Los inocentes (3)

  16 Marzo 2021

Quien esté libre de pecado que tire la primera piedra

los-inocentes-0Dos años después de dar a luz su cortometraje, Guillermo Benet extiende y reformula Los inocentes, convirtiéndolo en un largometraje asfixiante, raudo y catalizador.

En esta última década, el panorama cinematográfico español ha estado representado por proyectos de bajo presupuesto realmente satisfactorios, donde la forma y el fondo eclipsan a los posibles artificios que en teoría magnificarían el resultado. Claramente, este título forma parte de este selecto grupo.

Benet mixtura en su debut la vertiginosidad de la cámara en mano y los contemplativos planos fijos para hallar el sumun de su trabajo. Los más clásicos y puristas, amantes del trípode y de ese manido perfeccionismo, no suelen ver con buenos ojos esta tendencia que cada vez es más recurrente en las producciones de nuestro país: la ya mentada cámara en mano. Y no se entiende el motivo, ya que es un recurso que le da dinamismo y empaque a la acción, cosa que logra con acierto este primerizo director.

La historia arranca con un desalojo policial en un centro social, donde los jóvenes que se encuentran disfrutando de un concierto y del desfase nocturno empiezan a huir de la revuelta que se está produciendo. En mitad de una escapada filmada con una sensación de temblor y agobio, un grupo de amigos lanza una pedrada hacia un miembro del cuerpo de policía. A partir de ahí, la desesperación y la incertidumbre se adueñan de la cinta.

La obra trata el tema de la culpabilidad de una forma egoísta y retorcida, una culpabilidad de la que nadie se quiere adueñar, pero sí de la que todos quieren que todos sean partícipes; un sentimiento que es compartido por un elenco protagonista honesto consigo mismo.

Hay que decir que el pecado puede ser una virtud (y viceversa), y es que el gran acierto de este conjunto puede ser a la vez su mayor desatino. Es el caso de trabajar con algunos actores de prolífica trayectoria, ofreciéndonos con esto una veracidad que, paradójicamente, no se transforma en una total dote de credibilidad.

Aun así, si hay que sopesar los dos lados de la balanza, uno se queda con el arrojo y la confianza que se les otorga, como también el empeño y la garra que se reflejan en sus actuaciones.

En definitiva, para el que escribe estas líneas, Los inocentes es una propuesta low cost ciertamente gratificante; una ópera prima donde los encuadres y el fuera de campo juegan un papel fundamental a la hora de sumergir al espectador en la obra.

Esta película aúna elementos que a este crítico le suelen agradar: protagonistas jóvenes, la incertidumbre y el desmadre de la noche, sucesos recordados desde el punto de vista de cada personaje, y distintivos elementos narrativos y formales a la hora de filmar.

Todos estos conforman un claustrofóbico ejercicio de concepción moral que te dejará a cuadros. 

Escribe Daniel Bernal | Artículo publicado en Cine Nueva Tribuna

  

los-inocentes-2