¿Y esto… de quién es? (2)

  07 Octubre 2022

Una comedia agradable, simpática y que hace sonreír

y-esto-de-quien-es-0Entré al cine a ver esta película sin mucho convencimiento. Lo hice a falta de algo mejor, pues la de Clooney la Roberts, Viaje al paraíso, no me apetecía en absoluto.

¿Y esto… de quién es? se inicia con una madre fuerte, intrépida y capaz, ocupándose de sus cuatro hijos más que el común de las madres; además, una mujer enérgica e incombustible con un esposo geriatra que le ha dado la perrera de irse con una psicoanalista. Y la precocidad sexual de los hijos adolescentes. Temas candentes como el amor en la tercera edad, el aborto y algunos más, van apareciendo entre alguna sonrisa que la peli sugiere. Y al final me parece bien.

Annie Castillon es una mujer satisfecha con su vida e incluso puede decirse que feliz. Su matrimonio con el doctor Laurent es un ejemplo para amigos y extraños, y sus dos hijos mayores, Maximiliano y César, son muchachos aplicados, brillantes y sensibles. También lo es Poupi, la siguiente, una púber que hace gimnasia rítmica, y el pequeñín, que es gracioso y natural, como corresponde.

Poupi, que es la adolescente pequeña, ayuda sin quejarse demasiado con la educación de Antoine, el hijo menor que repite de manera incesante la palabra «gilipollas» para rubor de su madre.

Pero hete aquí que, en un fin de semana como tantos, Annie descubre una prueba de embarazo positiva, lo cual echará abajo la avenencia, la cierta calma habida hasta entonces. A partir de aquí, una retahíla de acontecimientos pondrá a prueba al grupo familiar.

Durante una alocada investigación para averiguar quién es la propietaria del test, y a pesar de sus esfuerzos por mantener la calma, Annie verá cómo se rompen todas sus certezas y las cartas de su vida se redistribuyen por completo, desbarajustándose la cosa de manera capital.

Dirección correcta de Emmanuel Poulain-Arnaud, ágil, entretenida la cinta. Sigue un guion de Noé Debré y el propio Poulain-Arnaud, basado en una idea de Thibault Vanhulle, quien se preguntó: «¿Cómo reaccionar ante el descubrimiento de una prueba de embarazo positiva en casa, cuyo origen se desconoce?». Y la cosa tiene su maldita gracia, pues, como señalaba, saltarán por alto las certezas familiares, las dudas sexuales y los vínculos de tiempo atrás.

Tiene una bonita música de Julien Glabs, incluido un playback de la cantautora y actriz Sia; y una bonita fotografía de Thomas Rames, buena puesta en escena y el atractivo reparto, hace el resto.

Hablando de reparto, destaca sobre los demás la interesante interpretación de Alexandra Lamy que encarna con credibilidad, intensidad y carisma una madre de familia numerosa que un día descubre una prueba de embarazo en la papelera del baño de su casa, original premisa que desencadena una historia divertida y cargada de enredos; el trabajo de Lamy está lleno de matices de sorpresa, congoja y desengaño, aunque también de ilusión.

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Phllippe Katerine está muy bien como Laurent, el papá que saca los pies del plato pero que sigue siendo y ejerciendo como un gran padre. Matteo Perez es César, el hijo adolescente a quien la novia le ha dado calabazas. Y Joaquin Fossi es Max, el mayor, músico y seductor, un estupendo trabajo.

Acompaña un coro de intérpretes maduros y jóvenes, artistas como Chloé Gaillard, Pablo Cobo, Lucile Jaillant, Louvia Bachelier o Aidan Le Groumellec., entre otros. El elenco le da valor al filme.

Ha sido y continúa siendo una comedia de éxito en Francia, que tiene su singularidad respecto al tradicional sentido de humor galo. Si se aparcan los preconceptos, en esta cinta uno encuentra una obra simpática, con alguna pretensión más que la muy legítima de provocar la sonrisa.

Ofrece también un eficaz entretenimiento familiar con un macguffin gracioso, el hallazgo del test positivo de embarazo, que sirve como pretexto para hacer una radiografía amable, pero sin caer en la cursilería o la afectación, sobre la familia y la sociedad francesa e incluso la familia europea. En este contexto, la dinámica familiar y extrafamiliar tensará las relaciones entre parejas, padres e hijos y hermanos, aunque esta última sale incólume.

En tal sentido, sin duda su principal valor está en la complicidad fraternal que es curiosamente incombustible y firme como un noray, sobre otros vínculos que se rompieron y otros nuevos que van apareciendo.

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De igual modo, la madre orquesta que lo lleva todo adelante, en un punto, no está dispuesta a acarrear alegremente con los cuernos que le pone su marido con una atolondrada psicóloga con diván y todo, pero que no sabe cómo funciona un teléfono móvil; de modo que Annie cae del caballo definitivamente, ¡y vaya caída del caballo! Pero para enterarse de este detalle, no menor, hay que ver la peli…

Tampoco hay que olvidar la manera de abordar, como si de algo arrolladoramente normal se tratara, temas tan complejos, discutidos y elementos para el drama como son el sexo o el aborto. Pero Poulain-Arnaud hace que todo parezca fácil y digerible.

Casi desde el principio la cosa empieza a destapar asuntos serios que la película trata con cierta frivolidad, con humor y permisividad, sin atisbo de severidad. Y aunque en la trama aparezca algún que otro lugar común y, aunque el elenco, hace gala de actuaciones muy naturales, sin embargo, pues todo hay que decirlo, hay demasiadas partes del guion que resultan inverosímiles.

Definitivamente hay una mezcolanza entre humor y melancolía, y resulta agradable ver que los desastres familiares mantienen cohesionados a los hermanos y tampoco destruye la concordia general dentro del hogar. Es, pues, un filme agradable que aborda temas candentes siempre con el humor como bandera. No hay más que recordar a la aguerrida y protectora madre, cuando en la parte final anda de fiesta en fiesta fumándose unos porritos a la salud de la vida.

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En un momento de la cinta César está triste por la espantada de la novia y para animarlo el hermano mayor, y posteriormente la hermana, se muestran alegres, la madre cae en la cuenta de lo mayores que se han hecho sus hijos, lo bien que se llevan y que su papel materno está un poco fuera de lugar. En esas escenas, los jóvenes se acompañan de una bonita música muy apropiada de Sia, Thunderclouds («Nubes tormentosas»), que volverá a repetirse en los créditos finales del filme, cuya letra viene a decir:

Por favor, convierte tus miedos en confianza. / Confiar / ¿Adónde fue el amor? / ¿Cuándo todo está dicho y hecho? / Hey ahora, tengo tus manos en el aire / Voy a revisar tus cosas / ¿Adónde fue el amor? / Pon la carrera en marcha. (…) Tu alma grita (ah-ah-ah) / Pero no tengas miedo de estas nubes tormentosas / Estas nubes de tormenta, oh no / Todo lo que necesito es amor

La peli resulta interesante, alegre, con una gran cantidad de parlamentos liosos y algunos graciosos realmente. Y la Lamy encabezando la historia, en el rol de una madre tan insufrible como entrañable, con la que te identificas casi desde el principio.

Todo ello contribuye a conocer ciertos aspectos de la familia de los que no se suelen hablar y también a sacar los trapos sucios con un buen equilibrio entre la comedia y la añoranza. En fin, mantiene un nivel de sorpresa en cuanto a la trama, muy bien logrado. Lo más complejo: hacer que todo parezca sencillo.

Escribe Enrique Fernández Lópiz

  

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