Visitante (2)

  16 Febrero 2022

Dimensiones caóticas

visitante-0Visitante (2021), el debut en la gran pantalla de Alberto Evangelio, posee un mérito doble. En primer lugar, hay que celebrar su propia existencia porque las imágenes dejan ver las dificultades para poner en pie un proyecto de estas características debido a su escasez presupuestaria, y más en un género como el cine fantástico que necesita de una mayor inversión para hacer creíbles las historias.

Y en segundo lugar, es frecuente que en el primer largometraje se tienda a asegurar el tiro evitando riesgos innecesarios respecto a la estructura narrativa del filme; no es el caso de Visitante, que se aventura por terrenos complejos, aunque de forma implícita esa apuesta ambiciosa sea una de las causas que terminan lastrando el resultado final.

La película, estrenada en la pasada edición del Festival de Sitges, es la culminación de una carrera de más de diez años en el terreno del cortometraje fantástico o de terror (La cruz, Doncella dormida, Alexis, Casa, etc.) y parte de la temática de estos trabajos —la presencia de los niños, la violencia masculina, los sucesos paranormales, la casa como espacio dramático— tiene su trazo en el guion de Visitante.

El inicio del filme nos remite a las raíces familiares mediante una serie de imágenes en formato doméstico que anclan a la protagonista a su pasado trágico —la muerte de su hermana cuando eran niñas— en una escena en que la realidad familiar se une a un extraño suceso con la presencia de un fenómeno extraordinario.

La película salta a la actualidad para presentarnos a Marga, una mujer que en plena crisis matrimonial decide trasladarse a la casa familiar mientras se realizan una serie de reformas. En esta casa aislada, donde ocurrió la tragedia familiar, la protagonista abre un periodo de reflexión replanteándose lo que ha sido su vida hasta ese momento.

Partimos de un inicio asentado en el drama cotidiano de una mujer que busca su propio camino alejándose de su marido; un marido que, dentro de su amabilidad, muestra un rasgo oscuramente controlador. La casa aislada, alejada de la urbe, significa esa vuelta a las raíces en donde Marga puede concentrarse en su trabajo, vigilar las obras de la reforma o iniciar una relación con un antiguo excompañero.

En ese ambiente de aparente normalidad irrumpe lo sobrenatural mediante pequeñas señales reconocibles por su pertenencia al género fantástico (ruidos, sonidos, objetos que se mueven) y que emparentamos con esas casas que terminan asfixiando al personaje.

En ese plano que oscila entre el drama y la fantasía asociada a traumas del pasado, donde se visualiza la fragilidad de la protagonista, la película se mueve con agilidad, realizando paulatinamente el tránsito entre la realidad y el relato de ciencia ficción.

Tras el primer tercio del filme, el guion muestra sus cartas y plantea el nudo central desgranando diferentes universos que van haciendo cada vez más compleja la estructura de la película. Marga y los diferentes personajes escenifican su dualidad en una trama que termina destacando la existencia del bien y del mal.

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Un bien y un mal difuminados que ponen de relieve que la realidad es múltiple y variada, donde no todo es blanco o negro, sino que los matices dominan el espectro que define a los personajes.

La existencia de dimensiones paralelas y el viaje metafísico que la protagonista realiza, todo ello conectado con un misterioso objeto, simboliza esa dualidad (como las imágenes reflejadas en el espejo). Esta trama fantástica sirve de contenedor para establecer un laberíntico juego entre pasado, presente y futuro en el que el espectador queda atrapado como los personajes del filme, intentando encontrar la verosimilitud necesaria —aunque nos movamos en el terreno del fantástico o terror— que no siempre se cumple.

Las mejores bazas de Visitante se encuentran en la recreación de un ambiente claustrofóbico que encierra al personaje de Marga, una solvente Iria del Río, situándola en el límite para enfrentarse a sus propios monstruos interiores. La película saca partido a una única localización, ese caserón aislado, en el que caben todos los recursos propios del género de terror.

Por el contrario, la ansiedad por introducir giros continuos en el guion termina disociando la línea principal que deja a muchos personajes secundarios definidos de una forma muy plana, como el marido (Miquel Fernández) o el amante (Jan Cornet) y enredándose en subtramas que obligan a precipitar la película en su parte final para resolver la historia.

En Visitante, la escritura termina imponiéndose a las imágenes, al propio hecho cinematográfico, y este elemento impide disfrutar de un filme en el que Alberto Evangelio sí deja claro su capacidad para mantener la tensión durante todo el metraje recreando una atmosfera inquietante, aunque no pueda resolver la diferencia entre la intención y el resultado final.

Escribe Luis Tormo | Imágenes Filmax

  

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