¡A todo tren! Destino Asturias, de Santiago Segura (2)

  22 Julio 2021

Comedia familiar

a-todo-tren-0En 2019, Santiago Segura, en una situación muy complicada para la exhibición cinematográfica, en la que debido a la pandemia apenas se estrenaban películas en salas de cine, asaltaba la taquilla con Padre no hay más que uno. Tras la exitosa saga de Torrente, y con el interludio de Sin rodeos, Segura se introdujo en el mundo de la comedia familiar con la intención de dirigirse a todos los públicos.

Humor blanco con algunas pinceladas críticas al modelo machista de familia, actores conocidos y un buen reparto infantil dieron como resultado una aceptación masiva por parte del público y significó un balón de oxigeno para las salas de cine. Este éxito propició una segunda parte, estrenada puntualmente en 2020, en la que se repetía la formula aunque el nivel creativo descendía respecto a la primera entrega.

Fiel a su cita veraniega, el director de Torrente presenta ahora ¡A todo tren! Destino Asturias. Basada en una película francesa —en ese uso tan habitual del remake que viene siendo utilizado últimamente por las grandes cadenas—, el guion del propio director y Marta González de Vega, lleva el relato al terreno conocido con muchos elementos que se repiten de sus dos anteriores trabajos, aunque aquí la combinación de esos elementos es un poco más afortunada porque parece que el relato —sin salirse del cine familiar— se ajusta a los parámetros de la comedia clásica española.

Segura reivindica ese modelo acudiendo a una cita de Atraco a las tres a través del personaje que interpreta Leo Harlem cuando, en la parte inicial del filme, se dirige a Cristina Pedroche con la conocida frase de «un admirador, un amigo». Esa comedia española de los años 60, basada en buenos guiones, con un ritmo ágil y con intérpretes que confeccionaban un producto accesible y comercial.

La película está planteada con una estructura que se basa en dos relatos que confluyen en la parte final. Por un lado, el viaje de los niños por su cuenta en el tren; y por otro lado, el viaje de los tres adultos que necesitan reunirse con ellos antes de que el tren llegue a su destino. Un montaje paralelo que expone las dificultades de unos y de otros. Los niños tienen que disimular que viajan solos y esconderán sus travesuras huyendo del personaje que encarna Florentino Fernández, un revisor malvado; y los tres adultos, equiparados a los niños por un comportamiento casi infantil, viven un buen puñado de situaciones absurdas.

Frente al entorno cerrado de los niños, limitados por el espacio físico del vagón de tren, los adultos emprenden una road movie, llena de dificultades y con todos los obstáculos posibles, que se transforma en una experiencia vital para sus protagonistas. Si los niños representan a los arquetipos habituales (el travieso, el empollón, la miedosa, la alocada), los tres adultos ejemplifican los diferentes modelos de comportamiento asociados a la edad: el abuelo que casi parece un niño, el padre nervioso y sobrepasado o el joven que vive en su propio mundo.

Al inclinar el peso de la acción en la trama de los adultos el filme, sin salirse de su esquema para todos los públicos, recupera un tono más gamberro apoyado en el protagonismo de Leo Harlem y Daniel Arroba el Cejas que dibujan unos personajes que llevan las escenas cómicas hacia el slapstick (caída, atropello, accidente).

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Y lo mismo ocurre con la composición del revisor que interpreta Florentino Fernández que, partiendo de una iconografía reconocible (el uniforme, el bigotito), sirve para introducir a los niños en un universo de pesadilla con ese personaje desequilibrado que los persigue a lo largo de toda la película.

Estos nombres son los protagonistas de un amplio reparto en el que Santiago Segura vuelve a jugar con un gran número de caras conocidas que van encajando favorablemente en una especie de sketchs, algunos de ellos casi de una forma independiente (los hippies, el papel de Resines, el personaje de David Guapo, etc.).

¡A todo tren! Destino Asturias defiende su papel de cine familiar mejor que su predecesora, con el ojo puesto en la taquilla y sin ninguna pretensión que vaya más allá de un divertimento veraniego puntual. La película contiene alusiones a diferentes temas (la forma de vida sostenible, la ironía sobre el lenguaje inclusivo, el papel de los padres en la educación de los hijos), pero sin desviarse un ápice de ese humor neutro que llegue a todo el mundo.

No hay que quitar mérito al objetivo de gustar a un público amplio —y atraer personas a las salas de cine beneficia a la industria cinematográfica—, pero ese objetivo tampoco debería estar reñido con la posibilidad de realizar un cine con algo más de mordiente, que en este filme se ve en contadas ocasiones.

Escribe Luis Tormo | Fotos Warner Bros. | Entrevista con Santiago Segura y el Cejas

  

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