En un muelle de Normandía (2)

  07 Marzo 2022

Ficción-realidad: conocer un mundo de precariedad y escasez

en-un-muelle-de-normandia-00Para situarnos, el director de esta cinta es Emmanuel Carrère, un hombre con antecedentes familiares intelectualmente sólidos y un escritor cuya obra destaca por la mezcla de ficción y no ficción, reflejando su propia experiencia al son de la historia que cuente. En 2017 fue ganador del premio FIL de Literatura en Lenguas Romances y en 2021 recibió el premio Princesa de Asturias de las Letras.

Este es el tercer largometraje dirigido Carrère: después del documental Retour à Kotelnitch (2003), tras la pista de un prisionero de guerra húngaro; y La moustache (2005), filme kafkiano cargado de paranoia; ahora, el que me dispongo a comentar es un filme que en sus primeros momentos se parece al cine social de los hermanos Dardenne o de Ken Loach.

El guion de Carrère y Hélène Devynck no procede de una obra de aquel, sino de una novela de Florence Aubenas, quien quiso indagar sobre la explotación. Para ello se fue a vivir a Caen, una ciudad deslucida, mediocre y portuaria, una urbe tan anónima como la nueva identidad que adoptó Florence, quien se hizo pasar por una mujer cincuentona, sin titulación y en busca de empleo. Es la experiencia que relató en el libro, ahora llevado a la gran pantalla: escritora que su deseo de escribir sobre el aciago mundo de los trabajos duros y mal pagados, se hace pasar por una humilde limpiadora, para sufrir en sus carnes la temática que le interesaba.

Hay que decir que la Aubenas fue muy reacia a que se llevara al cine un trabajo personal que implicaba a otras personas, muchas veces tratadas indignamente. Por eso, pidió que fuera otro escritor, en este caso su colega Carrére, el encargado. Excelente idea, pues el novelista y director sabe extraer lo mejor de la experiencia relatada por Aubenas, tal las lindes éticas que transitó al adoptar su rol e integrarse entre otras mujeres explotadas de la línea de ferris que unen Francia con Inglaterra.

Arranca la cinta de manera lúcida y brillante, de forma atenta al gesto de la protagonista. La dinámica de cada uno de los trabajos que describe convierte el trayecto de la intérprete «en un doliente calvario antropológico de las heridas del sistema que nos hemos dado. Y tan profundamente injusto» (Martínez).

La película nos introduce en el sufrimiento de unos personajes en una oficina de empleo en Caen, en Normandía. El retrato doloroso y veraz de la cotidianeidad precaria en lo laboral, y los términos en que se desenvuelven los servicios sociales que hacen por apaciguar tanto desgarro.

Tiene una dirección de Carrère briosa y con una eficaz presentación de los personajes, un estudio perspicaz de los mismos, con sus interrelaciones laborales, vida familiar y laboral.

Lo que vemos es que, conforme avanza el filme, la voz en off de la protagonista principal, Marianne (una Juliette Binoche desmaquillada), intercala un importante mecanismo de distorsión. Es el momento en que el espectador se percata de que la mujer de mediana edad y en paro que interpreta la Binoche no es tal, sino una señora que se hace pasar por una mujer que busca empleo, lo cual que acaba en una especie de privilegiada infiltrada.

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Carrère habría podido hacer que el personaje advirtiera su identidad de protagonista, que en realidad es Marianne Winckler, una reconocida escritora que quiere escribir un libro sobre la dificultad laboral, viviendo de primera mano esta realidad. Pero Marianne oculta su identidad y se hace pasar por limpiadora en un lugar gris al norte de Francia, y poco a poco va descubriendo una realidad en la que acucia la necesidad, en la que cada moneda ganada o gastada tiene su importancia. Un tipo de vida y de trabajo ignorado por el común de la sociedad, mujeres en este caso, casi esclavas que han de lavar los baños, limpiar las habitaciones y hacer las camas en un Ferry, a destajo.

Crítica social sobre la diferencia de clases y una prueba de que en las peores condiciones puede surgir algo tan valioso como la amistad y la camaradería. Pero cada uno en su lugar es la última premisa de esta historia, que puede ser real y suceder en cualquier parte del mundo.

A través de este artificio de Carrère con el espectador, la historia se sitúa en una esfera de interés para nuestro escritor. Porque en esta obra se evidencia y se traslada a la pantalla la cruda realidad de las limpiadoras, el drama que deben vivir cada día y la explotación a la que son sometidas.

Pero no se queda en este extremo el filme, sino que encierra un punto muy importante, una reflexión en sintonía con Carrère, sobre «cómo ciertas aproximaciones realistas implican siempre cierta dosis de impostura» (Iglesias).

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Estamos una hibridación entre la ficción y el documental (docuficción), donde una actriz fantástica y conocida como la Binoche se coloca en un entorno realista de penuria, lo cual funciona como un artificio que nos recuerda a cada instante la naturaleza adulterada y construida del filme, a la par que da cohesión y firmeza a la vertiente melodramática de lo que aparenta ser un documento social. Incluso quien ve las imágenes puede interrogarse sobre la ética inventar una fábula, un cuento, para narrar una realidad como si fuera relatada desde una persona auténtica, desde un yo verídico, cuando en realidad no es así.

De hecho, las escenas en el autobús que les lleva hasta el muelle, el interior del Ferry, la prisa con la que tienen que trabajar, los rostros esforzados, todo ello semeja más un documental que una película de ficción, pero es ambas cosas a la vez.

Suena una sugerente música de Mathieu Lamboley, pausada y martilleante, junto a una muy buena fotografía de Patrick Blossier, todo lo cual hace al drama que se narra y a unos paisajes y panorámicas de días grises y lluviosos del norte francés, que hacen más deprimente aún la situación que se cuenta.

Con un tono narrativo cuasi esterilizado, ante nosotros presenciamos una historia en clave periodística interesante, historia que evoluciona hasta llegar a un punto que es cuando la protagonista se da cuenta de que fregar baños y otras lindezas puede ser mejor que hacer camas, pero peor que ser una pija escritora. Lo cual no impide que vaya haciendo sus primeras amistades en ese mundo de las limpiadoras.

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A pesar de la dureza de la experiencia, aflora la solidaridad y el respaldo de las colegas de faena y se crean fuertes lazos de amistad entre Marianne y ellas. Ayuda recíproca que lleva a intimar en lo que se pueda y a cierto modo de confianza y familiaridad. Como cuando Marianne va a casa de una compañera de faena a celebrar su cumpleaños.

El asunto difícil se plantea cuando surge la interrogante sobre qué ocurrirá cuando se sepa la verdad de que ella no es una limpiadora más sino una escritora burguesa con recursos económicos sobrados.

En este punto la historia se torna más reflexiva, perdiendo en cierto modo fuelle, pues ahora la cosa es si no es una manera de falsedad e incluso traición engañar a sus nuevas amigas proletarias con la intención de triunfar e incluso vender más libros, en parte a su costa. La misma Marianne duda; no está mal.

Sin olvidar que el filme hace aflorar otros excesos, no en aras a la verdad, sino tendentes a la mentira, la ocultación e incluso la explotación, mucho peores.

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En lo que concierne a las actrices están todas más que bien, la Binoche y desconocidas mujeres como Didier Pupin, Emily Madelaine, Evelyne Porée, Hélène Lambert, Léa Carne o Louise Pociecka, entre otras. Y el mimetismo entre las participantes, actrices no profesionales y la Binoche, «un retrato veraz de esa tundra capitalista del primer mundo donde la solidaridad obrera es la única brasa de humanidad que calienta un poco» (Partearroyo).

Marianne va estrechando relaciones con sus compañeras. Pero este hecho no ocurre tan sólo en la ficción, ya que Juliette Binoche, la única actriz profesional, se involucró plenamente en ayudar al resto del elenco en sus trabajos interpretativos. Mujeres que nunca habían rodado ninguna película y que durante meses ensayaron un par de veces por semana (este es el doble plano del filme), para que saliera bien la peli.

Mujeres de las que dan el callo, cuyos roles, cuyo visionado en plena dura faena, podría hacer —y ojalá que así sea— que los que ven la película, en un futuro, sean más próximos y sensibles con esas señoras, pues son por lo general féminas de cierta edad, que se dedican a limpiar y adecentar las oficinas, las habitaciones de hotel, los cines y teatros, o sencillamente, la propia casa.

Queda también para la reflexión el espinoso equilibrio entre objetividad y subjetividad que sustenta el relato de lo real. Debo decir que esto ha sido llevado a cabo por investigadores que se han metido en persona dentro de entornos sociales o instituciones para indagar por propia experiencia, qué ocurría en esos centros con aquellos residentes o internos.

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Como el sociólogo canadiense Erving Goffman, en sus estudios «micro-sociales» sobre la situación social de los enfermos mentales internados en los antaño manicomios o frenopáticos, para lo cual convivía con los propios enfermos. O el psiquiatra Paul Claude Racamier, que también convivió con enfermos mentales. O yo mismo me he visto envuelto en esta dinámica de investigación, viviendo y analizando como observador, dentro de diversas instituciones geriátricas, para conocer fidedignamente la vida de los residentes y del personal asistencial. Para mí, en el terreno de la investigación, esta es una vía muy interesante e incluso necesaria (y valiente) para conocer la verdad de las cosas y situaciones de manera vívida.

En fin, hay más investigadores del campo de las ciencias médicas, sociales, la antropología, etc., que se han introducido en una institución o comunidad, sea una tribu de indígenas (M. Mead), una cárcel, un hospital psiquiátrico o un recinto militar, para interiorizarse de lo que ocurre en esos microclimas sociales.

En el caso de esta cinta, el protagonismo es el de una escritora infiltrada entre un pelotón de limpiadoras, para patentizar desde ese interior y en su literatura, sus angustias económicas, su precaria situación y su evidente falta de futuro.

Película que rastrea en las miserias de los trabajos mal pagados y la mala conciencia que crea en la conciencia de los mejor pagados, lo cual nos hace pensar un poco y nos estimula a la reflexión sobre ese engaño con apariencia de verdad de Marianne como vía para entender, comprender, analizar y explicar una realidad penosa.

Escribe Enrique Fernández Lópiz | Fotos Karma Films

  

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