Dragon Ball Super: Super Hero (2)

  25 Septiembre 2022

Los personajes de siempre con más CGI que nunca

dragon-ball-0Una vez más, llega a la gran pantalla otra entrega de Dragon Ball que llenará salas y más salas con independencia de su calidad. Esto es así. Una verdad universal tan palpable como la gravedad o el paso inexorable del tiempo.

Y es que, aún con peores números en Japón que cualquier entrega anterior, la recaudación solo en USA en su estreno ha doblado el récord establecido por Dragon Ball Super: Broly, su antecesora. Una apuesta segura por parte de Toei Animation que solo se ha visto palidecida en su país natal por culpa de un hackeo masivo en los servidores de la compañía.

En esta historia, el protagonista es Piccolo, el namekiano exdios de la Tierra que descubre un nuevo mal que pretende controlar el planeta: el renacer de la Red Ribbon. Con la ayuda de Son Gohan, luchará contra los nuevos androides del malvado ejército RR y una amenaza secreta que se oculta en lo más profundo de la base enemiga.

Por una vez, Son Goku y Vegeta no son más que simples personajes de segunda fila que tienen dos cameos cómicos y todo el peso de la aventura recae sobre los personajes que normalmente se quedan atrás.

Aunque esto último es totalmente cierto, se hace extraño que gran parte del coro de protagonistas de la mítica serie anime no aparezcan y, de hecho, ni se les nombre. Yamcha, Ten Shinhan e incluso el maestro Muten Roshi son los grandes desaparecidos de la trama. Este hecho realmente choca con las películas anteriores o la propia serie donde, aunque como espectadores en muchos casos, siempre aparecían en escena. Una oportunidad perdida de verlos una vez más en acción.

La historia es irrisoria y no deja de ser una excusa tras otra para justificar los acontecimientos. Ya desde el inicio, se nos hace un resumen de la serie original y constantes referencias a momentos claves de la misma. Todo un intento de traer el sentimiento de nostalgia al espectador para que perdone los despropósitos argumentales que está a punto ver. Aunque en ciertos detalles y aspectos han procurado respetar lo establecido en la serie original, hay multitud de incoherencias y contradicciones con el cómic del 84 y con su última saga Dragon Ball Super.

Estos errores no hacen más que evidenciar la falta total de una supervisión real por parte de Toei o incluso del propio Toriyama. La evidencia más clara de esto nos pega en a la cara solo empezar la película. Se nos presenta a Pan, nieta de Son Goku, entrenando junto al namekiano, quien le está enseñando a volar. Y es que Pan, tres películas atrás, en Dragon Ball Z: La batalla de los dioses, siendo un bebé ya sabía volar, mientras que ahora parece que lo ha desaprendido sin razón. Esto es solo un detalle mínimo del saco sin fondo de sinsentidos que es toda la película.

Como es costumbre en los títulos de esta franquicia, ciertos personajes consiguen nuevos poderes o transformaciones para poder parar al malo de turno. En este caso, rozando un ridículo nunca visto, estas modificaciones visuales se limitan básicamente a otro cambio de color de pelo o piel del protagonista.

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Como siempre, esto sucede en la típica escena en la que parece que está todo perdido y en el último instante despierta un poder interior desconocido hasta el momento. Situación que han vivido tres veces por saga y película desde los 90, pero que siguen usando de excusa. Mención especial a los cambios que sufre Piccolo que estos sí se agradecen después de más de veinte años con el personaje medio olvidado.

Los personajes nuevos son de lo poco aprovechable de la película. Todos los enemigos tienen su carisma y los diseños de Gamma 1 y 2, los principales antagonistas, mantienen la estética clásica de Toriyama que tanto marcó toda su obra. Sus motivaciones como enemigos son ridículas y la explicación de quienes son algunos de ellos o de donde han salido, en concreto Dr. Hedo y Magenta, plantean más preguntas de las necesarias. Al final son una buena idea mal introducida pero aceptablemente llevada.

Pero sin duda, lo peor es el estilo de animación usado para realizar este filme. La anterior entrega nos sorprendió con una animación directamente diseñada para añadir dinamismo en las escenas de combate que en este caso se ha perdido. Todas las escenas están generadas con animación 3D, hecho que claramente ha abaratado los costes de producción, pero resta calidad en los primeros planos y algunos combates. Lo más rescatable es el previamente mencionado resumen de la serie que aparece en los primeros minutos que, es de largo, la mejor animación hecha de Dragon Ball.

Al final, otra vez y no será la última, ante una película pensada para atacar directamente al corazón de los fans que, como tal, perdonarán gran parte de los «despistes» del guion en pos de ver a sus personajes favoritos de la infancia pegarse una vez más en la gran pantalla. Y mientras la gran fábrica de merchandising que es Dragon Ball siga funcionando a pleno rendimiento, seguiremos son poder pedir más atención ni mimo a las nuevas entregas de la serie que nos tuvo durante años frente al televisor, sufriendo las derrotas y celebrando las victorias de nuestros héroes.

Escribe Joan Segovia | Artículo publicado en Cine Nueva Tribuna

  

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