Sin tiempo para morir (3)

  07 Octubre 2021

Un cambio de paradigma en el 007

sin-tiempo-para-morir-0Sin tiempo para morir es una de esas películas que atrapa al espectador los 163 minutos de metraje. Es una cinta muy bien llevada por su director (también guionista), el estadounidense Cary Joji Fukunaga. Una trama absorbente, escenas de acción trepidantes y un montaje de lujo que imprime un ritmo de vértigo a la historia.

Cierra uno de los mejores ciclos cinematográficos del súper agente 007. Películas que han servido para reencontrar en el siglo XXI al mítico personaje de ficción creado por el periodista y novelista británico Ian Fleming hace ahora 68 años: un agente secreto nacido en la Guerra Fría.

Cuando hace 15 años Daniel Craig tomó el relevo, pocos apostaban a que el actor británico acabara apoderándose del personaje. Pero a fe que lo ha conseguido.

Craig, tras tomar el relevo de su antecesor Pierce Brosnan, aportó una intensidad erótico-emocional y un talante de tipo duro y atlético que quedó fijada en Casino Royale, de Martin Campbell, una de las mejores películas de la larga franquicia; sin olvidar la interesante y energética Spectre (2015), de Sam Mendes.

A pesar de todo

A pesar de que Pérez Reverte considere que este Bond sea en exceso «equilibrado y políticamente correcto, tan familiar, tan enamorado y tan moñas» y considere que sea «un insulto a la inteligencia de los espectadores y a la memoria del personaje»; y que «si Fleming lo viera, echaría chispas»... (Monsieur Reverte siempre se despacha a gusto), para mi manera de ver, el personaje de esta entrega es menos hortera que muchos de los anteriores, siendo que además los tiempos cambian y no queda mal que Bond en su edad madura se enamore y caiga rendido ante una hijita encantadora y todo eso.

Esto es cine y cada equipo de dirección y de libreto, incluida la productora, hacen con todo derecho de su capa un sayo.

Según me parece estamos ante una de las mejores pelis del verano 2021 y la misma FilmAffinity la coloca en el 5º puesto del ranking de películas del fabuloso 007, que son nada menos que 30. En fin, algunos datos a modo de indicios.

Sentido trágico, existencial y humano de Bond

Bond ha abandonado el servicio secreto y disfruta de una vida de relax y naturaleza en la bella Jamaica. Pero la prejubilación y su tranquilidad acaban pronto cuando su amigo de la CIA, Felix Leiter (Jeffrey Wright), aparece de imprevisto para pedirle ayuda. Se trata de una misión para rescatar a un científico secuestrado.

La misión resultará ser mucho más temeraria y difícil de lo esperado, lo cual hace que Bond tenga que ir tras la pista de un misterioso y maléfico villano que se mueve por la venganza de un pasado de orfandad, con piel de reptil y lo más importante: posee un arma fruto de una nueva y peligrosa tecnología.

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Tiene el filme un guion muy bien trabajado nada menos que por cuatro guionistas de nivel: Neal Purvis, Robert Wade, Fukunaga y Phoebe Waller-Bridge, que toman el personaje de Fleming, adaptando una historia de Purvis, Wade y Fukunaga. Es una trama interesante, bien trabada, intensa, con suspense y unas derivaciones insólitas que sorprenden a cada tanto.

Excelente la música de Hans Zimmer con un bonito y melancólico tema de la cantante y compositora estadounidense Billie Eilish, No time to die; a todo lo cual acompaña una fotografía de excelencia del reconocido director de fotografía sueco Linus Sandgren.

Es una obra que pretende humanizar al Bond tradicional y subrayar su vulnerabilidad, convertir al asesino a sueldo de las cloacas del Estado en un individuo decente al que se le endosa incluso una familia. Lo cual es algo insólito en la cinematografía sobre tan glacial y autosuficiente personaje. Ahora Bond, este Bond humano, ha de luchar contra sí mismo en vez de meramente contra Spectre o contra el Dr. No.

Así, la película de Fukunaga cierra con cierta profundidad el atrabiliario ciclo protagonizado en las últimas décadas por Daniel Craig, con «la clave para asistir a las razones de una aventura tan espectacular como trágica» (F. Fernández); un canto del cisne, podría decirse, del personaje-Craig.

Tema No Time To Die:

  

Melodrama, comedia y acción

Además, coloca a la saga en un nuevo espacio que conjuga melodrama, cuarto y mitad de comedia y siempre la acción, sin que esta última ceda terreno excesivamente. Así, un Bond con sus emociones, sus filias y sus temores, sus dudas y certezas.

Prólogo insólitamente largo con Bond (Daniel Craig) en un pueblo italiano, junto a la oscura y reservada Madelaine (Léa Seydoux), ambos celebrando la jubilación de James, en plan amar y olvidar. Un buen rato de besuqueo, alguna frase tontorrona, y así hasta que el número comienza a tope, bomba de por medio en el cementerio donde descansa su amada Vesper Lynd, persecuciones en coches y motos por las estrechas calles del pueblo de Matera (el pueblo italiano esculpido en piedra), disparos a gogó y violencia suma.

Pero Bond consigue sortear el plan de la organización Spectra a manos de un sicario (Dali Benssalah) preparado para matarle, que, empero, consigue convencerlo de que el único amor de su vida, Madeleine, es miembro de la organización terrorista. La conclusión es que la joven acaba siendo obligada a tomar sin remisión un tren con destino a ninguna parte, repudiada supuestamente por traidora.

Luego, la canción de Eilish, de nuevo salto atrás, al pasado, para recuperar la infancia de Madeleine, la presentación de Rami Malek como el nuevo villano Lyutsifer Safin, quien me parece que carece de recorrido suficiente para justificar su tremenda maldad; calamidad rusa encarnado por un solvente David Dencik; y el comienzo a un rosario de sucesos intensos y extensos pero entretenidos, con un 007 entrando de nuevo en acción y mucha habilidad para los golpes, disparos y acrobacias varias, de las que nuestro agente siempre sale indemne.

Pero, al fin, es ya un antihéroe desubicado definitivamente, si bien con trazas épicas en forma «máquina para matar».

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A destacar, feminismo y tránsito a lo convencional

Entre otras, imágenes intensas de mucha acción en una Cuba que evidentemente no es Cuba, donde es protagonista una atractiva, delirante y divertida Ana de Armas (escote imposible, el liguero y el tacón de aguja); persecución motorizada en las brumas nórdicas a modo de mal sueño, pero en real; o la caracterización rebelde y de armas tomar de Lashana Lynch (Nomi) que sugiere la continuidad de 007 en mujer afrobritánica.

De forma que ya no son los hombres los que salvan a las mujeres, sino que ahora compiten con ellas y precisan de su ayuda. Y toda vez eliminadas reticencias iniciales y realizado el tránsito a los nuevos códigos, quedará, finalmente la colaboración entre ambos géneros (¿o mejor decir sexos?).

Peli que, en suma, reserva al espectador numerosas sorpresas, como para que no se olviden sus imágenes y secuencias. También hay humor para que se pueda digerir mejor tanta acción, tanto lagrimeo, tanto disparo y tantos caídos en combate.

Atenta siempre la cinta a un héroe cincuentón que acaba acariciando el muñeco de su hija como extremo consuelo a tanto despropósito en su vida. La cosa, de este modo, concluye en esquema convencional en la que Craig que se plantea formar una familia, como apunta Medina: «deja paso a una modernidad en la que el hombre blanco anglosajón representa el último bastión a batir».

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Reparto

En el reparto, un Craig más suelto que nunca que ya no es mero gesto torvo y hace gala de repertorio actoral; Malek, estupendo como el malísimo y peor de los villanos Bond. Amantísima y monísima la Seydoux. La Lynch magnífica en su rol de nueva 007.

Habría dado para más Ralph Fiennes como jefazo supremo. Estupenda Naomie Harris. Ana de Armas, sensual y a la que le habrían tenido que dar más protagonismo. Christoph Waltz tremendo como Ernst Stavro Blofeld, el todopoderoso que maneja los hilos de Spectra.

Y un elenco de secundarios muy bien ajustado, con Ben Whishaw, Jeffrey Wright (el amigo de la CIA más liante que nunca), Rory Kinnear, Dali Bennsalah, Billy Magnussen, David Dencik, Julian Ferro, Toby Sauerback, Ty Hurley, Lampros Kalfuntzos y Ahmed Bakare.

Concluyendo

La dicotomía entre el Bond salvador de la humanidad y el Bond familiar queriente, sentiente y que se aferra a modo de objeto tranquilizador del peluche de su pequeña hija (como diría el psicoanalista Winnicott: «objeto transicional», objeto de ilusión y autoengaño), empieza con un protagonista meloso, pasa a hombre osado y respondón ante las agresiones, de ahí a la introspección, cierto abatimiento y, finalmente, un imbricado final donde Bond se inmola en plan redentor.

Película amena y digna de verse incluso para aquellos que no sean aficionados al súper agente de Fleming. Con estilo clasicista, rodaje limpio y muchos elementos de interés.

Como escribe Martínez: «Se había hecho esperar más de la cuenta, pero el reto se ha superado y Craig se puede, ya sí, jubilar tranquilo».

Escribe Enrique Fernández Lópiz

  

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