Entre nosotras (4)

  06 Mayo 2021

Emotiva ópera prima de Meneghetti que da para pensar

entre-nosotras-0Magnífico debut del director italiano Filippo Meneghetti en este largometraje francés sobre una historia tan humana como creíble, sin duda más común de lo que puede parecer a algunos. El asunto: una narración de arrebatada intimidad y sensibilidad, el amor delicado, entrañable y lleno de ilusiones entre dos mujeres mayores.

Hay que ser valiente para llevar a la pantalla esta temática en un debut, porque una película así en absoluto asegura la comercialidad o el deseo de ir a verla de un público muy alentado a la acción, la ciencia ficción, series y plataformas. Aquí no hay glamur ni plastificación, pero sí el ser humano encarnado en sendas señoras que se aman, y una andanada de injusticias que enervan al espectador, de tan mala leche como tienen algunos de los personajes, como los hijos. Pero veamos.

Son dos mujeres jubiladas secretamente enamoradas desde mucho tiempo atrás. Se miran la una a la otra con enorme ternura y la cámara va introduciendo al espectador en un espacio de intimidad que solo a ellas pertenece. Porque, como se verá al poco de comenzar, absolutamente nadie conoce su amor de dos décadas.

Nina y Madeleine, que así se llaman, cara a la sociedad son dos vecinas que van y vienen de una casa a la otra, compartiendo el afecto de la colindancia. Pero hay más: el cariño y la ternura de una vida en común.

Un amor secreto y el estigma del amor lésbico

La vida de estas mujeres está edificada sobre un secreto, una especie de mentira que empieza a pesarles porque las tiene maniatadas. Nina (Barbara Sukowa) quiere hacer un proyecto común e iniciar una nueva vida en Roma, el lugar donde se conocieron. Mado (Martine Chevalier), mujer viuda y con dos hijos, teme la reacción de estos o que la puedan juzgar o calificar.

Al poco y en una discusión entre ambas por la cautela de Mado ante su familia, afloran las palabras bollera, tortillera o lesbiana, por lo que queda claro que flota en ambas el fantasma de estigmatización. Y esta secuencia es la que desencadena la tragedia. Como apunta Boyero: «La intriga juega al suspense, al sufrir una de las ancianas un derrame cerebral y la otra reconociéndose culpable de haberlo provocado por reprocharle su pavor a la reacción familiar».

El libreto, escrito por el propio Meneghetti junto a Malysone Bovorasmy y Florence Vignon, no entra en el esquema del melodrama convencional, sino que se aproxima a cierta forma de suspense e intriga, teñido de culpa, recelo y aceptación de la propia identidad. Lo cual se hace evidente cuando Mado enferma gravemente y Nina toma conciencia de que ella no se atreve a desvelar su relación ante los hijos, pero lo que ansía es cuidar a su amada.

También es el caso de que no existe ningún vínculo administrativo de «pareja de hecho», matrimonio o similar, por lo que los acontecimientos se desarrollan con gran pesar y penar, a base de rodeos, mentirijillas o, en fin, estrategias diversas y poco afortunadas para poder estar juntas en tan delicada situación, aunque no sea más que algunos minutos al día.

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Puesta en escena y terceros personajes

La puesta en escena es sobria, elegante, el director acierta a sacar partido de los escasos elementos con los que cuenta. Meneghetti favorece con su cámara los primeros planos ajustados, para ofrecer la alegría y la felicidad de la pareja central en la mirada del otro y la complicidad de algo que ambas saben maravilloso. Entienden cuán afortunadas han sido por haberse encontrado y conocido. 

Planos sencillos y primeros planos con la forma en que los pies de ambas ocupan el mutuo espacio mientras bailan, lo dicen todo. Por el contrario, las malas noticias se transmiten con un dominio visual inteligente que anula la necesidad de diálogo.

Entre los personajes terceros destacan de manera enervante los hijos de Mado, sendos jóvenes cada cual con sus asuntos y profesiones (la hija, por ejemplo, es peluquera).

Pero lo que provoca irritación es ver ese fenómeno tan actual del egoísmo, los reproches, los juicios de valor a su madre y, por supuesto, los intereses de los hijos con relación incluso a objetos menores como un reloj de pared que el hijo varón quiere heredar y que siquiera deja que lo toque el niño, su hijo y nieto de la señora, no vaya a ser que lo estropee. Como estas hay variadas y diversas muestras de mezquindad.

Hijos dictadores e internamiento forzado

Pero lo peor del comportamiento filial es cuando se dan cuenta de la relación existente entre su madre y Nina. Sin mediar palabra, los hijos desalojan la vivienda y la encierran en un geriátrico para apartarla de su pareja; incluso toleran la sobremedicación, pues aunque aún convaleciente e incapaz, Mado está ansiosa por volver a casa junto a su amada.

Esta parte del film introduce el elemento del cuidado a personas dependientes que no han hecho pública u oficial su vida en pareja. 

Esta situación es de una tensión extraordinaria y suscita en el espectador sentimientos encontrados (rabia, lástima, impudor) y la reflexión sobre la necesidad de tomar una postura contra los prejuicios y decidir permanecer con quien nos quiere sinceramente, sobre todo cuando la invalidez o la enfermedad hacen acto de presencia.

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Homosexualidad, vejez y género

La película no sólo trata el tema de una relación lésbica entre mujeres, lo cual y gracias a los tiempos que corren es ya un asunto tolerado y que no provoca, salvo raras excepciones, ningún tipo de revuelo o rechazo moral.

Pero hay más elementos que sí son candentes en este mundo nuestro. Uno de ellos es la falta de ordenación legal o vínculo administrativo entre muchas personas del mismo sexo que viven su amor de manera oculta.

Esto ocurre más claramente con personas mayores, más si son mujeres, tal el caso de la película. Y esta situación, una vez sucede algo grave (enfermedad, fallecimiento, etc.), deja a estas personas en una situación de inermidad, abandono y desvalimiento.

En suma, Meneghetti, en vez de hacer una narrativa de «salida del armario» con pasión juvenil (películas como La vida de Adèle, 2013, o Carol, 2015), se centra en dos mujeres mayores, haciendo una condensación temática: homosexualidad-vejez-género, y cuánto de interés humano tiene esta tríada.

La lacra de la familia

Y está el escollo de los hijos, que podía haber sido otra familia cercana: hermanos, tíos, etc. O sea, los hijos jóvenes, que suelen quejarse del conservadurismo de sus padres, a la hora de la verdad son los más vigilantes guardianes de la moralidad y toda esa vaina, por lo que las buenas señoras no pueden estar juntas por prescripción filial. Muy bien retratada esta realidad.

La madre además está en un estado lamentable de salud y prácticamente con un pie dentro y otro fuera. A lo cual se unen los espurios intereses de heredar, pues como reza el siniestro dicho: «El muerto al hoyo y el vivo al bollo».

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Reparto excepcional

Toda la emoción de esta película está sostenida en sus dos actrices protagonistas, que convierten esta ópera prima en una película hermosa, tierna, intensa y llena de apartados para la reflexión sobre los prejuicios, la necesidad de afrontarlos con firmeza, también del respeto a las decisiones personales y la necesidad de cuidar y sentirnos amados por encima de todo, más allá de la intolerancia.

La carismática Barbara Sukowa y Martine Chevalier (autoridad del teatro francés), consiguen unas interpretaciones sublimes que llenan de afecto, matices y sensualidad este drama sobre una relación oculta a la vez que cotidiana.

Acompañan otros actores y actrices que están muy bien, como Léa Drucker, Jérôme Varanfrain, Hervé Sogne, Eugenie Anselin, Véronique Fauconnet, Aude-Laurence Clermont Biver, Denis Jousselin, Alice Lagarde, Mauriel Bénazéraf, Augustin Reynes, Stéphane Robles, Paloma Dumaine y Sasha Roy Bellina.

Aspectos técnicos, conclusión y una canción

Excelente dramaturgia, escenografía, iluminación, sonido y caracterización. Envolvente música de Michele Menini, en la cual aparece la conocida y romántica canción La tierra, originalmente grabada por Petula Clark en 1963. Buena la fotografía de Aurélien Marra y un tempo narrativo interesante.

Termino con la letra de esa canción que es la que unió a las protagonistas y que se convierte en el film en el himno de la ilusión de ambas por partir e irse a vivir a Roma, la ciudad donde se inició su historia romántica.

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Oh, la Tierra
Oh, la Tierra
Vamos a buscar
En el mundo un rincón de paz
Cruzando el cielo y el mar
Y hallar horizontes sin fin
Para amar
Vamos a partir
En el carro de nuestra ilusión
Abriendo al caminar
Los surcos que nos llevarán
A un afán de vivir
La Tierra, la Tierra, la Tierra
No tiene ya fronteras
La Tierra, la Tierra
Y mientras noche y día
La Tierra, la Tierra
Nos une para siempre
La Tierra, la Tierra
Donde nace el sol
Yo quisiera ofrecerte a ti
La tierra labrada por mí
El trigo que brota feliz
Y que nos dará
La felicidad
Vamos a partir
En el carro de nuestra ilusión
Abriendo al caminar
Los surcos que nos llevarán
A un afán de vivir

Escribe Enrique Fernández Lópiz

  

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