Monster Hunter (0)

  11 Abril 2021

¿Sueñan los efectos especiales con salvar películas?

monster-hunter-0Hay películas que se prestan fácilmente el juego, al chiste, a la acumulación de adjetivos por parte del cronista que tiene que escribir de ellas. Son títulos generalmente considerados «malos» antes incluso de haberlos visto. En su afán por resultar ingenioso, en ocasiones el crítico olvida el film para centrarse en su propia disquisición, lo que puede acabar colocando la crítica a la altura del film tratado.

Monster Hunter es uno de esos títulos.

Creado en 2005 por la compañía Capcom, Monster Hunter lleva en sus 16 años de existencia un total de 36 juegos distintos, adaptados a todas las plataformas existentes en el mercado.

Con un cine que se nutre actualmente de sagas basadas en material preexistente (superhéroes, cómics, series de televisión, videojuegos), no es de extrañar que Monster Hunter también haya llegado al cine; el problema, probablemente, es quién ha sido el encargado de sacar adelante el que pretende ser el episodio piloto de la saga: el experto en adaptaciones de videojuegos Paul William Scott Anderson.

Él británico Paul Anderson llegó a Hollywood a mediados de los 90 con Mortal Kombat (1995), adaptación de un videojuego de Midway Games. El éxito de público le permitió adentrarse en el terror con Horizonte final (1997) y en una cierta ciencia ficción de acción con Soldier (1998). Aunque ambas eran hijas ilegítimas de sagas ya existentes —como Alien y Soldado universal—, no obtuvieron el éxito esperado en taquilla… y el director regresó al universo que mejor conocía.

Así que, convertido ya en Paul W. S. Anderson, se centró en dos sagas extraídas del mundo del videojuego y del cine de serie B, trabajando indistintamente como guionista o director: seis episodios de Resident Evil y cuatro de Death Race (La carrera de la muerte).

Repasando esos diez títulos se advierte su predilección por un cine con «apariencia» de superproducción de estudio, pero con presupuestos y guiones de serie B, con temas escasamente originales, puestas en escena que priorizan la acción sobre la reflexión y notables influencias de directores como Luc Besson (otro europeo que hace cine fantástico «a la americana») y Ridley Scott (el europeo que más trabaja para los grandes estudios americanos).

En definitiva, cine de acción de palomitas y perfil bajo.

Exactamente lo mismo que ofrece Monster Hunter, aunque, con el tiempo, Anderson ha ido puliendo su estilo, hasta ser capaz de crear una película con un mínimo de guion y un abundante caudal de efectos especiales, todo ello en una trama que enlaza pelea tras pelea sin mayor complicación dramática. En definitiva, un perfecto videojuego... pero ¿se puede considerar esto una película?

En 2002, Anderson conoció a Milla Jovovich durante el rodaje del primer capítulo de Resident Evil, también basada en una saga de videojuegos de la compañía Capcom. La modelo, diseñadora de moda, cantante y actriz —que ya había sido esposa y musa del cineasta Luc Besson— se convirtió en la protagonista no sólo de la saga, sino también de otros títulos de su marido, como Los tres mosqueteros (2011) y ahora Monster Hunter.

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Hay otros mundos… o eso dicen

En un mundo paralelo, imaginario, unas sorprendentes imágenes iniciales: veleros surcando desiertos, en un planeta donde no hay agua. Una idea apabullante con la que se abre la película. El prólogo finaliza con el ataque de un pariente del Kraken que se mueve bajo tierra —como los monstruos de Temblores— y ataca a los navíos que surcan los desiertos.

Fin del prólogo… y de casi todo lo sorprendente y positivo que tiene el film.

De vuelta a nuestro mundo, en fecha indefinida, una unidad del ejército es transportada al mundo fantástico del prólogo, a través de una tormenta inexplicable.

Cómo y por qué, mejor no preguntarlo. El guion es muy consciente de sus limitaciones y prefiere pasar de puntillas —o con oportunas elipsis— por aquello que no sabe cómo aclarar.

Ya en el mundo fantástico, descubrimos que hay unos monstruos que viven en las piedras (con capullos inspirados en Alien para guardar a sus víctimas) y otros que surcan los desiertos (esos inspirados en el mítico Kraken).

Por tanto, sobrevivir en ese planeta resulta complicado.

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Pero nuestra heroína lo va a conseguir, gracias a la ayuda de personajes que no tienen ninguna lógica (tan pronto son amigos como enemigos), a algunas apariciones imposibles (luchadores que desaparecen de la película, pero regresan oportunamente en el último segundo) y a una amplia colección de peleas que no solo son increíbles, sino también están confusamente filmadas.

Hay una trama, parece ser que consiste en llegar a una torre perdida «la tierra media», un lugar azotado por tormentas. Pero cuando llegas… pues bien, no pasa nada, al menos significativo. Eso sí, continúan las peleas.

Y, al final, un guion que en realidad es un videojuego, con sucesivas pantallas, nos traslada al siguiente combate. Lo importante no es hacer avanzar la acción, sino acumular peleas. Eso sí, contra bichos muy, muy grandes y muy, muy poderosos.

Que con una espada logren acabar con alguno de ellos… bueno, para qué insistir: lógica, coherencia, incluso sentido del humor (una forma de salvar obstáculos) no son temas que figuren en el manual de guionista ni de director de Paul W. S. Anderson.

Ah, aparece un gato —recuerda al gato con botas que compartió peli con Antonio Banderas—, que no tiene mayor trascendencia en la película… aunque su cameo en los créditos finales quizá sugiere que será protagonista futuro de la saga… si hay saga.

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¿Pueden los efectos especiales salvar una película?

Depende. Planteemos la pregunta de otra forma para buscar la respuesta: ¿Una gran banda sonora salva un film? ¿Es buena una película que tiene unos majestuosos decorados? ¿Y si destaca el vestuario? ¿Quizá la fotografía?

Evidentemente, no.

Si asumimos que un componente único no salva la función, sino que una película es un todo, entonces debemos aceptar que por muchos millones de dólares que se haya invertido en unos efectos digitales de buen nivel, eso no es suficiente para que merezca la pena perder dos horas.

Y más cuando, más allá de su calidad técnica, ni son originales ni ofrecen grandes hallazgos… excepto, probablemente, esa imagen inicial de los barcos surcando desiertos en vez de mares.

Si eres aficionado a los videojuegos tampoco creas que te va a entusiasmar, los «expertos» que compartían butaca durante la proyección aseguran que no: ni responde al espíritu de la saga, ni recoge personajes significativos, ni, en definitiva, tiene interés como película.

Todo se reduce a una pelea tras otra, una incongruencia sobre la anterior y un final abierto para que la saga continúe… si obtiene el beneplácito del público, eso sí. Absolutamente prescindible.

Escribe Mr. Kaplan  

  

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