mejor obra de su director, es una película más hecha que cualquiera de las otras de la terna.

Era sin duda la mejor opción para ser seleccionada, aunque más difícil el pasar el corte. Y aunque lo hubiera pasado, sería del todo imposible competir con la maravillosa película de Hamaguchi, Drive my car, curiosamente presente en el listado de los premios Oscar tanto al mejor filme extranjero, que ganó, como en el de las diez mejores títulos, es un decir, del año. Quizá se quería jugar la carta que encumbró un año antes a Parásitos, de Bong Joon-ho, nominada, aunque parezcan incompatibles, a la mejor película y a la mejor extranjera, además del guion y a la dirección.

La cosecha del pasado año, como demuestra la terna de filmes españoles, fue bastante pobre, no así la de 2022 donde tres películas de gran calidad son las preseleccionadas: dos dirigidas por mujeres, Alcarràs y Cinco lobitos, la otra de Sorogoyen.

Hubiera estado bien que Madres paralelas fuera de la cosecha de este año y se hubiera introducido en una terna junto a Alcarràs y Cinco lobitos. Películas las tres con calidad, bien hechas, centradas en temas de interés, de buenos planteamientos e intenciones y bien dirigidas con mujeres o con protagonismo femenino y con grandes interpretaciones.

Madres paralelas aquí en España fue recibida con indiferencia, sobre todo por parte de cierta crítica, aunque el público tampoco tuvo excesivo miramiento con el último filme de Almodóvar. Algo muy distinto a lo ocurrido, por citar un ejemplo, en Francia donde fue muy bien tratada por la crítica y el público la dispensó una buena acogida.

Una de las razones por la que algunos críticos arremetieron contra la película, se debe a lo que consideraban su forzado planteamiento sociopolítico, ya que estaba, según ellos, metido a la fuerza y nada tenía que ver con el resto de lo que intentaba contar. El cine de Almodóvar prácticamente nunca ha estado exento de esos planteamientos, aunque no aparezcan tan en primer plano como en este caso, salvo quizás en Carne trémula (1997).

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La memoria histórica

En general el cine de Almodóvar prioriza la mujer al hombre. En la mayoría de sus títulos la mujer tiene un papel predominante. Piénsese en títulos como Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988), Todo sobre mi madre (1999), Hable con ella (2000), Volver (2006) o Julieta (2016).

Madres paralelas no lo va a ser menos, aunque aquí la presencia de dos mujeres, unidas por un nexo común como es dar a luz al mismo tiempo, va más allá de una simple presencia, ya que ambas, desde sus formas de pensar (o no pensar) dan lugar a unas implicaciones más allá de la que supone su realidad física.

Antes de realizar esta película, el director puso final a su biografía, más o menos recorrida por La mala educación (2004), Los abrazos rotos (2009) y Dolor y gloria (2019), un ejercicio de memoria en busca de sí mismo. No es raro que después del fin de ese ciclo memorístico, trate sobre otra memoria, la de una nación, o parte de ella, que se resiste a reconocer un pasado nada glorioso para poder llegar a la convivencia, a asumir lo pasado.

Como decía Max Aub, es imposible olvidar lo pasado si no se conoce lo ocurrido. Y el reconocer supone también recuperar lo perdido, desenterrarlo y hacer de uno, de la familia, lo que le fue quitado y ocultado. Está claro que el filme habla de la necesidad de la memoria histórica, saber dónde se encuentran los restos de aquellas personas que sufrieron las represalias el bando vencedor de aquella (in)civil guerra que nunca debió de haber sido. Pero la Historia es la Historia y no tiene vuelta a atrás.

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Ya desde el comienzo del filme el tema queda claro, cuando Janis (Penélope Cruz), fotógrafa profesional, plantea a la persona que acaba de fotografiar cómo su familia busca ayuda para poder desenterrar los restos de aquellos que fueron asesinados en un paraje cercano al pueblo donde vivían. Hay que abrir una gran fosa para sacar a la luz (lo oculto) los huesos de aquellos seres queridos, darles una digna sepultura.

Y es que la persona fotografiada es Arturo, una especie de arqueólogo forense, capaz, naturalmente, si se abre una fosa en el lugar, de poder reconocer los restos de la persona buscada. No es él quien puede dar el visto bueno para lograrlo, pero puede mover los hilos necesarios para agilizar la búsqueda, antes que una de las hijas de uno de los fusilados, muera debido al cáncer que tiene.

Su vida se va y es preciso antes de su muerte, poder saber dónde se encuentran los restos de su padre, aquel que un día, en aquella nefasta guerra, fue sacado a la fuerza de la casa, mientras jugueteaba con sus hijos pequeños, y tenía un sonajero en la mano. Ese sonajero que, como símbolo, también adquiere, desde su aparente nimiedad, su sentido hacia el final del filme.

No adelantemos acontecimientos. Y volvemos a ese inicio/prólogo con el conocimiento de esa pareja que intimará y tendrá relaciones sexuales, a raíz de las cuales, Janis quedará embarazada.

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Dos mujeres

Janis, en el hospital, esperando dar a luz, coincide en la misma habitación con una joven que también espera el nacimiento de una criatura. Si Janis es una mujer madura, comprometida y conocedora de la historia vivida, su compañera, Ana (Milena Smith), es una joven desconectada de todo lo que no sea una vida alegre. Sus padres están divorciados y su contacto con la hija es esporádico.

El padre, se supone con dinero, únicamente contacta, o al menos así parece, con la hija cuando ella le pide dinero para vivir. La madre, una actriz que triunfa ahora cuando ya es mayor (el filme no lo cuenta, pero probablemente el matrimonio la apartó de su carrera para dedicarse al hogar) va a triunfar interpretando un personaje, en realidad más joven de lo que ella ya es.

De todas maneras, este personaje es el más endeble del relato, le falta hondura y a veces da la sensación de que sólo pasaba por allí, aunque, en realidad así es, ya que Teresa (Aitana Sánchez Gijón) no parece tener otra misión en la historia.

Por su parte, Janis tiene padre conocido, y su madre, una especie de hippie, nunca se preocupó de su hija. Los padres de ambas mujeres han pasado de sus hijas, aunque, eso sí, Janis se haya podido refugiar, se haya criado, con las tías y primas del pueblo. Sea como sea, ha podido tener una educación que le ha permitido convertirse en fotógrafa.

De aquí surgen dos hechos no tan anecdóticos como se puede creer: la profesión de Janis la conduce a mostrar hechos, personas, lugares o cosas que viven y sirven para representar el presente con visión hacia el futuro, mientras que el hecho de la presencia de mujeres en su familia indica la desaparición de los hombres, aquellos que en el pasado perecieron por culpa de la guerra.

En el hospital se va a crear una amistad entre Janis y Ana, a pesar de sus diferencias en edad e ideas. Ana representa la juventud que vive nada más para el hoy, y que no tiene, en principio, ninguna preocupación por conocer lo que ocurrió en un pasado, del que se ha mantenido ignorante.

Para Janis, comprometida, en un encuentro posterior será sorprendente comprobar que aquella joven no conoce lo que ocurrió en el pasado en el país en el que vive, lo que conlleva no querer saber nada del presente, y pasar de todo. Pero todo eso tendrá lugar cuando después del doble nacimiento vuelvan a reencontrarse, tiempo después. Para cerrar el círculo de las mujeres, hay que señalar que son dos niñas las que nacen.

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La dificultad de aceptar la verdad

Después del nacimiento de ambas niñas, Janis y Ana, viven en solitario los primeros meses de sus hijas.

La llegada, en un viaje a Madrid, del padre de la hija de Janis (el arqueólogo forense está casado; su mujer está siendo tratada de un cáncer, aunque al mejorar, está dispuesto a divorciarse), que desea ver a su hija, desata el drama, pone el interrogante en el filme e introduce un problema que entronca con el tema de toda la película: la necesidad de saber la verdad o, por el contrario, darle la espalda e incluso ignorarla al saber que eso le quitará lo que tiene.

La niña de Janis tiene rasgos que no la caracterizan como española, el refugio de la mujer estriba en decir que al parecer su padre fue venezolano. Arturo no puede reconocer a aquella niña como hija suya. Exige que se haga una prueba de ADN a la niña. Janis también duda de esa niña, de dónde procede, el porqué de esos rasgos, pero es suya y no quiere saber nada más… hasta que se encuentra casualmente con Ana, cuya hija ha muerto.

Y ahí, ante ese encuentro que se va transformando en amistad, la duda vuelve a plantearse. ¿Se ha podido producir un cambio de las niñas a la hora de nacer? El aceptar que eso sea así, llevaría a Janis a tener que aceptar tal realidad y quedarse sin hija, ya que la suya habría muerto.

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El dilema de Janis llevará a la mujer, a enfrentarse a sus mismas convicciones, a su negación de la verdad, ignorando un camino que hay que andar para descubrir cuál es la realidad. En ese momento, aunque de manera un tanto difusa, el filme entronca el tema de la búsqueda familiar con su propio problema. Y más, una vez comprobada la verdad, aquella que no quería desentrañar, no sabe qué hacer, si decir la verdad y perder a su falsa hija, o a atreverse a ser sincera, aceptar la verdad con todo lo que eso conlleva.

Un conflicto que incluye una especie de suspense. No hay que olvidar que uno de los realizadores más admirados por Almodóvar es Hitchcock, aunque aquí su presencia sea meramente referencial. No hay que olvidar que el cine del director manchego se mueve muchas veces por caminos cercanos a filmografías y directores, la mayor parte en forma implícita, aunque en algunos casos lo explícito domine: las referencias al cine negro en La mala educación y Carne trémula, el hacer de Volver (2006) un filme italiano y transformando literalmente a su protagonista (Penélope Cruz) en una sosias de Sofía Loren, retomar El imperio de los sentidos (1976) en Matador (1986), y, en parte, el acercamiento a Ojos sin rostro (1960), de Franju, en La piel que habito (2011).

Y es que Almodóvar ha aprendido a hacer buenas películas viendo cine o haciendo cortos, películas de tres al cuarto, como lo eran sus primeros filmes. Ahora, su cine, en muchos momentos, es riguroso (salvo errores como en la infumable Los amantes pasajeros, 2013), formalmente impecable, ahí está su gusto por los decorados, el tratamiento del color y la utilización de la música. Todo ello de un nivel notable en Madres paralelas.

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Final

Una vez admitida la verdad, la película se centra en la otra verdad, lo que ocurrió hace muchos años en un campo donde unos hombres fueron fusilados. Y allí traza el último camino de Janis para hacer posible, con la ayuda de Arturo, recoger la verdad de ese pasado, que se había querido ocultar.

Unas escenas que no sobran en su totalidad, pero si en el plano final procesional de todos los personajes acudiendo a despedir a sus muertos. Pienso que sobra, al igual que la foto de los cuerpos amontonados de los fusilados como elemento de unidad con aquel pasado. Una foto falsa, que nunca existió, pero que demuestra el valor de la fotografía como elemento importante para llevar a mirar los hechos.

Janis, liberada de su dubitativo momento, espera una nueva hija a la que pondrá sin duda Ana, como recuerdo de su hija desconocida fallecida y también como unión con su joven amiga, ya en el camino de conocer y comprometerse.

De ahí que ella sea fotógrafa, captadora de seres, cosas y hechos que nos llevan a conocer lo que existió y lo que existe.

Escribe Adolfo Bellido López

  

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