Palabras para un fin del mundo, de Manuel Menchón (3)

  15 Agosto 2021

Entre esto y aquello

palabras-para-un-fin-del-mundo-0«No hay una única verdad histórica. Sólo relatos del pasado diversos»

 (de la voz en off del documental)

Unamuno es un escritor clave en los últimos años del siglo XIX y en el primer tercio del siglo XX. Un viajero impenitente, capaz de generar amores y odios con sus variables posturas frente a la realidad vivida o frente a otros escritores de la generación del 27. Era contradictorio, tozudo, famoso por sus desplantes y los enfrentamientos con los compañeros de la generación.

Uno de los sucesos sobre el que más se hablado y peor se conoce es el que corresponde a su último año de vida, que corresponde tanto al suceso ocurrido en la celebración del día de la raza, no muy lejano del inicio de la guerra (in)civil (1936-1939), en el claustro de la Universidad de Salamanca; hecho sobre el que películas y libros han contado, y que de memoria sabrán los salmantinos, cómo también sobre su muerte y entierro. Un personaje imprescindible para los habitantes de la ciudad salmantina, el vasco Unamuno, varias veces rector de la Universidad, ya que fue destituido por el poder político.

En poco tiempo se han realizado dos películas distintas en su representación y definición del escritor en los últimos días de la vida de Don Miguel, como se le conoce en Salamanca, donde hay dos palabras incuestionables. Si se habla de Don Miguel, nadie duda que esa persona es Unamuno, lo mismo que si alguien, en la ciudad, pregunta dónde está o cómo se llega a la plaza, se sabe que esa plaza es únicamente la Plaza Mayor.

Las dos películas son diferentes en propuestas y en cuanto a su realización y resultados económicos. Una está dirigida por un realizador comercial y conocido, Amenábar, mientras la otra la ha realizado alguien desconocido, Menchón.

La primera, ampulosa, estridente, cuenta con grandes intérpretes. Su título, Mientras dure la guerra.

La segunda, sin estrenar casi en ninguna sala (y no sólo por la pandemia) es, lo que suele llamarse, un documental rodado sin actores, está compuesto por imágenes de la época sacadas de diferente archivos, noticiarios y fotografías del tiempo que narra. Contiene una especie de intertítulos para ir centrado sucesos y épocas. También cuenta con una investigadora que, a través de estudios sobre lo sucedido, trata de llegar a unas determinadas conclusiones. Es, claro, Palabras para un fin del mundo, dirigida y montada por un desconocido realizador, Manuel Menchón, que, al menos —ante el estupor de espectadores y algunos críticos que afilaron al máximo sus plumas— pasó por el festival de Valladolid y fue proyectada una noche del mes de julio de 2021 en la 2 de TVE.

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El director: Manuel Menchón

Nacido en Málaga en 1977. Comenzó en el mundo del audiovisual trabajando en spots publicitarios y videoclips. Entre sus trabajos se encuentran los vídeos de la Candidatura Olímpica de Madrid, AENA, Universal Music Spain.

Ha dirigido trabajos para Médicos del Mundo, realizando para esta ONG su primer largometraje en 2008, Malta Radio, un documental sobre los refugiados que tratan atravesar el Mediterráneo en busca de un futuro ¿prospero? en Europa. Cuenta con una banda sonora en la que intervienen Manu Chao, Coti o Zénit

Su interés por la obra y vida de Unamuno le lleva a realizarar 2016 su segundo largometraje, en este caso de ficción, La isla del viento, sobre el exilio del escritor en Fuerteventura decretado por la dictadura de Primo de Rivera. Es la primera vez que el cine incide en la figura de Miguel de Unamuno, aunque, eso sí, varias de sus obras se hayan llevado al cine (1).

A pesar de que el actor principal era José Luis Gómez, fue un gran fracaso comercial. Casualmente el filme llegó a estrenarse en Valencia, aunque no en salas de primer orden. El filme, ni mucho menos, es despreciable. Sin ser una gran película, es un honesto acercamiento al escritor y su vida en la isla. Se permite algunas licencias, como no contar que durante ese destierro se escapó alguna vez para ir a París. Unamuno fue un gran viajero de cuyos periplos da cuenta en algunos de sus libros.

Cuatro años después, Menchón realiza un nuevo largometraje también sobre Unamuno, aunque, cómo he dicho anteriormente, aquí aparezca el verdadero Unamuno, al ser un documental donde se hilvanan fotos y documentos de la época, siendo el centro, naturalmente, el escritor. Se trata de Palabras para un fin del mundo que puede ser vista como una continuación de La isla del viento, ya que narra la vida de Don Miguel desde que vuelve del exilio canario hasta su muerte.

En 2021, escribe junto a Luis García Jambrina, profesor de la Universidad de Salamanca y especialista en Unamuno, el libro La doble muerte de Unamuno, donde profundiza en la investigación llevada a cabo para la película Palabras para un fin del mundo, en torno a las múltiples irregulares citadas como verdades unamunianas, tanto en su fallecimiento como en los meses anteriores.

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La película

La isla del viento habla sobre el destierro de Unamuno en Fuerteventura, isla donde como recuerdo y homenaje al personaje, se erige un monumento que recuerda la estancia del escritor.

Menchón realiza una obra de ficción, pero con un cierto aire documentalista en la que cuenta su estupenda relación con los canarios, su afán por escribir, su humanidad. Ahora bien, es una película en la que el director, a su vez, se rinde al escritor que, sin duda, admira. Se centra en algunas de sus andanzas y olvida, deliberadamente o no, las veces en las que Unamuno, a pesar de estar desterrado en la isla, marchó a París.

En Palabras para un fin del mundo no hay que olvidar que todas las imágenes que aparecen son reales, salvo la investigadora de los hechos (que no dice palabra alguna) y uno de los nietos de Unamuno, que comenta al final algunos momentos señalados en la obra.

Se abre el filme, de ahí su relación con La isla del viento, con el apoteósico recibimiento del escritor en su vuelta a España, y muy especialmente en su adorada Salamanca, su otra ciudad, en la que vivió gran parte de su vida y a la que quería tanto como Bilbao, la ciudad donde nació (dato curioso: Unamuno vivió 36 años en el siglo XIX y otros 36 en el XX).

Después el filme, adelantándose en el tiempo, señala el advenimiento de la II República Española el 14 de abril de 1931. El gran alborozo, la felicidad con la que España recibe su transformación de monarquía en república, la marcha del rey hacia el destierro, la presencia del primer Gobierno de esta nueva república, tan querida por el pueblo.

Mientras en Segovia es Antonio Machado el que desde el balcón del Ayuntamiento se encarga de dar cuenta de ello al tiempo que iza la nueva bandera, en Salamanca es Unamuno el que se encargaa de ello, como muestran las imágenes del filme, con la plaza totalmente llena de gentes enfervorizadas. Era su querida y anhelada república. Siempre dirá que no es de derechas, ni de izquierdas, lo que será siempre es republicano.

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Pero la república desde el principio tiene numerosos problemas, como los conflictos con los obreros asturianos, que llevaron a la brutal represión militar al mando de un tal Franco, sin duda adepto a la República.

Las imágenes de entonces nos muestran también las muertes en los países hispanos que luchan por su independencia. En un soberbio montaje en el que se alternan fotografías fijas con otras de archivo muy seleccionadas y excelentemente montadas.

Como esas que nos llevan a la independencia de las tierras descubiertas y colonizadas por España, con especial mención a la lucha por la independencia en Filipinas centrándose en dos personajes: Millán-Astray, fundador de la legión cuyo grito de lucha es «Viva la muerte», y José Rizal, un médico oftalmólogo, escritor, a quien Unamuno admira por sus escritos, y que es además uno de los hombres más importantes en la lucha independentista. Rizal fue fusilado, quizá, por la tropa al mando de Millán-Astray. Uno de los personajes claves en los últimos años de la vida del rector de la Universidad salmantina fue Rizal.

Las palabras que se escuchan en el documental procedentes de la persona de Unamuno, son dobladas por la voz de José Sacristán. El actual y justo premio del cine español por el conjunto de su obra, ha debido disfrutar poniendo su voz a alguien tan notable y a la vez tan contradictorio.

Entre su numerosa obra está Entre esto y aquello, la dificultad de elegir entre una cosa y la otra que se le ofrece. El hombre humanista y poeta que diría en algún momento que no estaba «ni con loshunos ni con los otros». Él, como su obra, siempre a contracorriente, pero venerado, como muestran las diferentes imágenes de archivo, al menos hasta que se produce la Guerra Civil, tan dolorosa como mentirosa, en la que un golpe de estado termina con el gobierno legalmente constituido.

El filme es claramente parcial, al valorar lo positivo del maestro, ignorando sus devaneos, vacilaciones y dudas. Imágenes claras, sin voz conductora, a no ser por las palabras escritas que de vez en cuando, para centrar la acción, que aparecen en la pantalla.

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La votación de febrero de 1936, con la creación del Frente Popular (parecido, pero no igual que el que gobierna en Francia), con la unión de los partidos de izquierda, consiguió por muy poco que la balanza se inclinase hacia la izquierda. Su ventaja fue de un uno por ciento. El 46% de la derecha fue superado por el 47% de la izquierda.

El complot para derrotar al gobierno, con asesinatos en un lado y en otro, no consiguió lo esperado por la derecha, que su golpe fuese aceptado y que la España señorita se impusiera, mientras la izquierda proletaria estaba inmersa en unos cambios profundos, entre otros muchos, llevar la cultura a los pueblos más recónditos de una España donde las instituciones opresoras —y no solamente en los pueblos míseros— querían dominar todo.

Dueños de grandes empresas, juntas de accionistas de bancos, latifundistas actuando como auténticos señores feudales, dirigentes acaudalados… y ciertos partidos inspirados en los gobiernos fascistas de Italia y Alemania, cuyas garras atrapaban a ciudadanos —muchos de ellos jóvenes— en todas partes del mundo, Estados Unidos incluido.

Menchón hace referencia a las ejemplares misiones pedagógicas de la izquierda, frente a las imágenes de los sitios ganados por el bando rebelde, donde, por ejemplo, se adiestra en los colegios a críos pequeños, manipulándolos burdamente.

Por supuesto este documental (2), sin duda, se debe a un realizador de izquierdas como lo demuestra al evitar muchos deslices (y contradicciones) de Unamuno. Por poner un ejemplo: si a su muerte fue sacado el féretro a hombros de destacados miembros de Falange, se debía tanto a un hecho claramente propagandístico como a que, en algún momento, el escritor se interesó por el partido creado por José Antonio Primo de Rivera (hijo del dictador que le exilió a Fuerteventura) al que llegó a conocer, estando presente en uno de los actos fundacionales de la Falange. Eso sí, después, al estudiar más a fondo su hueca ideología, consideró escasamente interesante tanto el movimiento como su creador.

El movimiento rebelde, en principio, fue apoyado por Unamuno al creer que esa sublevación militar se lleva a cabo para poner orden en la República. Enseguida se dio cuenta de su error porque esa sublevación que terminaría en una guerra (in)civil, se dedicaría a eliminar a todos aquellos que habían representado puestos importantes en la República o pertenecían a sindicatos obreros (3).

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La guerra (in)civil

El 19 de julio de 1936, un día después de los hechos que dieron comienzo a la guerra, un destacamento perteneciente a Valladolid, a mediodía, entraba en la Plaza de Salamanca para proclamar el estado de guerra. Era domingo, por lo que en el lugar se encontraba mucha gente paseando o sentada en los cafés. Amenábar, a su manera, este hecho lo muestra en Mientras dure la guerra, pero sin ajustarse a la realidad, fundamentalmente porque el militar al mando de la compañía que tomó la plaza, terminó con un «¡Viva la República!» y no con el «¡Viva España!» de la película.

En Palabras para un fin del mundo para mostrar este hecho, al no tener grabación alguna, se opta simplemente por poner una fotografía de personas muertas y decir que en esa proclamación del Estado de Guerra murieron tantas personas. Se corresponde a la realidad. Muchas personas murieron al querer salir de la Plaza refugiándose en las columnas del lugar, sobre todo al intentar pasar de una a otra.

Curiosamente nada se dice, en ninguna de las dos películas, acerca de dónde estaba Unamuno en ese momento, como tampoco se nombra su diaria presencia en el café Novelty (4), en su terraza o en el interior. Normalmente charlando junto a sus amigos o en animadas tertulias. Pues bien, en ese momento Unamuno, siendo además mediodía de domingo, debía estar sentado en la terraza de dicho café. Si es así ¿qué sintió en aquel momento? ¿De qué facción serían aquellos militares? ¿Representarían el orden que debía imponerse al caos de aquel momento de la Republica bajo el dominio, para él, del odioso marxismo? ¿Por qué se había llegado a un dañino frente popular? Unamuno se debatía entre ambas posibilidades y en aquellos momentos apoyó a los rebeldes como salvadores de España.

Unamuno, tres veces rector de la Universidad de Salamanca y cuatro veces destituido, se había presentado candidato a concejal por la Conjunción Republicano Socialista en las elecciones de abril de 1931. Como se ha dicho, el 14 de abril fue él quien desde el balcón del ayuntamiento proclamó la República en Salamanca. En sus palabras deja claro su adhesión al nuevo régimen: «Hoy se inicia una nueva era y termina una dinastía que nos ha empobrecido, envilecido y entontecido».

Es repuesto en el cargo de Rector del que había sido expulsado en la dictadura de Primo de Rivera, cuando fue desterrado a Fuerteventura. En 1933, desencantado (al igual que otros intelectuales) del rumbo que la República está tomando, decido no presentarse a la reelección. En 1934 se jubila, siendo nombrado Rector Vitalicio, a título honorífico, de la Universidad de Salamanca, creando una cátedra a su nombre. En 1935 es nombrado ciudadano de honor de la República.

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Ese mismo año el Premio Nobel de Literatura queda desierto. Al parecer iba a ser concedido a Unamuno, pero no se le otorgó tal premio tanto por la presión del III Reich (como se indica en la película de Menchón) como, también, por su postura ante la Falange, tras haber conocido a José Antonio Primo de Rivera y acudido al acto de presentación de la Falange en Salamanca. En principio las ideas del joven movimiento parecen convencerle, pero… es sólo durante un momento, ya que enseguida comienza a atacar a José Antonio y a la Falange.

Ni Amenábar ni Menchón hacen referencia —y hubiera sido interesante— a la relación (mala en general) que Unamuno tuvo con sus compañeros de la generación del 98, a los que conoció y con los que tuvo amistad y rechazo. Como en todo, Unamuno, era ese hombre que siempre se preguntaba por una idea y la contraria pasando de una a otra.

No se sabe qué pasaría por su mente aquella vivencia de la proclamación de los militares defensores de la República en una calurosa mañana de julio en Salamanca, una de sus dos ciudades, la otra era Bilbao. ¿A cuál de los dos bandos pertenecían? Fuera cual fuera, seguía pensando en que era preciso un poder para salvar aquella República tan deseada y que parecía caminar hacía el caos.

Fuera lo que fuese seguía pensando que, quizá, la salvación estaba en los que se habían levantado en armas en varias localidades contra el Gobierno legítimo, al tiempo que encarcelaban o mataban a los fieles a la República. Por eso en el inicio de aquella guerra Unamuno apoyo a los rebeldes: militares, secundados por poderes económicos, que devolverían el país a la verdadera Republica, de ahí que aceptase ser concejal del nuevo Ayuntamiento salmantino bajo mandato militar, pero al que únicamente acudió el día de la composición del consistorio.

Los rebeldes necesitan dinero y lo exigen a los ciudadanos, que dan desde dinero hasta joyas, como muestran las imágenes del filme de Menchón. Donativos que son publicados en la prensa de la ciudad. Unamuno da 500 pesetas, que la propaganda fascista de otras ciudades sube hasta 5.000 e incluso 50.000 pesetas.

Aquellos justos salvadores no parecen serlo tanto. Muchos de aquellos que no piensan como ellos son encarcelados e incluso fusilados: tanto Amenábar como Menchón relatan en sus películas las muertes de algunos de los amigos de Unamuno, sin que hubiera causa para ello y a pesar de su intento para salvarlos. En la película de Amenábar se incluye, incluso, que acudió a ver a Franco para interceder por ellos, hecho no constatado ya que Franco fue nombrado Generalísimo el 21 de septiembre de 1936 y el «muy comentado, a través de los años», acto del Paraninfo de la Universidad de Salamanca con motivo de la celebración del día de la raza, fue apenas unos días después.

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Entre la realidad y la leyenda

Unamuno que, en principio, creyó que la sublevación solucionaría todos los males de la República e instauraría el orden en la República («El nuevo orden salvará al mundo occidental y cristiano del marxismo», dijo Unamuno) se siente decepcionado y engañado ante el fusilamiento de varios de sus amigos, cuyo único delito consiste en pertenecer a un partido político o ser pastor protestante. El miedo va atenazando a muchas personas honradas denunciadas por un vecino o un familiar al que, simplemente, le caían mal o pensaban en quitarle, por ejemplo, sus tierras.

Pero durante algún tiempo escribe en favor de los rebeldes, es amigo de notables falangistas o, incluso, días después del 18 de julio (Salamanca desde el primer momento apoya a los rebeldes) reúne al claustro de la Universidad para redactar un documento a favor de los insurrectos… Todo ella lleva a Azaña a destituirle como rector de la Universidad (29 de agosto de 1936), pero Franco, al no considerar al Gobierno Republicano como legítimo, le vuelve a reintegrar al puesto de rector (4 de septiembre de 1936).

A Salamanca, totalmente bajo mando rebelde, llega un viejo conocido, de Unamuno: Millán-Astray jefe de propaganda del nuevo (pero realmente viejo) régimen. Desde el fusilamiento de Rizal en Filipinas existe un gran malestar contra los que intervinieron en aquella ejecución.

Milán-Astray (5) fue el primer teniente coronel que mandó la legión extranjera y contó con la colaboración, en aquellos años, del comandante Francisco Franco.

En Salamanca ya no es el apuesto joven soldado de Filipinas, ahora es un alto mando condecorado por su valentía y arrojo en la guerra con Marruecos donde fue herido varias veces. A la primera herida en el pecho (1921) le siguen otras: en una pierna (1922), la amputación del brazo izquierdo para evitar se le gangrenase (1924), la pérdida del ojo derecho al recibir un disparo en el rostro (1926); además, padece vértigos.

A pesar de todo ello, posee un gran poder de mando, ya que es el jefe del servicio de propaganda del gobierno rebelde, desde finales de septiembre Franco es el Jefe Supremo del ejército sublevado, ya que quien podía haberle disputado el puesto, Mola, murió en un (extraño) accidente de aviación. Las imágenes retomadas de noticiarios o simples fotografías nos hablan de ello y nos muestran cómo Astray adoctrina con sus palabras, en el colegio, a una clase de niños: un simple ejemplo de cómo actuarán los rebeldes si ganan.

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El 12 de octubre de 1936 se celebra en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca el día de la raza, un acto presidido, naturalmente, por el rector de la Universidad, es decir por Unamuno, quien por cierto no entiende la razón de esa celebración sobre la raza.

Desde este instante el documental de Menchón utiliza una técnica detectivesca, al buscar datos para saber lo que ocurrió realmente en el Paraninfo, aunque parece que todo el mundo lo tiene claro, ya que en muchos libros y películas (incluso en la reciente y fallida, Mientras dure la guerra) se ha contado lo ocurrido: el enfrentamiento entre Unamuno y Millán-Astray tras el impresionante discurso del rector contra los intervinientes en el acto y sobre todo contra el militar.

Pero ¿es verdad lo tantas veces relatado? De ese momento y quizá haya que dudar también de cómo fue la muerte de Unamuno, ocurrida el último día del (triste) año 1936. La leyenda es más interesante y amena que la realidad histórica. Pero, con todo, lo único verdadero es lo que ocurrió.

¿Es Menchón el primero que ha emprendido la búsqueda de la verdad?

El 9 de mayo de 2018, el Instituto Cervantes organizó en su sede en Madrid un acto en honor de Unamuno con la intervención de Jean Claude Rebaté y Colette Rebaté, esposos y catedráticos hispanistas de universidades francesas (6), el escritor Andrés Trapiello, el historiador Octavio Ruiz Manjón y el director de este documental, Manuel Menchón, actuando de presentadora y conductora del acto Raquel Calella, subdirectora cultural del instituto Cervantes (7).

El acto se debe a la publicación por parte de los esposos Rebaté de su nuevo libro, En el torbellino: Unamuno en la guerra civil, donde rebaten la falsa realidad del acto del Paraninfo de la Universidad de Salamanca del 12 de octubre de 1936 con motivo de la festividad del día de la raza. Para llegar a la verdad de aquel enfrentamiento, tantas veces narrado, indagan, buscan datos sobre lo que en realidad ocurrió. Sobre ese hecho y también sobre la muerte de Unamuno.

Unamuno tres veces rector de la Universidad salmantina y cuatro veces destituido, al comienzo de la guerra (in)civil está de parte de los sublevados. Él es partidario del orden y, en ese momento, ante las elecciones de 1936 que ganan las izquierdas merced a la unión de todas ellas con el Frente Popular, cree que se ha implantado el desorden por parte de los gobernantes que quieren imponer un Gobierno marxista, todo lo contrario a esa España que, dice, haber estado siempre unida a le idea de un Occidente cristiano.

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De cualquier manera, ante los arrestos y asesinatos de los que tiene noticias, y que, en la propia Salamanca, incluyen a amigos suyos incapaces de haber hecho mal a nadie que son encarcelados o fusilados. Aquellos rebeldes no traen el orden sino un nuevo desorden.

Unamuno, ante lo que está ocurriendo, comprueba que las cosas no van a ir a mejor: los sublevados no van a traer la paz a su amado país. Ciudades como Salamanca desde el comienzo de la rebelión están bajo el mando rebelde. El ayuntamiento en su totalidad es cesado imponiendo un consejo afín al nuevo (aunque es más viejo que el anterior) Régimen. Y para formar parte del consistorio uno de los concejales es Unamuno, que, en realidad, sólo acude el día de la composición del nuevo Ayuntamiento. No va a ninguna otra sesión. Uno de los fusilados, gran amigo suyo, es el alcalde republicano de la ciudad.

Unamuno que, como rector, había reunido al claustro de la Universidad pocos días después del 18 de julio, para estudiar la nueva situación y dejar constancia que la Universidad se adhería a los sublevados, lo que motivó que Azaña le destituyera fulminantemente como rector, siendo repuesto pocos días después por Franco

Han pasado no muchos meses cuando tiene lugar el acto del Paraninfo de la Universidad, en el que Unamuno realiza un discurso que en el mundo pondrá a Unamuno en un alto pedestal democrático. Qué maravilla de discurso en el que crítica al nuevo Régimen, ataca a Millán-Astray y deja para la ¿historia? una frase profética: «Venceréis, pero no convenceréis».

Varios libros y películas sobre la Guerra Civil recogen ese maravilloso discurso que en algún pasaje hasta pone los pelos de punta.

En la película de Amenábar, el personaje de Unamuno pronuncia ese discurso. Se entiende que sería válido años antes, pero no en el momento que se realiza el filme donde varios estudios han demostrado su falsedad.

En la charla del Instituto Cervantes se habla sobre ello y se dan las razones de por qué no es cierto. Razones que también Menchón apoya en su documental, aunque sólo aportando fotografías del acto, ya que nadie grabó aquel acto.

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El mismo año (2018) que los esposos Rebaté editan el libro, en Salamanca, el Bibliotecario de su Universidad, Severino Delgado Cruz, presenta un trabajo titulado Arqueología de un mito: el acto del 12 de octubre de 1936 en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca, que coincide con el llevado a cabo por los catedráticos franceses: el célebre discurso de Unamuno contra el levantamiento y Millán-Astray no es sino una fantasía, una leyenda convertida en una realidad distinta de lo que allí tuvo lugar.

A diferencia de la película de Amenábar, que centra el discurso de Unamuno en la falsedad que durante años ha sido considerada como verdad, Menchón se sirve de algunas fotografías, muy pocas, las únicas existentes de aquel acto y de la presencia de una mujer que representa el papel de investigadora.

¿Cómo es posible que se consolidara tal embuste? Un profesor de la Universidad de Salamanca y amigo de Unamuno, Luis Gabriel Portillo, que había sido viceministro de Justicia durante la República, al terminar la guerra se exilió a Inglaterra donde trabajó en una colonia de niños evacuados desde España. Allí hizo amistad con otros intelectuales, exiliados como él. Uno de ellos fue Arturo Barea.

Ambos conocieron y se hicieron amigos de George Orwell, quien les puso en contacto con el director de la revista Horizons, encargando a cada uno un trabajo para ser publicado en la revista. Barea publicó un capítulo de su novela La forja de un rebelde, mientras que Portillo lo hizo sobre el acto del Paraninfo de la Universidad de Salamanca de octubre de 1936. Dio rienda suelta a su vena novelística y se inventó lo que allí ocurrió. Había oído algunas cosas sobre aquel acto, pero todas eran de conversaciones que pasaron de unos a otros, ya que, en el interior del Paraninfo no se grabó, aunque se llegó a decir que existía un gran retrato de Franco como Caudillo de España, algo imposible al haber sido nombrado unos pocos días antes del acto.

Se podía saber quién estaba en la mesa principal o a la salida de los asistentes a la puerta de la Universidad que da a la Catedral, para despedir a Carmen Polo al tomar el coche oficial. Entre las personas de la puerta, cercanas al coche, se encuentra Unamuno rodeado de falangistas brazo en alto, y militares. Son los dos únicos documentos reales que se poseen.

También se sabe quiénes hablaron en aquel acto y el orden de intervención: Pemán, Maldonado y Unamuno. Al hablar el rector hubo un cierto follón ante un cruce de palabras entre Unamuno y… Millán-Astray.

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Antes de seguir adelante indiquemos que Portillo vivió el resto de su vida en Inglaterra, como periodista y escritor, siendo rehabilitado como profesor de la Universidad de Salamanca en 1977. Se cree, incluso, que la célebre frase «Ganareis, pero no convenceréis», es una invención suya.

¿Cómo adquirió importancia aquel trabajo inventado, pero tomado como real, para ser tan conocido y difundido? Varios historiados leyeron aquel artículo que se creyeron en su totalidad, sin darse cuenta de la dificultad de que Unamuno pudiera llegar al final de su discurso. Como la leyenda siempre gana y aquello resultó muy impactante, Hugh Thomas lo incluyo en su esencial libro La guerra civil española, todo un clásico.

Si se estudian las palabras de Unamuno se comprueba que aquello, en su totalidad, es imposible que fuera dicho por Unamuno, que presidía el acto como rector en el centro, teniendo a uno de sus lados a Carmen Polo y al otro al obispo de Salamanca, estando también en la mesa Millán-Astray, que ocupaba ya el puesto de jefe de Propaganda.

¿Por qué aquello no puede ser en su totalidad de Unamuno? Durante los discursos anteriores el rector había escrito en una tarjeta una serie de datos, junto a algunos dibujos. Cuando habló en último lugar, criticó las palabras de Maldonado (lo cual también aparece en la leyenda) que había hablado en términos despectivos de los catalanes y los vascos, Unamuno defendió a unos y a otros, incluso puso su ejemplo: era vasco.

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La trifulca con Millán-Astray no tiene nada que ver con lo dado como verdadero, y sin ir a la verdad de los hechos claramente se demuestra que ni Unamuno iba a hablar, como despectivamente se decía, del militar en los términos que lo hizo. No era su estilo. Tampoco Millán-Astray lanzó el «¡Viva la muerte!», que era el lema de la legión.

Lo que sí ocurrió es que, a raíz del llamado día de la raza (o del descubrimiento de América por Colón) Unamuno habló del vergonzoso papel que España había llevado a cabo en sus colonias. Y puso el ejemplo del fusilamiento de Rizal en Filípinas, lo que motivó que Millan-Astray lanzase la frase: «Mueran los intelectuales traidores».

Comenzaron las amenazas a Unamuno, que se cortaron dando el acto por terminado. El militar pidió a Unamuno que diera el brazo hasta la salida a la mujer de Franco. Así lo hizo hasta que Carmen Polo se introdujo en el coche, momento que recoge, como he dicho, la foto de la salida del acto. Posteriormente se despidieron muy educadamente el militar y Unamuno, quedando para verse algún día. Después, Unamuno, a pie, sin problemas, marchó hacía su casa. Por la tarde, como casi todas, Unamuno se dirigió al Casino, donde algunos socios lo recibieron con abucheos. Su hijo Rafael lo sacó del Casino y lo llevó a su casa.

Pocos días después sería cesado como rector y como concejal del Ayuntamiento. A partir de ese momento, Unamuno salió poco de su casa, aunque escribió bastantes cartas e incluso atendió entrevistas con periodistas extranjeros.

El último día de 1936 muere Unamuno. También ha sido estudiada su muerte, ya que hay bastantes enigmas y contradicciones: este documental, lo mismo que el matrimonio Rebaté, ha estudiado a partir de los pocos datos que se tienen, poco claros, cómo pudo morir.

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Ese día por la tarde fue a visitarle una persona que Unamuno no conocía. Se ha dicho que era de la falange (lo cual se da como certeza), profesor y uno de los alumnos de Unamuno (datos falsos). Tal personaje enigmático acudió a la casa del escritor, a una hora en que habían salido una de sus hijas y su nieto. Tan sólo una sirvienta estaba en la casa. El recién llegado —que llegó a ser posteriormente gobernador Civil—, se llamaba Bartolomé Aragón. No hacía mucho que había llegado a la ciudad. Formaba parte del grupo de propaganda, que tenía como jefe a Millán-Astray.

¿Para qué fue Bartolomé a casa de Unamuno? ¿Qué deseaba transmitirle? En un momento determinado, la sirvienta escuchó voces altas, como si se estuviera produciendo una discusión. Al poco tiempo, silencio. Y enseguida Bartolomé salió corriendo de la habitación donde había estado con Unamuno, gritando «¡Está muerto! Yo no lo he matado».

¿Por qué dice que él no lo ha matado? Según él, estaban hablando y de pronto Unamuno dejó caer su cabeza sobre la camilla en la que se encontraban; durante un rato Bartolomé estuvo callado, creyendo se había dormido (?). Después le llegó el olor de que las zapatillas que llevaba el profesor, le estaban quemando y no se daba cuenta de ello. Había fallecido.

Se impidió que le hicieran la autopsia y fue enterrado al día siguiente sin haber pasado ni siquiera 24 horas desde el momento de su fallecimiento. Parecía que corría prisa enterrarle. Hubo una pugna entre algunos amigos y gente de falange, que además pertenecían al grupo de Millan-Astray, para sacar a hombros el féretro. Lógicamente ganaron los falangistas.

¿A qué se debía la rapidez de su enterramiento y el hecho de que fueran falangistas, y además pertenecientes al grupo de propaganda, los que portaran el féretro? Menchón utiliza una foto de aquel momento y señala a los tres primeros con sus nombres y su servilismo al jefe de propaganda.

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Se ha especulado mucho sobre ello, incluso es como si los rebeldes quisieran, para ellos, secuestrar el nombre de Unamuno haciendo olvidar que ellos habían fusilado hacia poco tiempo a Lorca. Hoy la incógnita se mantiene sobre si murió de muerte natural o fue asesinado. Unamuno y su misterio.

Palabras para un fin del mundo termina con una pequeña entrevista con uno de los nietos de Unamuno. Una entrevista inútil ya que nada aporta sobre el personaje y su vida. Quizá se haya realizado esta entrevista como prólogo al hecho ocurrido en este año, de introducir en una caja fuerte del Instituto Cervantes la comentada cartulina en que Unamuno tomó algunos apuntes en el acto del Paraninfo, junto a un sobre cerrado. Tal caja fuerte se abrirá cuando pasen 100 años de su muerte.

Estamos pues ante un documental que explica muchas cosas, mientras otras quedan en penumbra. Su máximo problema es la falta de objetividad de este documento, donde el tres veces rector de la Universidad de Salamanca es presentando con sus luces, pero se han obviado sus numerosas sombras.

Lo mejor, sin duda, corresponde al montaje del material de archivo y las fotos de distinta procedencia. Suena algo al cine de Patino en cuanto Menchón se dedica a colorear, no siempre acertadamente, banderas y escenas como ese fuego (de rojo intenso) que elimina la mitad de dos fotos, hasta dejar sólo una, o la quema de libros que los rebeldes realizaron en los pueblos en su poder, como una burda imitación de la quema que sus hermanos hitlerianos llevaron a cabo en Alemania. Un intento por eliminar la cultura o, lo que es lo mismo, la libertad de un pueblo que vería como muchos de los avances de la República iban siendo eliminados. Lo mismo que lo eran hombres y mujeres que luchaban por mantener una costosa libertad, obtenida después de varios años.

La travesía por la noche oscura sería larga hasta llegar a vislumbrar la libertad perdida, después de muchos años de silencio.

Escribe Adolfo Bellido López

  

Notas

(1) La obra de Unamuno es amplísima, abarcando todos los géneros literarios: novelas, poesía, ensayos, obras de teatro, cartas y más cartas. Es lógico que sus numerosos textos se hayan adaptado varias veces al cine: Todo un hombre (1943), de Pierre Chenal; Abel Sánchez (1946), de Carlos Serrano de Osma; La entrega (1954), de Julian Soler, que adapta Nada menos que todo un hombre; La tía Tula (1964), de Miguel Picazo;  Nada menos que todo un hombre (1971), de Rafael Gil; Niebla (1976), de Fernando Méndez-Leite, un telefilme de TVE; Las cuatro novias de Augusto Pérez (1976), de José Jara; Acto de posesión (1977); Fedra (1981), de Mercé Villaret; Todo un hombre (1982), de Rafael Villaseñor; Lluvia de otoño (1988), de José Ángel Rebolledo. Como personaje, Unamuno aparece en la película de Alejandro Amenábar Mientras dure la guerra (2019).

(2) La consideración del género documental como contrapuesto al cine de ficción resulta altamente discutible, ya que un filme documental recoge las imágenes desde la subjetividad del que las rueda, a lo que hay que añadir el montaje de esas imágenes, que según como se haga, tendrán uno u otro sentido.

(3) Se ha repetido a menudo que la sublevación se produjo por el asesinato de Calvo Sotelo por elementos de izquierda. Algo rebatible ya que el día anterior había sido asesinado el teniente Castillo por personas de derechas. En realidad, el levantamiento militar venía siendo preparado desde muchos meses antes, dejando claro que debea desarrollarse como si fuese una sublevación para salvar la República.

(4) En este café, de gran tradición cultural, organizó tertulias Torrente Ballester en los años vividos en Salamanca. Hoy, en una de las mesas hay una figura de Torrente. ¿Por qué no se ha puesto ninguna de Unamuno?

(5) Nunca se sabrá de dónde viene el desdén de Millán-Astray hacia los intelectuales. Su hermana mayor fue una comediógrafa muy popular de su época. Una de sus obras fue La tonta del bote. Dirigió el Teatro Muñoz Seda. Fue espía para los servicios secretos alemanes en Barcelona.

(6) El matrimonio Rebaté publica en 2007 una amplia biografía sobre Unamuno, editada en España por Editorial Taurus en 2009.

(7) Los interesados en conocer el acto completo lo tenéis en el siguiente link de YouTube, Unamuno en la guerra civil: entre historia y mito: