Black Adam (1)

  22 Octubre 2022

Un pozo negro

black-adam-0Que el cine y el audiovisual de superhéroes presentan signos de desgaste es una máxima que servidor viene afirmando desde hace años, especialmente tras estas sobrecargadas calendarizaciones de los estudios a años vista, donde las películas son percibidas más como una producción en serie masiva y sin respiro, que no como una obra a la que tratar con mimo.

Por muchas caras que cambien, contextos nuevos o poderes inusuales, al final todas las tramas acaban reducidas a los mismos patrones, con lo cual, ante la pereza a la hora de idear una historia, basta con unas dosis de ingenio en el universo, los diálogos o el carisma de sus personajes para que sobresalga un poco.

Últimamente, dentro del bombardeo de títulos, tanto en pantalla grande como plataformas, realmente hay pocas novedades a las que agarrarse que cumplan con ese plus de singularidad que las eleve de la media. Y el caso que nos ocupa, Black Adam, no será esa excepción en la tónica reciente.

De hecho, justamente es de los más grandes exponentes para certificar la decadencia de un género que ha caído en la codicia extrema. ¿Cómo ha sido este pecado? Pues precisamente se debe a esta concepción en serie masiva de la que hablábamos, cuya máxima preocupación es la de enganchar al espectador para el subsiguiente capítulo.

Esta necesidad voraz de fidelidad se plasma en el momento que suscita más expectación siempre de esta clase de películas: las escenas postcréditos. En ellas, la interacción con otro superhéroe o personaje perteneciente a otro universo plantea nuevas líneas de colisión para el entramado superheroico que busca la convergencia de sus figuras en títulos estrella grandilocuentes para satisfacer el fan service.

Pero, como digo, estas secuencias ocultas únicamente buscan generar unas expectativas altas de cara al futuro. Que luego sean cumplidas o no es otro tema. Porque aquí entran las dos horas previas a la escena postcréditos, que en líneas generales ya llevan un tiempo sin recibir el cuidado ni la agudeza del último minuto de metraje, ni tampoco de las explosivas campañas de marketing de los estudios.

Es más, se encuentran instaladas en una comodidad básica que resulta olvidada al finalizar el film. Pero aquí está la escena final para que dar al espectador algo para recordar y comentar a la salida, una buena forma de maquillar la irregularidad y desilusión del metraje central.

Black Adam es un producto más de esta fábrica cada vez más esterilizada, pero además en una de las peores versiones jamás presentadas. Porque es que no ofrece absolutamente ni un segundo que rezume autenticidad, conformándose con una trama mínima e infrautilizada para entregarse a un agobio de batallas y movimiento sin ton ni son. Un tedio de 2 horas repetitivo, repleto de gente volando y disparando rayos por la cual uno no se podría preocupar menos al tener una dimensión psicológica de una tabla de planchar.

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Una película que se disfraza de adrenalínica y vigorosa, pero que es un caos mayúsculo de difícil aguante por su desinterés en narrar una historia equilibradamente. La falta de alma que supura el tema va en concordancia con la impersonalidad y fealdad de la realización de un tipo otras veces competente como Jaume Collet-Serra, que además reúne algunas de las agotadas herencias que ha dejado el cine de finales de los 2000, como es la cámara lenta a lo Zack Snyder (y además con momento rock sesentero de música de fondo), o los retumbes de percusión en la banda sonora a la manera de Hans Zimmer, todo ello saturando y empachando sin ofrecer nada mínimamente genuino.

La insipidez podría haber sido sensiblemente contrarrestada si la película no se tomara tan en serio a sí misma, impidiendo que Dwayne Johnson explote su vena cómica, que es lo más decente que siempre ha ofrecido como actor. En su interpretación, nos encontramos con un Johnson que recuerda a cuando era The Rock, es decir, hierático, aburrido e inexpresivo. Obviamente, parte de ello obedece a la naturaleza antiheroica del protagonista, pero está todo enfocado de un modo tan vago y poco atractivo que el personaje resulta cero magnético. Así pues, el carisma que podía dar aire al conjunto se tira por la borda.

Genérica a más no poder, lo poco prolífico de su visionado debería generar el debate entre el público de si se debe validar un contenido superheroico cada vez más algorítmico, y entre los estudios sobre si tal vez los espectadores merezcan películas más bien elaboradas.

Porque Black Adam es de una desidia tan grande que posiblemente supere a Morbius (Daniel Espinosa, 2022) como la peor película de superhéroes del año. Aquella al menos era carne de meme, pero esta no da ni eso.

Escribe Aleix Sales | Artículo publicado en Cine Nueva Tribuna

  

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