Ninjababy (3)

  16 Junio 2022

Una manera nórdica de enfocar el instinto maternal

ninjababy-0Desde luego tiene su dificultad hacer una película sobre un embarazo no deseado, la falta de instinto maternal, la posibilidad (imposible) de interrumpir el embarazo para, al final, plantear dar al bebé en adopción o, sencillamente, la búsqueda-aparición de un padre maternal.

Quien lo ha hecho es la noruega Yngvild Sve Flikke (un nombre que habrá que retener) en su segunda película, con resultado de cine nórdico que tiene humor, originalidad, una pizca de extravagancia, gancho, relato frío-emotivo-frío y que mantiene la atención.

Flikke es desconocida para el espectador español y con su obra inunda de emociones diversas donde no falta sensibilidad, ternura, afecto, simpatía y también sorpresa, amargura y tristeza.

Excelente la dirección de la Flikke que tiene un guion brillante de su autoría, junto a Johan Fastinge (a él se le ocurrió la idea del Ninjababy y desarrolló los personajes masculinos) e Inga Sætre, basada en la novela gráfica Fallteknikk de esta última, ilustradora y escritora, que captura los pensamientos de Rakel, la protagonista (Thorp). La odisea de una mujer joven que había optado por una forma de existencia libre a la vez que mediocre y que de un día para otro debe cambiar el rumbo de forma radical debido a un imprevisto y no deseado embarazo.

Acude Rakel a una clase de aikido con su compañera de piso Ingrid (Tora Dietrichson) y reconoce al profesor, pues tuvo con él una noche de sexo silvestre. Su amiga está algo mosca con Rakel, porque los cambios que observa en su cuerpo (pechos abultados), sus comportamientos anómalos, como beber excesivos zumos procesados, o dificultades en la micción, le hacen sospechar que pueda estar embarazada.

Rakel, con 23 años y un tanto atolondrada, se entera a los seis meses que está encinta, además no sabe cómo, cuándo ni con quién tuvo el hijo; esto le supone un conflicto personal, moral y social. La chica vive fuera de cualquier norma, dibuja cuanto imagina y habla lo que se le canta y como se le antoja de todo el mundo. Además, tiene diversos proyectos como ilustradora y ahora, por lo avanzado del embarazo, no puede abortar, todo al traste y debe continuar adelante la gestación.

En su vida de cervezas, amores pasajeros, drogas y dibujante de cómics no había cabida para la maternidad. Antes de tomar decisiones comienza a dibujar su Ninjababy, personaje que no le pondrá fáciles las cosas. Recuerda este filme al de Joachim Trier La peor persona del mundo (2021), pues también nuestra protagonista, al igual que aquella en similar circunstancia, se da cuenta de que no está para incertidumbres ni experimentos y debe buscar soluciones eficientes cuanto antes.

Vienen, así, las aventuras de Rakel por encontrar al padre de la criatura, o por preparar el camino hacia la adopción del bebé y subraya las contradicciones morales del personaje, aunque al final, con un poquito de trampa, se mete en una especie de comedia romántica en que todos, incluido el macho-alfa, se redimen.

De manera que, aunque Rakel consiga su independencia, siempre hay por ahí un hombre con «instinto paternal» para arreglar la cosa. Por cierto, su amiga Ingrid saca a colación la peli Mamma mía, en un tono jocoso pero acertado, por eso de la multiciplidad de padres.

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La situación de la joven con sus parejas es absolutamente demoledora. Por un lado, tenemos al amoroso profesor de aikido Mos (Nader Khademi), el hombre que inicialmente ella imagina que es el padre de la criatura, el único personaje afable, amoroso y tierno en la historia. O el sorprendente y definitivamente supuesto padre del bebé, un irresponsable desharrapado y desaseado sujeto a quien llaman «Jesús el de las pollas» (Arthur Berning), quien acabará convirtiéndose en madre para sorpresa del espectador.

Todo ello está tratado con frescura y cierta irreverencia, con naturalidad y una extraña afectividad, donde parece que son los varones los maternales, los que quisieran quedarse con la criatura desde antes de nacer, por oposición a Rakel, la madre, que quisiera despertar de un mal sueño sin criatura en su vientre.

En la cinta hay angustia y miedo, meteduras de pata que acechan tras cada decisión importante, una historia de jóvenes nacidos entre los años 90 y 2000, un colectivo más despreocupado que las generaciones anteriores y más desapegados, con familias disfuncionales o, directamente, sin padres ni madres, que por cierto no aparecen en la trama. Peli con jóvenes sin padres.

Resulta llamativo que, además de ser el lenguaje de Rakel y sus amigas procaz y hediondo, aparte de eso, no hay ni pizca de sentimientos genuinos, la palabra amor no existe en el filme, no así la cosa de follar, no hay sentimientos positivos y toda la relación íntima se ciñe y limita al sexo simplemente, a la cerveza o los hongos alucinógenos.

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Me ha gustado una música sugerente y envolvente de Kare Vestrheim y excelente la fotografía de Marianne Bakke, así como el juego con las imágenes de animación («animación emotiva», como la define Flikke). Hay variedad de estilos de animación: bocetos en tinta sobre paredes cotidianas, instantáneas de la vida del feto en el útero al modo de animación con plastilina. Muy interesante.

El reparto es atractivo, con una Kristine Kujath Thorp que se mete dentro del personaje de Rakel, una muchacha que camina ligero, suelta de cuerpo, ajena a todo compromiso, despistada y tan alegre que ni repara en la criatura que lleva en su interior, fruto de una relación esporádica con un estúpido de antología. Y Flikke que sabe crear una comedia dibujando los tropiezos y rayadas de la joven desde la simpatía y el desparpajo.

Destacan también Tora Christine Dietrichson, como su buena amiga Ingrid; Arthur Berning, el de las pollas y potencial padre, que está muy suelto y comunicativo en su rol de machote preñador. Me gustó particularmente Nader Khademi, un personaje entrañable, el único que en rol de hindú o algo así, se muestra afectuoso y cariñoso con la protagonista y el único que sale fuera del frío molde nórdico.

Vis humorística teñida de drama, ambos por parejo, adobado con frescura, amoralidad y sinceridad, muy propias de nuestra época y del mundo que vivimos. Acompañan actores y actrices poco conocidos en nuestros cines, que cumplen muy bien con unos papeles un tanto gamberros y alocados, como Silya Nymoen, Evelym Rasmussen Osazwa, Trine Wiggen, Morten Svastveit, Janne Heltberg y Kajærsti Odden Skjeldal. El detalle, no menor, es la baja calidad del doblaje, por lo que, sin duda, es mejor ver la película en versión original subtitulada.

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Flikke consigue una obra de corte feminista muy creativa, organizando la puesta en escena tanto en el interior de la mente de la protagonista como fuera, en una mezcla de ideas, dibujos y sketchs con humor y cierta impudicia. Refleja la relación de la joven Rakel con su feto que es dibujado y se filtra en el plano y en la trama con imágenes propias de la ilustración o del cómic, con diálogos psicológicos y existenciales de la criatura y la madre, y viceversa, la joven en diálogo con una versión animada de su hijo por nacer, que comparten pensamientos sin restricciones que de otro modo podrían haber sido forzados o incómodos, y el niño con máscara que responde con su propio arsenal de comentarios cáusticos y mordaces.

Sentimientos reflejados en el personaje al que llama Ninjababy, que en forma de dibujo animado aparecerá continuamente insertado en la película y en las más rocambolescas poses y circunstancias, lo que incluye cuando la madre hace el sexo y el feto ninja es impregnado de esperma, para su enojo y malestar. La cosa, amén de divertida es igualmente conmovedora, aún «dentro de la aspereza general y en los líquidos corrosivos en los que está disuelta la historia» (Oti Rodríguez).

Bromeada, divertida, directa y ecléctica, es una película perspicaz, que asume el desorden de la vida con calma, pero también con cierta melancolía que, aunque más escondida, queda suficientemente sugerida tras la cultura noruega que, por cierto, no es la nuestra.

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En esta cinta Flikke, al parecer una cineasta que gusta cuestionar los límites de género, defiende con uñas y dientes su rechazo al discurso oficial sobre el instinto maternal. Como ella misma ha declarado: «El embarazo es la sensación más absurda que jamás haya experimentado».

Y nuestra directora añade: «Cuando Rakel se siente atrapada, se vuelve agresiva y pelea. Vulgar es otro adjetivo que creo que se les niega a las mujeres. Si yo digo algo vulgar, la gente reacciona, pero cuando lo hace un hombre está bien. Sin embargo, cuando las chicas están solas, pueden ser honestas y directas. Rakel dice cosas descabelladas, como que todos los niños de 12 años deberían hacerse una vasectomía. Cuando tienes una buena amiga, puedes decir esas cosas en voz alta».

Película interesante. Desde mi manera de ver, algo chocante y peregrina; no sé si por venir de una cultura diferente a la latino-mediterránea, o sencillamente por pertenecer yo a una generación diferente a la de la directora (1974) y a una educación donde la maternidad (y el instinto maternal) tiene un valor importante. Pero bueno, la recomiendo a modo de exotismo del norte.

Escribe Enrique Fernández Lópiz

  

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