La vida padre (1)

  30 Septiembre 2022

La amnesia como recurso cómico

la-vida-padre-0Hablar de la comedia como género supone manejar unos formatos muy bien engrasados para que todo funcione como se espera. Como primer componente, hay que partir de un buen guion que debe funcionar como un reloj.

En el caso de La vida padre (2022), una película dirigida por Joaquín Mazon, nos encontramos con la base de un guion escrito por Joaquín Oristrell, a partir de la historia propuesta por el propio director y Olatz Arroyo. El veterano guionista pergeña una propuesta en la que la relación familiar y sus afectos constituyen la clave de lo que se nos cuenta, una comedia dramática, buscando elementos entre el pasado y el presente de los personajes.

Esta propuesta es llevada a la pantalla de manera poco elaborada por su director. El ámbito en el que se desarrolla esta historia es el de la alta cocina. Los dos personajes protagonistas son Mikel (Enric Auquer), un chef de éxito en el Bilbao actual, que soporta el trauma de haber provocado la desaparición de su padre, Juan (Karra Elejalde), treinta años antes.

En 1990 Juan era el chef de un restaurante muy exitoso en Bilbao. Pero una mala broma llevó a Juan a desaparecer. Treinta años después, cuando Mikel disfruta de un prestigio como un reconocido cocinero, de la denominada cocina de autor, a la espera de conseguir una tercera estrella Michelín, su padre reaparece en su vida, generando un conflicto generacional y de convivencia, ya que este no recuerda nada de lo que ha hecho durante los treinta años en los que ha estado desaparecido.

Las situaciones que va propiciando el desarrollo de la historia, dan pie a una comedia de equívocos, cuyo resultado son varios gags bien resueltos en algunos casos, y no tanto en otros.

En base a esta propuesta, estamos ante una comedia que sobre el papel podría funcionar, pero a la hora de traducirla a imágenes, deja bastante que desear. Sin duda se trata de un género muy dependiente de la calidad de los intérpretes.

La vis cómica es un componente imprescindible en este género, que aporta el actor o la actriz, y que en el caso de la tradición de la comedia cinematográfica española encontramos muchos ejemplos de esa virtud. Cabe citar aquí los casos excelsos de José Isbert, José Luis López Vázquez, Verónica Forqué, Luis Ciges o Carmen Machi, entre otros.

El protagonismo absoluto de la historia es asumido por un arrollador y excesivo Karra Elejalde, un veterano actor que, a partir de su papel en Airbag (1997) y especialmente su éxito en Ocho apellidos vascos (2014) y sus secuelas, se convierte en el eje absoluto en torno al cual gira la película. Aquí retoma el arquetipo del padre vasco tradicional, a imagen y semejanza de su papel en Ocho apellidos… Aunque en esta ocasión el personaje es llevado al paroxismo.

Le intenta dar la réplica en la tarea protagonista Enric Auquer, un valorado actor que ganó un premio Goya por su papel de un narco gallego en la película Quien a hierro mata (2019). Su trabajo queda superado por el ímpetu interpretativo de Karra Elejalde, habiendo poca complicidad entre ambos.

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Igualmente, la relación romántica entre Mikel y Nagore (Megan Montaner), la neuróloga que trata a Juan de su amnesia, carece del necesario feeling.

La amnesia de Juan, reapareciendo tras 30 años en paradero desconocido, sin recordar nada de ese periodo, es producida por el denominado síndrome de Korsakoff, un trastorno cerebral que lamentablemente queda poco explicado en la película.

El marco de la historia es la ciudad de Bilbao. La nueva Bilbao, consecuencia de la transformación urbanística que la ha convertido en un destino turístico de primer orden. De hecho, la ciudad se constituye en otro personaje más del filme. Hay un componente de promoción de la ciudad poco escondido. En una secuencia observamos la diferencia entre el Bilbao industrial de épocas pasadas y la ciudad actual.

En definitiva, se trata de una comedia aseada, con un guion al que se le podía haber sacado más partido. Con un correcto diseño de producción, cabe pedirle más poder de convicción en su narrativa y en las interpretaciones de los secundarios. Cine de evasión para una tarde de palomitas.

Escribe Juan de Pablos Pons

  

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