Sevillanas de Brooklyn (2)

  23 Septiembre 2021

Comedia alegre, buen mensaje y entretiene

sevillanas-de-brooklyn-0Esta película tiene sus innegables valores pues sabe aunar simpatía cara al espectador, humor, mensaje y amor. De esta forma sintetizo lo que ahora comentaré más extenso.

En la historia una joven sevillana parece un poco cansada de su extravagante familia donde la única que trabaja es la madre, frente a un padre de tintorro a cada tanto, una abuela cariñosa y afectuosa pero impedida, un hermano pequeño que no da bola y, en fin, amistades varias que viven al día y poco más. La chica quiere dejar sus estudios de Filología inglesa y ponerse a trabajar, pues hay que pagar el alquiler y muchas cosas más.

Pero su madre es opuesta a esta decisión y, para evitar el desahucio, ha decido engañar a una agencia internacional que se dedica a acoger en casas de alto copete a estudiantes universitarios norteamericanos ricachones. La cosa es que la buena señora, falseando aquí y allí, consigue atraer a su modesto piso sin ascensor a un estudiante negro de familia adinerada de nombre Ariel Brooklyn, todo a cambio de 700 euros por mes, lo cual le daría para pagar deudas importantes.

Sucede, que a pesar de las diferencias y de las situaciones esperpénticas que el fraude provoca, tras muchas diferencias iniciales entre el joven de color y la familia, Ana y Ariel han de convivir en la misma casa y con el tiempo, él y ella acabarán enamorándose.

Desde luego, sin ser lo más de lo más, tenemos que felicitar la dirección de Vicente Villanueva (Lo contrario del amor, 2011; o la psiquiátrica Toc Toc, 2019); digo felicitar porque es quizás su mejor producto hasta hoy.

Encarrila la cinta un guion Juan Apolo y Nacho La Casa que, aunque tiene sus grietas, mantiene a flote la historia durante prácticamente todo el metraje. Una música acertada de Riki Rivera y buena fotografía Luis Ángel Pérez.

Es el reparto quien soporta en gran medida la obra con excelentes interpretaciones. Sobresalen tres nombres: Manolo Solo, que imparte una nueva lección de versatilidad con los diálogos justos, al lado Estefanía de los Santos que está en su salsa como motor y pilar tanto de la acción y como sostén de familia. Y la extremeña Carolina Yuste (que ya ganó un Goya por Carmen y Lola, 2018), que en cada nueva actuación confirma que estamos ante una actriz todoterreno para largo.

Hay más nombres reseñables, como Sergio Momo, Canco Rodríguez, María Alfonsa Rosso, Adelfa Calvo, Andrea Haro, Asier Gago, José Ramón Rodríguez, Neizan Fernández y Clare Durant. Todos magníficos y muy inspirados.

Se trata, como apunta Vázquez, de una «punzante síntesis de comedia popular y sátira social». Juego de enredos que hace confluir situaciones divertidas, en gran parte mérito del libreto Apolo-De la Casa, reparto genial y «un buen rollo casi sanador» (M. Bellón).

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La vis humorística está mucho en los detalles, como que una mujer humilde engañe a una agencia de acogida de estudiantes fingiendo un estatus que no tiene (cirujana nada menos), todo ello para sacarse un dinero para la supervivencia. Tenemos igualmente el choque de culturas junto al de clases; y a esta locura total se une un inesperado y agradecido condimento romántico.

Porque si dejamos de lado los lugares comunes, que haberlos los hay, la película perfila y analiza muy bien la vida de una familia de clase humilde tirando a pobre que tiene sus ilusiones, sus inquietudes; también carga con problemas e igual, con recursos para sobrevivir.

Y, sobre todo, cuenta con enormes valores como el afecto entre sus miembros; la sintonía con las tradiciones; la simpatía; el sacrificio de una madre valiente que lucha por sus hijos; esa realidad que se puede constatar de cómo este tipo de personas son dadas a compartir lo poco que tienen; y, ojo, la atención a los mayores, lo cual representa a la perfección una abuela impedida y demente a la que todos cuidan y dicen al oído: «¡guapa!», lo cual encierra el respeto y el cariño que se le puede tener a una madre anciana.

A la vez, son un poco juerguistas, al niño le gusta el rap y todo bien, al padre de familia que es un zángano consentido le va el vino tinto, pues vale. En fin, que se lo pasan genial.

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Se agradece, pues, la buena onda en este largo de costumbrismo hispano, que aporta contento y gracia sana desde la primera clase de sevillanas bilingüe del comienzo, hasta los créditos finales. Como apunta Pinilla: «el filme consigue, sin renunciar a la mordacidad y al salero marca de la casa, encontrar la justa medida entre hilaridad, movimiento y emoción». No sería justo pedir más a este director que hace una comedia muy agradable con pocos medios.

Peli que desde el primer momento te engancha, desde la primera secuencia donde Carolina Yuste enseña a los niños a bailar flamenquito en inglés: curioso. Atrapa por su desenfado, sus personajes canallas y entrañables, merced a la historia que funde lo idiosincrático andaluz-sevillano, el mestizaje, el humor cañí y, sobre todo, las diferencias de clase y sociales.

Este es un apartado muy importante, las bondades de la gente humilde (generosa, cariñosa, alegre) versus la pedantería, ostentación y engreimiento de los ricos (aburridos, tópicos, ritualistas).

Verdaderamente hay algo más que género o raza en este filme y como escribe Vázquez: «la película supone una bofetada a esa neoizquierda identitaria empeñada en situar el género o la raza por encima de la clase social, y un espejo de nuestras encantadoras mi serias».

Al final, la cosa concluye romance: cierre guapo. Pues muy bien. Buena manera de pasar una tarde en este final de verano.

Escribe Enrique Fernández Lópiz

  

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