First Cow, de Kelly Reichardt (4)

  15 Julio 2021

Hacia la creación de un Nuevo Estado Americano

first-cow-0La pandemia que asola al mundo ha llevado a confinamientos en todos los países y ello al cierre, entre otras actividades, de los cines en muchos lugares, uno de ellos fue España. Con el cierre y las medidas restrictivas, las salas de cine se plantearon la apertura o seguir cerradas hasta que la situación cambiase, aunque fuera parcialmente.

Pero cuando esto ocurrió, y mientras seguían existiendo medidas restrictivas, los cines tuvieron que hacer cábalas para afrontar la situación: ¿Cuántas sesiones dar al día ya que existía un toque queda a una determinada hora? ¿Cómo hacer posible que aquellas personas que huyen de espacios cerrados acudan a los cines?

No sólo las salas se enfrentan a estos problemas, las distribuidoras se niegan a transferir a las salas las películas más taquilleras que tienen en sus catálogos. Las productoras también entran en el juego: aquellos estrenos sonados que iban en determinadas fechas, retrasan su estreno hasta que el dichoso bichito deje de actuar, o llevan su película a una determinada plataforma.

Disney, por ejemplo, o estrena películas sin pasar por los cines (caso de Soul) o estrena al mismo tiempo en los cines y en las plataformas, como ocurrió con Mank. Aunque la especialista en este juego vuelve a ser Disney, capaz de sacar al mismo tiempo una película en las salas que en su plataforma. Eso sí, durante cierto tiempo el precio de alquiler en las plataformas para los asociados suele ser elevado, caso de Raya y el último dragón o Cruella, cuyo alquiler asciende, durante unos meses, a más de 20 euros. Aunque te indican en qué fecha queda liberada del pago adicional. Todo un detalle.

Estos hechos han llevado a proyectar películas (abundando las españolas) de esas que las distribuidoras creen (aunque a veces fallan) que su comercialidad es escasa, lo cual ha permitido ver algunas interesantes, caso de Martin Eden, Servidores, Uno de nosotros (título horroroso y sin sentido frente al original Let him go)… que probablemente ni se hubieran estrenado.

Uno de los títulos más importantes, en ese sentido, ha sido First Cow, de Kelly Reichardt, una de las realizadoras más importantes de la cinematografía americana actual de la cual en España no conocíamos absolutamente nada, probablemente porque su cine es claramente indie, nombre en el que se incluyen muchas obras que no lo son, al unir ese nombre a la mayor parte de las películas independientes realizadas en Estados Unidos.

En algunas publicaciones se puede leer que directores como Robert Mulligan, Arthur Penn y otros están unidos a la generación de la televisión americana que hacia la mitad de los años cincuenta pasaron al mundo del cine. Sus obras nunca se caracterizaron por pertenecer al territorio indie. O algunos de los primeros filmes de Christopher Nolan, Darren Aronofski, Damien Chazelle, Sofia Coppola… que probablemente tampoco lo son.

De ese espíritu indie sí pueden participar nombres tan importantes como Jonas Mekas,  Kelly Reichardt (prácticamente en todas sus películas) y otros. Hay obras y realizadores desconocidos que no solamente han hecho filmes independientes en sus primeros trabajos. Spike Lee, Greta Gerwing, John Sayles, John Cassavetes… y otros muchos siguen haciendo películas fuera del sistema y totalmente desconocidos salvo en círculos reducidos.

Normalmente, además, se trata de filmes realizados con un equipo mínimo y donde el realizador, en muchos casos, ejerce otros oficios en la película: guionista, fotógrafo, cámara, montador. Y ese es el caso de Kelly Reichardt la realizadora de First Cow, cuyas películas, conocidas en medio mundo, han conquistado numerosos premios. Y en el otro medio mundo, en el que se desconoce su obra, se encuentra España, donde por fin ha llegado su último filme, First Cow.

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Kelly Reichardt

Kelly nació en Florida en 1964. Sus padres eran detectives. No se encontraba muy a gusto en Florida, donde realizó su primera película (la más convencional de todas), River of grass (1994), con una protagonista (Cozy), una aburrida ama de casa, que hasta cierto punto representa el ansía de la propia Kelly: huir de California. Para mayor identificación con la protagonista, su padre es policía.

Para huir del lugar encuentra lo que parece ser un valiente personaje que le habla de realizar fechorías en Florida al estilo de Bonnie and Clyde. En realidad es sólo un fanfarrón. Cozy se siente engañada por lo que al final dispara sobre su compañero. Kelly no intervino en el montaje a pesar de su interés por ser ella la motadora, lo que la lleva a no tener demasiado cariño a este primer film.

No filmó otro largometraje hasta 2006, Old Joy. ¿Qué ocurre en esos 12 años? Muchas o pocas cosas, según se miré. Lo primero, claro, huir de Florida y marchar a Nueva York, donde vive en apartamentos de sus amigos y duerme en el sofá. Una forma de vivir que tendrá una cierta semejanza —el único cariz autobiográfico admitido por Kelly—, con Kurt, una especie de vagabundo que es uno de los dos protagonistas de su segundo largometraje. En realidad, la directora es la única referencia autobiográfica que admite existir en sus películas.

Kelly, durante esos años sin realizar cine, termina por aceptar ser profesora en el Bard College, una facultad donde trabaja en el departamento dedicado al estudio del cine experimental y al que —indica Kelly— a veces lleva a su perra Lucy. En 1999 decide realizar en súper 8, un mediometraje de aproximadamente tres cuartos de hora titulado Ode, basado en una canción popular, Ode to Billy Joe, que cuenta la historia de un adolescente que vive en el campo y termina suicidándose. Ode es el último título en el que no interviene en el montaje.

Después de Ode dirige el primero de sus cortos experimentales, Then a Year (2001), de 14 minutos, un corto donde mezcla imágenes de una historia de amor con otra de crímenes. Da la sensación de buscar ese aliento de su primer largometraje.

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El tercer corto, Travis (2004), es el más experimental de todos. Los sonidos de guitarra se entremezclan con ruidos y palabras de una mujer cuyo hijo ha muerto como militar en Afganistán.

Los tres están perdidos o quizá la directora los ha secuestrado. El que no aparezcan le satisface: «Está bien que no se hayan encontrado; en realidad me sirvieron para aprender. Poco más».

A partir de su segundo largometraje, todas las películas que realiza van a diversos festivales. Los espectadores que las ven donde se estrenan (ya se ha dicho que First Cow es la única película de Kelly que se ha podido ver en España) se dividen en los que la alaban por sus virtudes, su recorrido por los paisajes, la reconstrucción de unos ambientes, la forma de tratar asuntos normales… y los que la atacan por su minimalismo, los pequeños detalles que definen lugares y personajes.

El segundo largometraje de la directora es Old Joy (2006), en el que narra la última excursión que realizan dos antiguos amigos de la infancia, antes que uno de ellos sea padre por primera vez. Una caminata de dos días por las montañas de Oregón en busca de unas aguas termales. Cuando termine el viaje (fallido) ambos se separan para siempre. Por primera vez aparece un Estado, que dominará todo su cine posterior, Oregón. Un filme simple que, al igual que en la mayoría de sus películas, habla de la sumisión al capital, de la crisis económica que atenaza, una y otra vez al mundo. Old Joy presagia la crisis económica de 2008. Todos los temas propios de su cine, tratados —como siempre— de forma minuciosa, donde el paisaje domina todo, y donde la amistad se ensalza como una de las virtudes más importantes.

Dos años después (2008) realiza Wendy y Lucy, donde el camino es el eje central: la mujer que recorre una gran distancia porque quiere llegar a Alaska, acompañada de su perra Lucy, con el fin de poder trabajar en una fábrica de conserva. Pero, cuando en su desplazamiento llega a Oregón (el Estado que aparecerá en varios de sus títulos) empiezan a ocurrirle desgracias: se estropea su coche y lo que le piden por el arreglo está por encima de sus posibilidades. Lucy necesita comer, por lo que Wendy roba una lata de comida para perros en un supermercado. Es descubierta y enviada a la cárcel.

Cuando horas más tarde es puesta en libertad, Lucy ha desaparecido. Y a partir de ese instante, tiene otra misión, la de encontrar a su perra, mientras tanto va desapareciendo el poco dinero que le queda, al tener que pagar el arreglo del coche… Al final encuentra a Lucy.

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Un filme sencillo, otro más, donde la directora declara su amor a los animales. De fondo la crisis económica que empieza a ahogar a los norteamericanos. El capital no parece la solución. Minuciosa descripción de Wendy, Lucy y de aquellas personas que se cruzan en el camino. Mirada reposada sobre un momento y un Estado de la Unión. Lucy es, en realidad, el perro de la directora que, ya había salido en Old Joy. Kelly se había dado cuenta de lo bien que Lucy había actuado y cómo se había divertido, así que decidió que también actuara en Wendy y Lucy, además sería como una especie de protagonista. Pero su presencia en el rodaje no fue igual que en la anterior película. Ahora el animal aparecía aburrido, sin hacer demasiado caso a su ama, por lo que la directora decidió que no volvería a ponerla en otra de sus películas. Como compensación le dedicó a Lucy esta película.

En 2010 dirige Meek’s Cuttoff, el primero de sus films que echa su mirada a los viejos tiempos, al momento en que se van a buscar nuevos territorios para construir nuevos estados. Una caravana de pioneros recorre en 1845 el territorio, en gran parte aún no ocupado de Oregón (¡cómo no!), con el fin de asentarse en esas tierras vírgenes. El guía de la caravana ha previsto que el viaje dure dos semanas, pero el tiempo pasa…

La película se centra en el caminar, los silencios, las cenas nocturnas alrededor del fuego. La aparición de un indio hará que los pioneros dividan su afecto, y consideren quién tiene razón, el indio o el guía.

Un acercamiento al western, pero, eso sí, bajo la mirada especial de la directora. Nuevamente un lugar al que llegar pero que no se encuentra, una mirada hacia el paisaje, siempre nuevo, que se abre ante los ojos de los pioneros. Por vez primera la fotografía de la película es de Chris Blauvelt, su trabajo excepcional hace que inmediatamente la directora lo una a su equipo.

Y es que a Kelly Reichardt le gusta trabajar siempre con el mismo equipo, por otra parte, bastante limitado. Por ejemplo, quien ha colaborado con la directora en los guiones que ha realizado es Jonathan RaKymond (excepto en Vidas de mujer), incluso en algún caso adaptando sus novelas.

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El quinto largometraje de Kelly Reychardt es Night Moves (2013), que (no sabemos si tiene alguna razón), utiliza el mismo título del thriller de Arthur Penn de 1975 (La noche se mueve). Quizá sea la película que más se aparta del cine de su directora. Cuenta la historia de tres activistas que vuelan una presa hidroeléctrica. Después de volarla los tres se ven sometidos a problemas de conciencia ya que se sienten culpables de la acción que han cometido. Enfrentamientos personales entre ideología y bienestar social, entre ambigüedades personales y sometimientos a una sociedad cerrada, como la de sus propias existencias.

Las actrices que incorpora a su sexto largometraje, Certain Women (2016), poseen una amplia cinematografía en su haber. Ellas son Michelle Williams, Lily Gradstone, y nada menos que Laura Dern y Kristen Stewart, actriz esta última que interpretara nada menos que cuatro filmes en 2016.

Esta película se desarrolla en una pequeña localidad de Montana, que junto a Oregón son los dos Estados donde se han centrado la mayor parte de sus películas. Un filme, como todos los suyos, donde cuatro mujeres viven historias cotidianas, en las que aparentemente no pasa nada, pero donde quedan patentes los problemas de todo tipo que aquejan a una pequeña población, bien en su trabajo, en el amor, en la familia.

Laura Dern es una abogada que entra en conflicto con uno de sus clientes, Michelle Williams interpreta a una madre viviendo sus contradicciones familiares, mientras que Lily Gladstone es una ranchera que acude a clases sobre derechos escolares y se enamora de su profesora (Kristen Stewart). Cuatro historias que convergen en un momento como forma de plantear los problemas, en general idénticos, que viven las cuatro mujeres, encerradas en un pueblo sin futuro a la búsqueda de unas nuevas formas de vida.

Su séptima película, la que ahora nos llega, es First Cow (2019), que no es lo último que ha rodado. En 2019 dirigió un corto de cuatro minutos, Owl, y actualmente rueda Schowing up en la que vuelve a trabajar con Michelle Williams y John Magaro, uno de los dos protagonistas de First Cow.

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Nuevos espacios, nuevas ciudades

First Cow se inicia en la época actual: una joven se encuentra en el campo con su perro, cuando descubre dos esqueletos juntos, enterrados. Cómo si de un filme antropológico se tratará, la película va a narrar la historia que lleva a esas dos personas a ser, hace años, enterradas por la tierra. Es una explicación por supuesto, ya que la imagen, por fundido en negro, pasa a años antes, concretamente a 1820, para contarnos esa historia. O también puede entenderse como el relato inventado por la joven sobre la historia de esas dos personas cuyos esqueletos encuentra. Da igual, al fin y al cabo es alguien que narra una historia y busca cerrarla.

En 1820, Oregón no ha sido aún colonizado en un sentido amplio. La ciudad de Portland, actualmente con una población cercana a los 500.000 habitantes, junto al rio Columbia, fue bautizada como ciudad aproximadamente en 1843, antes era un conglomerado de casuchas y de gente de diferentes lugares que veían en aquel lugar, donde había grandes posibilidades de todo tipo, una tierra emergente, que además tenía cerca un gran río, conocido por los indios Chinook, nativos de aquellas tierras, como Wimahl o Gran Río. El río Columbia nace en Canadá y desemboca en el Océano Pacífico. Es el sexto río más largo de América del Norte.

Al comienzo de la película, en los tiempos actuales, vemos cómo un gran barco surca el río, el mismo que pasa de una orilla a otra la primera vaca del pequeño poblado. Vaca que da título a la película.

Antes de que el filme comience aparecen unas palabras, sacadas de los Proverbios del infierno, de William Blake (1757-1827), poeta, pintor y grabador inglés: «El pájaro, un nido; la araña, una red; el hombre, la amistad». Palabras que aluden sin duda a uno de los grandes temas de las películas de Kelly Reichardt: la amistad entre las personas, y que aquí se plasma entre Cookie y King Lu, dos personas desplazadas en el maremágnum de culturas que caminan por, y hacia, el fuerte (esa pequeña población sin nombre aún, con una serie de casuchas entre las que se encuentra un bar, un comercio, una vivienda… con el tiempo se convertirán en fuertes militares, que son los que más conocemos por las películas).

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Cookie es el cocinero de una serie de pioneros que viven en una tienda y que buscan insistentemente aquello que pueda servir para comer. Alrededor un gran bosque, que parece, por momentos, una selva, y un río. En uno y otro lugar, entre las plantas, con una pequeña red, Cookie quiere obtener las necesarias viandas. Es, como si dijéramos, el menos importante de ese grupo, o al menos al que menos importancia le dan.

En ese bosque, con plantas enormes que incluso ocultan personas, encuentra a King Lu, que viene huyendo de unos rusos, ya que se ha visto obligado a matar a uno de ellos. Al principio, Cookie no reconoce a qué raza pertenece pertenece el chino King Lu, al que confunde con un indio. Una muestra de la multitud de razas de todos los países llamados al nuevo —y mentiroso— paraíso.

Rusos, ingleses (el lugar aún se encuentra dirigido por un inglés), franceses, irlandeses, indios y otras razas van asentándose, o intentando vivir, en aquellos parajes aún libres, donde los árboles y las plantas dominan e invaden todo. Hay un plano muy curioso, y muy claro, en el que se muestra a un indio practicando… taichí.

Cookie está a gusto buscando productos para dar de comer, pero para King-Lu eso no basta. Hay que tener otras miras. Y los sueños de esos dos hombres, entre los cuales se va creando (como pide el proverbio de Blake) una gran amistad, que, en ningún momento debe confundirse con una atracción sexual, van más allá de aquellos lugares. Más bien llegar a una gran ciudad y edificar un hotel que regirá King Lu, y donde el chef será, sin duda, Cookie.

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La película, como todas las de su directora, se recrea en el ambiente, en las pequeñas acciones, en los detalles que definen a los personajes y al sitio en el que viven.

Antes del hotel, hay que tener una casa de madera que sirva para vivir bajo techado a ambos personajes: acción/trabajo-pensamiento/mandato.

La vida sigue sus ciclos hasta que un día llega una vaca, comprada por los terratenientes del lugar: ellos sí, tienen una casa de postín y visten con trajes que vienen de París o de Londres. Son los jerarcas, los importantes. La jerarquía que da el dinero, el capital que se va introduciendo en aquella primitiva sociedad.

La vaca les va a proveer de leche. Va a ser un claro distintivo frente a los demás. La vaca viene de allá, lejos. Y ha sido transportada en una balsa de una orilla a otra del río. En el camino ha perdido otro ejemplar y un hijo.

King Lu ve enseguida el negocio: hacer pastelitos utilizando la leche de la vaca, pero, claro, no es suya, así que deben buscar la forma de obtenerla. Por la noche, sigilosos, para no ser descubiertos, se acercan a la suntuosa casa, donde fuera se encuentra la vaca. En uno de los momentos más hermosos de la película (recuerda al momento en que Kevin Costner habla sigilosamente a su caballo antes de matarlo en Uno de nosotros), Cookie habla a la vaca, directamente a su oreja, de forma muy silenciosa para que se esté quieta y se deje ordeñar.

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Los pasteles y las tartas que ahora prepara Cookie se venden en forma multitudinaria en el fuerte. Grandes colas se producen para obtener los suculentos pasteles. El pago en aquellos momentos se adapta de forma diferente. Todo se admite, desde objetos hasta dinero. Se trata, sobre todo, un comercio con objetos, que los indios de la región han utilizado siempre, para proceder a su sustitución, poco a poco, por ese dinero que crea fortunas. Y es que First Cow habla de la creación y expansión del capitalismo, así como de la propiedad privada.

Cookie y su amigo se ven obligados a rendir pleitesía a los amos del lugar. Y allá van con una tarta hecha con la leche que les han robado. Allí dentro, el jefe inglés y su familia hablan y escuchan comentar al personaje francés que ha ido a visitarlos, de lo bonito que es París, de sus vestidos, de sus espectáculos, de sus gentes... Palabras incomprensibles para el jefe indio allí presente (su hija, ya dentro del sistema, conoce los idiomas que hablan y traduce a unos y a otros). En la entrada del salón, Cookie y King Lu mantienen la tarta que van a entregar a… los amos, y que les parecerá deliciosa, pero en aquella conversación hay un dato que no escapa a los dos amigos: «no sé por qué esta vaca que hemos recibido parece dar menos leche cada día».

En la secuencia posterior, los dos protagonistas, nerviosos, dejan caer el cubo donde llevan la leche. El ruido que se provoca pone en aviso a los dueños de la casa. Son, sin duda, los ladrones quienes roban la leche de la vaca. Los dos amigos huyen perseguidos por la familia con sus escopetas cargadas. Cookie queda herido. No puede saltar desde un peñasco al río porque no sabe nadar, algo que no es obstáculo para King Lu. Cookie, herido, logra esconderse de sus perseguidores. Solo un joven (quizá un futuro pistolero en los siguientes años, cuando el western se consolide) con su fusil, sigue la persecución.

Ambos amigos —uno herido, el otro cansado—, doloridos y hartos de luchar por unos sueños que nunca se cumplirán, por distintos caminos llegan a la casa, a lo único que tienen, esa casa que sí, que se mantiene en pie. La amistad les une nuevamente, se abrazan, en un abrazo que supone un encuentro y también una despedida. Cookie, malherido, se tiende sobre la tierra. Allí se queda. No se levantará, aceptando su muerte, pero sobre el lugar que forma parte de su tierra.

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King Lu, cansado de huir, de volver a empezar, hace lo mismo que ha hecho Cookie. Se tiende sobre la tierra, a su lado… Es la misma posición en la que la joven, al principio del film, ha encontrado, en el hoy, los dos esqueletos del ayer. La película ha cerrado la historia. No interesa para nada saber cómo ha muerto King Lu, si lo ha encontrado el joven y lo ha matado o ha decidido morir, en silencio, al lado de su amigo.

Kelly Reichardt no explica, deja muchas escenas abiertas, que el espectador debe rellenar como bien le parezca. La directora sólo está interesada en mostrar una época, en llevar nuestra mirada sobre acciones cotidianas, sobre gestos o actuaciones insinuadas, sugeridas. El gran poder del cine es ese, como he dicho, otras muchas veces: su poder de sugerir. Como ese plano en el que vemos, hacia el final, a la vaca, la única vaca del momento, que ha llegado al hogar, a la que se la ha rodeado de una alambrada. No muy lejos quedarán los ranchos cercados por alambres, la lucha entre los ovejeros y los vaqueros.

Pero esa simple imagen de la vaca entre alambradas muestra de manera clara la importancia que en el capitalismo supondrá la propiedad privada. Hecho-imagen-idea. Sin duda Kelly, en su cine lindando con el minimalismo, es una gran directora, cuya obra debe ser rescatada, en nuestro país, para descubrir ese cine que desconocemos, apartado de los grandes estudios, y que tiene un gran valor.

Por segunda vez, la directora ha llevado su película a los territorios que se van descubriendo en lo que serán los Estados Unidos. La caravana de pioneros de Meek’s Cuttoff o la espesura de los bosques y la presencia de lo que luego será una gran ciudad e odría plantear si ambos títulos son verdaderos westerns o se mueven alrededor del género sin implicarse en el mismo.

Escribe Adolfo Bellido López | Fotos Avalon

  

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