La voz humana (3)

  27 Marzo 2021

Almodóvar se divierte con sus obsesiones

la-voz-humana-0Este cortometraje, de media hora de duración, presentado en la última edición del Festival de Cine de Venecia el pasado mes de septiembre y estrenado en las salas de cine, en la medida que lo ha permitido la pandemia, se inspira muy libremente en el monólogo escrito por Jean Cocteau en 1930.

La voz humana cuenta la dolorosa espera de una mujer enamorada, sentada ante el teléfono que no suena, aguardando en vano la llamada de su amante. Roberto Rossellini ya llevó este drama a la pantalla en 1948, en uno de los dos episodios de El amor, interpretado con gran intensidad por la actriz Anna Magnani.

En palabras del propio Almodóvar se trata de contar «la situación de una mujer abandonada, sola y al borde de la locura, junto a un perro con quien comparte el duelo y un montón de maletas a la espera de ser recogidas por su ex amante; es una propuesta dramática que siempre me ha estimulado».

La filmografía de Pedro Almodóvar vista en conjunto nos propone desde sus inicios un original mundo propio, cargado de referencias intertextuales, de reinterpretaciones, que provienen de su visión muy particular de la realidad social. Desde esa clave, el monólogo de Cocteau ha servido de punto de partida al cineasta manchego en al menos tres ocasiones para desarrollar sus historias, de manera que podría hablarse de una presencia obsesiva de esta pieza teatral en el imaginario del cineasta.

La primera fue a propósito de La ley del deseo (1987), película en la que el director introdujo un fragmento del monólogo de Cocteau, que interpretaba la actriz transexual a la que encarnaba Carmen Maura. En su siguiente proyecto, Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988), Almodóvar tomó como punto de partida la situación del melodrama original, donde una mujer es abandonada por su amante, pero, en este caso, el resultado es una comedia coral, narrada en clave contracultural y festiva.

El cortometraje ahora estrenado es una nueva aproximación al texto de Cocteau, en una versión muy libre del monólogo original, protagonizado por la actriz inglesa Tilda Swinton. Es el primer rodaje en inglés de Pedro Almodóvar. Se trata de un experimento cinematográfico en el que, con una puesta en escena suntuosa, plena de colores encendidos (la fotografía es de José Luis Alcaine) el director «moderniza» al personaje de la mujer que se resiste a aceptar el abandono de su amante. Tilda Swinton encarna a una mujer actual, moralmente autónoma que, al contrario del personaje de Cocteau, reacciona ante la afrenta que sufre y planea su venganza.

El espacio escénico, su concepción y utilización, juega un papel primordial en el cortometraje de Almodóvar. La sala principal está presidida por Venus y Cupido, el conocido cuadro de la pintora barroca Artemisia Gentileschi. La cámara sale con Swinton una sola vez de ese escenario, para mostrarla comprando un hacha y un bidón de gasolina en una tienda. La música de Alberto Iglesias va creando las diferentes atmósferas del relato reinterpretado por Almodóvar.

El personaje va cambiando continuamente de vestuario, como sus estados de ánimo. Un vestuario rompedor y fascinante que Tilda Swinton pasea: al principio de la historia con un impresionante vestido rojo de Balenciaga y termina con una cazadora de cuero, zapatos de plataforma, y una camisa grunge, cuando toma una decisión drástica sobre la espera inútil del amante definitivamente perdido.

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Swinton está sola en un plató cinematográfico aparentemente vacío. Pero después descubrimos que en ese plató se ha instalado un decorado, el del apartamento en el que vive su personaje.

Swinton deambula por el apartamento, angustiada, con la única compañía de un perro que no comprende por qué su amo no viene a buscarlo. En un momento dado, el personaje abandona ese espacio y rodea el escenario descubriendo el andamiaje, quizás cayendo en la cuenta de la falsedad de la realidad en la que vive.

En definitiva, Almodóvar lleva a cabo un ejercicio de estilo, una obra experimental, con mucho margen de libertad, en el que ha modernizado el drama de Cocteau, incorporando a una mujer actual, con capacidad de respuesta, frente a la original, más sumisa y doliente. Para concretar ese cambio se ha apoyado en su mundo personal y en el trabajo de Tilda Swinton, una actriz con muchos registros, dotada de un físico peculiar, que resuelve brillantemente el reto que le plantea Almodóvar.

En una época en la que triunfan las historias de ficción seriadas en las plataformas televisivas, Almodóvar ha optado por el extremo contrario, un cortometraje experimental que ha querido estrenar en pantalla grande. El transgresor sigue vivo.

Escribe Juan de Pablos Pons | Fotos Wanda Vision

Más información sobre Almodóvar
Monográfico Almodóvar en Encadenados

  

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