Preparativos para estar juntos un periodo de tiempo desconocido (4)

  14 Octubre 2021

Manipulaciones del cerebro en la búsqueda del amor perfecto

preparativos-para-estar-juntos-0«Debí haber amado al pájaro de trueno, no a ti
al menos cuando la primavera llega ruge fuertemente
cierro los ojos y el mundo muere.
(Creo que te inventé en mi cerebro)»

Sylvia Plath, Cántico de amor de la joven loca.

A un título largo corresponde un subtítulo igualmente largo: un juego desde el cerebro como saludo y homenaje a una película sobre los grandes misterios de la mente. Con todo, no es el título más largo de la historia del cine (en España probablemente nunca se haya proyectado un filme con un título tan largo). Tres ejemplos, y los hay más largos, son el título original de ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú, de Kubrick —en el original: Dr. Strangelove or how I learned to stop worrying and love the bomb— y el de la película no estrenada en España, pero proyectado no hace mucho en la Casa de México en Madrid: Mil nubes de paz cercan el cielo, amor jamás acabaras de ser amor de Julián Hernández. Aunque la palma se la lleva una película de los 70 de Lina Wertmuller, titulada Un delito de sangre en el ayuntamiento de Cometini por causa de una viuda: se sospechan motivos políticos, amor, shimi, Lugano hermoso, tarentella, espagueti y vino.

Este filme húngaro, de la directora Lili Horvat (Budapest, 1982), de hermoso título, ganó en la Seminci del pasado año el primer premio del certamen, así como también el otorgado a la mejor directora novel (ha dirigido varios cortos y un único largometraje anterior al actual), y la protagonista recibió el premio a la mejor actriz.

Preparativos para estar juntos… es un filme lúcido, original, sin duda uno de los más sorprendentes y hermosos del año. Nos habla sobre las invenciones del cerebro, para más ironía, creadas por una gran doctora, pero a la que le falta algo más que eso: amor, convivencia, amistad.

María vislumbra el gran amor, la gran compenetración con János, un famoso neurocirujano, dedicado ahora a escribir libros sobre la función del cerebro, convirtiéndose en una eminencia en el tema. La historia de una profesional también importante que admira a una persona de la misma profesión, aunque mucho más importante que ella.

János, húngaro como ella, es un desconocido al que ve en un congreso celebrado en Estados Unidos, país donde trabaja María. Y ella crea a János como objeto de un doble deseo, centrado en un amor que suponga al mismo tiempo una unidad física y profesional: la meta de María en su vuelta a su ciudad natal (Budapest), donde también nació y trabaja aquel que ella desea que sea su compañero: el ideal de una mujer de 40 años que, probablemente, a pesar de sus éxitos, se ha sentido sola fuera de su país, que ha abandonado, con el fin de trasladarse a aquel otro país ya que allí está el triunfo, ser grande: Estados Unidos.

Las cosas no son como se cree van a ser, son como se producen. Quizá María si se hubiera quedado en Hungría, hubiera conocido, amado, trabajado junto a János y su vida estaría llena, pero está vacía.

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Referentes: imaginaciones creadas, historias que tratan de hacerse realidad

Todas las ciudades son como cerebros donde se viven historias o donde un flash nos lleva a cambiar de un lugar a otro, en busca de algo nuevo, real o soñado. Las acechanzas, escondites o recovecos del cerebro se plasman sobre todo en filmes de terror o cercanos al género, tanto en literatura como en cine, ya que lo visto o entrevisto en ellas, no son sino invenciones creadas en nuestro cerebro.

Uno de los casos más significativos en literatura y en cine, es sin duda la obra de Henry James Otra vuelta de tuerca y la impresionante adaptación que filmase Jack Clayton: la historia de una institutriz frustrada, reprimida, que ve el mal donde no existe y crea el caos y la muerte. Tanto James como Clayton utilizan la narración de la protagonista para contar unos hechos.

Es un planteamiento claramente subjetivo. Lo que el lector o el espectador conoce es lo que cuenta la protagonista… de ahí el título de la obra de James (en cine el título clarificador original era Los inocentes, que se cambió en España por el de Suspense), retando al lector para que, desde el final, trate de encontrar otro sentido a la historia, convirtiendo lo subjetivo (la narración en primera persona en la obra, en off en la película) en objetivo, al volver al texto y leerlo con otros ojos.

Las historias de apariciones, de fantasmas, utilizan, casi siempre, la misma fórmula: la mente es quien crea lo que no existe. Títulos cercanos, en cine, serían Personal Shopper, de Assayas, o Verónica, de Paco Plaza. El miedo altera nuestra mente y crea monstruos donde no los hay. Y, también (¿por qué no?) crea fantásticos ensueños, engañosas historias amorosas o pasamos a la vivencia de dos instantes separados en el tiempo, como en Jennie, de Dieterle.

Algunos críticos, por eso del amor muerto/resucitado, la búsqueda de la mujer amada pero muerta (sin estarlo), hablan de Vértigo, de Hitchcock, refiriéndose a la película de la que hablamos. Pero si hubiera que buscar algún referente por encima de cualquiera este sería La doble vida de Verónica, de Kieslowski.

Además, si tenemos en cuenta la equivocación de identidades, que aparece en varios títulos importantes, es Polanski uno de los realizadores que más ha profundizado en este tipo de cine, en títulos como El quimérico inquilino, La semilla del diablo o Repulsión

Hay muchos más ejemplos que incorporan a su temática planteamientos, desde estructuras freudianas (el cine de Hitch, por ejemplo), el domino de la mente sobre la realidad, los múltiples laberintos que recorren nuestro cerebro, en busca de una salida muchas veces difíciles de encontrar.

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Momentos clave de la película

Desde el comienzo, con el final del poema Cántico de amor de una joven loca, de Sylvia Plath, Preparativos para… se abre a la locura de una mente engreída en una historia que nunca ha existido. Dejando el poema, y asentándonos en las imágenes, hay una serie de momentos imprescindibles para entender cómo todo lo que vemos no es más que producto de un cerebro creador de una historia existente solamente dentro de él.

El comienzo es ya elocuente: el primer plano de la protagonista, dentro de la misma secuencia y siguiendo sus palabras, pasa de un extremo de la pantalla al otro. Estamos ante una imagen doble, un planteamiento que a lo largo del filme se repetirá por la abundancia de espejos o de ventanas en las que se encuadra a los personajes. Por ejemplo, el instante en que a distancia María ve a János situado en el otro extremo telefoneando. Suena el teléfono de María. Debe ser János, pero no es él, sino el jovencito enamorado de la mujer/médico/sabía/madura (amores de amores, soñados, ilusionados, perdidos). Cuando, enfadada, corta la comunicación y mira frente a ella… no hay nadie.

La bella secuencia del juego de ella con un (inexistente) János en el que ambos intentan, en aceras situadas una frente a la otra, seguir los mismos pasos… en un momento determinado Maria pierde a János. No lo ve, no lo encuentra…, pero vuelve a dar con él. Una desaparición y una aparición.

Todo el filme se sustenta por la marcha de Maria a su ciudad natal, donde han quedado en verse tal día y a tal hora en tal lugar del puente de la libertad de Budapest, tras conocerse en el congreso de Estados Unidos (supuestamente) y ambos, enamorados, quedan…

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Naturalmente János no acude, aunque Maria espera y espera. Posteriormente le verá salir del hospital. Decide acercarse a él y pedirle explicaciones de por qué no se presentó en el lugar de la cita. János, sorprendido, dice no saber nada de eso, ni siquiera conocerla. Cuando él la deja sola, ella cae desmayada.

¿Cómo es posible si se han visto en el congreso de Estados Unidos que ni haya acudido a la cita, ni se haya dignado conocerla? ¿O es que allá nunca hablaron, nunca se citaron y ella ha creado esa historia en su cerebro? La respuesta está en la fotografía que veremos en un momento de ese acto. János está sentado en el centro del lugar de la charla, conferencia donde tiene lugar el Congreso y… María en un extremo de la sala mira a János fijamente.

Otra secuencia enormemente sugerente es la de la (difícil) operación que está llevando Maria. En ese momento, ¡en la sala de operaciones!, entra János que le pide a María que le deje ayudarla. María le deja encantada. La operación es un éxito y todo el mundo felicita a… María. Todo un ejemplo de la imaginación desbordante de una mujer hacia un imposible deseo.

Una historia de amor desgraciado que ella desea convertir en verdadero, como contrapunto el amor/admiración de un joven (hijo del operado) hacia la persona que le parece una especie de diosa. Amores reales imposibles de la misma manera que lo son los amores irreales creados en el cerebro… aunque en este caso puede llegar a crear una hermosa realidad.

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Ese discutible final (o no)

Hay críticos, personas que admiran el filme, que creen que el final no está conseguido. Y es que, en principio, tenemos la sensación de que la película no termina. No puede terminar si el personaje soñador de María no logra despertar de su sueño, enderezar su celebro o encontrar la salida del laberinto. Pero no la puede encontrar. Quizá si se hubiera quedado en Hungría hubiera conocido, amado, trabajado, triunfado con János, pero decidió buscar otros mundos, otros lugares distintos que le separaron de aquel hombre del que años después —sin haber llegado a conocerlo—  sueña como su gran amor.

Su cerebro crea la historia, y la conduce hasta el triunfo de su vida, pero hay un pero… aquello no es real. Recordemos la última escena: János va a llevar a su hija pequeña al colegio en un coche. María los despide. Quizá en ellos representa la familia que nunca ha tenido, y quizá cumplido en el cerebro su sueño, se dé cuenta de que nada de eso ha existido más que en su mente.

Cuando el coche conducido por János sale de plano con la niña, la cámara en pequeño movimiento encierra a María en el plano, sola… y ahí el filme termina. Su ensueño, su creación ha terminado. Cómo siempre estuvo, seguirá sola mirando a un futuro que ya no existe para ella, ni siquiera en su cerebro. Sobre María y su soledad, la inutilidad de una historia que nunca fue, se cierre el filme. No hay explicación posible, porque no puede haberla.

Quizá para muchos hubiera quedado más claro ese final si se hubiera vuelto al poema de Sylvia Plath, dándole la vuelta. Si comenzaba con las últimas estrofas de su poema, ahora, en el final del filme, podría cerrarse con las primeras estrofas del poema de la gran, y atormentada, escritora:

«Cierro los ojos y el mundo muere.
Levanto los párpados y nace todo nuevamente.
(Creo que te inventé en mi mente)».

Escribe Adolfo Bellido López

  

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