Tres mil años esperándote (2)

  12 Octubre 2022

El valor de los relatos fantásticos

tres-mil-anos-esperandote-0Alithea Binnie (Tilda Swinton) es doctora en Letras y es narratóloga. Ella parece estar feliz con su vida como profesora y sus actividades, aunque su abordaje del mundo lo hace con cierto escepticismo y escasa sociabilidad.

La cosa es que la aclamada doctora una vez que estuvo casada con un apuesto académico, pero cuando el poco sensible y muy, muy estúpido señor la dejó por una chica joven, ella aprendió a hacer las paces con su soledad. Estar sin pareja, sin padres, sin hijos, le otorga a una mente brillante como la suya la libertad que necesita para florecer: viaja por el mundo dando conferencias sobre los mitos que una vez contenían todo el misterio del mundo y que ahora se han desvalorizado tanto que han ido a parar a la trasera de los cómics.

Pues bien, un día, tras una charla y un multitudinario acto se encuentra con un genio (Idris Elba), el cual ofrece concederle tres deseos, que a su vez le darán al dijnn su libertad. Inicialmente, Alithea se niega a pedir ningún deseo, pues está contenta con lo que tiene y también porque su profesión de cuentista y experta en mitología le dice que este tipo de historias sobre deseos no suelen acabar bien.

No obsta para que el genio insista y defienda su postura contándole algunas historias fantásticas de su pasado, en las cuales hay todo tipo de experiencias variadas y algunas positivas. Es entonces que ella se deja convencer y pide un deseo sorpresivo para ambos.

La dirección de George Miller es más que correcta y lleva a buen término un guion del propio Miller y Augusta Gore (basado en un relato corto de A. S. Byatt). Tiene una bonita música de Junkie XL y excelente fotografía de John Seale, amén de una depurada puesta en escena.

Miller aparece como un magnífico y risueño contador de cuentos en esta cinta que ha presentado fuera de competición en el Festival de Cannes. En ella adapta un relato de la escritora británica cuyos derechos de autor había adquirido tiempo atrás (años 90), y desde entonces no ha cejado en su afán por de llevar a la gran pantalla el cuento: The Djinn in the Nightingale's Eye.

Con paciencia fue escribiendo el guion junto a su hija Augusta y, tras sus éxitos con obras como Mad Max: Furia en la carretera (2015), y hacer caja, finalmente pudo financiar esta cinta pospuesta e incluso con cierto sesgo de la fragmentación por tanto tiempo de retraso, una película que integra relatos dentro de otros relatos, referente en el arte de cautivar con el placer de la narración, como ocurría en las Mil y una noches.

En el reparto destaca la improbable pareja de una estupenda Tilda Swinton acompañada de un excelente Idris Elba: una improbable pareja a priori que, no obstante, hace una gran interpretación dual, sintónica y tocada por un ingenio encantador y la total reticencia a caer en la gravedad o el exabrupto.

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Están acompañados de actores de reparto magníficos como David Collins, Alyla Browne, Hayley Gia Hughes, Angie Tricker, Sarah Houbolt, Kaan Guldur, Jason Jago, Aska Karem, Aiden Mckenzie, Ver Ozturk, Jack Braddy, Randolph Fields, Anna Adams, John Puckeridge-Webb, James Dobbins, Hugo Bella, Callum Moran, Tendai Dzwairo, Tatia Crinis, David Paulsen, Nicolas Mouawad y Shakriya Tarinyawat.

Cuando Alithea está en su hotel turco es cuando emerge el genio o djinn con orejas puntiagudas y gran poderío y carisma. Siguiendo una tradición secular en cuentos y ficciones, promete concederle los mencionados tres deseos. Como Swinton se muestra remisa, en vez de pedir deseos de inmediato lo que hace es entablar un diálogo con el ser flotante que se le ha aparecido.

Es aquí cuando el genio comienza a contar experiencias previas de los últimos milenios en el tema de los deseos, a ver si ella se anima a pedirle las tres cosas, pues es la única opción para él de quedar liberado al fin. Este es el marco narrativo en el que irán apareciendo breves relatos ambientados en una amalgama de encuadres estéticos arábigos y de Asia Menor, con los que el genio cuenta la historia de su larga vida a Swinton, ambos vestidos de albornoz.

La peli tiene realmente un importante despliegue imaginativo y una interesante dispersión de las historias con forma de fábula que va contando el genio, protagonizadas por personajes como la reina de Saba o Salomón (curiosa escena musical de este tocando un instrumento multiuso sorprendente).

Es un filme atrevido y la idea es narrar, el sentido mismo de contar, de relatar. Todo ello de mano de una historia de amor, a la vez que aborda el tema de la soledad, de la mutua soledad del genio y la profesora de universidad. Mientras el djinn es inmortal, su pareja es una mujer mortal y con ciertas dificultades personales, aunque no parece que Alithea tenga conciencia de ellas.

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Todo lo cual deviene locuela humorada arropada de unos bien llevados efectos digitales, con los cuales Miller consigue de forma sorprendente viajar a través de los tiempos para sostener una aparentemente sencilla conversación en la habitación de hotel en Estambul.

El acercamiento a lo digital simpatiza con la dimensión más rugosa y menos hiperrealista de su director Miller. Y aunque el filme saca todo el partido de la parafernalia digital, lo central de su discurso reside en los cara a cara humanos, así como en la aparición de gadgets muy vintage: en el filme de Miller hacen acto de presencia zootropos primitivos y rudimentarios aparatos voladores.

Película fronteriza entre lo terrenal y lo sideral, que tiene el riesgo de caer en una grandilocuencia que acecha desde sus primeros compases. Pero Miller no se deja llevar por el trascendentalismo y el mesianismo. Consigue esquivar el discurso de corte enfático y monumental, situando el filme en un territorio de vibrante intimidad.

Cuando se trata de abordar la idea del amor como camino hacia la realización personal, o cuando denuncia la intolerancia de tipo racista, Miller se aviene a emplear, como principal «efecto especial», el talento de la Swinton para desnudar de afectación las líneas de diálogo más intensas y arrebatadas: «¿Es el amor algo verdadero o solo la manifestación de una forma de locura?», afirma la voz en off de Aliethea.

También Miller hace frente a la crisis moral de un mundo intolerante y sectario, con fuertes pulsiones consumistas, lo cual vemos en el ensordecedor ruido producido por el ímpetu tecnológico-mediático actual. Y tal vez por eso, Miller no da la espalda a la melancolía y los afectos humanos, que son la materia prima de los mejores cuentos de hadas.

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Que no se me olvide algo muy importante que aprendí y comprobé hace muchos años y que esta peli me ha recordado. El valor inmenso y a todo nivel que tienen los cuentos de hadas y las leyendas que, por cierto, ahora pretenden borrar del mapa los progres de las cosas del género y el buenrollismo.

A ellos/as les recomiendo que ojeen un libro fantástico del psicoanalista austríaco Bruno Bettelheim de título Psicoanálisis de los cuentos de hadas. En esas páginas, su autor no sólo se interesa por el análisis en sí de los tradicionales cuentos (Cenicienta, Blancanieves, Hansel y Gretel, etc.), sino que reparó en la notable influencia liberadora que ejercen los milenarios cuentos en los niños, concluyendo que tienen una extraordinaria importancia para su formación moral e intelectual.

Esta película descubre que incluso los cuentos más antiguos pueden resultar esclarecedores sobre cosas y asuntos profundos del ser humano si se cuentan con suficiente entusiasmo, pero también que es mucho más fácil para nosotros vernos en esas historias si tenemos a alguien con quien compartirlas. Como dijera Bettelheim: «Todo cuento de hadas es un espejo mágico que refleja algunos aspectos de nuestro mundo interno y de las etapas necesarias para pasar de la inmadurez a la madurez total».

Los espectadores que vayan a esta obra buscando intensidad, acción o aventuras sangrantes no saldrán contentos de la sala. La película, sin ser necesariamente tranquila, busca una especie de serenidad duradera. Si sabes acomodar tus expectativas a un visionado más intimista, trufado de historias fantásticas y a lo que el director está dispuesto a ofrecer, esta película te resultará grata e incluso la podrás disfrutar.

Todo ello sin menoscabo de que la peli es pesadita, incluso bastante pesada.

Escribe Enrique Fernández Lópiz

  

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