Petite maman (3)

  28 Agosto 2022

De pérdidas y soledades

petite-maman-0Una de las cinematografías europeas más potentes es la francesa, en cuanto a producción se refiere y por la cantidad de cine que llega a los cines españoles, como si volviese a resurgir de sus cenizas, después de su grandeza casi en el inicio de los años sesenta y durante un largo periodo de tiempo debido sobre todo a la aportación del cine de la novelle vague, surgida en 1959 con los primeros largometrajes de Jean Luc Godard, Jacques Rivette, Claude Chabrol Eric Rohmer, François Truffaut, Agnés Varda, Jacques Demy, Georges Franju, Alain Resnais (estos dos últimos habían realizado varios cortometrajes antes de realizar en ese año su primer largo)… De todos ellos hoy sólo sigue vivo Godard, con sus más de noventa años y empeñado en seguir haciendo su maravilloso cine suicida.

La mujer también entró con Varda, mujer de Demy, con guiones de Marguerite Duras, que luego dirigía también cine. Y hoy, al igual que en España y en la mayoría de los países, bastante cine es realizado por mujeres, aunque sigue por debajo de la proporción respecto al realizado por los hombres.

Ayer eran, entre otras, Agnés Varda y Marguerite Duras los nombres más reconocidos, incluso antes de ser realizadora Duras era novelista y guionista de títulos fundacionales de la nouvelle vague, como Hiroshima, mon amour (1959), de Alain Resnais.

Hoy, esos nombres se han multiplicado, pero sobre todas ellas sobresalen tres: Claire Denis, Mia Hansen-Love y Céline Sciamma.

Céline Sciamma

Nacida en 1978, esta guionista y directora realiza en general películas, aparentemente muy simples, rozando el minimalismo. Sus estudios de cine los llevó a cabo en la escuela La Fémis (Fundación Europea de Imagen y Sonido). Varias de sus películas cuentan historias de chicas en conflicto con el mundo donde viven e incluso problemas sobre la identidad de género.

Su primera película, Naissance des pieuvres (2007), es seleccionada para la sección Un certain regard del festival internacional de Cannes. En 2009 realiza el cortometraje Pauline, dentro de una campaña llevada a cabo por el Gobierno Francés contra la homofobia.

En 2011 dirige Tomboy, su primer filme conocido en España. De escasa duración (80 minutos) y rodado en muy poco tiempo, trata del problema de una chica que se considera un chico. Se presenta en varios festivales internaciones siendo ampliamente premiada.

En España recibe el premio del público en el festival de Gijón. Tres años después presenta Bande de filles, en la sección Quinzaine des Réalisateurs del festival de Cannes, así como el otros certámenes cinematográficos como el de Sundance, Venecia o San Sebastián. Para la directora este filme forma una trilogía junto a los dos anteriores.

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Pasan cinco años hasta el rodaje de su película siguiente, y sin duda, hasta el momento la más importante, Retrato de una mujer en llamas que, al igual de las anteriores se presenta en el festival de Cannes, donde recibe el premio al mejor guión.

En 2021 realiza el que, por ahora, es su último trabajo como directora. Se trata de Petit Mamam, donde vuelve sobre el tema de la niñez, rodada de forma minimalista y con una escasa duración, 70 minutos, obteniendo varios premios, entre los que destacan el concedido a la mejor película extranjera por la asociación de críticos de Los Ángeles y el premio del público en los festivales de Berlín y de San Sebastián.

Aparte de su labor como directora, hay que citar películas en las que intervino en el guion, como Cuanto tienes 17 años (2016), de André Téchiné; el filme de animación Mi nombre es calabacín (2017), de Claude Barras; y París, distrito 13 (2021) de Jacques Audiard.

Cuando un niño (re)conoce la muerte

El conocimiento para un niño de la muerte puede ser en muchos casos traumático. Quizá hoy, ante tanta serie, videojuegos a los que tiene la posibilidad de acceder la muerte sea algo normal, natural. A uno le matan y muere, o se muere porque sí, pero este conocimiento por parte de un pequeño puede producirse de otras muchas maneras.

El ver Marcelino pan y vino (1954), de Ladislado Vajda (hay otra versión posterior, mucho más floja, realizada por Luigi Comencini en 1991) puede ser un impacto muy fuerte para un niño pequeño (saber que los niños también pueden morir), otros pueden haberlo vivido en la guerra o simplemente haber asistido a la falta de un ser querido (un abuelo, un hermano, un padre o una madre) en su familia.

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Descubrir la vida puede terminar en un momento determinado para alguien cercano, o no, y que esa persona nunca más podrá formar parte de su entorno, puede producir un impacto fuerte, aunque, en principio, por su forma de actuar, parece que no ha sido así y que esa desaparición no supone nada para su vida.

Una muerte es la que abre Petite Maman. Se trata de la muerte de la abuela de Nelly, una niña de ocho años que ha acudido a la residencia donde se encontraba su abuela y, donde, por su caminar por el sitio, intuimos que a menudo acudía para estar con su abuela.

El comienzo es admirable, dado por ese largo travelling que sigue a la niña por las habitaciones despidiéndose de las otras personas mayores porque ya no va a volverlas a ver al faltar su abuela, lazo que unía a Nelly con el lugar. Una secuencia que señala un adiós y también un comienzo para Nelly, que se ha visto separada para siempre de su querida abuela.

Después vuelve con su madre a la casa de la abuela, donde se criara su madre y donde ella ha debido vivir grandes momentos en plena naturaleza.

Pero, a la falta de la abuela se va a unir la momentánea marcha de su madre que tiene que irse durante unos días para solucionar una serie de asuntos. Nelly se queda sola con su padre. No es lo mismo para ella la presencia de un padre que la de su madre. Si su madre (y su abuela) le dedicaban gran parte de su tiempo, su padre le dedica simplemente el necesario, un tiempo insatisfactorio para la niña, que, de pronto, se encuentra perdida, sola en casa, en la plena naturaleza.

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La pérdida y el dolor debe cubrirlos de alguna manera, y lo va a cubrir con la presencia de otra niña, igualita a ella (la directora trabajó con dos hermanas gemelas) que la invita a jugar, a conocer el lugar, a encontrar el escondite que su madre, de pequeña, construía con ramas de árboles. 

Nelly, con ese ser inexistente, esa especie de amigo invisible que ha creado, ha transformado la perdida en una aceptación. Y lo ha hecho a través de su propia madre, que es, en realidad, el personaje que se ha inventado. La pequeña mamá del título, inductora, desde su imaginación, del proceso de aprendizaje en el camino de la vida: la forma de dejara atrás el duelo que supone una pérdida y una ausencia,

No es raro el que la directora escribiera esta película durante la pandemia provocada por la COVID-19 porque, en el aislamiento a que ella misma tuvo que someterse, creó un personaje también aislado que aprender a vivir, sentir, superar una etapa.

Al final la madre volverá a casa para encontrarse, probablemente, con una hija crecida, al haber superado la soledad del camino y finalizar el duelo que la llevó a la soledad.

Setenta minutos le bastan a Sciamma para realizar un filme de una gran sensibilidad, matizando de forma perfecta la psicología de una niña de ocho años dispersa, solitaria, que se cree abandonada y que debe superar toda una etapa para unirse al ciclo de la vida.

Escribe Adolfo Bellido López | Imágenes Avalon

  

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