El escuadrón suicida (The suicide squad), de James Gunn (3)

  29 Agosto 2021

Venganza en frío

the-suicide-squad-0Messi yéndose al Real Madrid. Michael Jordan haciendo publicidad de Adidas. Pepa Bueno fichando por El Mundo. Mick Jagger refundando los Beatles. James Gunn, artífice de las dos entregas de Guardianes de la galaxia en Marvel, dirigiendo una película de DC.

La pregunta es por qué Gunn, un cachorro Troma que desde 2011, con Super, devino en uno de los máximos deconstructores de la figura de los superhéroes, decidió cambiar de acera de esa manera tan abrupta.  La respuesta corta es porque lo echaron.

Sí, lo echaron: Gunn fue víctima de una de esas cazas de brujas que han crecido al amparo del pánico moral, las redes sociales y la cultura de la cancelación, y que gran parte de las majors de Hollywood han abrazado con la fe del converso. Alguien destapó los chistes del Gunn humorista en Twitter hace años, los descontextualizó convenientemente, y eso acabó con su carrera en Disney.

La productora del ratón quiso evitar el adelgazamiento de su cuenta de resultados recurriendo a la superioridad moral de la corrección política y se cobró la cabeza de uno de los más talentosos realizadores de cine de entretenimiento de la década. Warner DC, la responsable del Caballero oscuro —ese enmascarado que hace justicia de un modo pragmático antes que ético—, se apresuró a contratarlo para que reflotara la parte más gamberra de su universo. Ahí se convirtió en el director de TheSuicide squad.

Y sugiriendo que, en realidad, todo esto tiene algo que ver con la película, creo que ahora podemos centrarnos en ella.

La primera Suicide squad, dirigida por David Ayer, fue un fiasco. De nuevo la larga mano de Warner mutiló el proyecto de un realizador que al final cargó injustamente con todas las culpas. No obstante, puede decirse de ella que dio origen a un universo fructífero y que legó un personaje carismático como Harley Quinn, posteriormente destrozado en la incalificable Aves de presa, de Cathy Yan.

Con semejante historial, el enfant terrible de Marvel se dispuso a reconstruir un universo y rehabilitar un personaje. Ya no contaría con Will Smith, protagonista en la anterior entrega, ni con el Joker encarnado por Jared Leto. Casi que mejor, dada la alargada sombra que estos arrojaban sobre el proyecto.

En su lugar, se hizo con los servicios del magnético Idris Elba y el neumático John Cena. De Guardianes de la galaxia se trajo al siempre inquietante Michael Rooker para un pequeño papel introductorio. Era un buen guiño para saber que seguía contando con sus aliados en Marvel.

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Con estos mimbres, Gunn ha compuesto un relato asombroso, irreverente y estetizante. Conserva la idea de los Doce del patíbulo oligofrénicos, contratados por la hierática/pragmática y villana ocasional Amanda Waller —magníficamente interpretada por Viola Davis—, pero en esta ocasión no esconde su ambición de comedia negra: Gunn ha sabido explotar cada una de las aristas de este estilo, desde la configuración de los personajes hasta el diseño de la acción, pasando por las pequeñas venganzas personales.

La historia, basada en la típica incursión de un comando suicida que debe destruir una amenaza de carácter global, da muchísimo juego en manos de un gamberro como Gunn: ni la misión es lo que parece ni la amenaza es tan mefistofélica como se sugiere. El socorrido monstruo final, reinterpretado con gracia como un Kaijusui generis, es una estrella multicolor cuya caracterización ya da idea de que su enfrentamiento con los humanos  no puede interpretarse dicotómicamente, sin matices de gris, ni calificársela a ella como absolutamente malvada sin tener en cuenta sus circunstancias.

Una sola frase, dicha por boca de uno de sus zombis, cambia completamente la perspectiva sobre el monstruo y nos hace reinterpretar toda una tradición de películas que los han tenido como protagonistas. No es poco para una sola línea de guion, y es una cómica advertencia para que nos tomemos cinematográficamente en serio lo que parece ser algo más que una simple comedia burlesca.  

En este sentido de «reasignación de géneros», el director de Super recurre también al gore más explícito, pero en ocasiones lo hace para acentuar su vis cómica y estética, transformando la sangre en flores.

Hay una secuencia de este tipo en la que Harley Quinn es la protagonista absoluta, que merece un pequeño lugar en el Olimpo de los goces visuales culpables. Esta escena es la culminación de la redención de su personaje, tan maltratado —a veces con la mejor de las intenciones— en anteriores películas. Podría decirse que por primera vez ha sido liberada, mostrándose tal y como es. Aquí no hay una sola mención al Joker y con ello se ha hecho justicia, porque las patologías de ambos son totalmente distintas: ella  es una desquiciada que no carece de empatía ni de buen gusto, aunque tampoco de instinto asesino. Ahora Harley Quinn sí se ha emancipado realmente, encontrando un equipo a su altura.

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En el apartado de acción, todo un asalto tipo Commando o Rambo, que acaba no siendo lo que parece, con un giro de guión que mezcla el humor negro y el esperpento a partes iguales, nos avisa de que debemos dejar los convencionalismos en la entrada. Esta no es la típica peli de superhéroes, y no solo porque sus protagonistas, proviniendo de las turbias aguas de la «ilegalidad» no puedan ser aceptados como tales —en rigor, casi todos los superhéroes actúan igual que ellos, pasándose las leyes por el arco del triunfo—, sino porque sus planes son desastrosos, sus acciones tienen víctimas colaterales y consecuencias inesperadas, y son plenamente conscientes de estar siendo utilizados por el Poder, lo que, en cierta medida, les da libertad para actuar de cualquier otro modo en determinado momento.   

El mérito de Suicide Squad es haber transformado una historia tópica y mayormente increíble, en una ácida —por lo lisérgica y crítica— deconstrucción del género. Si se atiende a estas premisas no puede considerarse absurda, estúpida o incongruente. Cada pieza encaja con su objetivo, cada despropósito encierra una sutil llamada de atención. Cada ironía es una secreta venganza.

Los locos suicidas se enfrentan al mal y al poder aunque les cueste la vida, y al final... sucede lo que tenía que suceder: algunos subordinados del iracundo gran jefe actúan con cordura, evitando males mayores.  

Por suerte para Disney, Kevin Feige, presidente de Marvel y subordinado de Disney, siempre estuvo al lado de Gunn. Un día después de firmar con Warner DC le ofreció dirigir la tercera entrega de Guardianes de la galaxia: La gran matriz no había encontrado sustituto, al parecer porque todos los realizadores potenciales se habían solidarizado con Gunn y rechazaron la oferta.

Parece que al final los buenos, por muy gamberros que sean, acaban doblando el pulso a los grandes. La historia de  TheSuicide Squad, vamos.

Escribe Ángel Vallejo

Más información sobre The suicide squad:
Escuadrón suicida  
Aves de presa  
Guardianes de la galaxia, vol. 2

  

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