Una canción irlandesa, de John Patrick Shanley (3)

  20 Julio 2021

Un romance puro y tradicional que lo tiñe todo

una-cancion-irlandesa-0Comienza esta película con la frase: «Dicen que si un irlandés muere mientras está contando una historia, puede estar seguro de que volverá». Y a fe que hay cuentos en esta historia que son un concierto y convocatoria de personajes vivos o muertos, con palabras y sensaciones propiamente irlandesas. Como reza a la sentencia que Christopher Walken declama en off: «Bienvenidos. Bienvenido a Irlanda. Mi nombre es Tony Reilly, estoy muerto».

Una gran parte de la crítica pone a esta película de mal a muy mal: «insufrible»; «nada funciona»; «adaptación torpe»; «romance descabellado»; «caos desconcertante»”; etc. Mi sorpresa es tal que me parece que haya visionado otra cinta, pero no, es la misma. Está visto que los que pertenecemos a cierta generación (para atrás) ya no estamos en el mundo.

Una canción irlandesa es una obra bucólica en el centro de la ruralidad irlandesa. recuerda a Un hombre tranquilo, 1952 de John Ford; o La hija de Ryan, 1970, de David Lean. Guardando las distancias, claro.

Personajes que saben que su lugar en el mundo pertenece a sus granjas, animales y plantaciones: a la tierra. Hombres y mujeres que aceptan la vida y la muerte como una realidad intrínseca al vivir. También conocen el sacrificio y los sinsabores del campo y el lluvioso clima de la zona. Y las bonitas canciones de su terruño, el amor y el deseo, las relaciones sociales y su complejidad, o las prácticas religiosas.

En la historia, Anthony y Rosemary son dos jóvenes irlandeses cuyas familias acarrean cierta enemistad de años por unas vallas en la parcela que separa sus dos granjas… y poco más. Todo lo cual irá derivando en un romance un tanto delirante pero lindo en sus maneras y apacible en su trama.

O más claro, como explica Tony Reilly en el prólogo, Wild Mountain Thyme trata de la historia de dos granjas vecinas y las familias que las habitan: la granja Muldoon, donde nació y creció la muy singular y tozuda Rosemary, y la granja Reilly, donde el todavía más peculiar Anthony liba las flores cual abeja. 

Rosemary crece y se convierte en Emily Blunt y Anthony se convierte en Jamie Dornan, dos inadaptados muy recomendables y buenos que están palmariamente enamorados. Pero Anthony no se atreve a declarar sus sentimientos y Rosemary habrá de hacer el trabajo romántico de peso por él, que es todo un pánfilo que se piensa ¡abeja! (simbólicamente como con baja autoestima o autoimagen subvalorada).

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Ella fuma su pipa (luego ya no fumará pues a las abejas el humo las espanta), usa vestidos blancos, trabaja en la granja, monta a caballo y mira por la ventana para ver a Anthony; y pretenderá y anhelará, porque lo que ciertamente hay en esta cinta es deseo y anhelo. Pasión soterrada y romance de alta intensidad.

Esto es la obra, más algunas dificultades que mantienen a la pareja a distancia, algunas muertes, hermosas canciones irlandesas y cervezas para compartir. Pero Rosemary y Tony están separados una buena parte del filme, sin que sepamos a ciencia cierta en que concluirá la cosa.

En la trama, un desvío insólito sobre El lago de los cisnes (Rosemary es el cisne blanco de la obra y ballet de Piotr Tchaikovsky, según la bautizó su padre) y de nuevo el pavo de Tony sin saber qué hacer con su aguijón, nunca mejor dicho.

Se trata de la adaptación del musical Outside Mullingar del neoyorquino John Patrick Shanley, quien a su vez es también el guionista y el director. De él conocí la interesante película La duda (2008), ya comentada en estas páginas.

Interpretaciones más que aceptables entre la bonita y sugerente Emily Blunt y el estrafalario, pero con ciertas dosis de realismo agrícola, Jamie Dornan, diálogos entre pedestres y dadaístas, mayormente en la recta final de esta cinta apícola.

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Los secundarios, empezando por un interesante y muy acertado Christopher Walken, o Jon Hamm como el apuesto e interesado Adam que viene de América. Acompañados de un elenco muy profesional con artistas como Dearbhla Molloy, Lydia McGuinness, Danielle Ryan, Abigail Coburn, Jon Tnney, Darragh O’Kane, Don Wycherley, Clare Barrat, Amma Weekes, Barry McGovern, Tony Reidy, Des Cafferty, Dana Delany, Tommy O’Neill, Rosemary Muldoon y Paige Bestington.

Hay partes muy mejorables, como la excesiva torpeza y atolondramiento para el amor del protagonista masculino Tony, que habría podido ser mejor trabajada y hacer más breve el calvario de un romance cantado que se retrasa mucho y exaspera otro tanto.

Tiene también escenas dramáticas muy intensas, como cuando Walken deja de criticar finalmente a su hijo y expresa con ternura su amor por el muchacho. O cuando Rosemary sube al escenario en un pub local y canta la hermosa versión del estándar popular escocés/irlandés Wild Mountain Thyme, dedicado a la difunta esposa de Tony. 

Por cierto, la mejor actuación de Walken en la película se produce cuando Tony no dice una palabra mientras reacciona a la hermosa interpretación de Rosemary de este clásico atemporal.

Aquí podemos escuchar la bucólica canción Wild Mountain Thyme, también conocida como Will Ye Go, Lassie, Go?

  

Acertada la música de Amelia Warner (bonitas tonadas y felices canciones que, a mí, particularmente, me agradan, como la mencionada balada que da título original a este filme, centrada en la historia de amor de los protagonistas) y la fotografía de Stephen Goldblatt retratando los verdes y encrespados paisajes, los acantilados de vértigo, la belleza de la costa irlandesa y la sensación de llovizna pertinaz, tal cual es en la realidad.

Estrambótica y extraña película ambientada en la actualidad, pero arraigada con firmeza en una Irlanda mítica y antigua donde todos hablan como si supieran que son personajes de la tradición y de una fábula; y que, además, nada hay que puedan hacer al respecto.

De manera que no está mal darle la bienvenida a este filme irlandés absoluto y, de paso, tomar una pinta a la salud de sus personajes.

Esta película nos gana el corazón por las actuaciones de sus protagonistas y actores de reparto, el exuberante paisaje del condado irlandés de Mayo y un romanticismo puro y diáfano que lo tiñe todo.

Escribe Enrique Fernández Lópiz | Fotos A Contracorriente Films

  

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