Hollyblood (2)

  07 Agosto 2022

Divertimento adolescente

hollyblood-0La búsqueda de la comicidad en el entorno vampírico no es novedosa en la historia del cine. A finales de los 60, Polanski realizó la divertida El baile de los vampiros y en los años 80 Noche de miedo combinaba terror y comedia asentando un modelo que se repetiría en multitud de ocasiones, tanto en cine como series de televisión (Buffy, cazavampiros).

La fascinación adolescente por el mito del vampiro, que en el fondo no deja de ser una historia romántica, tuvo su último hito en la saga de películas iniciada con Crepúsculo, donde ese amor entre un humano y un vampiro, en el quicio entre la adolescencia y el mundo adulto, servía para hilar una historia de pasión juvenil.

Estos referentes de terror y comedia adolescente son la materia con la que el guionista José Pérez Quintero y el director Jesús Font confeccionan una película que juega con todos los tópicos de ambos géneros para elaborar una comedia romántica que se marca como único objetivo el divertimento.

La obsesión de Sara (Isa Montalbán) por la figura del vampiro y una serie de coincidencias del destino hacen que Javi (Óscar Casas), un adolescente enamorado de ella, termine haciéndose pasar por un vampiro hasta que, en un juego de enredos, aparezca el vampiro real.

Con un reparto coral de adolescentes lo mejor que hace Hollyblood es describir ese mundo de locura efervescente propio de la edad donde un joven puede hacer cualquier cosa por amor. Unos chicos y chicas que, por diferentes razones, conforman un grupo de frikis que se retroalimentan en las dudas e inseguridades del mundo adolescente, pues ese es el verdadero tema del que habla la película: un joven tímido, una chica vitalista y un poco loca, una amiga en silla de ruedas, un youtuber de tres al cuarto que se cree un cazavampiros o un guaperas insoportable proclive a realizar bullying a los que le rodean; al que hay que sumar un vampiro atípico.

Hollyblood se deja llevar por el terreno de la comedia, a veces incluso más allá de la simple parodia, de una manera libre, buscando generar la risa en el espectador. Una apuesta fuerte en la que no establece límites o ataduras en la plasmación del humor gamberro. El clásico Crepúsculo sucumbe bajo la mirada irónica a través de la película que van a ver los jóvenes al cine en la que se hace escarnio de la belleza de los cuerpos o la lucha entre el vampiro y hombre lobo; pero también recurre a modelos tipo High School en la escena del polideportivo o los tarantinianos bailes de los protagonistas; o esas dependencias del colegio con cierto aire de terror gótico.

Jesús Font, que dirigió su primer largometraje hace 30 años, vuelve ahora a la pantalla grande tras desarrollar una extensa carrera en el mundo de la televisión; una experiencia que se plasma en la imagen visual de Hollyblood pues la película está narrada con oficio, sacando partido a cada una de las novedosas localizaciones –la ciudad de Valencia y alrededores– y poniendo en valor un reparto de adolescentes al que se añade la comicidad innata de un actor más veterano como Jordi Sánchez, que encarna al padre del protagonista.

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La película termina siendo una descripción sociológica del universo adolescente y, entre el terror y la comedia, se muestran las nuevas relaciones basadas en Internet, el bullying, las relaciones tóxicas, el veganismo o el romanticismo; todo ello envuelto en conceptos universales que afectan a la adolescencia de cualquier lugar y época: las dudas y las inseguridades con las que se afronta el tránsito al mundo adulto.

La combinación de géneros funciona de manera natural, alternándose en una narración fluida, que termina derivando hacia la comedia juvenil romántica. Hollyblood es una película gamberra, dirigida a un público juvenil y que, consciente de sus limitaciones, decide forzar la comicidad rayando en ocasiones casi el humor absurdo, donde unos chistes funcionan mejor que otros.

Cine veraniego que, a poco que el espectador entre en su juego, puede encontrar cierto encanto por su propuesta desenfadada.

Escribe Luis Tormo | Fotos Laia Lluch/Filmax

  

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