Animales fantásticos: Los secretos de Dumbledore (2)

  22 Abril 2022

Entre magos anda el juego

animales-fantasticos-3-0Cuatro años después de que abrazáramos al estreno del segundo eslabón de esta cadena de magia, ahora asistimos el tercer episodio que entendemos como la mente y corazón de esta saga spin-off orquestada por J. K. Rowling. Y es aquí donde empezamos a entender de qué va verdaderamente todo el entuerto de lo que se supone será una pentalogía.

Ahora ya queda claro que durante las dos primeras entregas de lo que hemos visto no era sino un mero prólogo a lo que viene siendo este, el núcleo central del imaginario de la autora. También queda patente que no estamos ante una historia de niños de potencialidad y estirpes mágicas. Esta es una historia que pisa de lleno en el terreno de lo adulto, lo que de algún modo le resta encanto al producto en sí mismo si recordamos las aventuras de aquellos tres niños cuyos nombres resuenan en nuestras cabezas desde hace ya más de veinte años.

En el arranque de esta nueva saga, nos dedicábamos a confraternizar con los cuatro personajes que nos mostraba Rowling. Dos parejas con química amorosa que serían el vehículo para llegar al punto en el que nos encontramos hoy. Cierto es que aún quedan dos películas más que completen la historia, pero todo hace sospechar que el protagonismo del cuarteto era un mero despiste para llevarnos ahora por otros caminos narrativos. Y algo parecido sucedía en el segundo episodio, aunque ya adquiríamos conocimiento y causa de uno de los verdaderos epicentros de la función.

Lo vamos a decir ya. A tenor de lo visto en esta nueva obra de la saga, el protagonista no es Newt Scamander, que debía devenir (o a eso apuntaban las pistas al menos) en algo así como el nuevo Harry Potter. El auténtico corazón —y la elección de palabras no es casual— de esta franquicia es Albus Dumbledore. Y podemos añadir que lo es, junto a su alma-némesis Gellert Grindelwald. Así las cosas, ¿podemos pensar que los dos capítulos previos han sido mera distracción?

Es como si los guiones-libro de Rowling no acabaran de estar plenamente concretados en la historia que quiere contar y funcionaran a trompicones. Aunque por otro lado esta es la entrega que goza del guion más completo y también más enrarecido de todas las cintas que hasta hora componen esta serie.

Se trata de una historia que carece de la secuencia de apertura que normalmente nos deja boquiabiertos (la tiene, pero mucho más rebajada) y tampoco ofrece momentos de verdadero clímax. Es como si esta obra quisiera ser magia para adultos, algo que ya sucedía en la anterior película. Todo resulta más serio, más grave, y entendemos que el quid de la cuestión también resulta mucho más afligido.

Realidades y ficciones

Si estábamos hablando de cosas intra cinematográficas, también es cierto que lo extra cinematográfico ha hecho mella en el resultado final de esta obra. Katherine Waterston, quien parecía uno de los MVP de la función hasta ahora y de la que debíamos enamorarnos, sale en unos cinco minutos o menos de las dos horas y pico que componen el metraje (el motivo lo tienen a golpe de Google); Johnny Depp ha desaparecido cediendo su rostro a Mads Mikkelsen sin dar cuenta alguna de ello (las razones son vox populi) y el personaje de Ezra Miller (recordemos a Creedence, quien hasta ahora era uno de los  indiscutibles de la función) aquí es una simple anécdota que a nadie interesa. Una vez más, la realidad gana la ficción y la problemática que rodea también a este actor han derivado en su relego de la obra.

Y luego está Newt Scamander quien de estrella fulgurante ha pasado a secundario de lujo. El personaje aquí funciona más como invitado peculiar y tan sólo tiene una escena en la que reina su protagonismo, la más infantil y ridícula, aunque también una de las más icónicas de toda la cinta.

Por suerte, Dan Fogler sigue teniendo destacada presencia y el tono general de la cinta se eleva con un fabuloso Jude Law y el mencionado Mikkelsen. Cuando la obra se centra en el presente, pasado y futuro de estos dos caracteres es cuando el tono general de la cinta se eleva sin parangón y fluye la magia en el aire.

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David Yates, su director y coguionista, se sabe muy bien la lección. Hacer cine artesanal combinado perfectamente con toda la artillería visual es su virtud, aunque nunca la excede, sino que opta siempre por la corrección. Lo que hace que el filme esté limitado por su propia condición. Se mantiene siempre dentro de unos límites que no se atreve a sobrepasar. Quizás alguna secuencia de mayor dramatismo, o emocionalmente más resonante o desternillante, serviría para darle más entidad a estos episodios.

Rowling, por su parte, sigue haciendo su trabajo. Es innegable la capacidad que tiene para crear historias completas de fondo y hacer narraciones transversales encima que combinan los elementos de manera magistral, aunque se esté apoyando demasiado en alargar las distracciones, introducir secuencias y personajes superfluos o ir improvisando por el camino. Aunque suponemos que esta responsabilidad le pertoca a ella por obra y gracia de las exigencias productoras.

Animales fantásticos 3 sigue manteniendo el interés, incluso más ahora que vemos el verdadero motivo argumental de su existencia y vemos claramente la dirección que va a tomar. Sigue haciendo buenas cifras y sigue dando juego a la hora de analizar su contenido.

Quizás la magia haya aminorado y su vertiente adulta la esté lastrando, pero quien esto suscribe quiere seguir viviendo las peripecias de estos personajes, lo que no deja de ser magia.

Escribe Ferran Ramírez

Más información sobre esta saga de J. K. Rowling:
Animales fantásticos y dónde encontrarlos  
Animales fantásticos: Los crímenes de Grindelwald  

  

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