Maligno (2)

  09 Septiembre 2021

En las dimensiones del terror

maligno-0Si trasteamos por la red, el artífice de esta Maligno la define jocosamente como una versión terrorífica de Frozen (sí, el clásico moderno de Disney). En efecto, James Wan ha vuelto al cine de serie B brindándonos otro producto singular. Recordemos que fue él quien inició las icónicas sagas de Saw, Insidious y Expediente Warren, tres marcas que han sentado cátedra en el cine de terror contemporáneo, cada una con un estilo propio. Cierto es que estas han corrido suerte irregular en su desarrollo de secuelas, pero eso ya es otro cantar.

Quizás esta nueva propuesta —¿y posible nueva saga?— sea la más sorprendente de las mencionadas de Wan. Vuelve a demostrarnos lo excelso de su conocimiento del cine de género mediante un producto digno de estudio que supera toda lógica. Maligno es una obra de terror sobrenatural, es un slasher ochentero, es cine de suspense y asesinatos, es un cuento de hadas aterrador, es una apasionada lectura de los gialli italianos. Todo esto y más, lo que desde luego no es poco.

Es como si su creador se hubiera zambullido en estas tradiciones cinematográficas para ofrecernos su particular cine de tesis y verter las lecciones aprendidas de los mejores (Argento, Fulci, DePalma y muchos otros) en una enloquecedora artimaña onírica más apta para los verdaderos connoiseurs del fantástico que para el gran público. Lo que no deja de ser paradójico viniendo de una cinta palomitera, paroxística y cachondísima sobre una mujer conectada psíquicamente a un enigmático ser ávido de sangre y venganza.

La cinta se construye en torno a Madison, una mujer embarazada que mantiene una tensa relación con su pareja y que repentinamente empezará a tener visiones espeluznantes de una serie de homicidios perpetrados por algo parecido a un ente monstruoso. Una notabilísima Annabelle Wallis que hace de la somatización y de la vivencia ajena una forma de actuar de fuerte impacto en el patio de butacas se revela como una perfecta elección para que la propuesta descanse su peso sobre ella.

A su vez, y como toda película de género de los 70 y los 80, tenemos los elementos base: la joven y hermosa hermana, el detective guapetón y su suspicaz compañera, el asesino instantáneamente icónico, tanto por su atuendo como por su arma homicida, y todo un reguero de secuencias indómitas y extrañísimas que juegan al encadenamiento para no dejar hueco a la reflexión.

Algo así como si hubiera sido reverberado ese cine del que La noche de Halloween fue la gerifalte de su tendencia junto con otras referencias culturales.

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El universo Wan

Podemos pensar igualmente que Wan toma ideas de H. P. Lovecraft o incluso de Stephen King para llevar todo su imaginario a una nueva dimensión del cine de terror entre la duermevela y lo inconsciente. Porque si en algo acierta de lleno Wan en Maligno es en construir todo un guion a grosso modo inteligentísimo, con un magma de visiones aterradoras, asesinatos gore, señuelos y medias verdades que hacen que su metraje pase como un tiro. Todo se concentra en una sucesión imparable de escenas, colores y formas que culminan en un acto final granguiñolesco.

Wan crea unos ambientes fantasmagóricos excelsos. Su forma de encuadrarnos las acciones, sus retruécanos visuales y sus soluciones de cámara son su gran aportación al género, que a su vez —aunque haya presencia de efectos digitales— se mantiene fiel a la puesta en escena artesanal. Sólo con ver ese plano secuencia cenital de la protagonista atravesando las estancias de su hogar podemos evidenciar que estamos delante de cine cavilado y calculado, aunque sea de terror.

Lo que le podemos reprochar a su buen hacer es su empeño en querer meter demasiadas cosas a la vez. Como en toda obra de miedo moderna, hay cabida también aquí para algún momento de chiste, escenas que caen en lo grotesco o elementos más propios de lo bufo que lastran el resultado final. Incluso se detecta una tendencia a la reiteración para solventar su trama en algún pasaje o algunos recursos narrativos baratos que son sorprendentemente propios de alguien que no maneja bien los resortes del género.

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Entre todo ese torrente de ideas genuinas están también las ansias de querer seguir algunos modismos contemporáneos, lo que se traduce directamente en un batiburrillo que rebaja el nivel general. Resulta chocante de igual manera la elección de partituras que ha hecho Joseph Bishara para Maligno. Si en algunas secuencias su banda sonora resalta el aterrado latido de sus protagonistas, en otras juega ser una banda de hard metal que aporrea los oídos sin ton ni son. Otra confirmación de querer no alejarse demasiado de lo que marca el canon actual, lo que no se entiende con la propuesta alocada que plantea su realizador.

Pero, ciertamente, estos males menores no desacreditan todos los méritos acumulados porque Maligno es puro atrevimiento, de ese que hace que te estalle la cabeza, y cuanto más lejos se deja llevar, más disfrutable y admirable resulta. Su acumulación de ideas y recursos la transforman en una montaña rusa que funciona pese a sus evidentes errores y momentos perezosos.

Fragmentará a crítica y público, de eso estamos seguros, pero difícilmente encontraremos en el panorama actual un monstruo multiforme tan experimental, bizarro y sanguinario como Maligno, lo que siempre es de agradecer.

Escribe Ferran Ramírez

Más información sobre James Wan y las sagas que ha creado:
Expediente Warren: The conjuring  
Insidious  
Annabelle

  

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