Mamá María (3)

  30 Abril 2021

Imaginando una posición más desahogada

mama-maria-0Película con un excelente ritmo de Jean-Paul Salomé, director de cine y guionista francés reconocido principalmente por su película Espías en la sombra (2008). Salomé se sirve de un guion propio junto a Hannelore Cayre, adaptación de la novela de la misma Cayre, La madrina, 2004, primera novela de la autora, obra policíaca transgresora y multipremiada en Francia. La dirección es más que aceptable y la trama envolvente.

Isabelle Huppert se mete en la piel de Patience Portefeux, una traductora del árabe al francés que trabaja para la policía y que, a sus cincuenta y tantos años, empieza a inquietarse por su inmediato futuro. Ella es una mujer viuda con dos hijas, asuntos económicos por resolver y obligaciones, sobre todo para con su madre «la Princesa», una mujer mayor de frágil salud.

Patience está destinada en la brigada antinarcóticos, trabajo sumamente desagradable, en el cual sortea como puede y con dignidad las explosiones a veces violentas, tanto de los detenidos como de los propios miembros de la policía. Dando también una de cal y otra de arena a Philippe (Girardot), el inspector, del cual es amante a tiempo parcial.

Ocurre en la historia que apenas ha acabado de pagar las deudas que le dejó su difunto esposo, cuando la residencia donde ha tenido que ingresar a su madre amenaza con echar a la anciana por impago de las últimas mensualidades, mensualidades claramente desorbitadas.

Ya desde los primeros compases del film, Patience hace honor a su nombre y asume con serenidad y ojos apenados y llorosos cuanto le toca vivir. Pero empieza a imaginar y fraguarse la posibilidad de una vida más llevadera y desahogada.

Cuando la Huppert ocupa todo el espacio

La Huppert es desde el principio hasta el final La Daronne o en la versión española, Mamá María (incluso María Hachís habría sido apropiado). El director Salomé lo sabe y por ello deja toda la carga de la película en manos de la actriz. Y a fe que Huppert aprovecha la oportunidad para interpretar un rol que va del lado de la Ley a la otra orilla del delito y la delincuencia, un personaje cargado de bribonada y bandazos que es interpretado con brillantez y lucimiento por la artista.

Toda la película es Isabelle Huppert, una actriz que en este trabajo vuelve a demostrar que es capaz de todo, lo cual ya ha confirmado con directores como Cimino, Haneke, Chabrol, Verhoeven, Godard o Hong Sang-soo.

Además de la Huppertt y su arrolladora personalidad, participan otros excelentes actores, como Hippolyte Girardot (el inspector), Lliane Rovère (la madre), Farida Ouchani, Youssef Sahraoui, Kamel Guenfound y Iris Bry.

Y a las bondades del trabajo actoral cabe sumar una música que acompaña muy bien de Bruno Coulais y una buena fotografía de Julien Hirsch, que retrata el atractivo de pasajes, calles y establecimientos conocidos de un París que siempre gusta ver en la pantalla.

mama-maria-1

Agilidad, buen ritmo, interesante por momentos

La película tiene un ritmo ágil que hace mantener la atención constantemente sin perder ripio. Toques de humor negro por demás de gran incorrección política donde la protagonista, con los gestos, miradas ladinas y la sonrisa cínica y definitiva de Isabelle Huppert, hace de especie de mujer «todo terreno» que ha de girar en torno a varios ejes.

De una parte, es añorante y revive a cada tanto su historia de infancia junto a un amantísimo padre árabe que manejaba negocios turbios. De otro lado, está una relación de hija solícita y de respeto con una madre poderosa y que fue señora sibarita y de lujos (la Princesa), que ahora vive desorientada e internada en una exclusiva institución, la cual procura pagar Patience como bien puede. También está su relación con su amante, con sus hijas y con una vecina china, mujer que maneja los hilos de cierta mafia oriental, con la cual congenia.

Lo que resulta es que su labor de interpretación lingüística le lleva a dar con la tecla de una operación de hachís en la que acaba implicándose, pero no para esclarecer el caso ante la policía, sino para hacerse con las riendas de un importante alijo de cannabis proveniente de Marruecos. Patience se ve envuelta en un enorme enredo de droga tras haber escuchado las conversaciones de los narcotraficantes, a lo cual se suma como contrapunto el flirteo con el inspector que interpreta muy bien Hippolyte Girardot.

Es una historia original, caprichosa, incluso un poco loca, interesante y que está presidida por cierta carga antisocial, o sea, que Patiente se salta la ley y el código deontológico de la profesión que ejerce. Todo lo cual precipita una narración que en sus inicios resulta lacia, hacia el territorio más movido de la truhanería, cuando ella decide quedarse con parte del alijo que se investiga y persigue, para gestionar por su cuenta la venta de la droga a pequeños narcos de barrio.

Mamá María acomete con fuerza, inteligencia y riesgo de su parte el negocio, por lo que la cinta se pone interesante e incluso emocionante y tensa por momentos. Además, el espectador se pone más del lado de Patiente que de la policía, lo cual provocó —la tarde que fui a ver la peli— que parte del público aplaudiera al final la hazaña de la protagonista, a la que Huppert viste de cinismo, pragmatismo y pillería.

mama-maria-3

A todo esto, la protagonista tiene su punto de integridad, pues el joven traficante a quien ella espía en sus conversaciones y que lleva la droga desde Marruecos, es hijo de la amantísima señora árabe que cuida con esmero a su madre en el geriátrico; a la cual acaba ayudando. O sea, Patiente tiene elementos de bondad en su accionar a modo de singular buena-mala mujer; caritativa pero fuera de la Ley, cual Curro Jiménez a lo gabacho y el ADN argelino de Patience.

De hecho, por conversaciones que Patience mantiene con otros personajes, el espectador claramente deduce que ella defiende a personas que, al igual que su padre, inmigrante argelino, no han tenido una vida fácil para conseguir una buena posición o un buen trabajo, por lo cual había que buscar alternativas diversas. Como ella misma le comenta a su jefe y amante Philippe, su progenitor tuvo que ganarse el sustento «con un tipo de negocios que no aprobarías». Así que Patience o Mamá María parece decidida a seguir sus pasos.

El paso a gran dama del tráfico de hachís

Patience se crea un personaje expresamente para introducirse en el mundo del tráfico y de los camellos. Aprovechando su filiación árabe se viste como una gran dama con chilaba de lujo, pañuelo de Hermès cubriéndole la cabeza y unas estilosas gafas de sol. Lo cual hace que transmita una imagen imponente y misteriosa de súper traficante sin nombre conocido. Salomé juega con un recurso propio de las comedias de estafa o de humor con tintes culturales: la protagonista se transforma en otra persona para moverse entre los delincuentes, a la vez que desconoce los códigos de ese mundo.

Así es, Mamá María tiene que vérselas con dos traficantes de poca monta que ejercen el rol cómico de ingenuos fascinados por la misteriosa mujer; pero también con otros capos más peligrosos y con la policía que le sigue los pasos.

Vemos, pues, a la Huppert de gran señora árabe negociando con los camellos, lo cual tiene su gracia. De igual modo resulta interesante la relación de Mamá María con su vecina de origen chino, con la que acaba estableciendo una inesperada complicidad. Sin olvidar la doble vida con su amante policía. La obra tiene «espíritu de vodevil, de juego del escondite, casi diríamos que de comedia bufa» (Sánchez).

mama-maria-5

El timing cómico de Isabelle

Este es un trabajo más cómico de lo común en la Huppert, con un registro grácil, hasta parece que está en la pantalla para divertirse o jugar. La actriz ofrece una cara diferente a la de tantos personajes graves, trágicos o duros a los que ha dado vida a lo largo de su carrera. La película deja constancia de que para una mujer de cincuenta y tantos, hay oportunidades distintas y nuevas, como hacer un papel más ligero, especie de camella de alto rango «que tiene un particular sentido del timing cómico» (Sánchez).

Se hace uso con gran habilidad del impudor de un personaje tan mordaz y carismático como Patience para realizar una crítica de diversas realidades sociales e instituciones que incluyen la inmigración, la policía, la Ley, el tráfico de drogas y la posición un tanto irregular de las autoridades. También nos da su particular visión del mundo árabe y musulmán.

Otra temática de la narración es la desdicha y malaventura del fin de la vida, sobre todo de los mayores dependientes como la madre, y el precio desorbitado que ella ha de pagar y que no obstante lo hace de manera gustosa y cariñosa.

Y recordaremos por largo tiempo que Isabelle tira las cenizas de su madre muerta en los pasillos de las Galerías Lafayette, con esa sonrisa de satisfacción, como de haber transformado en nuevo algo conocido.

En suma, podría pensarse que sobre el papel esta película es una ficción sobre una mujer que se abre paso en el negocio de la droga, pero, como afirma Salvá: «esta dramedia criminal en todo caso se las arregla para exhibir cierta personalidad distintiva».

Aconsejable

Yo diría más, entre la fuerza de la Huppert y una temática variada y azarosa, y trenzando varios géneros a la vez, el film avanza con agilidad por paisajes urbanos parisinos, escenas callejeras, algunos toques de humor, detalles sobre el tráfico de drogas, reiteradas alusiones a un sistema judicial al lado de los poderosos y pinceladas de sororidad femenina (no hay que olvidar el papel de la negociante china y todo el sector oriental en la trama); metraje raro, extremo, delirante, frontera entre lo bueno y lo estrambótico.

Todo ello eleva la calidad fílmica de un guion irregular y un tanto desnortado, para convertir esta obra en una pieza recomendable en estos días de pandemia y pocos estrenos interesantes.

Escribe Enrique Fernández Lópiz

  

mama-maria-2