La guerra del mañana, de Chris McKay (0)

  26 Julio 2021

Chris-paratada

la-guerra-del-mañana-0Me cae bien Chris Pratt. No puedo negarlo. Tiene un aire de redneck autoconsciente que nunca ha aparecido como el más inteligente de las películas que ha protagonizado. Consecuente con ese papel, a veces ha aparecido hasta como tonto.

De hecho, en esta película, a pesar de ser un investigador reputado, su hija le gana por la mano en sagacidad y atrevimiento. Sigue sin ser el más listo de la función y sigue pareciéndose al Pratt que conocemos. Está en su papel.

Me gustó Batman, la Lego película. Chris McKay, su director, consiguió dar un estilo a lo que se supone debía ser una entrega rutinaria dentro de la saga Lego, y también supo reírse de los clichés de los superhéroes mientras hacía un producto a la vez infantil y adulto plenamente disfrutable.

Pero todo eso no quita que, con La guerra del mañana, su última realización, nos hallemos ante uno de los más grandes disparates del cine de acción y fantástico reciente. Un Chrisparate, dado que McKay la ha dirigido y Pratt la ha producido.

La guerra del mañana es la típica película que puede verse desconectando el cerebro, en una cálida noche de verano, sin que la indignación por lo mala que es nos haga pesada la digestión de la cena. Un blockbuster en toda regla, con acción trepidante, escenas epatantes, bichos bien diseñados, viajes en el tiempo y una ajustada dosis de drama.

Si uno realmente apaga el cerebro, puede incluso disfrutarse.

Pero a pesar de esa ligereza veraniega, a pesar de no ser absolutamente rechazable y de contar con un protagonista simpático, La guerra del mañana merece ser señalada como epítome de todos los males que aquejan a la cinematografía de género fantástico actual, y a las plataformas que fabrican sus películas como churros.

Me perdonarán que me ponga pedante en una peli de extraterrestres y tiros a porrillo, pero no puedo dejar de señalar cómo los filósofos Theodor Adorno y Max Horkheimer ya avisaron, en 1944, sobre los males de la industria cultural futura: productos fabricados casi fordianamente en una cadena industrial cuyas piezas son retazos de guiones fusilados de otras películas, ensambladas en un chasis clónico que presenta los conflictos en escaleta, y con una mano de pintura de sentencias altisonantes y chachis, para cubrir el cupo de la moraleja edificante.

Las grandes distribuidoras de streaming, pero sobre todo Netflix, se han especializado en este tipo de producciones que, como el churrero, venden casi cada mañana en sus expositores, sin que la mayor parte del público repare en el olor a refrito que despiden. Y esto sucede no porque el público sea tonto, sino porque se le ha acostumbrado a pensar que una película de este género debe ser así, hecha con molde, masa homogénea y aceite reutilizado.

Los que así actúan están causando un daño irreparable a la cinematografía y sus géneros: homogeneizan, amansan, adocenan... matan la creatividad y, sobre todo, la capacidad del público para sorprenderse y disfrutar de un producto original, aunque sea solo porque no le quedarán ganas de acercarse al cine para pagar por ver «lo de siempre».  

Así pues y entrando en materia, cabe decir que La guerra del mañana (título que ya recuerda a la película de Doug Liman protagonizada por Tom Cruise y Emily Blunt) nos habla de una próxima invasión extraterrestre que debe ser atajada por la gente del pasado a base de enviar carne de cañón al futuro. Gente sin formación militar, sin restricciones de tamaño, sexo, talento o habilidad con las armas, que deben enfrentarse a unos bicharracos de los que nada saben ni deben saber, porque si lo supiesen, no irían.

Sí, yo también me hice pipí encima ante la justificación argumental.

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Lo que viene después de tan insigne planteamiento incluye retazos de: la ya mencionada Al filo del mañana, Terminator, Alien (varias entregas, no se vayan a pensar. De hecho, hay una escena sacada de Alien 3), La cosa, La guerra de los mundos, Depredador, Starship troopers ... y alguna que probablemente me haya pasado desapercibida entre tanta explosión.

Pero en vez de hacer con todos esos mimbres una historia coherente, se empeñan en destrozar la lógica del relato a cada momento, desaprovechando de paso lo de afortunado que hubiera en cada uno de aquellos hallazgos.

Puede que todo en literatura sea inspiración, si no copia, de algo anterior. Pero esto ya ni siquiera puede llamarse así: la falta de coherencia, de integración, de arquitectura narrativa... hacen que la obra se transforme en un mosaico caótico, puramente visual. Quizá disfrutable en la mirada, pero desde luego efímero en la memoria.  

Así que, con respecto a la historia, hay poco que decir: no voy a hacer spoilers sobre cómo los protagonistas resuelven algunos de los problemas que les plantea la lucha contra los extraterrestres, simplemente diré que la mayor parte de esos problemas los han creado ellos mismos, por su torpeza. También, que la película contiene uno de los Macguffin más absurdos de toda la historia de la cinematografía, y que, aparte de la lógica, el derecho internacional no es uno de los fuertes de los guionistas (tampoco la física o la biología).

Una película mayormente absurda, que no ha reparado en gastos, pero sí se ha ahorrado imaginación y talento.

Una película sobre el futuro, sobre nuestro futuro, pero no porque nos vayan a invadir los extraterrestres... sino porque anticipa uno de los posibles finales del cine tal y como lo conocíamos.

Escribe Ángel Vallejo

  

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