Código emperador (2)

  04 Abril 2022

Thriller de espionaje con vocación internacional

codigo-emperador-0Estamos ante un thriller de espionaje ambientado en las cloacas del poder. Comienza la obra cuando la empleada de hogar filipina Wendy (Alexandra Masangkay) es rescatada de un supuesto rapto por Juan (Luis Tosar), un agente para todo del cual, en el transcurso de la cinta, sabremos poco salvo de su dureza, aunque también tenga su corazoncito: un duro que conocerá el amor.

Juan es un policía que trabaja para los servicios secretos y el verdadero motivo de la falsa ayuda a la joven (todo era un truco), es acompañarla de vuelta al domicilio donde trabaja y colocar micrófonos y cámaras en la casa de los empleadores, que son sospechosos de traficar con sustancias radiactivas terribles, próximas a lo nuclear.

El agente acabará por establecer con la muchacha una relación que cada vez será más íntima y compleja. Entre otras, ambos gustan del cine y se citan para ver asiduamente películas (guiño a la cinefilia).

En paralelo a su actividad oficial de poli, Juan realiza otros trabajos «no oficiales», para proteger los intereses y la vida de ciertas élites poderosas del país, que ahora se han fijado en un político mediocre llamado Ángel González (Denis Gómez), en el cual pretenden buscar puntos negros, trapos sucios o «inventarlos» para poder chantajearlo.

Nuestro agente tiene mucho trabajo. También tiene licencia para varios pecados capitales, cual James Bond, pero sin glamur, tosco, pero un auténtico profesional: «un tipo audaz y listo, un fontanero de las cloacas del poder al que le encargan misiones que después no salen en las noticias» (Belategui).

También nos vamos a ir enterando de que cuando deje de obedecer a ciegas y comience a hacerse preguntas, tal vez las respuestas no le gusten, lo cual culminará en un final sorprendente.

Película española al estilo norteamericano que resulta una experiencia intensa, aunque con algún que otro fleco o subtrama sin cerrar. Es una cinta de alta velocidad, hábilmente diseñada a través de los oscuros y ásperos túneles del poder policial y del propio Estado. Es el cuarto largometraje de Jorge Coira, una especie de intento español un poco anómalo de unir el género policial-thriller-yanqui con lo institucional y lo político español, en cierta fábula real.

Dirección, reparto y aspectos técnicos

El filme tiene pulso y cumple sobradamente con los niveles dramáticos, de ritmo y de tensión, como para que el espectador se mantenga en la butaca y fijada la atención en la pantalla. Como apunta Pinilla: «La película entretiene, pero bajo su pátina de color verde, característica también, lo que acontece importa menos que lo que subyace. Y es que el poder se perpetúa cuando la corrupción es endémica y la extorsión, sistémica».

De hecho, Coira consigue en este filme un retrato de claroscuros, sugerencias y palabras a medias, señalamientos. Lo suficiente para que el espectador tenga una visión de conjunto vaga, pero verosímil, y quede enganchado a la trama.

Un mérito que concierne también a Coira es que todos los actores brillan con luz propia. El peso principal de la cinta cae sobre los hombros de un confiable Luis Tosar, bien acompañado de la etérea y dulce Alexandra Masangkay, amén de unos eficientes Georgina Amorós, Denis Gómez, Miguel Rellán, Laura Domínguez, María Botto, Fran Lareu, Aarón Piper, Juan Carlos Vellido, Santi Prego, Erik Novák y Patirke Mendiguren. Un elenco cuidadosamente elegido, armónico y sintónico, que da un excelente resultado para una cinta con vocación internacional.

Buena la música Xavier Font y Elba Fernández, que acompaña la tensión del thriller muy bien, junto a una conseguida fotografía de Pablo Rosso en tonos oscuros, como corresponde a la temática.

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Guion y buenos mensajes

Excelente libreto escrito por Jorge Guerricaechevarría. Guion donde hay una ambigüedad calculada, operaciones policiales inconfesables y enigma moral en la profesión y quehaceres del protagonista, incluso en su propia vida privada, aunque más allá de su trabajo, el lobo solitario que es Juan no tiene mucha vida personal. Este es un apartado que el guion del veterano Guerricaechevarría explota inteligentemente, el de una intriga creíble que funciona con precisión.

Pero tratar heroicamente de salvar el mundo es solo una parte del trabajo de Juan, que sigue las instrucciones de su paternal jefe Galán (el querido Rellán, muy lucido e ingenioso). De hecho, Juan es, además de oficial de policía y otros, alguien que se emplea en encubrir escándalos, solucionar entuertos varios. Lo hace con elegancia, como cuando un famoso futbolista (Aron Piper) golpea a su novia. Lo importantes es, como dice Galán: «que España siga siendo el mejor país del mundo para vivir».

Hay también un interesante capítulo cuando Juan es el encargado hacer dudar sobre la reputación de los políticos, que luego podrá utilizarse como forma de chantaje (el chantaje como importante moneda de poder). Uno de esos políticos, el limpio y acicalado González (un Gómez fidedigno), un incauto político de tres al cuarto, atípico en su rol de diputado, que parece honrado y cae en una trampa sexual cuyo cebo es Marta (una Amorós inspirada).

Y el periodismo, parte muy interesada en todos estos tinglados. El punto donde converge todo esto lo resume la reportera Charo (estupenda Botto), desesperada por su próxima primicia y también en la extensa lista de contactos de Juan.

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Pero claro, gran parte de cuanto hace nuestro personaje es poco heroico a la vez que putrefacto, y los espectadores españoles se darán cuenta rápidamente de las similitudes con un caso de la actual vida policial patria, como el famoso comisario Villarejo, que preside las noticias y al que conocemos como inspector acusado de todo tipo de actividades criminales para hacer tambalear al Estado y a las instituciones.

Entre las verdades cambiantes que componen el mundo de Juan y sus cualidades y pericias, una de ellas y muy importante es su capacidad de autocontrol y perspicacia, lo cual tiñe el tono de la película. La cosa es que esta autoridad se pone a veces al servicio de fines cuestionables y dudosas, o más que dudosas, delictivas. Aunque él es siempre un mandado.

El personaje de Wendy es de los pocos genuinos y francos que ha conocido el rudo policía; la única persona que no finge ser alguien diferente a ella misma. Por lo que se siente atraído por su inocencia, a la vez que esta mujer auténtica provoca que su vida se tambalee, le hará interrogarse sobre su propia persona y sobre su propia identidad, y lo enamorará.

Este es uno de los mensajes principales del filme, el de que tras los más turbios asuntos políticos y de las cloacas del Estado o de la propia policía, hay personas y actores de estos estamentos que en algún momento caen del caballo y se persuaden, como Juan, de que la verdad existe, que la verdad es posible e incluso necesaria («la verdad os hará libres»).

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Los políticos y mandos policiales

Lo que se cuenta en la peli es absolutamente tremendo. También pegado a la realidad que todos conocemos. Y aunque sea penoso, la mayoría de los ciudadanos sabemos que es así. Estamos controlados y manipulados, no necesariamente para bien: nadie escapa a esa vigilancia policial, del Centro Nacional de Inteligencia o de lo que sea; quien no lo crea que enchufe la TV un rato o le dé una ojeada a Orwell.

Hay un discursete que Galán le dirige a Juan, al final del filme, que es una sucinta clase introductoria sobre la corrupción institucional, que sintetiza muy bien las cosas. El poder operando a través de los favores que el estado, las finanzas y los medios de comunicación se hacen mutuamente; y mientras, gran parte de la información (que el espectador necesita para dar sentido a una trama de rápido movimiento, pero coherente), se entrega a través de pantallas de ordenador, utilizando un Internet fluido y dinámico que funciona más que bien.

Una narración suficientemente intensa y bien llevada. Podemos ver desvíos a Budapest y Panamá, para recordarnos cómo es el crimen organizado internacional.

Tosar aporta en todo momento sus toques de calidad a los proyectos a los que está vinculado, a todos, mentira tras mentira que Tosar interpreta convincentemente, como el excelente actor que es.

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Nadie hace mejor la combinación duro y tierno, o ese caminar por una habitación amenazadoramente. Y como he dicho, las otras actuaciones son sólidas, con actores y actrices que encuentran matices en personajes cuyo tiempo en pantalla es inevitablemente limitado.

No hay demasiado humor, pero sí ingenio. El humor escasea, pero hay chispa. La edición y el montaje de Sandra Sánchez se mantiene satisfactoriamente. Y, lo más importante, podemos visualizar la podredumbre que puede esconderse bajo las viejas alfombras de los edificios de la capital en los que, suponemos, los servidores públicos trabajan para los ciudadanos.

Cierre

Película que está bien, de lo mejorcito en la cartelera a comienzos de abril. Un thriller con trazas hollywoodienses, un guion bien escrito y unas interpretaciones buenas donde destaca un Tosar rocoso y tierno a la vez. Un personaje que finalmente toma insight de su situación, del mundo en que vive y los despropósitos a que se ve impelido, un hombre al que el amor le hace ver con una amplitud que le ilumina otro destino.

Luis y una muchacha a la que le lleva algunos años, una joven que confía y cree en él: mucho para un hombre perdido entre tanta miseria y despropósito.

Escribe Enrique Fernández Lópiz

  

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