Punto rojo (1)

  21 Febrero 2021

Sé lo que hicisteis el último verano

punto-rojo-0Acostumbrados a películas —sobre todo americanas— donde alguien lucha por la supervivencia en el desierto o en la selva, sorprende una propuesta similar llegada de Suecia: aquí la nieve y el hielo forman el territorio salvaje.

Pero si el planteamiento inicial promete —y más con un inicio in media res: a punto de morir los protagonistas—, el resto deja helado.

Porque, para el espectador, no es nada el frío que sufren los protagonistas a lo largo del film —bien filmado en general— comparado con el sudor que provoca el cuarto de hora final, cuando los guionistas Alain Darborg y Per Dickson pierden los papeles.

Y el director —el propio Darborg— abandona el sentido común.

Juntos perpetran uno de los mayores atentados a la lógica y el sentido común vistos en una pantalla —de cualquier tamaño— en los últimos años.

Nada de lo que hemos visto vale —o casi nada—, porque se nos ha ocultado información fundamental.

Así que, sin rubor, comienzan a «recontar» la historia, añadiendo detalles imprescindibles para conocer la trama, que han sido sustraídos al espectador con premeditación y alevosía.

Ni vecinos, ni amigos, ni tampoco la pareja protagonista son quienes decían ser. Ya no es que oculten secretos… lo que ocultan es un guion penoso en su traca final.

Juegos de este tipo los hemos visto de todos los colores: desde la argentina Nueve reinas (Fabián Bielinsky, 2000) hasta la pirueta tecnológica en la que desemboca La cabaña en el bosque (Drew Goddard, 2011). Pero su giro hacia el «engaño de todos para todos» o hacia la ciencia ficción, respectivamente, en ambos casos tiene una justificación bastante más coherente con el resto del metraje.

Que nos gusten más o menos es otra cuestión.

Pero aquí no cabe la duda: es una estafa al espectador, a su predisposición a disfrutar de un survival (ese film de supervivencia donde uno o varios personajes huyen de una amenaza mayor en mitad de un paisaje hostil y desconocido).

No, no es que  reclamemos hacer caso al tráiler… ya se sabe que suelen ser muy tramposos o contarlo todo. En ambos casos, impresentables.

No. Reclamamos que el film sea fiel a sí mismo. A su planteamiento. A su desarrollo durante la primera hora.

Que al final nos cuenten otra película cada espectador lo puede tomar como prefiera —recordemos los casos de Nueve reinas o La cabaña en el bosque—, pero debemos exigir coherencia con lo narrado en la parte inicial.

Y aquí no existe.

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En el hielo nadie puede oír tus gritos

Tras un breve prólogo, en el que una pareja está a punto de perecer, la película da un salto atrás y nos explica —es un decir— cómo han llegado hasta ese momento.

Asistimos al fin de curso, a la ansiada titulación, a la declaración de amor, al sí quiero y, en un nuevo salto temporal, al fracaso de la relación entre la pareja protagonista tras los primeros meses de convivencia.

Con un embarazo —no deseado— en camino, a propuesta de un vecino realizan un viaje que puede ser la solución para su vida: nada más relajante que esquiar y disfrutar de la aurora boreal.

Un incidente tonto, habitual en el tráfico cotidiano. Una discusión innecesaria. Una pequeña revancha… y ya tenemos un motivo para la persecución. Entramos en el terreno de El diablo sobre ruedas (Spielberg, 1972), de la mítica Deliverance (John Boorman, 1972) o incluso de la saga de Mad Max y gran cantidad del cine que transcurre en la carretera.

Una persecución nada novedosa en el cine. El último ejemplo podría ser Salvaje, estrenada en enero en nuestros cines: la ausencia de la más mínima cortesía genera una persecución de un conductor hasta las narices del estrés actual. Sencilla, pero coherente.

Y hasta aquí podemos leer.

Alain Darborg dirigió en 2015 Un plan perfecto, la historia de una venganza por la muerte del mejor amigo del protagonista. Un detalle a tener en cuenta para enfrentarse en 2021 a Punto rojo, porque alguna relación hay entre ambos films…

Dos elementos nos permiten ilustrar la falta de coherencia en este film: el papel del embarazo y esa otra Suecia no tan ejemplar de la que nos habla la novela negra nórdica del siglo XXI.

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Un embarazo sin trascendencia

Tras comprobar que en Suecia también son machistas como en el sur europeo, la joven Nanna Blondell queda embarazada, pero no se atreve a decírselo a su pareja. Un vecino, con el que coincide en la lavadora común de la finca, la anima a realizar un viaje a un lugar paradisíaco.

Sin habérselo dicho a su pareja, Johannes Kuhnke, inician un viaje que, curiosamente, surge por iniciativa del marido.

Y ahora la pregunta: ¿qué papel desempeña el embarazo en la trama?

Veamos, no es el origen del conflicto: ella ya ha comprobado que apenas tiene tiempo para preparar sus estudios porque el marido, ya titulado, no colabora en casa.

No es el origen del viaje: ha sido el marido quien —retomando un «ingenio» del que ya hizo gala en la declaración de amor— se lo propone para mejorar su relación actual.

Tampoco es el tema que resuelve el conflicto final… porque no tiene ninguna importancia para el final de la película.

Comparemos este embarazo sin sentido con el de algún guion coherente, como el de Andrew Kevin Walker para Seven (David Fincher, 1995).

En Seven, la esposa oculta el embarazo a su marido, el joven policía Mills, que interpreta Brad Pitt. También hay un personaje con el que se confiesa, el veterano policía William Somerset (Morgan Freeman).

Durante el desarrollo de Seven, el embarazo está presente en la relación entre ambos policías. Nosotros conocemos esa información, que ignora Mills.

Pero es que ese embarazo es decisivo en el desenlace: al confesarle John Doe que su esposa, antes de morir, suplicaba por la vida del bebé que llevaba dentro, Mills, lleno de ira, dispara contra el psicópata asesino… y con ello cierra el círculo de su obra maestra: en la escena final dos muertos, por envida y por ira. Se cierra su macabra exposición de los siete pecados capitales. El Mal triunfa.

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La «Suecia profunda»

La novela negra nórdica nos ha mostrado en las dos últimas décadas que el norte no es tan blanco como parece. El éxito de la saga Millennium —en literatura y en cine— dio cartas de nobleza a un género negro que transcurre en un inmaculado país blanco.

Siguiendo la estela de la América Profunda, hay una Suecia «profunda»: racismo, intolerancia, machismo… la ejemplar Europa del Norte, tan civilizada en apariencia, también esconde sus miserias.

De ello habla, de forma oblicua, Punto rojo en su primera hora.

Incluso podría ser el motivo por el que se produce la persecución de los protagonistas, su acoso en plena nieve… de hecho, que ella sea negra no es aceptado por los vecinos del lejano pueblo donde llegan. Una cuestión racista, en apariencia.

Pero estos temas se disuelven, como un azucarillo, en la parte final.

Nada de esto tiene realmente importancia para el desenlace.

Había otro tema, otra trama, otros personajes… que se nos han ocultado.

Y estos pasan a primer plano para resolver el film… olvidándose de prácticamente todo lo que habíamos visto hasta ese momento.

La misma falta de coherencia que con el embarazo: todo lo anterior no cuenta.

Y hasta aquí podemos leer.

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¿Basta con filmar con cierta pericia?

Hablar de la belleza del paisaje nórdico, de las posibilidades de la nieve, del uso de una madriguera de oso en plena hibernación o de las placas de hielo que ceden ante el peso de los personajes, es hablar de escenas que de forma aislada tienen su interés.

De ahí que la propuesta no sea un bodrio absoluto.

Hay mimbres para una aventura jugosa, para un thriller que corta la respiración —y más cosas, no creáis—, pero todo ello necesita además algo elemental: coherencia, lógica y un cierto respeto al espectador.

Si andáis atentos y paráis la proyección un cuarto de hora antes del final, Punto rojo hasta puede dejar buen sabor de boca…

Uno se puede quedar con los apuntes racistas en plena Suecia actual —allí las mujeres de color tampoco molan a todos—, o con algunas ideas sobre la falta de igualdad en la pareja —el machismo también habla sueco—, o con el viaje como forma de recuperar la felicidad —ojo a los viajes: yo también «sé lo que hicisteis el último verano»—.

Pero si sigues hasta el final de Punto rojo, ya nos cuentas tus impresiones del desenlace.

Escribe Mr. Kaplan | Fotos Netflix

  

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