Black Widow, de Cate Shortland (1)

  28 Agosto 2021

Natasha no merecía esto

black-widow-0Disney se destapa ahora con la película dedicada a Black Widow, una de la heroínas más queridas y añoradas de la saga de los Vengadores, que hubo de enfrentarse a un duro destino frente a Thanos durante las Infinity wars.

La película llega tarde, porque la mayoría de los seguidores de la saga ya sabe cuál es ese destino, y lo hace mal porque parece que no se ha puesto mucho cuidado en elaborar un guion lo bastante decente como para hacer honor a la muy estimada Natasha Romanoff.

Black Widow arranca, como es típico últimamente en Hollywood, con una especie de refrito entre las películas de Bourne, la franquicia de 007 protagonizada por Daniel Craig, las persecuciones en motocicleta y los cambios de cara de Mission: impossible, y alguno de los avatares de El cuento de la criada o The Americans.

Todo esto genera una sensación de deja-vu que no podemos quitarnos durante todo el metraje, en cada golpe, ciudad o escena... y el resultado, como ya he sugerido alguna vez, dista muchísimo de maridar en hábil combinado: más bien precipita en una resacosa mezcolanza de buqué indefinible, que produce mareos por el exceso de acción y de CGI.

Excepto un metachiste sobre la postura de Natasha al caer, apenas hay un hallazgo notable en toda la película. Todo es rutinario, explosivo, reiterativo, y lo que es peor... políticamente cargante. Alguien debiera decir a los guionistas de Hollywood que poblar sus películas de centenares de Mary Sues no hará nada por atraer el interés de ningún tipo de público.

A la gente suelen gustarle los personajes humanos, con sus dudas y dobleces, con sus luces y sombras, con fortalezas y debilidades. Inclinar la balanza para que todo lo positivo esté en un lado y lo negativo en otro no solo es irreal —puesto que la fantasía es disculpable en una cinta de ficción—, sino profundamente aburrido. En este sentido, no hacía falta empequeñecer y ridiculizar a un personaje como Red Guardian/Dínamo carmesí para engrandecer la figura de las viudas negras.

Pero, en fin, a estas cuestiones, que no son menores, se añaden sorprendentes fallos de raccord y agujeros de guión inexplicables. Uno de ellos tiene como protagonista a Taskmaster, el personaje «interpretado» por Olga Kurilenko —y pongo las comillas porque el 95% de sus apariciones son bajo una máscara, y en el 100% de ellas no suelta una sola frase—, que reacciona a la sustancia química que libera de la sumisión hormonal a las viudas negras, cuando en realidad su control mental es electrónico; otro, al inexplicable salto temporal que se produce al final de la película y que su directora se ha apresurado a justificar con un «queremos dejar a la imaginación del espectador la posibilidad de resolver ese supuesto conflicto». Vamos, que no tenían ni idea de cómo resolverlo.

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Y la prueba de que la imaginación exigida al público no estuvo presente en la elaboración del guion se halla en la cantidad de deus ex machina que se utilizan para tapar sus agujeros. Si en realidad esa incongruencia final no hubiese sido un fallo, bastaría con haberla resuelto de modo pedestre, como la mayor parte de situaciones comprometidas de la película.

En cuanto a la trama, tampoco es nada del otro mundo: todos los personajes de Marvel han tenido una génesis original, con ritos iniciáticos y, de paso, sazonados con grandes exigencias y renuncias en lo personal, y Natasha Romanoff no iba a ser menos. Sin embargo, la película nos regala una enorme elipsis en lo que debiera ser esa descripción, pasando de una efímera estancia con su familia adoptiva —una célula durmiente en los Estados Unidos que regresa a la ya extinta Unión Soviética de 1995—, a su adscripción al bando del Capitán América, motivo por el cual se convierte en proscrita, hurtando todo el proceso de transformación de niña huérfana a espía infalible y máquina de matar sin escrúpulos.

La película no es, por tanto, una descripción del origen y formación de la superheroína: es una excusa para presentar a su hermana adoptiva, que seguro que recogerá su testigo —tal y como se muestra en la escena postcréditos— y se reivindicará como una nueva Viuda Negra en próximas películas de la saga. Hay que decir, en este sentido, que la implacable asesina interpretada por Florence Pugh tiene casi más protagonismo en pantalla que la propia Scarlett Johansson.

El resto es una película de infiltración y venganza bastante simple, completamente rutinaria, mil veces vista.

Scarlett Johansson ha denunciado a Disney por problemas con los derechos de taquilla, dado que la película se estrenó a la vez en streaming y parece que no se negoció un reparto de ello en su contrato. Quizá esta sea una buena excusa para no decir que en realidad denuncia a la productora del ratón por hacer esto con su personaje. Natasha Romanoff no se merecía una película tan mediocre

Escribe Ángel Vallejo

  

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