Small Axe (3)

  09 Marzo 2021

¡Babilonia! ¡Babilonia!

small-axe-0He aquí en principio un trabajo difícil de clasificar, porque se puede considerar formado por 5 películas o como una miniserie de cinco capítulos. Producida por la BBC, en realidad se trata de cinco películas diferentes centradas todas ellas en el racismo existente en la sociedad británica contra los afrocaribeños y… también sobre la música caribeña de aquellos años.

Las cinco películas, con duraciones entre algo más de dos horas (la primera), una hora y cuarto (tres títulos) y menos de una hora (la segunda, que no llega a la hora), se basan en historias reales e incluso utilizando en alguna de ellas a personajes reales (la tres y la cuatro).

Las cinco películas plantean el problema racial de una clase por su color y costumbres, despreciada en Londres, especialmente por la policía y que tienen lugar entre los años sesenta y ochenta. Las películas por orden de realización y de pase por las plataformas (en España a través de Movistar) son: Mangrove; Lovers Rock; Rojo, blanco y azul; Alex Wheatle y Educación.

En realidad, Steve McQueen ha rodado cinco películas, cada una con una historia diferente, pero todas ellas centradas en personajes (reales o no) que viven los problemas de una clase por su color y costumbres, sobre todo, en el Londres de esos años en los que, además, son acosados por la policía.

Estos filmes plantean, dentro del mismo título que los engloba, el dilema de cine o televisión, hasta el punto que la plataforma donde se pueden ver, primero los colocó como serie y posteriormente los cambió al apartado cine. Quizá McQueen fue consciente de ese planteamiento y jugó con esas cartas, hasta el punto que presentó los dos primeros títulos en el festival de Cannes y posteriormente fue nominado para los Globos de Oro.

Por su parte, en la votación realizada por los críticos de la revista londinense especializada en cine Sight and Sound, para decidir cual eran las mejores películas estrenadas en Inglaterra en 2020, el primer puesto fue para Lovers Rock, la segunda película de Small Axe.

Las cinco películas que conforman Small Axe fueron escritas y dirigidas por McQueen, colaborando también en el guión Alastair Siddons (primera, cuarta y quinta) y Courttia Newland (segunda y tercera). Las cinco contaron con el mismo director de fotografía (Shabier Kichner) y el mismo equipo técnico.

McQueen (1969) es bien conocido ya que en 2014 ganó el Oscar a la mejor película por 12 años de esclavitud, que obtuvo otros dos galardones: mejor actriz secundaria y mejor guión adaptado.

Sus películas anteriores habían recibido también varios premios. Su primer largometraje, Hunger (2008) ganó, entre otros varios, la Cámara de Oro en Cannes, que premia al primer largometraje de un director; el segundo, Shame (2011) recibió el premio de la FIPRESCI en el festival de Venecia y el del mejor director en el festival de Sevilla, mientras que el actor principal (Michael Fassbender) ganaba también en Venecia y Sevilla el premio al mejor actor, junto a varias nominaciones en otros certámenes.

El tercero fue el ya citado 12 años de esclavitud, que además del Oscar recibió premios en el festival de Toronto y nominaciones a gogó. Su siguiente largo fue Viudas (2018) con varias nominaciones, en especial para sus actrices. Y ahora en 2020 nos regala la miniserie o largometraje bajo el título de Small Axe.

Su labor fílmica es mucho mayor ya que ha realizado más de veinte cortometrajes (varios de tipo experimental) siendo el primero Bear (1993). Actualmente prepara el documental The occupied city

Las partes que conforman Small Axe son diferentes, pero en todas ellas la temática es la misma: el racismo británico hacia los negros jamaicanos, el papel indeseable de la policía, la unión en muchos casos de los negros o el poderío de la mujer.

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El primer episodio, Mangrove, es también el más largo (124 minutos). Los hechos hacen referencia al juicio de los nueve del Mangrove (1970).

El Mangrove era un restaurante de comida caribeña, situado en el barrio de Notting Hill, habitado en su mayoría por gente de las Antillas. El restaurante era el lugar de reunión y encuentro de la población negra. Abierto en 1968, fue objeto desde el primer momento de persecución de su dueño por parte de la policía británica, encabezada por el jefe P. C. Pulley. La razón de ese acoso se basa en que el dueño del restaurante, en el pasado, había regido un local ilegal.

El filme se inicia con el encuentro del local adecuado para poner un restaurante. Toda la primera parte, la mejor, presenta la solidaridad de la comunidad negra, donde se mezclan diferentes grupos, desde las panteras negras hasta los habitantes del barrio. Toma y daca entre policías y negros. Manifestaciones de apoyo, cargas de la policía son rodadas magníficamente por McQueen haciendo sentir la solidaridad de la raza… y no solo.

Toda la primera parte —la más interesante— se centra en ello, mientras la segunda —más convencional— da paso al juicio donde los propios acusados se defienden de los cargos. Una sala de juicio donde está presente Pulley, tratado como un arquetipo, un personaje tópico y de trazo grueso en la línea del peor McQueen, como señalan esos insertos del nerviosismo del policía, arañando, en primer plano, la silla en la que se sienta durante el juicio. Acostumbrados a ver tantas películas de juicios, tal como la plantea McQueen resulta alargada y tópica. A pesar de todo, mantiene el interés. Por supuesto, los acusados son absueltos.

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Lovers Rock es la segunda película, la más corta de las cinco y la mejor. El guión es sencillo, simple porque de lo que da cuenta, simplemente, es de una fiesta caribeña que tiene lugar en una casa.

Consta de un prólogo: preparación de la comida y de la bebida para la fiesta, continuando por la fiesta (prácticamente toda la película) y terminando con un breve epílogo.

Un episodio donde la policía británica sólo aparece caminando por la calle donde está celebrándose la fiesta y también aparece solo un hombre blanco, el dueño de una fábrica donde trabaja Franklyn (ha acudido pensando que no hay nadie: un lugar perfecto para hacer el amor con la chica, Marta, que ha conocido en el baile) siendo sorprendido por su jefe, que llega de improviso y le abronca por utilizar el lugar «para esas cosas».

Los movimientos de cámara al ritmo de la música en un lugar pequeño, la habitación de la casa, son realmente excepcionales… ahí nos damos cuenta que McQueen ha trabajado mucho con el cine experimental.

En el filme se dan las situaciones de cualquier baile: entrada en la casa; las dos amigas sentadas y viendo quién las va a sacar a bailar; la llegada de Marta con su amiga; todos han acudido con sus mejores trajes; el joven tímido que se acerca para invitarlas a bailar, con la correspondiente negativa; los comentarios de las jóvenes: es su gran noche.

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Pero también existe el intento de violación de la más pequeña, que huye horrorizada, y el encuentro de la otra chica (Marta) con el chico negro (Franklyn) con el que baila, habla e intentan conocerse entre ellos. Cuando, casi al final, ambos se despiden en la parada del autobús hay como un interrogante sobre el futuro. Frente a la chica alegre que queda para verse mañana «aquí mismo a tal hora» y que va a su casa en el bus, el chico parado ve cómo se marcha el bus, en un plano sostenido y que pone el interrogante sobre si ese mañana existirá y continuarán su historia o uno de los dos, él probablemente, no acudirá.

Acuda o no, queda la alegría de la chica al despertarse por la mañana. Y mientras, en el baile, los caribeños comen y bailan al ritmo de las canciones propias en esa fiesta privada jamaicana que tiene lugar un día cualquiera (muy especial, quizá, para varios) de 1980, en Londres. Sea como sea ella despertará alegre, sonriendo al nuevo día

Si esta parte es excelente en realización, no lo es menos en las músicas que suenan continuamente, entre otras Silly Games, cantada por Janes Kay, del gran compositor y productor musical Dennis Bovell, que efectúa un cameo en esta parte, interpretando al vecino de arriba, o Kunta Kinte Dab, del grupo The Revolutionaries, que suena más de una vez.

Dennis Bovell creó en Londres un nuevo sello, Lovers Rock, que en poco tiempo se convirtió en el nombre de un baile.  En la película Franklyn, para saber si a Marta le gusta la música más dura o la más dulce, le pregunta «Eres de rade o eres de soul», a lo que ella contesta: «Escucho a Louisa Mark, Janet Kay, Junior English». En su contestación Marta cita a los grandes nombres de Lovers Rock por lo que Franklyn responde: «Ah, ya veo, eres lovers».

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La tercera película también es digna de atención: Rojo, blanco y azul. Toma como base una historia real: la del primer policía negro que hubo en Londres, Leroy Logan, interpretado excelentemente por John Boyega, y cuya historia se desarrolla nada menos que en 1983.

Tanto en este episodio como en el quinto, la familia adquiere una gran importancia.  Aquí se enfrentan padre e hijo al principio (el padre ha sido apaleado por la policía) ya que Leroy no sólo se mete en la policía, enemiga de la raza, sino que también abandona su profesión de médico-forense. Se trata para muchos de un traidor.

De todas formas, la sociedad caribeña con un cierto acomodo padece mucho de los males de la sociedad blanca. Ahí, por ejemplo, está la represión de sus vidas. Es esta una parte narrada sin estridencias, sin un trazado tópico, ni de escenas sentimentales, ni excesivamente dramáticas.

Se trata de observar unas actuaciones y unos hechos, por ejemplo: Leroy saca una buenísima nota para ascender en el cuerpo, pero es relegado a su puesto de policía raso, mientras varios de sus compañeros, que le tratan como un intruso, son ascendidos.

Todos los momentos donde padre hijo se sinceran o simplemente hablan de sus dudas son excelentes. El final queda abierto ya que, en la casa, Leroy plantea a su padre las dudas que tiene para seguir en la policía, ya que es repudiado por sus compañeros blancos. Un momento donde padre e hijo se sinceran sobre las posibilidades de un futuro y que se cierra con ese interrogante sobre Leroy: ¿seguirá en la policía o volverá a su antigua profesión?

Excelente final que muestra sus dudas, su fracaso al ver cómo sus ideas para cambiar el sistema parecen ser inútiles. Aunque el filme termina así, con un meditabundo silencio, sabemos que Leroy siguió en la policía, logrando grandes cambios en el interior del cuerpo.

Como las anteriores partes, en esta la música adquiere una gran importancia. Se escuchan varias canciones de Al Green, incluida en los créditos finales Fort he good times. En otro momento suena Tired of being alone, utilizando la versión del clásico country-soul de Bee Gees, en la versión incluida por Green en Let’s stay together con la que se describe el adiós de Leroy a su familia, para iniciar las seis semanas de entrenamiento policial.

Y, sobre todo, How Can You Mend a Broken Heart, mientras el padre lleva al hijo en su coche hasta la academia de policía. Transcurre el trayecto sin decir palabras y tomando a los personajes de espaldas, como muestra del desgarro del padre al entregar a su hijo al enemigo. Secuencia que termina con el abrazo de ambos.

Destaquemos también en esta parte el largo travelling en que Leroy, a lo largo de una especie de almacén, persigue a un delincuente, mientras pide ayuda a sus compañeros del cuerpo, que prefieren ignorar sus insistentes peticiones de auxilio.  

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Curiosamente, el peor episodio de Small Axe es el cuarto ya que se trata de seguir la evolución real de Alex Wheatle (título de esta parte) hasta convertirse en el escritor famoso que es hoy día. Una evolución que comienza con su encarcelamiento y donde su compañero de celda le transmite el amor a los libros.

Esta historia da para una larga película, no para resumirla en algo más de una hora. Para mostrar el desarraigo en el que ha vivido Alex, se utilizan varios flashbacks: la dura infancia en un orfanato, al haber sido abandonado, al nacer, por sus padres, seguida por una juventud descarriada, con su inmersión en el infierno de la droga.

Su entrada en la cárcel coincide con los disturbios acontecidos en el distrito londinense de Brixton en 1981, representados, como otros sucesos, por fotografías de la época en blanco y negro mientras se escucha una voz en off que relata lo ocurrido y que pertenece a uno de los libros escritos por Alex en los que narra aquellos hechos.

Quizá, con lógica, a estas alturas del artículo, alguien se preguntará por qué se titula con el grito «Babilonia», palabra que en la mayoría de las cinco partes es pronunciada por los jamaicanos en sus enfrentamientos con la policía. Y es que Babilonia, para el movimiento rastafari (movimiento jamaicano influido por corrientes de pensamientos locales, de tipo filosófico y espiritual), era la representación del sistema dominante que reprimía a los esclavos negros.

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En la última, Educación, en algunos momentos parece que McQueen muestra elementos autobiográficos para narrar la historia de un niño que, por sus problemas en un colegio normal respecto a la lectura y la integración, es enviado a un colegio especial, más que colegio, tal como se dice en el filme, una escuela para subnormales.

Una institución conocida por McQueen ya que tuvo que pasar por esa experiencia, al ser disléxico. Una parte donde el elemento familiar, especialmente la madre, adquiere gran importancia, lo mismo que aquellas licenciadas negras que, al corriente de estas escuelas, luchan pon reintegrar a los chicos (¿sólo a los negros?) a una enseñanza normal.

El comienzo y el final se unen. En las primeras imágenes, el niño asiste a una sesión en un planetario. El mundo de las estrellas parece llamarle. Es su idea. En el final, volvemos al mismo lugar donde el niño sonríe mientras admira el universo, un mundo que él también puede compartir.

Tremenda es la visión del colegio al que es enviado y donde no existe atención, ni enseñanza de ningún tipo, con unos profesores que más que docentes parecen robots o zombis que pasan de todo.

En esos momentos, la única satisfacción del protagonista, Kingsley, es mirar (observar) los sitios por los que pasa, al ser conducido en el bus escolar a su casa, mientras los otros niños se pelean, gritan o prosiguen la educación (inexistente) que reciben en ese centro, instante en el que se suena un clásico mod cuya letra, adecuándose al momento, habla de no preocuparse por nada, estar sentado en el arco iris o el noble entretenimiento de cantar canciones sin letra ni melodía.

Existen en esta parte, redondeada por un final feliz, momentos esplendidos: la descripción del colegio del que es expulsado Kingsley o, mucho más detallada, la del colegio para niños especiales, la descripción de la familia, el cambio de Kingsley hasta llegar a ese momento en que lee certeramente la página de un libro: un  primer aprendizaje que le prepara para un esperanzador futuro donde incluso se haya vencido el racismo de la sociedad, de manera que negros y blancos vivan unidos, no separados, ni, mucho menos, perseguidos por el color de su piel.

En los cinco episodios de la película es muy importante la música caribeña, aunque se eche en falta la aportación del punk negro. El título de la propia película, Small Axe cuya traducción sería Hacha pequeña, hace mención a una canción de Bob Marley and the Wailers perteneciente al álbum African Herbsman, que dice así: «si tú eres el árbol grande, nosotros somos el hacha pequeña bien afilada para cortarte».

Una buena definición de la interesante y combativa Small Axe.

Escribe Adolfo Bellido López

  

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