Una historia de amor italiana (2)

  19 Octubre 2022

La convivencia en pareja como cosa de superhéroes

una-historia-amor-italiana-0Lo primero que se me ocurre antes de mis comentarios, que fue lo último que me quedó tras el visionado de este filme, es el absurdo título de Una historia de amor italiana, contra el original Supereroi, que en italiano significa superhéroes; ahora explico esta licencia estúpida de la productora o de quien sea, pues, aunque la historia hable de un amor italiano, igual habría podido ser británico, español o alemán.

El guion magnífico de Paolo Costella, Paolo Genovese y Rolando Ravello habla de una dibujante de cómics que tiene la original idea de hacer equivaler el mundo de la pareja con el de los superhéroes, un mundo en el que los emparejados, en este caso él y ella, deben enfrentarse a mil y un problemas y sortear todo tipo de dificultades para mantenerse unidos. O sea, en la obra se habla de los superpoderes que necesita poseer una pareja para amarse y vivir juntos con el paso del tiempo.

Es por eso por lo que el título original es más que adecuado: Superhéroes. La guía temporal y el entramado del filme es el cómic de Anna, cómic que incluye también a la pareja protagonista.

Otro aspecto más que notorio es que esta cinta está sin duda inspirada y ha bebido de las conocidas obras de Richard Linklater, en que la pareja es el motivo principal: sus ascensos amorosos, sus crisis y demás variables en el camino del amor conyugal. Me refiero a: Antes de amanecer, 1995; Antes del atardecer, 2004; y Antes del anochecer, 2013.

Una noche de lluvia, Anna, dibujante de cómics, conoce a Marco, profesor de física y dan comienzo a una relación. Diez años después siguen juntos, y ella tiene la idea de crear un cómic inspirado en su propia experiencia, lo titula Superhéroes, en la idea de que el logro de que una pareja mantenga vivo el amor tras una década resulta toda una heroicidad. Cada entrega en forma de viñetas describirá misiones heroicas como la de luchar contra la tentación de la infidelidad, lo cual sería auténtica y mortal kriptonita.

De manera que Anna (Trinca), una joven de arte, dibujante de comics vehemente, intuitiva e inconformista conoce y se enamora de Marco (Borghi), un profesor de Física racionalista que cree que todo en la vida tiene una explicación, y que también se siente profundamente atraído por ella (los polos opuestos se atraen).

Ambos son muy diferentes, pero de alguna manera se complementan y el amor hace el resto. Sobre cómo se mantiene una relación así, ellos se lo preguntan a menudo sin encontrar respuestas ni mucho menos definitivas. En términos de los cómics que ella dibuja la respuesta sería: ¿Cuántos superpoderes debe tener una pareja para soportar el paso del tiempo y amarse de por vida?

Él es matemático (de los que dicen eso de que el tiempo no existe) y ella dibuja tiras de cómics. Entre los dos, la pericia del libreto y la ligereza de la puesta en escena se va armando de diversas formas este entramado de amor, separaciones y vueltas que es la vida en común, desde el encuentro fortuito en una bonita secuencia de lluvia y paraguas, a los esfuerzos por conocerse, deleitarse entre ambos, gozarse y soportarse.

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Almas gemelas en la que el tiempo y el cambio son los adversarios principales. Aunque los sentimientos amorosos persisten en un juego donde conviven azar, determinismo, libertad, y quién sabe cuál es el elemento dominante. En fin, reflexiones de cómo todos los acontecimientos de la historia amorosa cambian el azar en destino.

Hay mucha creatividad e ingenio visual con dibujos y animaciones interesantes. Tiene un excelente tono verbal: bien dialogada, ponderada y cuidadosa, y sabe equilibrar la gravedad y la chispa.

De otro lado habla cautelosamente y con importantes elementos de verdad, sobre el gran problema (matemático) de una pareja: uno más uno igual a tres (la maternidad-paternidad), un asunto que tiene miga en esta historia y que resuelve de un modo valiente, en tiempos de mucho narcisismo y fatuidad.

Es meritoria la dirección de Paolo Genovese que conduce la obra de una forma que entretiene y provoca que sentimientos encontrados en el espectador, también le hace pensar, en este mundo donde las parejas duran poco con una alta tasa de divorcios y separaciones, sobre las razones de este fenómeno bastante indeseable. Pensemos que, en Psicología, una investigación que leí hace algún tiempo decía que los dos sucesos que más angustia y malestar provocan en las personas son, por este orden: el divorcio y el enfrentamiento con la muerte.

Esta película puede ser considerada una comedia romántica que descorazona; o también un drama romántico que permite reír, o sonreír.

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La cinta es perspicaz, imaginativa, simpática y sus dos personajes principales poseen un enorme encanto, atractivo que sus intérpretes —el eficiente Alessandro Borghi y la bonita Jasmina Trinca— extraen con gran naturalidad, habiendo entre ellos un derroche de eso que llamamos química. El resto de los actores de reparto están igualmente bien, arropando esta historia súper heroica: Greta Scarano, Flavio Parenti, Elena Sofia Ricci, Gwendolyn Gourvenec, Vinicio Marchinoni y Linda Caridi.

Adecuada la música de Maurizio Filardo, con un fondo de notas que saben acompañar las variaciones que se va produciendo en la pareja; y estupenda la fotografía de Fabrizio Lucci, con unas tonalidades ocres perfectas.

La película de Genovese no cae en la trampa de los tópicos ni en las convenciones. Al contar la historia lo hace de un modo en el que los hechos no se narran linealmente, sino que los presenta en la pantalla desordenados en el tiempo, con vaivenes, pero muy ordenados y profundos en amor y sentimientos. En realidad, se trata de un pequeño rompecabezas sencillo de construir, a pesar de su falta de concierto temporal, porque, como dice Oti: «siempre tiene al espectador en el interior de sus personajes y su historia«.

Bien hilvanada, bien interpretada, capaz de tocar acertada y armónicamente las teclas del corazón, tocadas de manera equilibrada, que incluye sonidos de gloria y también los dolorosos; capaz de recorrer los estadios y momentos decisivos por los que pasa una pareja, las dudas, los celos, los amigos, la pasión, los lindos momentos iniciales, el trabajo, las suspicacias, las heridas y cicatrices del alma que siempre quedan, tener un hijo.

Supereroi es más triste y fatalista de lo que uno espera, pero es bonita y sus imágenes se quedan, no se desvanecen al poco de salir de la sala.

Escribe Enrique Fernández Lópiz | Imágenes A Contracorriente films

  

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