No mires arriba (4)

  04 Enero 2022

El Armageddon de nuestros tiempos

no-mires-arriba-0La trayectoria cinematogràfica de Adam McKay se ha definido por dos caminos bien diferentes. Ha cultivado durante años la comedia ácida y gruesa con su actor fetiche de esta primera época, Will Ferrell. Ambos han colaborado en varias producciones, como Pasado de vueltas, Hermanos por pelotas o Los amos de la noticia.

Si bien es cierto que en estas también cultivaba cierto toque sociológico en plan gamberro, pocos podían presagiar que un buen día empezaría a firmar cintas mucho más dramáticas de corte crítico centradas en desgranar los entresijos políticos y económicos del tiempo y personajes que retratan.

Y ahí tenemos las dos obras que le han dado fama y respeto en los últimos años: La gran apuesta y El vicio del poder, ambas notables disecciones de la crisis económica de 2008 y del mandato de George W. Bush respectivamente. También a él le debemos una de las series clave de los últimos tiempos, Succession, otra mirada terrible sobre las relaciones familiares, los negocios o la economía que cada vez está ganando más adeptos.

Ahora parece querer fusionar sus dos estilos en una única obra que, además, mezcla el cine de catástrofes que tan popular se hizo a finales de los años 90. ¿Recuerdan aquel cine en el que un meteorito venía hacia la Tierra con vistas a la destrucción masiva tipo Armageddon o Deep Impact? Pues eso es exactamente lo que tenemos aquí pero pasado por el tamiz de McKay.

O lo que viene a ser lo mismo, una excusa para mostrar su capacidad de lectura aplastante de los tiempos que nos ha tocado vivir. Y encima nos la trae Netflix, que ya ha sentado cátedra en traernos en los dos últimos meses del año algunas de las mejores obras de toda la temporada.

Para quien aún no la haya visto, todo arranca cuando un profesor de astronomía y su doctoranda, Kate Dibiasky, comunican a la Administración que la joven estudiante ha descubierto un asteroide que colisionará con nuestro planeta. Los cálculos dan un plazo de seis meses hasta que la roca impacte con la Tierra, pero las peores noticias se concretan en el tamaño del asteroide pues tiene la capacidad de acabar con la raza humana. A partir de aquí, ambos expertos se embarcarán en una gira mediática que les mostrará que el mundo no está preparado, ni quiere estarlo, para atender una noticia de esta magnitud.

Que viene el meteorito

No mires arriba es un compendio analítico de todas las señas de identidad de la marca de su creador. Tenemos un reparto estelar al que nadie se puede resistir, una historia crítica sobre los modos y maneras de nuestro presente, y un guion inteligentísimo a la par que hilarante que se concreta en dos horas y media de odisea mundial enloquecedora que ha provocado la división entre el público.

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Desde luego, no es para menos porque el fin de nuestros tiempos está filmado desde el pitorreo y la desfachatez. Y lo que es peor, resulta un espejo frontal y sin concesiones de cómo funcionamos en estos tiempos: las tendencias negacionistas, los poderes corporativos, las redes sociales, las fake news o la ineptitud del sistema ante las crisis mundiales.

McKay se ríe de todo y de todos. Carga, apunta y dispara contra todo lo que se mueve. Su cinta funciona a modo de apisonadora contra la estupidez humana, contra el capitalismo, contra la ciencia y sus resultados, contra los medios de comunicación y así hasta un sinfín de elementos del que nadie sale indemne.

No mires arriba es la sátira más perturbadora y perturbada de los últimos años, lo que puede ser interpretado como un acierto alucinante o como una obra molesta y vulgarizada sobre la vida contemporánea. Porque todo resulta sospechosamente familiar.

Se trata de un mosaico de personajes y situaciones, basadas en el diálogo antes que en la acción, que conforman un cúmulo de sketches propios de un talk show nocturno o de un stand-up comedy con mucha mala baba sobre el interés de las personas en saber escuchar activamente lo que se les está diciendo. Aquí nadie tiene tiempo ni ganas de pararse a analizar un problema, sino que el afán individual pasa por sacar provecho de lo que sucede ante nuestros ojos sin importar las consecuencias.

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McKay sabe que lo que tiene entre manos no es plato de buen sabor, por lo que hace malabares en su técnica narrativa. Logra un tono único entre la comedia cínica, la sátira esperpéntica y el drama sociológico que hace que saboreemos cada conversación, cada frase, cada momento de despiporre y cachondeo, aunque sepamos que nos estamos riendo de lo que vemos a diario en nuestra cotidianeidad.

Por algo, No mires arriba nos brinda un montaje en el que los momentos dramáticos se hallan aislados en su extenso metraje, pero los gags forman un torbellino envolvente que funciona a modo de montaña rusa y que nos llevan hasta el imponente disparate final. Por supuesto, y como en toda película del mejor Hollywood, todo resulta excelso a nivel artístico y técnico en la cinta, amén del ya mencionado casting, que hará las delicias de cualquiera.

De este modo, McKay filma una de las películas clave del año, y de los años que llevamos en pandemia. Porque lo que nos trae es una radiografía certera de lo que estamos viviendo y de lo que está por venir. Y su modo de transmitirlo es el disparate, por profundo y desmoralizador que éste pueda resultar.

Escribe Ferran Ramírez

Más información sobre Adam McKay:
El vicio del poder (Vice)  
El vicio del poder (2018), de Adam McKay 

  

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