Mi primo (2)

  12 Febrero 2021

Un asunto de familia

mi-primo-0Ya en los créditos iniciales de Mi primo, y gracias a un esclarecedor grafismo, podemos adivinar por dónde van a ir los tiros de esta nueva comedia francesa dirigida por Jan Kounen (Doberman, 13.99 euros).

Sobreimpresionado en la pantalla al lado del título vemos el símbolo del yin y el yang, dos conceptos del taoísmo que describen dos fuerzas fundamentales opuestas y complementarias. Encabezando el cartel y, claro está, cada una de esas dos dualidades dispares, nos topamos con dos pesos pesados de la industria cinematográfica gala: Vincent Lindon (de quien vimos hace muy poco La aparición y Casanova, su último amor) y François Damiens (de quien hace unos meses también se estrenó entre nosotros Una pequeña mentira y El príncipe olvidado). 

Ambos dan vida a dos familiares que se criaron juntos pero cuyas vidas paralelas han circulado por derroteros desiguales hasta que la firma de un documento esencial les lleva a la necesidad imperiosa de volver a reencontrarse.

Uno, trabajólico hasta las cejas, vive una vida presuntamente ordenada de lujo y poderío en un casoplón impresionante, aunque sus constantes preocupaciones le lleven a un estado de tensión y estrés que auguran una explosión inminente; el otro, emocional e inestable, lucha por superar un trauma familiar mediante la despreocupación por todo lo material y su implicación extrema por el altruismo y el bienestar medioambiental.

De entrada, el choque de trenes y personalidades está asegurado, habida cuenta de que las costras de la edad han ido esmerando sus respectivas posiciones ante la vida, aunque por los intereses creados estén condenados a entenderse, sea tanto por tierra (hay parte de road movie descacharrante), mar (en los deportivos créditos finales) o aire (mejor no subirse a un avión con un esquizofrénico, porque te la puede liar).

El conflicto se instala en la farsa de situación derivada de la convivencia-conveniencia mal entendida. El empresario inhumano necesita imperiosamente la estampa que asegure sus beneficios mientras que el rastreador de cariño aprovechará la circunstancia para incrustarse en lo que él cree se trata de su familia feliz.

Las primeras escenas se aplican en enseñarnos a pie juntillas cómo los protagonistas son caracteres completamente dispares, aunque como ya sabemos los extremos se tocan, y lo que parecen diferencias insalvables irán mutando —metraje mediante— en una secuencia de pequeñas coincidencias cimentadas en la fuerza del cariño.

Si bien el desarrollo argumental transita por terrenos trillados en otras propuestas similares (se nos vienen a la cabeza a bote pronto títulos como Mejor solo que mal acompañado o ¿Qué pasa con Bob?) existen un par de puntos de fuga originales que vale la pena resaltar.

El primero serían algunas imágenes surrealistas producidas o bien por los angustiosos o reparadores sueños que comparten la pareja principal o por la aparición en escena de algunos estrafalarios extras. Ahí, el desvarío toma el control y de manera paradójica funciona muy bien, para apostillar los comportamientos y traumas perfilados de unos y otros.

mi-primo-2

Por otro lado, existen apuntes de crítica social (siempre justificados en el elemento cómico, que tampoco se quiere jugar a ser Robert Guédiguian) que tienen en el punto de mira la falsedad de las convenciones sociales en las clases altas. Así, se pone en tela de juicio el precio a pagar por mantener un estatus social elevado, además de ridiculizar los excesos conocidos en el pomposo universo de la viticultura a gran escala (siempre estará en lo más alto aquel capítulo de Frasier donde los hermanos se enfrentaban a muerte por conseguir el dudoso privilegio de ser elegidos como «Gran corcho»).

Al tratarse de un duelo actoral en toda regla entre dos tótems masculinos del celuloide autóctono, el rol asignado a las actrices que les acompañan queda en un plano bastante secundario, como se puede observar en la un tanto impostada escena final.

Ninguna tiene entidad suficiente por parte del guion para funcionar autónomamente, a no ser que compartan escena con su alter ego masculino, con quienes les unen tan solo un juego de réplica-contrarréplica continuo que les impide cualquier atisbo de evolución en sus personajes.

De todas formas, todas las secundarias que lucen palmito a lo largo del film —esposa, hija, compañera de trabajo y dueña de la empresa de vinos— están espléndidas y en ningún momento le pierden la cara a dos actores que, por su talante y trayectoria, deben infundir bastante respeto.

Por cierto, también aparece en un cameo bastante divertido otro grande de la escena francesa: Albert Dupontel, el excelente protagonista de Nos vemos allá arriba, exitosa adaptación de la novela de Pierre Lemaitre.

Escribe Francisco Nieto | Artículo publicado en Cine Nueva Tribuna | Fotos Vértigo Films

 

mi-primo-3