Sang-Chi y la leyenda de los diez anillos (2)

  11 Septiembre 2021

Universo Marvel a lo chino

shang-chi-0El universo cinematográfico Marvel sigue extendiéndose en variadas direcciones, subrayando la «inclusión» con personajes diferentes a los modelos hegemónicos. Esto es algo seguramente necesario para continuar la conquista de nuevos territorios públicos y zonas fronterizas no demasiado visitados con anterioridad.

Así, tras Black Panther (2018) de Ryan Coogler (puesta la mirada en los afroamericanos), llega Shang-Chi y la leyenda, donde el universo cinematográfico de Marvel se refresca con coreografía china, orientada a la comunidad asiática norteamericana y al mercado chino.

Su director, Destin Daniel Cretton, hasta ahora centrado en géneros diferentes a la acción (Cuestión de justicia, 2019), muestra su savoir faire y su oficio con esta cinta que, sobre todo en la primera parte, cumple sobradamente con las expectativas creadas. No así en la parte segunda, que se convierte en un exceso de monstruos y despropósitos.

Es una película bien dirigida por Cretton que deriva de sus antecesoras, en busca de identidad propia, lo cual que consigue a medias. Por vez primera, el Universo Cinematográfico de Marvel está protagonizado por un superhéroe oriental, vinculando la cinta a las artes marciales. Con momentos de cierta singularidad, se contenta, empero, con alusiones superficiales a la cultura que quiere agasajar, o sea, sin profundizar en la temática oriental ni un ápice.

Guion aceptable, con altibajos, de Dave Callaham, Andrew Lanham y el propio Cretton, adaptación poco fiel de los personajes de Steve Englehart y Jim Starlin creados en comics en 1973. Buena la música de Joel P. West, que acompaña bien las imágenes, y estupenda fotografía de Bill Pope.

El personaje es mitad chino, mitad americano y posee un estilo de combate que mezcla kung-fu, karate y nunchaku (arma tradicional de las artes marciales asiáticas formada básicamente por dos palos cortos y cadenas). Un joven chinoide-yanqui, que en su día fue instruido por su padre en estilos de combate, mezcla de estilos orientales, con gran ejercitación en fuerza mental y disciplina.

El padre, Xu Wenwu, es un hombre que mil años atrás se encontró los diez anillos que le hacen inmortal, con poderes extraordinarios y un poderoso ejército a sus órdenes. En 1996, Wenwu busca la aldea de Ta Lo, donde supuestamente viven varias bestias míticas, para expandir su poder. Pero a la entrada de la aldea se encuentra a la guardiana, Ying Li, quien le impide entrar. Los dos se enamoran y se casan teniendo dos hijos, Shang Chi y Xialing. Entonces Wenwu abandona los Diez Anillos y su organización para estar con su familia hasta que Li es asesinada. Vuelve a tomar los anillos para vengarse y reanuda sus actividades criminales. Inicialmente fue un padre amantísimo, pero tras morir su esposa, se reconvierte en supervillano enloquecido por el poder y la búsqueda de la mujer perdida.

El hijo Sang, a lo largo del relato, ha escapado de la tutela paterna (junto con su hermana) y, motivado por la propia trama, acepta finalmente su destino: deberá saldar cuentas con su padre (aunque tibiamente), ejercitar sus dotes de gran maestro de las artes marciales que aprendió en su infancia y salvar al pueblo de su difunta madre del ataque paterno; a todo ello le acompañará su hermana, quien también es una gran guerrera.

Para explicar los orígenes, situaciones pretéritas y circunstancias diversas, el director y cineasta estadounidense Cretton recurre a escenas que cuentan retrospectivamente la vida de la familia protagonista. Toda una colección de secuencias de acción muy logradas, que sin duda beben del cine de acción oriental.

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El filme consigue que el espectador empatice y, en cierto modo, se identifique con sus personajes, logrando dotar el relato de carga emocional. Carga emotiva que baja cuando empieza el exceso de efectos especiales y cierto barroquismo en la historia.

Con relación al reparto el actor principal Simu Liu, que interpreta a Shang-Chi, tiene limitaciones expresivas y no hay mucha comunicación ni con la cámara ni con el público; eso sí, es un gran acróbata y luchador, algo necesario para el rol que interpreta.

La cortedad actoral de Liu es más evidente cuando se mide en escena con Tony Leung Chiu-Wai (Tony Leung), que hace de su padre, Xu Wenwu. Leung es un icono del cine hongkonés y un actor con el carisma que se le exige a las genuinas estrellas. De esta guisa, acaba siendo Leung con su magnetismo quien aporta profundidad psicológica al personaje que encarna, y acaba por apoderarse de la cinta y convirtiéndose en vértice de la historia.

Destacan también Awkwafina, como Katy Chen, que pone un poco de sal a las escenas más insulsas y un sentido del humor que sin ser genial ni fino, no se somete a la autoparodia; hace de aparcacoches de hotel y amiga cercana de Shang.

Bella, maravillosa, elegante y llenando pantalla Fala Cheng como Xia Ying, la madre y guardiana de Ta Lo. Muy bien Meng’er Zhang como Xia Ling, la hermana, estupenda luchadora. Michelle Yeoh igualmente hermosa y eficiente como Ying Nan, la tía del protagonista.

Acompañando un reparto bueno y sin fisuras, con actuaciones de Florian Munteanu, Ronny Chieng, Dallas Liu, Tim Roth, Benedict Wong, Fernando Chien, Kelli Bailey, Jayden Zhang, Arnold Sun, Alfred K. Chow, Shaun Robert y Christian Harris Neeman.

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Ocurre así que la peli, que pretende ser la historia sobre el origen de un hombre predestinado para salvar al mundo, en la práctica funciona mejor como especie de antihéroe trágico que tiene por contraparte y enemigo a un sociópata seductor que a pesar de poseerlo todo, le falta lo que realmente necesita: la mujer que hizo posible que descubriera su dimensión humana; y para reencontrarse con esta mujer y conseguirla, aunque ya está muerta, está dispuesto incluso a acabar con el mundo, por unos delirios y ansias inexplicables para la razón.

Las secuencias de acción son más que notables, con varias coreografías excelentes. Destacaría una pelea en un autobús; una escena de lucha situada en el andamio de un rascacielos; el encuentro y enfrentamiento entre el padre y la que luego sería su esposa, para mí la más hermosa escena; o el entrenamiento del protagonista con su tía carnal, en la parte última del metraje.

Justamente, a medida que avanza el relato, la cosa va perdiendo fuelle y personalidad pues se pasa de las conexiones emocionales de la historia, momentos emocionantes y afectuosos o también de rabia, de identificación o aversión hacia los personajes, etc.; se pasa, digo, a una diversión caótica con carga en lo visual y en los efectos especiales por ordenador que se hacen excesivos y tediosos.

Es, en suma, una película de artes marciales con algunos combates que recuerdan, salvando las diferencias, a Tigre y dragón (2000), de Ang Lee (por ejemplo, la lucha entre Xu Wenwu y la guardiana del poblado Ta Lo, Xia Ying). Pero esta en esta producción las luchas son más físicas, exageradas y menos finas.

De otro lado, la obra va de principio a final sin mayores complicaciones ni sorpresas. Cosa que parece no ampliar el universo Marvel, ya que los vínculos con la saga están forzados y no abre puerta alguna a elementos más profundos e interesantes.

Escribe Enrique Fernández Lópiz

  

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