La mujer del espía, de Kiyoshi Kurosawa (3)

  05 Septiembre 2021

Mentiras, traiciones e imágenes

la-mujer-del-espia-0bEn pleno verano y con la pandemia aún sin resolver, nos han llegado varias películas orientales, sobre todo de directores japoneses como Naomi Kawase (la más conocida): Madres verdaderas), Nobuhiro Suwa (del que se estrenó en pocos lugares su filme anterior: El león duerme esta noche) con El teléfono del viento y Kiyoshi Kurosawa (inédito en las salas españolas a pesar de haber realizado más de veinte películas) con La mujer del espía, que quizá nos llegase debido a haber ganado el premio a la mejor dirección en el festival de cine de Venecia de 2020.

No es su único premio ya que en el festival de Cannes había obtenido tres galardones: el de la crítica en 2011 por Korey, el premio especial del jurado en 2008 por Tokio Sonata y en 2010 ganó el premio al mejor director por Journey to the shore. En 2006 el festival de cine fantástico de Sitges recibió el galardón La máquina del tiempo por el conjunto de su obra.

De cualquier forma, se trata de filmes de escaso recorrido entre el público. Hay alguna no estrenada aún, mientras que las estrenadas han tenido una exhibición reducida y eso que la obra de Kurosawa posee suficientes razones para interesar al espectador ya que la narración en algunos momentos parece acercarse a cierto cine americano. Y es que el cine, en su totalidad, atrae a este desconocido realizador en España, salvo en el festival de cine fantástico de Sitges, dónde, en diferentes años ha estado presente, bien presentado películas a concurso o bien en pequeñas retrospectivas de su obra

El otro Kurosawa: Kiyoshi Kurosawa

Nada le une familiarmente al que sin duda es el realizador más conocido por el espectador español: Akira Kurosava (1900-1998), quien gracias a ganar con Rashomon (1950) el primer premio en el festival de cine de Venecia, consiguió que el (prácticamente desconocido) cine japonés comenzase a ser exhibido entre los espectadores occidentales.

El primer premio en el festival de Cannes de 1953 concedido a otra película japonesa, La puerta del infierno, de Teinosuke Kinugase, del que se desconoce el resto de su obra, no hizo sino magnificar esa cinematografía que contaba con obras excelentes de grandes maestros como Ozu y Mizoguchi.

Cuando nace Kiyoshi Kurosawa (1955), el cine japonés ya es valorado en Europa. Kiyoshi desde muy pequeño es un entusiasta del cine, sin importarle nacionalidad ni género. Está claro que desea hacer películas. En el instituto, con sus amigos, comienza a realizar una serie de cortos con una cámara de 8 mm. Al comienzo de los años 80 realiza filmes en vídeo doméstico. Hace películas baratas de contenido erótico dentro de lo que se conoce como soft porno, igual que muchos cineastas de su generación, como Nakata, que obtendría gran éxito, con remake norteamericano incluido, gracias a The ring.

Kiyoshi obtuvo su primer premio en 1980 en el festival de cine japonés.

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En varios de los films de los años 80 aparecen momentos en los que ya se entrevé una gran libertad creativa, como ocurre con Kandagawa Pervert Wars (1983) y The Excitement of the Do-Re-Mi-Fa Girl (1985), en los que se muestra una gran influencia de la nouvelle vague y muy especialmente de Godard. Después de realizar ese filme de 1985, conoce al productor y director Juzo Itami, uno de los directores más taquilleros, para el que realizó Sweet Home (1997), precursor del género horror de supervivencia. Un antecedente directo de Resident Evil.

En 1992 consigue una beca del Sundance Institute por el guión original de Charisma, que le lleva a estudiar dirección en Estados Unidos. Es el año en el que realiza su primera película importante, dentro de lo que será su personal estilo. Se trata de The Guard From Underground donde utiliza planos secuencia, espacios cerrados y oficinas siniestras junto a personajes que representan el mal en estado puro.

Después de su estancia en Estados Unidos, tras volver a Japón, dirige una serie de películas para la televisión: Shoot Yourself (1996-1997), Eyes of the Spider y Serpent’s Path (1998). Dos títulos que se inician de igual manera: el asesinato de las hijas pequeñas del protagonista. Dos thrillers dominados por la venganza y que ponen al descubierto la línea central de todo su cine, donde se enfrenta el individuo a la sociedad, lo peor del ser humano.

Su primer título importante a nivel internacional, y que se pasa en varios fesivales, es Cure (1997), la historia de una persona que hipnotiza a la gente con la llama de un mechero para indagar sobre todo lo que existe en su interior. En el filme hay una alegoría sobre el fin de los tiempos que también aparece en Kairo (2001), de la que existe un remake americano.

Supervisó La maldición (2003), de Takashi Shimizu. Doppelganger (2003) es, como Cure, una película casi abstracta, que plantea la desorientación de las personas, así como su lucha por alcanzar la libertad en una sociedad opresora. Se trata de presentar la crisis del hombre moderno.

Su filme siguiente, Bright Future (2003), tiene como protagonistas a unos jóvenes inadaptados. La película se presenta en la sección oficial del festival de Cannes. Convertido ya en un realizador importante, en los años que separan 2003 de 2020 realiza doce títulos, dos series de televisión de cinco episodios cada una y un corto. 

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La mayor parte, al igual que en sus películas anteriores, o son thrillers o de terror, aunque en ellas se mezclen características de otros géneros y en especial del melodrama, sin que desaparezca su planteamiento sobre la deriva o destrucción del mundo actual. Uno de sus últimos títulos lo proclama incluso en el título: El fin de cada tiempo, el principio del mundo.

¿Cuáles son los directores preferidos del director? Depende del momento en que se le pregunte o de la película que presenta o va a hacer. Está claro que al comienzo se inclina por la nouvelle vague y en espacial por Godard. En algún momento ha citado Stanley Kubrick y ¡Andrei Tarkosvki! En otros, quizá menos engreído, se ha acordado de Hitchcock, Carpenter, Tourneur y, por supuesto, entre los japoneses no olvida a Ozu (sobre todo en su forma de planificación) y Mizoguchi, del que incluso hablan los personajes en La mujer del espía.

Sea como sea, su filmografía es impresionante. Ha realizado 45 largometrajes, 10 cortometrajes y 3 series de televisión y ha obtenido 4 premios en festivales de cine: 3 en Cannes y 1, el más importante, en Venecia, donde recibió el premio al mejor director por La mujer del espía; ha escrito 51 guiones, intérprete en 8, montador en 10, fotógrafo en 8 y productor en 3.

Cine el suyo, en general, de fantasmas que aparecen y desparecen, se esfuman en las imágenes repetidas de una película, lo estático de una fotografía o la inmensa extensión de internet. Sin olvidar aquellos otros que vuelven de la muerte para vivir con su amor (¿o acaso es imaginación, sueño?). ¿Cuántas películas americanas o europeas, o de otros lugares de los que no nos llegan, han bebido del cine del otro Kurosawa? Muchas. Como simple ejemplo hay están Personal Shopper, Verónica, Rec, Pulse (versión americana de Kairo, de Kurosawa), Sinister…

En toda su obra existen homenajes a directores, técnicos y películas. Uno de sus referentes suele ser el productor Val Lewton. En esta película además de hacer que los personajes hablen de la última película de Kenji Mizoguchi —que, por el año en que transcurre La mujer del espía, puede ser La patria o, más probable, Historia del último crisantemo—, existen alusiones a una productora poco conocida —aquí solo conocemos Toho film—, Nikkatsu Corporation y al director Saddao Yamanaka.

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Nikkatsu

La primera imagen que aparece en La mujer del espía es una alusión a la productora Nikkatsu, la más antigua y con mayor producción cinematográfica de Japón, ya que debajo del  nombre de la productora aparece un número, 1912, año en que se fundó la corporación por la fusión de cuatro empresas cinematográficas con el nombre de Nippon Katsudo Shashin KK. En 1996 fue adquirida por Namco, una empresa de ocio japonés; en 2005 fue vendida a Index Holdings Co. Ltd, compañía japonesa que posee diferentes medios de comunicación.

En Nikkatsu comenzó a trabajar Akira Kurosawa. La productora también acogió películas de Mizoguchi y Ozu.

En 1923, un gran terremoto arrasó Japón y, por supuesto, los estudios de cine. El único que se salvó en todo Japón fue el que tenía la compañía Nikkatsu en Kyoto, de forma que todo el cine que se hizo durante unos años después tuvo que ser a través de ésta productora.

Durante la II Guerra Mundial el gobierno japonés ordenó que todas las compañías cinematográficas del país se consolidaran en dos. Una de ellas, Daiei, fundada por Masaichi Nagata, que había sido empleado de Nikkatsu, propuso formar cuatro empresas: por tanto, Nikkatsu se unió a dos empresas, aunque decidió dejar de producir películas mientras durase la guerra.

Al terminar el conflicto bélico, la producción de películas se extendió rápidamente. El presidente de Nikkatsu inició la construcción de un nuevo estudio, en el que comenzó a rodar en 1954. Entre los directores a los que contrató estaba Shohei Imamura. La productora comenzó su actividad con dramas históricos y películas de samuráis. Desde 1960 produjo dramas sobre la juventud de las grandes ciudades. En los años setenta contrató a los actores más conocidos del público. Entre 1958 y 1969, Imanura realiza sus primeras películas, entre las que sobresale La mujer insecto (1961).

Poco a poco, la televisión va adquiriendo una gran importancia y las productoras se ven obligadas a realizar películas o series para el nuevo medio. Nikkatsu, por su parte, se especializa en producciones pornográficas y en películas románticas. Exigen que en sus producciones exista sexo, violencia e historias de amor. Ante esta situación, muchos directores unidos a la productora la abandonan. Actualmente ha vuelto a realizar películas de cualquier género, incluyendo títulos para los niños.

De todas formas, la empresa más poderosa en cuanto a producción y distribución cinematográfica en Japón es Soho film.

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Sadao Yamanaka

En muchas de las películas de Kiyoshi Kurosawa los medios audiovisuales tienen gran importancia bien sean a base de fotografías, películas, vídeos o internet. En La mujer del espía, el matrimonio protagonista acude a ver un film. Primero, en la sala de cine, pasan un noticiario propagandístico del ejército japonés tratando de vender su imagen. A continuación, pasan una película de la que no vemos una sola imagen.

Por medio de una elipsis —una más de las muchas que emplea en su cine en general y aquí en particular—, la película de la que no hemos visto ningún fotograma, acaba; en pantalla se superpone un letrero en el que se indica quien era su director: Sadao Yamanaka. Un realizador del que actualmente sólo se conservan tres películas, todas las demás que realizó (24 total) han desaparecido.

Yamanaka (1909-1938) pertenece a la generación de directores de la categoría de Yasujiro Ozu, Kenji Mizoguchi y Mikio Naruse, y es el realizador que impulsó el género histórico desde 1932 a 1937. En tan sólo seis años realizó la friolera de 24 películas: 5 en 1932, 5 en 1933, 3 en 1934, 5 en 1935, 3 en 1936 y 2 en 1937. Fue reclutado por el ejército y murió en 1938 de disentería durante la guerra chino-japonesa en Manchuria en 1938. En el frente coincidió con el gran realizador Ozu, del que fue amigo.

Antes de realizar su primera película había escrito cerca de treinta guiones.

En 1932 trabajó para la productora Kanjuro, especializada en cine histórico, donde realizó sus primeras películas, todas ellas mudas. Posteriormente dirigió para varias productoras y especialmente para Nikkatsu.

La última que realizó, Humanidad y globos de papel (1937), está considerada una obra maestra. Su estreno coincidió con su marcha a Manchuria. Las tres películas que actualmente se conservan de Yamanaka son Sazen Tange and the Pot Worth a Million Ryo (1935), Kochiyama Soshum (1936) y Humanidad y globos de papel (1937). Probablemente la película que veía en el cine el matrimonio protagonista.

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La película

Más allá del cine de terror propio de Kurosawa, este filme se estructura como un melodrama de suspense muy al estilo de Hollywood y especialmente, en algunas secuencias, afines al cine de Hitchcock y, ya puestos, a Encadenados en concreto, por varias razones: hay una historia de amor, una serie de engaños y alguna escena distinta pero similar a una secuencia clave del filme de Hitch. Hablamos de la bodega donde los protagonistas tratan de averiguar el secreto de los espías alemanes. Sin darse cuenta tiran una botella que contiene algo muy distinto del espumoso champagne y que es la clave de lo que buscan. La pareja recoge lo mejor que puede los trozos de la botella y su contenido. Cuando el marido de la protagonista baja a recoger botellas para subirlas a la fiesta que está teniendo lugar en el piso de arriba, recoge pequeñas partes del mineral, y descubre que ha sido su mujer una de las personas implicadas, la cual en el dormitorio se había apropiado de la llave de la puerta que abre la bodega.

En el filme de Kurosawa, la protagonista, Satoko, desea saber cuál es el secreto que esconde su marido. Sabe que se encuentra en una caja fuerte, cuyo número conoce. Con mucho cuidado, evitando hacer ningún ruido, para no ser descubierta, abre la caja y extrae una especie de libreta y un rollo de película. Cuando se va a marchar con los secretos al darse la vuelta tropieza con una mesita en la que se encuentra un tablero de ajedrez con las piezas colocadas de una determinada forma. El tablero está allí no por casualidad, sino para saber si alguien ha abierto la caja.

Cualquiera que se acerque a la caja, al intentar marcharse tropezará con la mesa, por lo que las piezas de ajedrez caerán sobre el tablero o al suelo. Por supuesto las volverá a poner sobre el tablero, para dejarlas más o menos como estaban. Una ladina trampa tan certera o más que abrir la caja conociendo, o desconociendo, los números de la misma. Pies bien, la mujer coloca las piezas como cree estaban, pero… comete un error. Una pieza no está bien por lo que el marido, Yusaka, sabe que alguien se ha interesado por el contenido de la caja fuerte. Y ese alguien no puede ser nadie más que su mujer, que conoce el número de la caja.

La analogía con la secuencia de Encadenados es notable, aunque personajes y situaciones sean distintos. La coincidencia se encuentra en que ambas películas son melodramas de espionaje en los que la mujer del protagonista trata de saber cuál es la realidad (descubrir los secretos) de su esposo. Eso sí, mientras la protagonista de La mujer del espía no sabe lo que le esconde su marido, en Encadenados Alicia (la gran Ingrid Bergman) se ha casado con su marido (excelente Claude Rains) para descubrir en qué está metido.

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Sea como sea, está claro que el otro Kurosawa admira (como ha dicho en varias entrevistas) a Hitch, mientras que Akira Kurosawa prefería a John Ford. Tanto da porque Hitch y Ford son de los directores más grandes que ha tenido el cine.

El comienzo de La mujer del espía nos cuenta la detención de un inglés por soldados japoneses. Secuencia vista al inicio desde lejos. Dos hombres armados entran en el plano, cada uno por un extremo, hasta colocase, a medida que la cámara se acerca a un almacén, a ambos lados de la puerta que da acceso. Inmediatamente después entran en el plano un grupo de soldados japoneses que acceden al local. Los dos policías de paisano se sitúan a cada lado de la puerta con sus armas desenfundadas. La cámara ya ha llegado frente a la puerta. Esta se abre. Un inglés, que exige le dejen libre, sale detenido. Se le acusa de ser un espía.

De ahí se pasa a un primer plano de Satoko, en blanco y negro y perteneciente a una película muda, que rueda un sobrino con una cámara doméstica. Marido y mujer protagonizan la película, cuyo rodaje debe pararse un instante para que el director explique a los actores cómo deben actuar en cada una de las tomas de la película.

El argumento es sencillo: una mujer con una pequeña, e ingenua, máscara sobre sus ojos, abre una caja fuerte para coger una alhaja que allí se encuentra. Cuando se va marchar llega al marido y descubre el robo que se está cometiendo. La mujer intenta escapar, el hombre dispara. La mujer cae. El hombre corre hacia la mujer, que muere en sus brazos. ¿Es esta película muda un antecedente de lo que veremos después? ¿Las imágenes cinematográficas actuando como símbolos o metáforas?

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En las películas de Kurosawa las imágenes buscan, indagan sobre la verdad al tiempo que actúan como fantasmas del pasado, presentes siempre en su sentido de cuasi eternidad. Rebelan diferentes visiones de lo oculto. Fantasmas que están ahí para mostrar que fueron. No es raro que Yusake intente mostrar los experimentos criminales que se están llevando a cabo en Manchuria con prisioneros de guerra (el problema es cómo los ha conseguido), de idéntica o parecida manera a los realizados por los alemanes poco años después en Europa, durante la II Guerra Mundial. Mostrarlos y darlos al mundo con imágenes. La duda surge cuando el espectador ve aquella como otra película de otro tema. De ahí, el intercambio de bobinas que provoca que vean algo distinto a lo esperado.

Kurosawa ha querido que la acción tenga lugar en la propia ciudad donde él nació, Kobe. Se desarrolla en el año 1940, poco antes de que Japón entrara en la II Guerra Mundial, después del ataque de Pearl Harbor (7 de diciembre de 1941), pero desde 1937 Japón estaba en guerra con China, guerra que se había iniciado con el control japonés de Manchuria (1937).

China fue apoyada económicamente por Estados Unidos y Rusia, mientras que Japón era ayudada por la Alemania nazi. En el filme se vive el aire de guerra por las compañías de soldados que se encuentran en la ciudad y a las que se aplaude a su paso. Una sociedad tranquila que confía en su grandeza, pero no se da cuenta de lo que se les oculta, como los experimentos que se realizan en Manchuria con prisioneros enemigos.

Dos o tres personajes que al parecer se llevan bien: el rico propietario que trata bien a sus empleados, realiza viajes fuera de Japón para comprar o vender productor, un jefe militar, el sobrino del propietario que junto con éste realiza películas. Personajes que se miran, observan. Detrás de la amistad del jefe militar o policial, se esconde la búsqueda de la verdad o mentira del viajero… que, además, desea ir a Estados Unidos.

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Y en medio la mujer, ajena a todo, orgullosa de la vida regalada que lleva, con atenciones, aplausos a sus dotes como intérprete de las películas caseras en las que interviene. Una vida feliz, hasta que surge la sospecha de que algo no encaja, que la vida no es como cree. Y entonces las trampas, los engaños, las falsas verdades, entran y van cambiando su vida sin que pueda saber quién miente, quien la apoya.

Una traición tras otra, mentira tras mentira, huidas reales y delaciones, personas muertas, pero a través de documentos falsificados. Todo ello da alas a la película, sobre todo en la segunda parte, dominada por la protagonista que va a perder casi todo, pero que, incluso en su reclusión en un sanatorio, es capaz de conocerse, de saber que el mundo es otra cosa: «cuanto más loca me creen, más cuerda me encuentro».

A pesar de todo, descubrirá en un momento dado el juego del que ha sido objeto: la pieza caída del tablero de ajedrez.

Movimientos de cámara cuidados, largos planos en los que la cámara en movimiento busca el encuadre en adecuados travellings de seguimiento o alejamiento de los personajes.

Notables ideas de puesta en escena: el temblar de unos vasos sobre una mesa que indica la llegada de los aviones de combate, la utilización de unas bobinas que, al ser cambiadas, alteran una situación (rollos idénticos, pero con imágenes opuestas o al menos diferentes de lo esperado, lo que convierte la gloria de una mujer en su caída.

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Perfecta utilización del sonido, una enorme fotografía con rodaje en 4K y unos actores, sobre todo la protagonista, magníficos.

El admirable epílogo final presenta a una mujer distinta que ha aprendido a vivir, y reconoce toda su desgracia frente al mar. Un final, para mí al menos, estropeado por unos títulos absurdos que tratan de demostrar que hemos asistido a una historia real, en la que (muy corriente en el cine actual) se nos cuenta qué hará después esa mujer. Quizá una ironía de Kurosawa con la que señala el intento de conocer toda la verdad, esa oculta o alterada.

Es el primer filme estrenado en España del otro Kurosawa y debería hacer posible el estreno de sus películas anteriores, de las cuales dos al menos —que uno sepa— se encuentran en Filmin. Quienes conocen casi toda su obra son los asiduos asistentes al festival de cine fantástico de Sitges.

Ni una cosa ni otra es suficiente para que los verdaderos amantes del cine se aproximen a su interesante filmografía.

Escribe Adolfo Bellido López

  

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