La memoria de un asesino (2)

  31 Julio 2022

Buen thriller con alzhéimer, intriga y tensión

la-memoria-de-un-asesino-0Contra todo pronóstico, a pesar de algunas malas críticas que había leído, comentarios aviesos y en ocasiones tendenciosos, la película que ahora comento me ha parecido un buen filme del conocido Martin Campbell, con una buena trama, un guion más que aceptable y un montaje magistral que hace que no pierdas atención prácticamente ni un minuto en todo el metraje.

Esta película es una adaptación de la película belga De zaak alzheimer (en España, La memoria del asesino, 2003), de Erik Van Looy. En esta, de manera equivalente, un sicario o asesino a sueldo se niega a completar un trabajo para una mafia, matar a una menor, y tras esa decisión se convierte en objetivo de los matones, para ser asesinado. O sea, un violento thriller de raíz americana meritorio en cuanto a entretenimiento e intriga.

En esta que ahora comento, un magnífico Martin Campbell lleva a buen término el libreto escrito por Dario Scardapane, Carl Joos y Erik Van Looy, adaptación de la novela de Jef Geeraerts. Campbell, de 78 años, demuestra que todavía puede dirigir un thriller ingenioso y fascinante. Estupenda música de Rupert Parkes y brillante fotografía de David Tattersall.

Este remake hollywoodiense de la mencionada peli belga se ve enriquecido por dos piezas importantes: el director (como es sabido, autor de uno de los mejores Bond de la serie, Casino Royale, 2006), y el celebérrimo actor que casi nunca defrauda, Liam Neeson, que a pesar de sus setenta años sigue dando la talla para estos personajes que entran al thriller del tirón o, como dice Oti: «de una patada en la puerta».

Alex Lewis (Neeson) es un esbirro con la particularidad de que empiezan a afectarle en su trabajo los primeros síntomas del alzhéimer: olvidos, distracciones, etc. Este es un aspecto importante, pero los detalles de la trama no son sólo la enfermedad cognitiva del protagonista —que es transversal al filme y que hace que tenga que ir escribiéndose notas en los brazos para no olvidarse de sus rutinas criminales—, sino que también aborda asuntos muy actuales, candentes y sangrantes, como la prostitución infantil, la incierta y siempre interferida justicia dominada por el poder y el dinero, la corrupción dentro de la policía o el tráfico y consumo de tóxicos y estupefacientes.

Hay algo importante que ocurre al hilo de todo esto. Después de que el agente del FBI Vincent Serra (Guy Pearce) rescate a una niña mejicana inmigrante de 13 años llamada Beatriz (Mia Sanchez) de una red de tráfico sexual, la infame y potente jefa del crimen Davana Sealman (Monica Bellucci), le ordena a Alex que acabe con todos los cabos sueltos, incluida la muchachita. Alex se niega a completar este trabajo, pues le plantea problemas morales. Se trata de la orden de matar a una menor involucrada, muy a su pesar, en una sucia trama de corrupción de menores de la que es testigo.

Esta negativa a matar niños, este acto de desobediencia significa atravesar una línea roja, como dice la poderosa Sealman. De esta guisa, Alex se coloca en el punto de mira de los mafiosos que lo perseguirán para matarlo hasta el cansancio. También la policía y el FBI le seguirán los pasos.

Con el sindicato del crimen y el FBI persiguiéndolo, Alex usa sus habilidades para mantenerse a resguardo e incluso contraatacando, excepto por una cosa: está luchando con una severa pérdida de memoria que afecta todos sus movimientos. Debe cuestionar, calibrar y medir al milímetro cada una de sus acciones, y adivinar en quién puede confiar.

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La acción y la violencia empiezan apenas comenzar la segunda secuencia y no decaen hasta el final, Campbell le impone una velocidad que atrapa y es muy entretenida de seguir, una cinta absorbida por el frenesí criminal de su historia.

Podemos decir que en el filme hay dos líneas de acción significativas que van en paralelo. Por un lado, está Alex Lewis gestionando sus problemas físicos y mentales mientras va eliminando a todos los implicados en la muerte de la chica que él se negó a matar.

Por otro lado, está la investigación de los crímenes acontecidos, liderada por el agente especial Vicent Serra (Pearce) junto a Linda Amisted (Taj Atwal) y Hugo Márquez (Harold Torres). Esta parte evidencia la falta de coordinación entre los distintos cuerpos de policía, locales y federales, así como la incapacidad que tiene la ley para impartir una justicia genuina y cabal.

En cuanto al reparto es bastante bueno y afina bien las cualidades y encantos de dos de sus protagonistas: un rocoso y esquivo Liam Neeson y un estupendo Guy Pearce, que interpreta a las mil maravillas el rol de un oficial del FBI contra el crimen organizado. Ambos con química: el asesino con escrúpulos y el policía discrepante e incómodo.

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En el reparto destacaría a Atwal y Torres como efectivos del FBI, muy medidos y bien en sus respectivos roles. Y hay un hueco en la historia para Monica Bellucci, algunos minutos que no resaltan demasiado sus cualidades físicas ni tampoco le dan para lucir sus cualidades interpretativas, haciendo de una villana corriente.

A propósito de los actores principales, cuando Neeson se embarcó en este proyecto cinematográfico, un amigo estaba pasando por lo mismo que su personaje: «Un buen amigo mío está pasando por las primeras etapas de demencia y es traumático y, al mismo tiempo, es fascinante verle ir a su propio salón y no reconocerlo. Mi cerebro de actor piensa: esto es fascinante y traumático al mismo tiempo». Y Bellucci adujo, en relación con el libreto de la película, que le gustó mucho porque es «muy impredecible y todos los personajes tienen la posibilidad de existir de diferente forma».

Además de los mencionados intérpretes, acompaña un elenco de secundarios muy eficiente, con nombres como: Ray Fearon, Ray Stevenson, Louis Mandylor, Stella Stocker, Lee Boardman, Antonio Jaramillo, Rebecca Calder, Kate Nichols, Atanas Srebrev o Daniel De Bourg, entre otros.

Escenas verdaderamente geniales se despliegan a lo largo del filme. Son muchas. Como esa que se desarrolla en un gimnasio poco iluminado, poca gente, un hombre de barba con sudadera y audífonos se ejercita en una cinta para caminar frente a un estacionamiento. Una figura encapuchada surge desde una lluvia torrencial con turbia noche, acercándose a la ventana. Saca un arma con silenciador, y así, el hombre que corría en la cinta es un hombre muerto, sangrante y desplomado en el piso del gimnasio.

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Y como esta, otras escenas de violencia elegantemente construidas, momentos en los que el tenso y duro thriller de venganza se alza para ser una producción más elevada que las muchas que circulan por ahí. Neeson todavía puede ir al grano y derrotar a secuaces engreídos de la mitad de su edad, en combates cuerpo a cuerpo, golpe a golpe y disparos certeros. Y la leyenda que dice: «Su mente se está desvaneciendo. Su conciencia está limpia».

La trama, que bebe del policíaco, deviene thriller ideológico que denuncia cierta política indolente de la policía y la justicia ante la inmoralidad de los ricos, ricos siempre dispuestos a dejar un rastro de cadáveres para tapar sus miserias y no mancharse las manos de sangre con sus delitos, lo cual delegan en criminales a los cuales pagan. Mas no de manera incondicional ni a cualquier precio, como apunta el filme.

En suma, la película tiene todos los pertrechos del género de asesinos a sueldo: teléfonos desechables, silenciadores, miras láser, tipos duros y bragados, y Liam Neeson, que esta vez es lo contrario del hombre de ley y orden que maneja métodos heterodoxos en pro de la justicia. Esta vez es un hombre fuera de la ley, directamente.

Un mercenario que se enfrenta a la inaceptable tarea de matar a una jovencita de 13 años. Una inmigrante indocumentada en un centro de acogida, lo cual traza un nexo de unión con viciosos intereses públicos y privados, con asesinatos sin resolver, como los que vemos en prensa, radio y TV a diario; asesinatos de innumerables niñas y mujeres en Juárez, México, al otro lado de la frontera con El Paso.

Pero antes de que su pensamiento se torne oscuro, antes de que su mente se apague de manera permanente, Alex-Neeson tratará por todos los medios de hacer lo correcto.

Escribe Enrique Fernández Lópiz

  

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